TMT - Conversaciones 06/06/2020

Patricio Giusto: “La pandemia profundizó la tendencia a la bipolaridad Estados Unidos-China”

Por José Crettaz

Para el director del Observatorio Sino Argentino, que estuvo en #TMTconversaciones, la novedad es que sea la potencia en declive la que desafíe agresivamente a la ascendente; el lugar de Argentina, la batalla por el 5G y el pensamiento del gigante asiático

Patricio Giusto es consultor político y director del Observatorio Sino Argentino, docente de la Universidad Católica Argentina y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang. Es licenciado en Ciencias Políticas (UCA) y magíster en Políticas Públicas (Flacso) y en Estudios Chinos (Zhejiang University).

Durante los especiales de #TMTconversaciones enfocados en la pandemia, analizó el la responsabilidad de China en la propagación del Covid-19, el vínculo chino-estadounidense y la oportunidad de Argentina en el nuevo mundo bipolar que se avecina.

-¿Es China la culpable de la situación que vive el mundo, de Covid 19, pandemia y cuarentena?

-Claramente China quedó en el banquillo de los acusados por dos razones. Una, muy obvia, porque fue el lugar donde se originó el virus, y la otra es su sistema político, que siempre es motivo de crítica. Lo cierto es que todavía hay dudas de qué pasó en esas primeras semanas en la zona de Wuhan, donde se originó el virus.

Algunas cosas las iremos sabiendo y otras tal vez no las sabremos nunca, por eso la demanda internacional de que haya una investigación. Desde mi punto de vista eso tiene pocas chances de lograr resultados y no se si tiene mucho sentido salir con esta cuestión cuando aún el mundo no terminó de salir de la pandemia. Pero el tema está seguramente va a seguir en los próximos meses.

“Las teorías de las relaciones internacionales plantean que hay potencias en ascensos que desafían a las que están en declive y acá pasando todo lo contrario: hay una potencia en declive que está desafiando de manera muy agresiva a una potencia que niega tener, por lo menos en los papeles, intenciones hegemónicas”

-Por un lado tenemos estas diferencias sanitarias y veníamos de una guerra comercial que incluye una batalla tecnológica sobre el 5G ¿Estamos yendo a un nuevo mundo bipolar y la pandemia es un reflejo de eso o es una situación completamente distinta?

-Creo que la pandemia refuerza una tendencia de creciente confrontación entre China y Estados Unidos pero con una particularidad en función de lo que son las teorías en las relaciones internacionales. Esas teorías plantean que hay potencias en ascensos que desafían a las que están en declive y acá pasando todo lo contrario: hay una potencia en declive que está desafiando de manera muy agresiva a una potencia que niega tener, por lo menos en los papeles, intenciones hegemónicas. 

El conflicto está y esta la pandemia lo reforzó. Donald Trump politizó al extremo esta cuestión, a mi entender para tapar el desastre de la gestión de la pandemia que hizo su gobierno. Vamos hacia un mundo más confrontativo entre estas dos grandes potencias y a un bipolarismo inestable, que es el peor tipo de bipolarismo. Vimos un poco ese tipo de tensión en varios momentos de la Guerra Fría. El bipolarismo inestable es el peor de los mundos que podemos tener sobre todo porque habrá otros focos de poder en el mundo bastante independientes, alineados con alguno de estos bandos, que será un factor de inestabilidad adicional. Además, en un mundo de una recesión económica que no se vio en siglos, cosa que tampoco sucedió en la Guerra Fría. 

Son varios los factores que hacen que tengamos un mundo volátil, incierto y confrontativo entre las dos grandes potencias como no hemos visto en los últimos siglos.

“Tenemos que tener una visión desideologizada de las relaciones internacionales y tratar de tener una relación equilibrada con estas dos grandes potencias que van a seguir siendo socios fundamentales de la Argentina”

-¿Cuál es el lugar de Argentina y de América Latina en ese contexto?

-Argentina es una potencia media pero que tiene muchos problemas estructurales que reducen mucho nuestro margen de maniobra. América Latina va a seguir siendo un área de influencia natural de Estados Unidos, su patio trasero como se ha dicho muchas veces. Pero con una creciente presencia de China que para la Argentina es un socio complementario y natural, con mucho para ofrecer. Por eso creo que tenemos que tener una visión desideologizada de las relaciones internacionales y tratar de tener una relación equilibrada con estas dos grandes potencias que van a seguir siendo socios fundamentales de la Argentina. China va a ir siendo cada vez más importante, tanto para nuestro país como para el resto de la región.

-Y esa creciente relación… ¿No se choca con el desconocimiento que tenemos aquí, en mi opinión, sobre ese mundo chino, un universo filosófico, económico e ideológico que muchas veces tendemos a simplificar en categorías que tal vez no lo reflejan del todo?

-Eso es muy cierto. Prevalece mucha ignorancia y muchos prejuicios sobre China, sobre sus cosas buenas y también sobre sus cosas malas. Es una falencia que se observa en América Latina en general porque somos una región muy distante geográfica y culturalmente. Pese a la mayor presencia de China en lo económico y lo financiero prevalece ese desconocimiento.Es muy importante tener en cuenta que China es una civilización milenaria que planifica a largo plazo y sabe perfectamente lo que quiere de nosotros. Y es asimétrica, ellos siempre van a ser más grandes y poderosos que nosotros. Si mínimamente no suplimos nuestra falencia en términos de conocimiento de China estamos realmente en problemas, después no hay que echarle la culpa a los chinos de que sacan ventaja. En ese sentido, creo que Chile y algunos países de América Central están mejor posicionados y se están relacionando de manera inteligente y para mayor provecho.

“Chile es un ejemplo excelente. No cesó la gran relación comercial y en términos de defensa y seguridad con Estados Unidos, pero firmó un tratado de libre comercio con China -de lo que nosotros estamos a años luz en el contexto político actual- y logró superávit comercial”

-Tal vez porque encontraron un equilibrio entre los dos mundos de los que hablábamos.

-Chile es un ejemplo excelente. No cesó la gran relación comercial y en términos de defensa y seguridad con Estados Unidos, pero firmó un tratado de libre comercio con China -de lo que nosotros estamos a años luz en el contexto político actual- y logró superávit comercial.

En Argentina se dice que acordar con China puede ser una trampa comercial. Ahí queda claro que es cuestión de ofrecer productos a vender. Chile es un caso exitoso en eso, más allá de otros problemas internos que sabemos que tiene ese país últimamente. Es un país más chico que nosotros, y demuestra que perfectamente lo podemos lograr.

-Tenemos a Chile como ejemplo y, tal vez, a Venezuela como contraejemplo por la relación que tiene con China. ¿Cómo es ese contrapeso?

-Eso es lo que tenemos que evitar, ser un país que se vuelve totalmente dependiente de otro. En el caso de Venezuela de China y de Rusia, sin lograr autonomía. Ese es el camino incorrecto. Además, Venezuela depende también de un solo commoditie, el petróleo. Nosotros tenemos que evitar la dependencia de la venta de soja a China. Si miramos la balanza comercial, algo se ha mejorado con la carne vacuna, pero hay muchos otros productos que podríamos vender a las clases medias de China y asiáticas en general, como leche maternizada, los vinos -que apenas empiezan-, la fruta fina… La Argentina tiene un potencial enorme que contrasta con Venezuela, que más allá de sus errores no tiene. Está la pelota de nuestro lado para que juguemos mucho mejor de lo que lo estamos haciendo.

“El 5G y de Huawei es un tema que a nosotros no nos toca porque aún tenemos redes de 4G que se están desarrollando, pero hay que empezar a mirar lo que están haciendo países como Alemania, por ejemplo”

-Está la visión macro, que ofrece la mirada del conjunto, pero después tenemos lo micro, como los gobiernos teniendo que autorizar el uso de determinadas tecnologías como el caso del 5G. ¿Cómo se resuelve ese dilema? ¿Qué ejemplos hay en el mundo?

-El 5G y de Huawei es un tema que a nosotros no nos toca porque aún tenemos redes de 4G que se están desarrollando, pero hay que empezar a mirar lo que están haciendo países como Alemania, por ejemplo. Este país tiene una relación fundamental con Estados Unidos pero, a pesar de la presión que está poniendo Donald Trump, saben que el mejor oferente que tienen hoy en día para estas redes es Huawei. El Reino Unido adoptó un camino intermedio que es evitar esa empresa para todo lo que son redes de seguridad e intelgiencia pero en el resto sí. Hay otros países que están teniendo una postura demasiado dura como Australia que se alinearon con Estados Unidos e implementaron un bloqueo total. 

Nosotros, como ya comentamos, somos un país mucho más pequeño que los mencionados, con mucho menos margen de maniobra y tenemos que tratar de tener una visión desideologizada de esto, y si la tecnología china es más conveniente y no hay pruebas de que sea peligrosa para la seguridad, tenemos que ser pragmáticos e ir viendo qué hacen estos países. La principal razón de la impugnación de Estados Unidos a esta empresa se basa en cuestiones de seguridad que no han sido probadas.  

-¿Hay una “ideología” china?

-Tenemos una dificultad que siempre surge acerca del pensamiento o la “ideología” china. En Occidente lo resolvemos bastante fácil porque dentro del espectro del liberalismo tenemos más o menos las principales ideas en los últimos siglos que inspiraron nuestro sistema político y forma de vida.

En China es mucho más complejo. Es una civilización milenaria, tenemos una fuerte impronta de los valores confucianos pero también del taoismo, el budismo y toda una serie de religiones locales, con mucho sincretismo, y todo eso mezclado da como resultado la cultura china. Apenas en los últimos 70 años aparece el comunismo, la ideología marxista-leninista a la que Mao Tse Tung le da su impronta, pero eso es más reciente.

Políticamente eso se ve en los discursos pero no en la práctica, la forma de ser de los chinos tiene mucho más que ver con esas raíces milenarias que con el típico rótulo comunista que se le pone tanto al sistema político como a la sociedad china en general.