TMT - Conversaciones 06/06/2020

Marcela Farré: “El exceso de información que vemos sobre el Covid 19 tiene un efecto narcotizante”

Por José Crettaz

La directora de las carreras de comunicación de la Universidad Blas Pascal, doctora en comunicación y especialista en noticieros analizó en #TMTconversaciones cómo la TV está siguiendo la pandemia, las voces predominantes y el papel de las audiencias

Marcela Farré Rusculleda es licenciada en Letras Modernas (Universidad Nacional de Córdoba) y doctora en Comunicación Social (Universidad de La Laguna, España). Dirige las carreras de comunicación de la Universidad Blas Pascal (UBP), de Córdoba.

Es autora de varios libros, entre ellos, El noticiero como mundo posible : Estrategias ficcionales en la información televisiva y Calidad Televisiva: Tendencias y valores en la programación argentina. En el terreno profesional fue guionista de documental, ficción y comunicación institucional en Murcia, España.

En el ciclo especial sobre las derivaciones de la pandemia de #TMTconversaciones, Farré abordó la cobertura informativa del aislamiento obligatorio, las voces predominantes y el papel de los noticieros de televisión.

Venís estudiando desde hace tiempo, los contenidos y formatos de TV, ¿Cómo está abordando la cuarentena la televisión?

-Hay una información constante, esporádica, espasmódica en cuanto a lo que son los temas, perspectivas y abordajes. Hay un cambio permanente, en el modo de tratar, en el enfoque y en los datos, pero se sostiene permanentemente el tema Covid 19 y el hashtag quedate en casa, también de una manera constante.

Hay una narrativa constante sobre el Covid 19 y la pandemia. Es una narrativa que genera temor y morbo con respecto a esto que no es una enfermedad, sino que se subraya que es una pandemia. Y mientras tanto hay otras enfermedades y temas que no aparecen. Debajo de esta gran narrativa hay un abordaje fragmentario que va saltando de una cuestión a otra: detener unos autos que quieren circular, el acordonamiento policial, las cifras de muertos, contagiados y recuperados.

Permanentemente está el recordatorio en los zócalos y pantallas este dato que vino a clasificar a la población en contagiados, recuperados y fallecidos. ¿Y los sanos?  Los sanos no parecen tener un protagonismo en ese lugar sino en el de la trinchera de atemorizados que esperan que les llegue el turno de ser clasificados en una de esas tres variantes.

“Sólo el 2% de la población identifica algún conocimiento cercano de la enfermedad. El 98% no lo está viendo. ¿El temor a la salud de dónde viene? Desde esta instalación que hay en los medios”

-¿Cuáles son las voces predominantes en ese discurso televisivo?

-Falta una voz seria, sólida y neutral, científica: la voz médica. En estos días apareció en Córdoba un médico, jefe de guardia de un sanatorio, que cuestionó la vuelta atrás que tuvimos aquí a una cuarentena estricta. Y su voz fue tratada desde el punto de vista de la polémica, del enfrentamiento con la visión política del líder.

Las voces que aparecen son las de la política y el aspecto de la salud está subordinado a esa visión. Cuando emerge una voz desde la salud es para apoyar o confrontar esa perspectiva de si debemos estar o no encerrados. No aparece la claridad que necesitamos para saber realmente cuán afectados estamos como población. Sólo el 2% de la población identifica algún conocimiento cercano de la enfermedad. El 98% no lo está viendo. ¿El temor a la salud de dónde viene? Desde esta instalación que hay en los medios.

“Permanentemente está el recordatorio en los zócalos y pantallas este dato que vino a clasificar a la población en contagiados, recuperados y fallecidos. ¿Y los sanos?  Los sanos no parecen tener protagonismo en ese lugar sino en el de la trinchera de atemorizados”

-Cómo juega el diálogo o la desconexión, según el diagnóstico que hagamos, entre la televisión y las redes (algunas privadas, como Whatsapp) en el consumo de videos que hacemos en cada una de esas plataformas

-WhatsApp ya prácticamente es un medio de comunicación porque la mayor parte de la información llega por allí, incluida la información confiable. Hay una desconfianza hoy sobre lo que los medios tradicionales nos están contando, se miran pero ese rating no significa nada. Hay bastante confianza en lo que se distribuye por esos otros medios, que son más rápidos, activos y que no dependen de una pauta. A veces nos sorprende que el noticiero no cuente algo que vemos que ya es parte de la conversación social. Y ahí emerge la sospecha de que puede existir una pauta oficial o publicitaria que va más allá de la responsabilidad de mantener la serenidad de la población o evitar una crisis institucional. Pareciera que tiene que ver con algo más ese insistir con el “Quedate en casa”, imperativo. Entonces en las redes emerge ese otro discurso, que no hay que despreciar, que es cada vez mayor y que tiene más rating que los noticieros.

“Cuando parece que tiene que ver con algo más ese insistir con el ‘Quedate en casa’, imperativo, en las redes emerge ese otro discurso, que no hay que despreciar, que es cada vez mayor y que podría tener más rating que el de los noticieros”

-Esa tendencia a aplicar en los noticieros cierta lógica de la ficción que vos venís estudiando desde hace mucho tiempo, ¿Es exclusivo de la Argentina? ¿Es un fenómeno global?

-Volvemos a hablar del concepto de mundos posibles en la información, de cómo construimos esos mundos  y cómo generamos esas narrativas con recursos de la ficción, que a veces pueden ser poderosos para poder explicar y comprender fenómenos pero que en general son utilizados para espectacularizar, simplificar y generalizar narrativas que no son positivas. En Argentina se dan muchísimo, como decís. Cuando lo investigué encontré que había un origen en la CBS en Estados Unidos, que tenían estos formatos -no tan exacerbados como aquí- pero no eran programas de noticieros propiamente. 

Cuando se lleva la ficcionalización a los noticieros, que son el buque insignia de la información o una marca, es un poco más singular, por lo menos. Esta forma de trabajar los conductores, que ya aparecía en los 60 en la TV estadounidense, acá lo vemos hasta el día. Eso roza la falta de profesionalismo porque se convierte en una conversación intimista que busca generar una confianza en el espectador de alguien que se siente cercano y lo invita a mirar desde él y con él como un ciudadano común o uno más en lugar de presentarse como alguien que sabe, investiga, es experto y confiable. Eso que funcionó muy bien en los 90 hoy generó la actitud contraria. Hay cada vez más espectadores que dicen dejar de ver la TV porque esperan que los informen y no que les charlen.

“Y respecto de las audiencias sí veo que hay un reclamo de información periodística más profunda. Vemos un abandono de los medios, una actitud evitativa de la información y la infoxicación que generan una de las disfunciones más temidas que es la narcotización”

-Se dan cuentan cuenta las audiencias de esto que estás narrando, existe una sola audiencia o hay muchos nichos ¿Qué podemos decir sobre el público?

-Tenemos que hacer más investigaciones de audiencias. Claramente las audiencias son más fragmentarias, no existen más esas audiencias masivas, con picos de rating, que vimos a fines de los 90 y 2000. Podría sumarse la fragmentación de distintos tipos de públicos o nichos. Se puede prever desde el medio generar distintos tipos de informaciones y mensajes para los distintos tipos de públicos, por eso también existe el periodismo multiplataforma y en las redes.

Y respecto de las audiencias sí veo que hay un reclamo de información periodística más profunda. Vemos un abandono de los medios, una actitud evitativa de la información y la infoxicación que generan una de las disfunciones más temidas que es la narcotización. Cuando hay un exceso de información, y en el covid lo estamos viendo, se narcotiza, se adormece la capacidad receptiva y la necesidad y el deseo de la población. Dejan de mirar, leer y escuchar, y eso es muy grave.