TMT - Conversaciones 27/11/2021

José Luis Manfredi: “La inteligencia artificial transformará de manera sobrenatural a la industria periodística”

Por José Crettaz

Doctor en Comunicación, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y flamante titular de la cátedra Príncipe de Asturias de la Universidad Georgetown, analizó en #TMTconversaciones el impacto de las tecnologías disruptivas en el periodismo y el poder emergente de las ciudades

Juan Luis Manfredi es doctor en Comunicación por la Universidad de Sevilla, profesor titular de Periodismo en la Universidad de Castilla-La Mancha y experto en diplomacia pública. Tiempo después de esta entrevista con #TMTconversaciones, fue nombrado al frente de la Cátedra Príncipe de Asturias en la Universidad de Georgetown, Washington, a donde se mudará por algún tiempo para estrechar los lazos entre España y los Estados Unidos.

En en #TMTConversaciones (ciclo de entrevistas que se emite por el canal Metro para la Argentina y por UCL Play para el resto de América Latina) ofreció a mediados de 2020 su perspectiva sobre el impacto de la inteligencia artificial y otras tecnologías disruptivas en el periodismo, el miedo a la automatización y la oportunidad de las emociones, la necesidad de verificar las filtraciones masivas y la creciente relevancia de las ciudades en la diplomacia global, entre otros temas. Y nos deja una pregunta inquietante: ¿Debemos enseñar periodismo para los medios que tenemos ahora o para los que van a estar dentro de 10 años?

-¿Cómo es la relación entre la inteligencia artificial y el periodismo?

-Mira, este es un tema muy interesante porque la industria periodística siempre ha estado sujeta a las novedades tecnológicas. Cada nueva oleada de tecnología va modificando la noticia y todos los géneros a los que estamos acostumbrados como audiencia y todo lo que tiene que ver con la cultura. La inteligencia artificial está afectando de forma importante al periodismo. Me gusta hablar de cultura e inteligencia artificial porque podemos incluir el blockchain, la realidad virtual, los chatbox, los videos 360. En realidad, todo lo que tiene que ver con lo que hacemos con nuestro teléfono y que nos permite aumentar nuestro caudal de información, que afecta de forma sobrenatural a la industria periodística. Yo creo que va a ser uno de los grandes temas en los próximos años.

“La inteligencia artificial está afectando de forma importante al periodismo. Me gusta hablar de cultura e inteligencia artificial porque podemos incluir el blockchain, la realidad virtual, los chatbox, los videos 360”

-¿Qué análisis se puede hacer desde el temor que tienen los sectores y ámbitos profesionales a ser reemplazados?

-Aquí hay que tomárselo con calma. Ya sabes que cada vez que llega una nueva tecnología alguien escribe: “Este es el final del periodismo, nunca más se hará periodismo como antes”. La tele mata a la radio, la radio a la foto, y la foto al cine, y todo el mundo va diciendo que lo nuevo mata a lo viejo. Cuando lo analizas con un poco más de calma, pues en realidad hay áreas periodísticas más susceptibles de ser automatizadas y áreas periodísticas menos susceptibles. Eso tiene, como siempre, buenas y malas noticias. Hay una parte automatizable, que es todo lo que tiene que ver con la información meteorológica, la información bursátil y compartir resultados deportivos, por ejemplo. Pero luego hay una parte que tiene que ver con las emociones y con lo que nos gusta del periodismo, no con la noticia sino con la crónica o la entrevista. Ahí la inteligencia artificial de momento no tiene nada que hacer.

La contradicción va a ser que el periodista va a tener que dejar de hacer muchas cosas que venía haciendo, tomar notas, cortar, pegar, modificar, editar. Eso va a tener cada vez menos valor y va a tener que empezar a hacer otras cosas que tienen muchísimo valor, que a lo mejor no veníamos haciendo porque estábamos ocupados en lo otro. Por ejemplo, en un planteamiento ético; ¿Debo informar de esta cuestión aunque tenga los datos y perjudique a un tercero?, ¿Debo crear un estilo más personal a través de la información y de la opinión, como la columna, la tribuna y tal?

El tema que para mí es más importante es que la inteligencia artificial recoge datos pero no termina de dar un contexto, no da un marco interpretativo ni analítico. Los que ya tenemos cierta experiencia; “Pues yo recuerdo que mi gobierno hizo esto hace 20 años, pero fíjate que su socio no quiso y entonces sucedió esto contrario”. Esto la Inteligencia artificial no te lo da. Te da una tabla y te dice: “El gobierno de coalición estuvo del 3 a 4 y del 5 al 8”, pero no da toda esa intrahistoria, no la permite la máquina, ni el dron, ni el chatbox, ni nada por el estilo. Por tanto yo titularía ahí: “Buenas y malas noticias para el empleo dentro de la industria periodística”.

“El tema que para mí es más importante es que la inteligencia artificial recoge datos pero no termina de dar un contexto, no da un marco interpretativo ni analítico”

-Esto debería contemplarse también en cómo se forman los nuevos periodistas

-Sin duda. En realidad tendríamos, ya vamos tarde como siempre, que estar haciendo algunas innovaciones de la forma que tenemos de enseñar periodismo. Aquí hay un dilema: ¿Debemos enseñar periodismo para los medios que tenemos ahora o para los que van a estar dentro de 10 años?

Por ejemplo, recientemente en un examen de cátedra al que yo asistí, el candidato aún insistía en separar la industria de la televisión, de la radio y de la prensa. Yo le preguntaba si realmente esas tres industrias se pueden separar, o si lo que estamos haciendo nosotros hoy mismo es tele, radio, televisión, una campaña en redes o un artículo en prensa. Es decir, la línea se ha difuminado tanto que las escuelas deberían enseñar historias, contarlas y por qué son importantes, reforzar el planteamiento ético. Es decir, tengo los datos pero, ¿Esto sirve a la comunidad?, ¿No sirve?, ¿Esto en realidad no es más que una sucesión de números y tablas o hay alguna información periodística? Ahí es donde tenemos que trabajar, sin ninguna duda.

-Otro aspecto relevante es la organización de las redacciones.

-Sí, sin duda. Aquí volvemos a lo mismo. Vamos a ver cómo desaparecen algunas profesiones típicas de la redacción para empezar a dar paso a otras. Por ejemplo, después de toda la oleada de Wikileaks o de los datos de la NSA, lo que necesitamos es que elaboren esas filtraciones, que vean cuánto hay de verdad. Las filtraciones, igual que sean de gobiernos oficiales o sean de un tribunal, siempre me gusta recordar que es un interés de parte. “La CIA dice…”, “La CIA puede decir…”, “El acusado dice…”. La tarea del periodista es decir: “Oye, esto que dices se contrasta…”, “Tengo una segunda información que me permita adivinar…”, porque es razonablemente fácil engañar a la estadística. Lo que el periodista tiene que hacer es ver si esa fuente está limpia, actualizada, si ha sido pagada por uno o por otro. No me vale únicamente la gran mentira de la estadística con aquel chiste de: “Tres de cada dos periodistas no sabemos de números y así nos va”.

“Después de toda la oleada de Wikileaks o de los datos de la NSA, lo que necesitamos es que elaboren esas filtraciones, que vean cuánto hay de verdad. Las filtraciones, igual que sean de gobiernos oficiales o sean de un tribunal, siempre me gusta recordar que es un interés de parte”

-¿Están las ciudades informando y trabajando mejor la cuestión de la pandemia si se las compara, por ejemplo, con los gobiernos centrales?

-Sí. Estoy totalmente convencido. La ciudad tiene un principio de cercanía que no puede ser sustituida por el estado, que es gigante y se ocupa de las grandes causas. Pero luego uno necesita la cercanía de su servicio de transportes, de su recogida de basuras, lo que hacemos con la alimentación, si van a haber o no servicios municipales para cubrir cualquier necesidad básica. Y ahí las ciudades, y en particular la figura de los alcaldes, destacan sobremanera. Yo pienso en el alcalde de Madrid, pero también con la pandemia y con las revueltas de Black Lives Matter, son los alcaldes quienes toman la bandera de las causas sociales. Porque al final se deben a su público, y su público es cercano e inmediato. No es como una elección cada cuatro o cinco años, el presidente no vive aquí, no vive en mi barrio. En cambio, el alcalde me lo cruzo en la plaza, va al supermercado, sus hijos van al mismo colegio que yo. Al final, tienes esa cercanía y necesitas estos liderazgos locales para poder transmitir mejor.

Puestos al detalle de la pandemia, la cuestión de cómo se comunica a través del ejemplo es mucho más visible a través de tu alcalde. Qué comportamientos hace, si promueve o no la vuelta, la salida del confinamiento, cómo se hace en el ayuntamiento, si se hace de golpe, ¿Se va a promover el coche, se va a promover la bicicleta o va a haber transporte público? Todos esos mensajes calan de forma mucho más sistemática en el plano urbano que en el plano estatal, donde todo nos parece una ordenanza del Consejo de ministros.  A saber lo que significa y cómo me afecta y cuándo y cómo. Por tanto, para mí la ciudad es protagonista sin duda de la recuperación de la pandemia.

“La ciudad tiene un principio de cercanía que no puede ser sustituida por el estado, que es gigante y se ocupa de las grandes causas”

-¿La diplomacia de las ciudades es el diálogo entre los alcaldes que hemos visto a escala global?

-Sin duda, la diplomacia de las ciudades tiene varias fases y una de ellas son los alcaldes. Es mucho más fácil comparar experiencias urbanas que comparar experiencias de estados. Es decir, el Reino de España tiene un sistema, la República Argentina tiene otro sistema y los Estados Unidos tiene otro. Comparar los tres gobiernos es muy difícil. En cambio la ciudad de Buenos Aires, la ciudad de Madrid, la ciudad de Sevilla, la ciudad de Rosario al final tienen un similar, tienen capital simbólico donde estamos viviendo. Tiene continuidad porque la ciudad va a seguir aquí el año que viene y el siguiente. No sabemos qué pasará con las fronteras ni con los acuerdos comerciales, pero la Ciudad de Buenos Aires va a seguir estando allí los próximos 100 años.

Luego tiene todo el tipo de capital social que se acumula en una ciudad, puede ser la universidad, las empresas, los negocios. Por tanto, es mucho más fácil comparar la Ciudad de Buenos Aires con la ciudad de Toledo que comparar el gobierno de Argentina con el gobierno de España. Por eso las ciudades están empujando desde abajo hacia arriba para que los gobiernos les cedan, como dice la expresión, les dejen sentarse en la mesa de los mayores. “Oiga, una ciudad como Buenos Aires, como Madrid, como Londres, como Roma, aquí vive 5, 6, 7, 8, 10 millones de personas, no somos un pueblín que no saben lo que hacer, queremos sentarnos en la mesa grande.”

-¿Cómo va a evolucionar esa presión de los alcaldes? ¿Los ciudadanos son conscientes de la relevancia política de sus ciudades?

-Sí, yo creo que son conscientes. Fíjate, sucede un fenómeno que habría que mirar en el largo plazo, tanto en Europa como en Estados Unidos, ahora mismo en América Latina no tengo tan claro. Sucede que los entornos urbanos tienden a estar menos polarizados en el voto político, es decir, hay menos margen para los extremos. Sucede lo mismo en Estados Unidos, el votante de Trump arrasó en zonas rurales y no ganó en las grandes urbes. En Europa las parlamentarias europeas el año 2019 sucedió algo parecido, los extremos quedaron fuera en las circunscripciones locales y sí ganaron peso en los entornos rurales.

 Eso nos habla de un choque cultural muy interesante, el que Pippa Norris indica que puede ser algo parecido a una guerra cultural. Los que vivimos en grandes ciudades tenemos todos los beneficios de la globalización, tenemos un aeropuerto, el acceso al centro comercial,  toda la oferta cultural que queramos. Quienes están en entornos rurales tienen menos beneficios de la globalización y son quienes se rebelan contra lo bueno. “Está muy bien que usted pueda viajar de Madrid a Londres, de aeropuerto a aeropuerto, pero yo me tengo que desplazar, pues ese aeropuerto no lo quiero pagar yo, lo pagas tú”. La guerra cultural que indica Pippa Norris vamos a ver dónde llega en noviembre con las elecciones de Trump, por ejemplo. Pero sí que hay una ruptura incipiente entre territorios y los intereses o las demandas sociales que tiene el territorio urbano y qué tiene el territorio rural.