TMT - Conversaciones 21/06/2020

Gustavo Noriega: “El periodismo argentino pierde la dimensión de las cosas porque no está formado en matemáticas”

Por José Crettaz

Para el periodista -biólogo de formación y con experiencia en estadísticas-, ese sesgo anumérico sumado a la tendencia al sensacionalismo confluyeron en una cobertura de la pandemia sin rigor, con problemas en las cifras, los valores absolutos y relativos, que es un déficit generalizado en la sociedad argentina

Gustavo Noriega es un periodista extraño. Sabe de números. Trabajó con estadísticas. Y no le teme a la matemática. Extrañísimo por lo poco frecuente. Antes de volcarse completamente a periodismo, se licenció en Ciencias Biológicas (trabajó tres años como biólogo) y tuvo un empleo técnico en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos-Indec (donde trabajó 15 años) por lo que conoció de cerca la tergiversación de las estadísticas nacionales a partir de 2007. Fundó la revista El Amante, fue panelista del ciclo televisivo Duro de Domar, escribió varios libros, conduce Preferiría No Hacerlo en las noches de la Radio de la Ciudad y es un filoso analista de la realidad nacional en Twitter, red social en la que suele referirse al carácter crecientemente anumérico de la sociedad argentina.

En el ciclo especial de #TMTconversaciones (ciclo televisivo que se emite por el canal Metro para Argentina y por UCL Play para el resto de América Latina), Noriega abordó esa realidad y cómo la pandemia puso en evidencia el desconocimiento matemático del periodismo y los políticos, no de conceptos demasiado profundos sino de operaciones simples para determinar proporciones, porcentajes o la misma regla de tres simple. El lugar emocional como espacio seguro para quienes no pueden explicar los números, la responsabilidad de cierta intelectualidad en las ciencias sociales, las limitaciones de la clase política y el falseo de los datos como uso propagandístico del kirchnerismo.

-Como periodista, en las redes, solés hacer referencia a la Argentina anumérica ¿Qué es eso? ¿La pandemia agravó ese carácter anumérico de la sociedad argentina?

-La sociedad argentina en general tiene algunos problemas de conocimiento matemático. No te digo para hacer derivadas, integrales o cosas demasiados precisas sino algunas ideas básicas como proporciones y porcentajes, la dimensión de las cosas, la regla de tres simples, cosas en las que más o menos uno se va formando en la escuela primaria. La sociedad argentina por algún motivo que no llego a entender bien no maneja bien.

Eso se da en la sociedad en general, y muy particularmente en el periodismo, que tiene problemas de anumerismo bastante graves. Todo eso se agravó con la pandemia, que es una enfermedad por contagio que va creciendo en el mundo es básicamente matemática, ¿no?

Lo exponencial, las cantidades absolutas, las cantidades relativas, la forma de la campana… son conceptos matemáticos necesarios para describir una pandemia global como la que vivimos. Por eso me parece que se generó un impacto mayor.

El periodismo argentino en particular, aunque es algo bastante extendido, tiene dos sesgos. Por un lado, un sesgo anumérico fuerte: el periodista argentino no está muy formado en matemáticas y pierde la dimensión de las cosas. Por otro lado, hay un sesgo natural y bien global hacia el sensacionalismo, hacia la noticia más impactante que suele ser negativa.

Así que la mezcla de las dos cosas dio una cobertura de la pandemia especialmente agravada en sentido de informaciones no necesariamente inexactas pero sí descontextualizadas, sin rigor y con muchos problemas con las cifras, los valores absolutos y relativos. La pandemia agravó un estado de cosas general.

“La sociedad argentina en general tiene algunos problemas de conocimiento matemático. No te digo para hacer derivadas, integrales o cosas demasiados precisas sino algunas ideas básicas como proporciones y porcentajes, la dimensión de las cosas, la regla de tres simples, cosas en las que más o menos uno se va formando en la escuela primaria”

-Si uno no tiene las herramientas para conocer y comprender, no las tiene tampoco para explicar. Y esto en este contexto y en la profesión periodística puede ser especialmente grave.

-Buena parte del periodismo ha reemplazado esa idea de explicar por la de juzgar. Sin tener un poco de idea de lo que estaba en juego se vio mucho en el periodismo de televisión, que está siempre en el borde entre el periodismo y el show. Lo cierto es que son canales de noticias que transmiten 24 por 7 y son la fuente de información más continua. Lo que ha sucedido es eso.

De repente han encontrado al surfer, a Sarita que salió a tomar el sol o la gente que sale a correr sin tener dimensión de las cosas y creyendo que la misión del periodismo era juzgar al surfer, a Sarita o a quienes hicieron el baby shower en Necochea. Una cosa moralista que ignora lo básico del periodismo que es primero dar cuenta de los hechos y después buscarle alguna explicación a esos hechos. No está dentro del job description de un periodista juzgar moralmente a los protagonistas de los hechos.

“Buena parte del periodismo ha reemplazado esa idea de explicar por la de juzgar. Sin tener un poco de idea de lo que estaba en juego se vio mucho en el periodismo de televisión, que está siempre en el borde entre el periodismo y el show”

-Esta suerte de pelea de nuestra profesión con los números ¿es solamente por desconocimiento o falta de formación -lo que se resolvería relativamente fácil, estudiando un poco- o también hay una cuestión de desprecio por el número o el dato, de estas operaciones simples que vos describías antes?

-En el discurso público predominan dos cosas que están reñidas con los datos. En el discurso de cierta intelectualidad está la idea de las humanidades, de las ciencias sociales, en las que importa básicamente el discurso más que los hechos. Ese apartamiento de la idea de verificar un dato de la realidad -tema que es un poco más extenso de abordar- tiene que ver con el discurso que vienen de los grupos continentales en la segunda mitad del siglo XX y que rompió con toda un tradición occidental muy fuerte acerca del registro de los datos.

En el caso del periodismo, la ignorancia de las matemáticas impulsa la búsqueda de un lugar seguro, y ese lugar es el emocional. Como en el manejo de los datos se sienten inseguros se va a las emociones. En vez de informar con datos concretos, se va a qué sintió la persona o incluso el mismo conductor de un noticiero, que son datos completamente irrelevantes. Se juegan esas dos vertientes.

“En el caso del periodismo, la ignorancia de las matemáticas impulsa la búsqueda de un lugar seguro, y ese lugar es el emocional. Como en el manejo de los datos se sienten inseguros se va a las emociones”

-¿Y los políticos? A juzgar por los gráficos que mostró el presidente en alguna de las conferencias de prensa tampoco se llevan muy bien con los datos. 

-Bueno es un problema bastante grave. En el caso del peronismo/kirchnerismo hay una idea de control, además, de los datos. No hace falta que cuente que pasó con el Indec en las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner (porque empezó con Néstor). A la ignorancia se le suma la idea de que se pueden controlar los datos como si fueran una herramienta más de propaganda para torcerlos y falsearlos. Ahí hay un grado más de perversión. 

Sacando ese sesgo básicamente kirchnerista está el tema de la ignorancia. La clase política argentina es bastante limitada y de formación no viene del lado de los números por lo que tiene muchas dificultades.

En el caso particular de los cuadros erróneos no es achacable al presidente Fernández. Hay un error ahí de una cadena que no debería fallar. Fernández en el momento no tiene mucha capacidad de reacción y es imposible que la tenga. Pero es increíble que un cuadro que va a presentar un presidente ante de decenas de millones de personas no esté chequeado seis o siete veces, y con dos chequeos ya bastaba para darse cuenta de que estaban mal. Pero ese no era el sesgo kirchnerista de control de los datos sino solamente chapucería metodológica. Me parece que el gobierno en ese momento tenía buenos datos para mostrar y simplemente los mostró mal.

“En el caso del kirchnerismo hay una idea de control de los datos. A la ignorancia se le suma la idea de que se pueden controlar los datos como si fueran una herramienta más de propaganda para torcerlos y falsearlos. Ahí hay un grado más de perversión”

-Y del otro lado tenemos a la sociedad, el promedio de esa sociedad, que probablemente no se detenga mucho en la calidad de los datos. Me imagino en los graph de noticieros de TV que, por ejemplo, refieren a billones o miles de millones que claramente son datos erróneos, y nadie se detiene a dimensionar. También hay una responsabilidad del lado de la sociedad ¿Es consciente, lo puede resolver o por dónde pasa la solución?

-Ha habido una pérdida de capacidad en la que la decadencia de la educación en la Argentina tiene mucho que ver. Todas estas cosas que yo estoy enumerando de las cantidades, las proporciones y la regla de tres simple son cosas de la escuela primaria, no de la secundaria ni de la universidad. El derrumbe que hubo en la educación argentina en las últimas décadas, que se extiende a lo largo de varios gobiernos, se ve reflejado en esto. Vas a un kiosco, comprás tres cosas, cada una tiene un precio de dos dígitos, y el vendedor tiene que agarrar la calculadora para hacer la suma. Eso antes no pasaba, uno podía sumar 28 más 12 mentalmente y decir cuarenta (sí, cuarenta, a ver si meto la pata). Esa cosa de retraso continuo que se ha extendido a toda la sociedad y que permite todas las demás cosas obviamente. 

-Ahí aparece esta idea de no evaluar. No se señala el error porque es estigmatizar. Hay algo filosófico también en esto.

-Es lo que te decía antes. Cuando te sentís incómodo en el mundo de los números te refugiás en el mundo de las emociones. No estigmatizar, que la escuela contenga y cosas por el estilo señalan una trayectoria bastante previsible. Una tarea de la Argentina sería salirse del terreno de las emociones en términos de educación, periodismo  e información pública e ir al terreno de los datos, que tienen que ser numéricos. Pero es una tarea titánica, cambiar una tendencia de décadas de un país no es una cosa fácil ni tengo yo la solución para que se haga.