TMT - Conversaciones 22/06/2020

Diana Cohen Agrest: “La pandemia nos está haciendo recuperar la realidad”

Por José Crettaz

La filósofa y ensayista sostiene que el Covid 19 aceleró un movimiento de recuperación de la realidad que ya se veía en la filosofía y que se opone al interpretativismo absoluto; además, el “autoritarismo creciente de gobiernos y empresas tecnológicas” que avanzan sobre las libertades individuales

Diana Cohen Agrest es filósofa, docente, investigadora y ensayista. Especialista en bioética, preside la Asociación Civil Usina de Justicia, entidad que fundó para acompañar a las victimas de la delincuencia tras el asesinato de su hijo Ezequiel.

En #TMTconversaciones (ciclo televisivo que se emite por el canal Metro para Argentina y por UCL Play para América Latina) Cohen Agrest se refirió al aporte de la filosofía para sobrellevar la pandemia y el regreso a la realidad, incluida la posibilidad de la enfermedad y la muerte, que en los últimos tiempos tendieron a ocultarse. Además, se refirió al avance de los gobiernos -junto con las empresas tecnológicas- sobre las libertades individuales, los derechos civiles y hasta la propia identidad de los ciudadanos.

-¿Qué aporta la filosofía para entender este momento de la humanidad tan especial?

-La filosofía busca darle un sentido a lo que vivimos. Y entre esos sentidos uno tiene que encontrar uno para la pandemia. Creo que uno de los aportes más importantes de la filosofía en este momento es el rescate de la realidad. 

A lo largo de la historia del pensamiento siempre se tuvo una postura realista frente al mundo. Es decir, las cosas son independientemente de nosotros. Si hay un vaso de agua, ese vaso existe independientemente de que yo exista o no. Quizás es más fácil pensarlo en términos de los planetas o las rocas o cualquier objeto inanimado.

Pero, lamentablemente, a partir de mayo del 68, cuando se proclamó la imaginación al poder, se consolidó una forma de pensar tal vez nacida con Nietzsche, de que todo es interpretación. A partir de ahí, como todo es interpretación, nos quedamos sin realidad y eso es muy grave. Uno de los movimientos, que ya había aparecido en la filosofía antes de la pandemia pero que cobró fuerza en esta situación, es que tenemos que seguir rescatando a la realidad. El virus, que además es inodoro, incoloro, omnipresente y nadie sabe demasiado en qué consiste, está alterando nuestras vidas. Es una realidad.

Para comenzar con una idea optimista, creo que uno de los beneficios que podría traernos la pandemia es esa recuperación de la realidad. La enfermedad no es una construcción social, la enfermedad nos toca. El mundo vivió el ébola, el SARS, la gripe española y otras epidemias pero, claro, a la Argentina no le tocaba. Quizá por esa cosa egocéntrica que tiene el ser humano recién ahora descubrimos lo que es una epidemia porque ahora sí estamos en riesgo. Pero en realidad en la humanidad no es nada nuevo.

Lo que sí es nuevo es el carácter global, no sólo porque el virus ataca en todos lados sino también porque nosotros sabemos que así es. A través de los medios de comunicación cualquier cosa que pasa en el más recóndito lugar del mundo es conocido de forma global y por lo tanto afecta a la población de forma global.

“La filosofía busca darle un sentido a lo que vivimos. Y entre esos sentidos uno tiene que encontrar uno para la pandemia. Creo que uno de los aportes más importantes de la filosofía en este momento es el rescate de la realidad”

-Vivimos tiempos de incertidumbre desde antes de la pandemia ¿De dónde viene de la incertidumbre, es un nuevo tipo de incertidumbre y cómo podemos convivir con esa incertidumbre?

-La incertidumbre existió siempre. El hombre vive de fábulas y narraciones y la única forma de poder sobrevivir es construir certezas, que poco o nada tienen que ver con la realidad. Ya lo decía Spinoza, todos nos sentimos eternos porque nadie puede vivir su propio fin. Por eso tenemos una concepción de la vida absolutamente vitalista, porque lo otro, el no-ser o no-estar, es impensable o inimaginable para nosotros. Pero desde que el hombre es hombre podía salir a cazar y ser matado por un animal. Hoy en día podríamos salir a la calle y que nos pise un auto. Nosotros tenemos la ilusión de la eternidad.

Ahora lo que nos muestra el virus es que no tenemos el futuro garantizado, que nuestra ilusión es falsa y que tenemos que enfrentarnos a la posibilidad de la enfermedad y de la muerte, que existió siempre. Nosotros vivimos autoengañándonos, y no está mal porque si no sería muy difícil sobrevivir. En este momento el autoengaño no alcanza, entonces nos enfrentamos con una realidad que nos venimos ocultandonos incluso culturalmente.

Si pensamos el tema de la muerte como era antiguamente y hasta hace poco tiempo, la persona que enfermaba pasaba su enfermedad en su casa y moría entre sus seres queridos, que tras la muerte lo velaban en la casa. En los últimos tiempos hay una especie de desplazamiento. Como si la enfermedad, la vejez y la muerte se corriera y escondiera cada vez más. Hoy es muy raro una persona que muere en su casa. Hoy apenas una persona se enferma es internada, muchas veces se pasa del hospital al geriátrico y de ahí al cementerio. Y en el cementerio es con música de fondo y una estética de la muerte que poco y nada tiene que ver con la realidad de la muerte y con las costumbres ancestrales en las que el hombre moría rodeado de sus seres queridos.

La pandemia radicalizó todo eso porque hoy la gente es separada y aislada porque sufre Covid y quizá nunca más vuelve a ver a sus familiares y seres queridos, que no pueden asistir siquiera al momento de la sepultura o la oración en presencia del cuerpo. Todo eso realmente creo que distorsiona el sentido de la vida y de la muerte. 

En contrapartida, nosotros estamos hablando a través de una máquina o estamos inmersos en las redes sociales, y en una realidad virtual que desde el punto de vista anímico nos salva. Pero por otro lado, también nos aleja de la realidad y de los verdaderos y graves problemas. De toda una serie de manipulaciones que se están dando no sólo en Argentina sino a nivel global en manos de las tecnológicas que se asocian a los gobiernos y que nos terminan haciendo títeres de un nuevo mundo que se está gestando y donde se están consolidando tendencias que ya estaban desde antes. Ahora gracias al temor que infunde el virus, los gobiernos y las grandes empresas tecnológicas se aprovechan de ese sentimiento primario, el miedo, para avanzar las libertades, los derechos civiles y sobre incluso la identidad de quienes somos como ciudadanos.

“Ahora lo que nos muestra el virus es que no tenemos el futuro garantizado, que nuestra ilusión es falsa y que tenemos que enfrentarnos a la posibilidad de la enfermedad y de la muerte, que existió siempre”

-Se habla de una “nueva normalidad” ¿Vos creés que va a existir algo que podamos llamar una normalidad nueva y qué características tendría?

-En primer lugar, depende de la duración de la pandemia y si la pandemia se vuelve s recurrente. Es decir, si el virus dura un par de meses y después no vuelve a aparecer difícilmente haya costumbres que nosotros cambiemos. Sí creo que algunas costumbres vinieron para quedarse, por ejemplo este tipo de transmisión a distancia. Sobre todo en las grandes ciudades donde los tiempos de desplazamiento son de una hora o una hora y media. Entonces para determinados tipos de eventos puede ser que quede. 

Pero en general, esto tendría que durar un determinado tiempo como para que las costumbres se modifiquen. Cuando las condiciones materiales de vida se modifican, con el tiempo también se modifican las costumbres y las creencias. Hasta ahora, por ejemplo, nosotros encontrábamos, nos abrazamos y nos dábamos besos incluso con gente desconocida. Según cuánto dure la pandemia, tal vez ese tipo de costumbres se modifiquen así como ciertas prácticas de higiene, como lavarnos más las manos, quizá queden. Hay cosas que van a quedar para las nuevas generaciones, para los chicos que están ya formándese en este tipo de nueva habitualidad.

Yo soy un poco reacia porque no me gusta hacer futurología, nosotros no podemos pensar en un futuro que todavía no llegó. Pero sí creo que se van a consolidar ciertas prácticas que ya estaban desde antes. Eso sí, creo que hay un aprovechamiento de la pandemia para poder instalar ciertas prácticas que existían pero en un determinado contexto y ahora se están amplificando. Por ejemplo, creció muchísimo la pornografía infantil. Ya estaba, pero ahora hay vídeos en directo desde Tailandia, Filipinas o lugares de Oriente donde es muy difícil para los padres controlar en su casa ese tipo de transmisiones. O, por ejemplo, en Corea del Sur donde están usando las pulseras que controlan a los presos para los infectados con Covid. En lugar de ponerles esas pulseras a los presos se le ponen a los infectados. En Argentina se le saca la pulsera a los presos. Aquí, como decía María Elena Walsh, es el mundo del revés.

En Taiwán el autoritarismo se da con la gente que está enferma, que tuvo esa desgracia, en cambio en la Argentina ese autoritarismo se da a favor de  la gente que delinque. En Argentina, con la cuarentena durante prácticamente un mes no tuvimos delito. Pero desde que largaron a casi 3000 presos a la calle, el incremento del delito fue cada vez mayor. Esa no es una medida gratuita, ni es una medida sanitaria. Esos presos generalmente no van a su domicilio. Además, en la cárcel prácticamente no hubo Covid. Por qué traigo este tema que en mi es recurrente, porque una vez más tenemos que tomar conciencia de que hay una manipulación por parte de los gobiernos, que puede ser Corea del Sur, Estados Unidos y la Argentina.