TMT - Conversaciones 20/05/2020

Daniel Mazzone: “El blanco de las maquinarias de desinformación es la cultura de la verdad en Occidente”

Por José Crettaz

En #TMTconversaciones, el docente e investigador de la Universidad ORT de Uruguay, autor de Máquinas de Mentir, se refiere al fenómeno de la desinformación, el papel del periodismo y la nueva configuración Occidente-China del mundo

Daniel Mazzone es docente e investigador de la Universidad ORT Uruguay, especialista en periodismo digital y autor de Máquinas de Mentir, “noticias falsas” y “posverdad“. En el ciclo especial de #TMTconversaciones dedicado al impacto del Covid19, definió a las maquinarias generadoras de desinformación, la batalla perdida contra el fenómeno, al papel desempeñado por un periodismo sin estrategia y el modo de construir la verdad en las sociedades abiertas, bajo asedio. El diálogo Occidente-China en el mundo que viene.

-Se ha hablado más de fake news en torno de la pandemia, incluso con esta nueva expresión, infodemia ¿Hay una mayor circulación de información falsa durante esta cuarentena?

-Hay que re-enfocar el tema de la desinformación. Vengo diciendo desde hace cuatro años que las noticias falsas no existen y que es otro el problema que tenemos que investigar. Le llamamos fake news, posverdad y luego dijimos -bueno, en realidad eso no existe- mejor llamémosle desinformación. Tenemos que dar pasos hacia adelante y la verdad es que seguir hablando de desinformación o ponerle nuevos nombres, como infodemia, es seguir navegando en las mismas aguas.

Lo primero que tendríamos que hacer es admitir que nuestro combate contra la desinformación ha fracasado o, por lo pronto, no hemos encontrado las herramientas como para combatirlo con eficacia. Ese es el primer paso.

Estamos ante un fenómeno que muta constantemente. ¿Cómo podríamos definir lo que llamamos desinformación? Son grandes maquinarias que están dispersas en el ciberespacio -tendríamos que determinar dónde y de qué modo- que están produciendo permanentemente confusión. ¿Cuál es el objetivo? Yo no veo otro que el impedir pensar. Cuando vos revolvés el río de tal modo que las aguas se enturbian no podés ver qué hay.

Cuando escribí Máquinas de mentir, la frase que arranca el libro dice que “está en juego la confiabilidad en nuestro milenario sistema de comunicación Occidental” y sigo pensando eso. Creo que este es un problema que afecta múltiples dimensiones y discursos. Un grave error que ha cometido el periodismo como industria y como profesión es haberse dejado encerrar en ese andarivel en el que fue puesto a la defensiva.

El periodismo está constantemente diciendo “nosotros no fuimos” pero tampoco sabe cómo salir de ahí. Le falta es una estrategia que debería empezar por admitir que debe desengancharse de las fake news y la desinformación. Está clarísimo, la gente ya sabe qué es la desinformación y esta nube de confusión en la que vivimos y en la que no se sabe de dónde vienen los mensajes, en cuáles creer y cómo estructurar un discurso verosímil. Estamos como la deriva y tenemos que salir de ahí.

“Son grandes maquinarias que están dispersas en el ciberespacio -tendríamos que determinar dónde y de qué modo- que están produciendo permanentemente confusión. ¿Cuál es el objetivo? Yo no veo otro que el impedir pensar”

-¿Quién acciona las palancas de las maquinarias generadoras de desinformación?

-¡Esto daría para un congreso! Evidentemente hay poderes extranjeros que no soportan la libertad de Occidente. Nos quieren llevar a ser como ellos. No se si envidian o le temen, pero evidentemente nuestros cinco o seis milenios de estructuración de un formato o cultura de construcción de la verdad les es intolerable, no lo entienden y no saben qué hacer con eso.

Del exterior hay poderes que están interesados en destruir ese formato, pero ese estilo está tan arraigado que es imposible destruirlo. Aún así tenemos que defenderlo. Para mi Occidente es América, toda América incluidos nosotros (¡no nos desengachemos de la idea de Occidente!), y desde luego Europa. Somos unos 1500 millones, tantos como China. O sea que China y Occidente son los grandes protagonistas de la historia que viene. Ahí estamos metidos nosotros y tenemos que tener un discurso.

Acá, en el propio Occidente, también tenemos grandes adversarios. Para empezar algunos políticos de alto nivel como Donald Trump o Boris Johnson que accedieron al poder sobre la base de grandes mentiras. No digo que esas mentiras les hayan arrimado votos, pero sí que generaron tal nivel de confusión que hizo más vulnerable a los sectores vulnerables.

Tenemos adversarios internos y externos que accionan con mucho poder, económico y financiero, maquinarias que les permiten enturbiar la realidad de nuestras sociedades abiertas de tal modo que estamos totalmente confundidos.

Vuelvo al periodismo porque si el periodismo no encuentra la forma de salir de este atolladero, no sólo va a sufirir la industria y la profesión, va a sufrir la sociedad. El periodismo tiene que pasar a la ofensiva. Desengancharse de la defensiva de la desinformación, que se hagan cargo quiénes corresponda que está clarísimo. Y hacer propuestas. La propuesta tiene que pasar por recuperar el papel de moderador del discurso público que tuvo en el pasado.

Hasta el mediados del siglo XX el periodismo tuvo un papel no sólo de control del poder sino de moderación del discurso público junto con el sistema mediático. En el cual no había artículo, libro, película, novela o anuncio publicitario que no tuviera un responsable, cuando eso se corta la sociedad entra en crisis. Se ve mucha gente hablando de desinformación, fake news o infodemia, esto tiene muchos nombres pero no tiene un diagnóstico. Yo lo tengo, lo escribí en un libro, discutámoslo o propongamos otro.

“Evidentemente hay poderes extranjeros que no soportan la libertad de Occidente. Nos quieren llevar a ser como ellos. No se si envidian o le temen, pero nuestros cinco o seis milenios de estructuración de un formato o cultura de construcción de la verdad les es intolerable, no lo entienden y no saben qué hacer con eso”


-Mencionaste el periodismo, tenés una posición interesante y distinta, y mencionaste la política, donde hay responsables dentro y fuera de Occidente, ahora bien ¿Cuál es el lugar de la educación en la construcción de una serie de verdades compartidas?

-Es clave, obviamente. Y tiene que ser más activa. Para mi el ejemplo en este plano lo dio este grupo de profesores de la Universidad de Nueva York que encaró directamente a Fox y después a todas las demás cadenas y les dijeron si ustedes siguen transmitiendo las declaraciones de Trump en torno de la pandemia, se van a transformar en el mismo adversario de la salud pública que es el presidente.

Esa es una actitud valiente, que pone el cuerpo y que opera. Tenemos que empezar a actuar. Veo que hay muchas declaraciones, conferencias, y definiciones, aporte de nombres, pero poca acción práctica. Poca estrategia. Y no estamos sabiendo hacia dónde vamos. Y por eso seguimos a la deriva en medio de esta nube de confusión. Estamos siendo parte del problema. La gente mira quién está diciendo algo atendible, de lo que pueda agarrarse. Yo no veo que haya un discurso de ese tipo.

“Para mi Occidente es América, toda América incluidos nosotros (¡no nos desengachemos de la idea de Occidente!), y desde luego Europa. Somos unos 1500 millones, tantos como China. O sea que China y Occidente son los grandes protagonistas de la historia que viene”