Medios 11/07/2020

Carlos Scolari: “El encierro de un tercio de la población dio lugar a la aparición de nuevos formatos en las redes”

Por José Crettaz

Nacido en Rosario y radicado en Barcelona, el teórico de los medios analizó en #TMTconversaciones el impacto de la pandemia en el surgimiento de nuevas narrativas, las características de la globalización que viene, la aceleración y los frenazos en el surgimiento de medios y…¿Por qué McLuhan sigue siendo tan resistido?

Carlos Scolari es rosarino. Desde 1990 estudia y trabaja en Europa, actualmente en Barcelona. Es uno de los teóricos de la comunicación argentinos más relevantes del momento. Acuñó el término “hipermediaciones” -que le da nombre a su blog- y se especializó en la evolución de los medios (adentrándose en aspectos concretos como las interfaces). Siempre dispuesto a conversar sobre estos temas, estuvo en #TMTconversaciones (ciclo televisivo que se emite por Metro para Argentina y por UCL Play para el resto de América Latina).

-¿Qué características tiene la narrativa de la pandemia, si pudiéramos llamarla así? ¿Está yendo del apocalipsis a la tragicomedia?

-Más que narrativa son narrativas, en plural. La pandemia generó toda una erupción volcánica de relatos de todo tipo. Cuando empezó en la segunda quincena de marzo surgieron relatos que me sorprendieron, como los discursos de algunos filósofos de moda acerca de cómo va a ser el mundo postpandemia. Fue una cosa casi delirante. Gente de la filosofía y las ciencias sociales que se pasó de rosca con todos esos escenarios.

Viviendo cerca de Barcelona me sorprendió mucho cómo organizó el relato el gobierno de Pedro Sánchez en España. Esto de militarizar el discurso con, ovbiamente, toda la metáfora de la guerra contra el coronavirus. Pero me sorprendió la presencia de militares. Durante casi dos meses, tuvimos una rueda de prensa cada mediodía con un par de ministros, epidemiólogos y las fuerzas armadas con todas sus medallitas colgadas con discursos casi de arenga. Esto en Argentina o en otros países era impensable. 

En España, esto de los militares hablando cada mediodía -una gran fuente de memes- fue muy criticado. Por eso el gobierno lo fue sacando a finales de abril. En cada país y vemos lo que pasó en Estados Unidos o Brasil hubo distintas formas. En Alemania, Angela Merkel tuvo un discurso pedagógico que fue muy elogiado.

Lo que yo creo es que frente a un evento tan catastrófico a escala global, nuestra especie tiene necesidad de relatos para darle sentido a todo. Hubo un vacío y se llenó con lo que venía de todos lados. 

“Lo que yo creo es que frente a un evento tan catastrófico a escala global, nuestra especie tiene necesidad de relatos para darle sentido a todo. Hubo un vacío y se llenó con lo que venía de todos lados”

-¿Qué narradores están imponiendo mejor sus historias? ¿Los gobiernos, los medios tradicionales, las redes, los intelectuales?

-Habría que ver cómo se modeló lo narrativo en cada país. Los que investigamos la comunicación tenemos trabajo para una década. La gente que investiga hashtags, redes sociales o big data. En Australia ya se publicó un trabajo en el que analizaron 2,5 millones de tuits siguiendo hashtags de coronavirus.

Lo que es el análisis del discurso más tradicional, estilo Eliseo Verón -para ponerlo en clave argentina-, eso requiere más tiempo. Habrá análisis en claves nacionales dentro de cada sociedad. Y después vendrán los estudios comparativos seguramente. A mi no me extrañaría que tengamos tesis doctorales comparando el discurso de Donald Trump con el de Jair Bolsonaro, o el de Pedro Sánchez con el de Angela Merkel. Los comunicadores e interesados en la construcción del discurso tendrán mucho material. La gente que hace etnografía o antropología, con esto de tener un tercio de la población mundial dos o tres meses tendrá mucho material para investigar. Es un quiebre muy grande. 

Por otro lado nos abre posibilidades, con temas muy interesantes. Evidentemente, no todo va a seguir igual ni tampoco todo va a cambiar de forma radical. En la vida cotidiana van a cambiar quizá las cosas que hoy menos pensamos. Por ejemplo, en las distancias en la calle o en el compartir el mate, en la cuenca del Plata. Vamos a tener que investigar.

“Hasta dónde Estados Unidos va a dejar entrar a estas redes, que sabemos que tendrán datos de infinidad de millones de usuarios en Occidente. Creo que van a ir llegando otras redes sociales que son muy populares en Oriente, como Bili Bili que todavía no entró pero cuando lo haga va arrasar”

-Hiciste varias puntualizaciones sobre contextos o casos nacionales, ¿La globalización no existe?

-La globalización ya venía bastante golpeada sobre todo con este enfrentamiento entre Estados Unidos y China que puso en discusión su base comercial. A nivel cultural estamos en una cultura global. Los fans de Harry Potter son una comunidad global. Pero, por otro lado, ahora hay toda una discusión. Esta pandemia consolida en Occidente una red social china, Tik Tok. Vamos a ver qué pasa. Hasta dónde Estados Unidos va a dejar entrar a estas redes, que sabemos que tendrán datos de infinidad de millones de usuarios en Occidente. Creo que van a ir llegando otras redes sociales que son muy populares en Oriente, como Bili Bili que todavía no entró pero cuando lo haga va arrasar. Bili Bili es una especie de YouTube donde los comentarios pasan flotando arriba de los videos, una cosa extraña, y es muy importante en China.

A lo mejor vamos a otro tipo de globalización, con áreas muy globalizadas y otras que se están desglobalizado. Hay que ver el tema de la industria. Están pasando cosas raras, como decía Charly García. Por ejemplo, Huawei abrió una fábrica de antenas en Francia. Y muchas fábricas de capitales occidentales que estaban en China se están volviendo a Occidente porque China tampoco es ya tan barata como antes. Vamos a ver cómo se reacomoda todo esto. 

Y en el plano cultural tal vez no sea una globalización Made in USA, a la que estábamos acostumbrados. Ya empezamos a ver blockbuster hechos en China que llegan a Netflix, películas de ciencia ficción. Una película coreana que gana el Oscar. Vamos a ver qué forma toma todo esto. No creo que haya un repliegue total a lo nacional, pero sí creo que vamos a una globalización más variada. Tal vez multipolar, como está haciendo el mundo.

“Pero volviendo a mi ámbito, que es el de los medios de comunicación, es evidente que ha habido un aceleracionismo en el sentido de multiplicación de canales. Si hablamos de aceleracionismo también hay que hablar de grandes frenadas”

-Una de tus especializados es la evolución de los medios, la ecología de los medios, y empezamos a escuchar quienes afirman que habrá una aceleración radical de esa transformación. ¿Vos estás entre los aceleracionistas o sos conservador respecto de esa mirada?

-Acá hay dos cosas. Primero, si hablamos de los medios, es una realidad empírica que hubo una aceleración desde que se crea la web. La web se creó allá por 1991, así que el año próximo estará cumpliendo 30 años desde que Tim Berners Lee sube la primera página a un servidor. Hacia el 95, cuando Microsoft lanza el Explorer, comienza a masificarse y popularizarse. La web ya tiene 30 años y parece mucho. Son 10.000 días y si lo decimos así, parece poco. Pero es eso, que en la historia de la humanidad no es nada. A partir de la web se acelera la creación de nuevos medios y plataformas. Ya en la década del 2000, los dispositivos móviles y las redes sociales le dan un ulterior empujón a esa aceleración de creación incluso de nuevos formatos. Esto de que un tercio de la población encerrada en su casa ha dado lugar a la aparición de nuevos formatos textuales, breves, en las redes. Hubo una aceleración y multiplicación de canales y experiencias de comunicación, seguramente. 

Cuando se habla de aceleracionismo -hay un libro publicado incluso en Argentina por la editorial Caja Negra- se habla más de la cuestión del antropoceno. De frente a esta crisis planetaria, generado por el homo sapiens, habría aparentemente dos caminos, uno es destecnologizar -una salida romántica de volver al pasado, de cultivar la huerta, cosa que no está mal- y otro es la de generar más tecnología para solucionar los problemas, por ejemplo la reducción de dióxido de carbono en la atmósfera. Cuando se habla de aceleracionismo en términos más globales se hace referencia a eso.

Pero volviendo a mi ámbito, que es el de los medios de comunicación, es evidente que ha habido un aceleracionismo en el sentido de multiplicación de canales. Si hablamos de aceleracionismo también hay que hablar de grandes frenadas. Si ampliamos la mirada al último siglo o siglo y medio, a finales del siglo XIX también hubo una fase de aceleración. Es la época de Edison y Tesla. Cada semana Edison sacaba un aparato nuevo, el cilindro para escuchar música, luego apareció el disco de vinilo, todas las experimentaciones del teléfono, nació el cine, se consolidó la fotografía, surgió el comic. Fueron diez o veinte años en los que apareció de todo. De todo eso, muchas cosas desaparecieron. Nadie escucha música en el cilindro, se impuso el disco de vinilo en el siglo XX.

Hubo un momento de mucha explosión de nuevas formas de comunicación que luego se tranquilizó. La radio llegó en la década del 20, la TV unos 30 años después, en los 50 o 60. Hasta que con la web en los 90 entramos en otra fase de aceleración y multiplicación de medios. Es probable, aunque este es un sistema complejo muy difícil de predecir, que entremos en una etapa de estabilización y toda esta actividad febril de aparición de nuevas cosas, se va a otro sector de la economía o la tecnología. Tal vez se vaya a la genética por ejemplo. Se verá. Ahora está todo muy activo el sector de 5G, veremos qué pasa.

“Cuando uno revisa la investigación y la reflexión sobre los medios en el siglo XX hay dos figuras que son outsaiders, Walter Benjamin y Marshall McLuhan, uno en la primera mitad del siglo y otro en la segunda. Y ninguno era sociólogo o psicólogo de la comunicación, era gente que venía de formación humanística, filosófica, literaria y al venir de afuera tuvieron una visión que yo creo que es la que más perdura”

-¿Qué nos dice McLuhan para este tiempo y por qué hay tanta gente que no lo quiere por lo menos en Argentina?

-A McLuhan nunca lo quisieron porque ya en en los años 60 ya iba a contrapelo de lo que era la investigación típica en Estados Unidos en los años 60, y todavía hoy es muy cuantitativa, empírica, estadística. Y McLuhan era casi de una escuela europea, más especulativo. Pero tenía una percepción genial para detectar cosas nuevas que la gente que está todo día haciendo entrevistas o estadísticas no llegaba a percibir. Él no era un sociólogo de la comunicación, era experto en Joyce y Shakespeare. Era una persona de letras que hablaba de comunicación y como era un outsider tenía una visión diferente de la que tiene alguien que está todo el tiempo metido.

Y después McLuhan volvió en los 90 con la revolución digital. Ahí mucha gente lo vio como un Nostradamus que la había anticipado. A mi no me gusta mucho esa idea. Él hablaba de los 60, de la TV, el satélite. Cuando él hablaba de la aldea global no hablaba de globalización. La aldea global era toda la gente mirando a Neil Armstrong llegando a la Luna, era el satélite llevando esa señal a todo el planeta. Como la vieja tribu que escuchaba al narrador, al storyteller, miles de años atrás. Creo que es un pensador tan fresco que uno lo lee y siempre encuentra cosas nuevas. No es que estaba tirando predicciones aunque en algún momento tiró alguna cosa. 

Más que repetir alguna frase célebre lo importante es su espíritu, la cosa fresca. Cuando uno revisa la investigación y la reflexión sobre los medios en el siglo XX hay dos figuras que son outsaiders, Walter Benjamin y Marshall McLuhan, uno en la primera mitad del siglo y otro en la segunda. Y ninguno era sociólogo o psicólogo de la comunicación, era gente que venía de formación humanística, filosófica, literaria y al venir de afuera tuvieron una visión que yo creo que es la que más perdura.