TMT - Conversaciones 19/05/2020

Adriana Amado: “Que haya más especialistas en la TV que gente en terapia intensiva pondrá en riesgo el prestigio de la ciencia”

Por José Crettaz

En #TMTconversaciones, la investigadora y docente se refirió a la exageración de la infodemia, la voz de los indignados en las redes que la política no escucha pero pretende regular, el problema de la verificación de las fuentes oficiales, la oportunidad perdida por los medios y el abrazo de oso de los gobiernos que afectará la credibilidad de la ciencia

Adriana Amado es doctora en Ciencias Sociales, docente y divulgadora del estudio de la comunicación, los medios y la política. Preside el Centro para la Información Ciudadana (Infociudadana) y es investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Disciplinas Proyectuales-INSOD de UADE, además de autora de varios libros y artículos académicos.

Amado participó del ciclo especial Covid 19 de #TMTconversaciones para reflexionar sobre la producción y circulación de información durante la cuarentena. La exageración de la infodemia, la distinción entre trolls mercenarios e indignados en las redes, las propuestas de regulación de la actividad en esas plataformas, el problema de la verificación de las fuentes oficiales, la oportunidad perdida por los medios y el abrazo de oso de la política que afecta la credibilidad de la ciencia.

-¿Qué es la infodemia?
-La infodemia es la reacción que tiene el sistema ante esta emergencia en la que los mensajes ya no son exclusivos de las fuentes oficiales y los medios de comunicación.

Esta es la primera pandemia transmitida por Whatsapp y por redes sociales. Eso genera un flujo de conversación que, es cierto, en algunos casos tiene información falsa. Pero la verdad es que, en la gran mayoría, tiene que ver con conversaciones interpersonales. Eso genera mucha inquietud porque de hecho, si te ponés a pensar, la primera revelación de irregularidades en compras surge de conversaciones interpersonales.

Obviamente, en su primera reacción el sistema dice ‘ojo que ahí puede haber cosas muy raras’. Pero no estoy muy segura. Los primeros números que tenemos dan cuenta de que circulan noticias falsas pero no a nivel de convertirse en el gran problema que deja implícita la palabra infodemia.

“Muchos de los que son descalificados como trolls son en realidad gente activa que, en confinamiento tienen más tiempo para capturar pantallas, guardar tuits que después se borran o para generar movimiento”

-Hay unos fantasmas en la conversación sobre infodemia, fake news y demás, que son los trolls, palabra con la que nos referimos en alguna medida a estos usuarios más intensos, participativos y agresivos ¿Los trolls son aliados o enemigos de la buena información en las redes?

-Es una muy buena pregunta porque hasta ahora se equipararon a los bots -las cuentas automatizadas para desviar la conversación- y los trolls pagos -mercenarios de Internet contratados para dar pelea- con la gente que esta indignada con toda legitimidad. Muchos de los que son descalificados como trolls son en realidad gente activa que, en confinamiento tienen más tiempo para capturar pantallas, guardar tuits que después se borran o para generar movimiento. Creo que la política se olvidó de ese detalle a la hora de determinar ciertas medidas.

Si tenés en confinamiento gente con mucho más tiempo y capacidad de interacción a nivel horizontal es probable que tengas ataques más intensos y virulentos. Y podés tener dos actitudes básicas en relación con los trolls: regular para prohibir o tomarlos como indicador de malestar social. Es decir, por un lado, prohibir esa conversación, controlar las cuentas y regular olvidando que la regulación podía tener algún valor cuando los medios eran centralizados. Regular conversaciones no sólo es inútuil sino que nos equipara a países como Malasia, Singapur o Filipinas que lo intentaron y tuvieron pésimos resultados porque es como intentar parar el agua como un colador. Y por otro lado, podés tomar la conversación como un indicador de malestar social. En todos los países que han decretado aislamiento se dan cuenta que con el transcurso de las semanas el malestar va aumentando y aparecen en las redes sociales problemas que no se van a presentar en esas encuestas que te confirman, como a la Bruja de Blancanieves, que sos la más linda del universo.

Entonces, creo que si se tomara lo que pasa en las redes sociales y los llamados trolls como parte del malestar social, también la política podría estar tomando medidas más ajusatadas a las necesidades pero en lugar de hacerlo, se enoja con eso.

-Hablando de la política, se ha insistido mucho en la Argentina y en el mundo sobre la centralidad de las fuentes oficiales. Confiar sólo en fuentes oficiales ha sido un  eslogan con el que insistió mucho la publicidad oficial particularmente en Argentina. ¿Son confiables las fuentes oficiales? ¿Son las únicas confiables?

-El problema es que no son verificables, si lo fueran obviamente serían confliables. Y qué condición tendrían que tener para eso: mínimamente que sea información abierta. Los datos que tenemos de la cantidad de afectados o de muertos se comunican en un PDF que se cuelga cada día [con posterioridad a esta entrevista se publicó un data set sobre Covid 19 por primera vez]. O sea que si vos periodista o investigador social y querés hacer un análisis tenés que tomar día por día los datos y cargalos vos en una planilla, con mucho riesgo de cometer errores.

Otra cuestión que hace que la información oficial no sea confiable es que no tenemos los parámetros ¿Cómo se cuentan las muertes? ¿Sólo son las muertes en los que la gente tiene un cartel que dice ‘me morí de coronavirus’?  ¿Qué pasa con la co-morbilidad? ¿Qué pasa si una persona muere de neumonía? ¿Cómo se registra, como neumonía o como coronavirus? Esto también hace a que podamos confiar en la información.

Y como no es verificable ni contrastable no es lo que se verifica. Por eso vemos que muchas veces medios y fact checkers están chequeando memes y no están chequeando comparativamente esa información. De hecho, por ejemplo, no podemos hacer comparaciones por distritos. A dos meses del primer caso todavía no tenemos información que nos permita ver la provincia de Buenos Aires hacia adentro o los barrios de la ciudad en comparación, que sería una información valiosísima a la hora de abrir la cuarentena.

También tenemos preguntas que no se pueden hacer, por ejemplo, ¿por qué los grupos que siguieron trabajando son menos infectados que los que estaban guardados, como los residentes en geriátricos? Si esto tuviera respuesta, la información oficial sería confiable.

“Si se tomara lo que pasa en las redes sociales y los llamados trolls como parte del malestar social, también la política podría estar tomando medidas más ajusatadas a las necesidades pero en lugar de hacerlo, se enoja con eso”


-¿Qué pasa con la ciencia y el relato de la ciencia? Venía siendo en Argentina un tema de conversación desde antes del virus -vinculado a la política- pero ahora también por la preeminencia de los infectólogos. ¿Hay un posicionamiento distinto de la ciencia y de los científicos?

-Mirá, tenemos que entender que así como se trata de la primera pandemia con redes sociales, también es una pandemia que agarró a medios y políticos en su peor momento de confianza. Entonces, ¿quién es el grupo de mayor confianza a nivel general?. La ciencia. Todos nos ponemos la etiqueta de científicos porque es una forma de generar una mejor imagen.

De hecho, la política se abraza a los científicos para decir, ‘mirá yo estoy haciendo las cosas que me aconsejan acá’. El riesgo es que, primero, nosotros no tenemos tantos científicos especializados en estas cuestiones. Porque no sólo se necesitan epidemiólogos, una pandemia necesita economistas, sociólogos, educadores… Y esa parte no está cubriéndose. Y, segundo, algo que le pasa a la ciencia en todo el mundo y que explica la aparición de estos grupos que se desprecian como a los trolls, los antivacunas. ¿Qué está diciendo la aparición de grupos antivacunas o terraplanistas? Que empieza a haber grupos sociales que no le creen a la ciencia, que hoy son minoritarios pero que van a crecer en la medida a que la ciencia reciba ese abrazo de oso de la política.

Y también está el resultado del experimento social. Porque nunca tuvimos una pandemia de estas características ni se habían tomado medidas extremas como el encierro de los sanos. Es la ciencia la que tendrá que decir si eso sirvió o no sirvió. ¿Imaginate si no termina sirviendo?

Esta cosa de que hay más especialistas en la televisión que gente en la terapia intensiva va a poner en riesgo el prestigio de la ciencia. Además, los datos muestran que cuando un grupo social tiene alta aparición en los medios, automáticamente cae su prestigio. Lo que nos indica algo más: hay que empezar a rever esos supuestos que teníamos respecto de la visibilidad (que la visibilidad era condición de existencia). Los datos muestran que cuando más visible sos, menos confiable sos porque obviamente empezás a mostrar las falencias y eso genera pérdida de prestigio.

“Y como no es verificable ni contrastable no es lo que se verifica. Por eso vemos que muchas veces medios y fact checkers están chequeando memes y no están chequeando comparativamente esa información”


-¿Cómo te imaginás -y imrá la palabra que uso- el mundo de los medios, las audiencias y los políticos post pandemia?
-Los medios ya estaban en el futuro y no se dieron cuenta. Una metáfora interesante es que la pandemia recortó el papel. Eso no significa que vaya a desaparecer sino que muestra que algunas cosas que se hacían el siglo pasado pueden súbitamente ser suspendidas y uno tiene que tener la flexibilidad que no había tenido.

Con lo cual, el mundo postpandemia será como el mundo de la pandemia: habrá menos tiempo para esa actitud reaccionaria de volver a decir lo felices que éramos, de que hubo un mundo mejor en los medios. Y es un desafío importantísimo en cuanto a la calidad.

Muchos medios rifaron esa súbita atención que tuvieron con la pandemia. De pronto en marzo mucha gente se interesó por las noticias pero en lugar de ofrecer periodismo de calidad muchos siguieron haciendo lo mismo. No sólo pierden las audiencias, sino también los medios que pierden anunciantes y la razón de su existencia. ¿Eso qué significa?

Muchos van a tener que empezar a tratar bien a sus audiencias porque de ellas va a venir el sustento a través de suscripciones, servicios y un montón de cosas que ya están funcionando. Por eso te digo, no es el futuro. Ya están funcionando pero que algunos resisten a adoptar. Bienvenidos al futuro.