Tecnología 24/10/2021

Un proceso penal en soporte digital de punta a punta, sin papeles, con audiencias virtuales y datos abiertos

El juez Pablo Casas, titular del juzgado Penal, Contravencional y de Faltas N° 10 de la ciudad de Buenos Aires, explica en esta entrevista cómo con un cambio de visión y tecnología, la Justicia puede empezar a recobrar el prestigio perdido

Un proceso penal en soporte digital de punta a punta, sin papeles, con audiencias virtuales y datos abiertos

Texto y fotos de Mauro Berchi

Pablo Casas (48) es uno de esos escasos exponentes de lo que -dicen- se experimenta como punto de equilibrio llegando a la mediana edad. Tanto así, que confiesa “yo podría ir y decirle a mi vieja ‘ma, tomá, me reconoció la ONU, llegué, listo. Y quedarme ahí, en vez de seguir remando en dulce de leche”.

Sin embargo, el hecho de que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) haya destacado el funcionamiento de la institución que él comanda, durante la pandemia, lejos de adocenarlo, lo entusiasma.

A cargo de un equipo de diez personas en el Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas N° 10 de la Cuidad de Buenos Aires, Casas sigue buscándole la vuelta a esa precisa intersección en la que tecnología y humanismo pueden darse la mano para correr lo más cerca posible de las utopías.

Ahora, Casas analiza cómo trabajar con más tecnología para defender lo que él llama “la trinchera” e intentar que la Justicia recupere la credibilidad perdida, trabaje según estándares abiertos, y sea eficiente.

-¿Qué cosas del juzgado que encabezás reconoció la ONU?

-En la experiencia que registró la ONU pudimos demostrar que no era en vano habernos planteado, hace cinco años, un juzgado sin papeles. Como ya veníamos trabajando con circuitos digitales en los procesos penales, eso nos permitió irnos a casa y operar en forma completamente remota sin problemas.

Obviamente, eso fue posible gracias a la infraestructura digital que aporta el Consejo de la Magistratura de la Ciudad, y hay que reconocerlo. Siempre digo que en ese sentido aprovechamos un privilegio, porque claramente en otras partes del país no es posible tener una VPN [NdelR: una extensión de la red local que usan en el juzgado] que funcione correctamente.

En definitiva, la ONU tomó nota de lo que hicimos y nos reconoció en la publicación Justicia abierta en tiempos de COVID-19señalando que nuestro modo de trabajar constituye una buena práctica para el fortalecimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, particularmente el número 16, sobre la Paz, la Justicia y las instituciones sólidas.

“Pero en el sector público siempre tenemos límites con la tecnología, porque es caro programar para los presupuestos del Estado, frente a los valores que maneja el mercado”

-Entiendo. Ahora bien, ¿desarrollar un proceso penal en soporte digital de punta a punta implica, por ejemplo, audiencias virtuales? ¿Cómo se cuida la privacidad o se valida la identidad en esos casos?

-En ese aspecto hay dos cosas para detallar. Por un lado, nosotros aprovechamos la virtualidad para impulsar que haya participación ciudadana en las audiencias, porque no hay que olvidar que son orales y públicas. Yo siempre me pregunté por qué no va nadie a las audiencias, tomando en cuenta que en todos los casos hay personas interesadas, no sólo por el hecho que se juzga, sino incluso, por ejemplo, estudiantes, practicantes, periodistas, etc. Por eso, en Twitter publicamos nuestra agenda de audiencias. Así ponemos a disposición la información para quien esté interesado.

En cuanto a la identificación, hoy día lo resolvimos mediante la exhibición en pantalla del DNI. A mí me hubiera gustado desarrollar un software que permitiera captar los datos de ese documento, porque lo ideal sería que leyéramos vía remota el código de barras PDF 417 que tiene el plástico, como lo hacemos en la presencialidad. Eso permitiría ahorrar tiempo de tipeo y evitar errores.

Pero en el sector público siempre tenemos límites con la tecnología, porque es caro programar para los presupuestos del Estado, frente a los valores que maneja el mercado.

Por otro lado, logramos que más de cien personas presencien las audiencias. Al público le hacemos firmar un acuerdo de confidencialidad. De esa forma advertimos que está prohibido hacer capturas de pantalla, filmaciones, y un detalle: que sólo puedan participar mayores de edad, porque la información que muchas veces manejamos en las audiencias no es adecuada para niños.

-Recién mencionaste Twitter. Tu juzgado fue el primero del que se tiene noticia en abrir una cuenta en una red social para difundir datos de la gestión ¿verdad?

-Sí. En su momento elegimos esa red porque era la única que permitía acceder a la información publicada sin ser usuario. Es decir, en Twitter podíamos poner a disposición datos sobre nuestra actividad y rendir cuentas a la ciudadanía de forma bastante amplia, porque cualquiera que buscara en Google información sobre nuestro juzgado podía ver lo que publicábamos aún sin tener cuenta en Twitter.

A su vez vimos que ningún organismo de Justicia, por lo menos en América Latina, había creado una cuenta oficial en una red social. En eso fuimos pioneros.

Pero lo último y más interesante es que ahora, que tenemos alrededor de 6000 seguidores, nuestra cuenta está verificada por Twitter. Parece una tontería, pero significa que la cuenta es auténtica, notoria y activa. De esas tres cualidades, que sea notoria significa que desde allí nosotros promovemos la apertura de datos públicos, la transparencia, la participación ciudadana.

Es decir, lo que publicamos es relevante sin que tengamos obligación de hacerlo ni un interés económico o particular. Lo hacemos por vocación y porque creemos en este concepto de Justicia.

“En cuanto a la identificación, hoy día lo resolvimos mediante la exhibición en pantalla del DNI. A mí me hubiera gustado desarrollar un software que permitiera captar los datos de ese documento. Eso permitiría ahorrar tiempo de tipeo y evitar errores”

-¿Y qué datos son los que publican?

-Bueno, nosotros trabajamos con datos abiertos pero, además, con una política de visualización de datos. Porque si yo publico una tabla de Excel con filas y columnas de información, eso sólo lo entienden quienes se dedican, por ejemplo, a la ciencia de datos.

Los datos estructurados son útiles porque permiten su procesamiento, por ejemplo, con inteligencia artificial. Pero para la comunidad en general nosotros usamos gráficos, diseño y toda una manera de comunicar, para que realmente el ciudadano común pueda enterarse de lo que hacemos.

Y siempre generando redes colaborativas. Gracias a eso, por ejemplo, un día se acercó al juzgado un programador, Sergio Razza, tomó nuestros datos abiertos y los volcó en una plataforma de visualización de datos. Eso, a su vez, lo hizo en código abierto, en Github, que es toda una cultura que nosotros impulsamos.

El resultado es que hoy día se puede saber cuánto tardamos en resolver una causa; publicamos las sentencias, nuestro currículum, y una estadística completa con cruce de variables para que se interprete correctamente la actividad de juzgado.

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Mirando los gráficos del sitio que menciona Casas, uno se entera de que en el primer semestre de este año las causas penales ocuparon casi el total del trabajo de su equipo, y son precisamente las amenazas y lesiones leves lo más habitual. Eso, de la mano de la violencia de género, que, como concepto aparte, supera el 40% de los casos.

Mientras miro estos números, Casas responde mensajes y chequea el avance de procesos penales en su computadora personal, aún cuando está de licencia. Es, desde luego, el reverso de la ubicuidad de la información digital: todo el trabajo de la institución que lo tiene como titular, lo sigue adonde vaya.

“Con esta computadora yo firmo digitalmente, además de monitorear por la red privada y con documentos en la nube, todo el funcionamiento del equipo. Somos muy amigos de las mediciones y de documentar lo que sucede”, afirma.

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-Además de trabajar con datos, ¿usan inteligencia artificial (IA)?

Sí, siempre que entendamos que la automatización es IA, aunque es simple. En ese caso, tenemos dos herramientas. Una, es la que nos permite gestionar cada expediente como para que según lo que va pasando un sistema nos envía alertas, detecta algún retraso, mide plazos, etcétera.

Y lo más robusto es lo que usamos para anonimizar las sentencias que publicamos. Hasta hace un año borrábamos manualmente los datos personales y la información que no queríamos dar a conocer. Pero ahora incorporamos un software de procesamiento de lenguaje natural que lee los textos e identifica esa información, y la tacha. Es un sistema que entrenamos nosotros.

Obviamente eso siempre conlleva supervisión humana previo a la difusión, y en esa instancia se sigue entrenando al algoritmo para que se equivoque lo menos posible. A su vez, lo grandioso de esta herramienta es que nos identifica otra clase de información y nos la entrega estructurada, entones nos simplifica la carga de esos datos en nuestra base, para luego volcarlos en la plataforma de visualización de la que hablábamos hace un rato.

“Hasta hace un año borrábamos manualmente los datos personales y la información que no queríamos dar a conocer. Pero ahora incorporamos un software de procesamiento de lenguaje natural que lee los textos e identifica esa información, y la tacha. Es un sistema que entrenamos nosotros”

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El actor Juan Carlos Calabró solía mencionar, encarnando sus entrañables personajes, un ignoto club de barrio de la Capital Federal: Ciencia y sudor. De allí, supuestamente, sus creaciones habían obtenido valores y aprendizajes de esos que solemos sintetizar aludiendo a la suela gastada.

Algo así pasa con Pablo Casas. El equilibrio que hoy expone entre sus 26 años de experiencia en el Poder Judicial y las menos de cinco décadas de vida se conjuga, en su presente, con esa alquimia tan argentina de la que él se jacta: mezcla de ciencia (informática, más por rebusque que por amor al código) pero sin dejar de transpirar la camiseta día a día, en esa trinchera que él describe una y otra vez, y que hace que con frecuencia, a él y a su equipo, las historias les desborden el corazón.

El 14 de septiembre la ONU dejó asentado que la forma en que se implementan las tecnologías de la información y la comunicación en el Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas número 10 de la Ciudad de Buenos Aires, que Pablo Casas conduce, son un ejemplo de gestión hacia adentro de la institución, y en tanto provisión del servicio de Justicia. Si el cambio de década le trae buenas nuevas, su optimismo podría verse bien recompensado: quizá soplen vientos mejores en el futuro próximo. Si eso ocurriera, la pequeña utopía realizable de Pablo Casas podría consistir en que la administración de Justicia, especialmente en el fuero penal y en primera instancia, empiece a tener más de ciencia e innovación al servicio de la ciudadanía, y menos de ese sudor fruto del esfuerzo en exceso, al que estamos tan acostumbrados.