Tecnología 11/01/2020

Nelson Duboscq: “Aprender a programar te ayuda a pensar, es como un juego que cualquiera puede incorporar”

Por José Crettaz

El CEO de Digital House, school coding, destacó en #TMTConversaciones la relevancia de la programación en los empleos del futuro (y del presente)

Nelson Duboscq es ingeniero civil. Durante su carrera, cofundó HSM Group y participó del lanzamiento de la revista Gestión, la primera publicación de management y negocios en idioma español para el mercado latinoamericano. Asimismo, formó parte de la creación de Expomanagement y World Business Forum.

Además, Duboscq es el cofundador y CEO de Digital House, la primera coding school de “clase mundial” de la Argentina, tal como se presenta.

A mediados de 2019 estuvo en #TMTConversaciones y explicó por qué es necesario aprender a programar frente a un nuevo paradigma de educación permanente.

-¿Qué es una escuela de código?

-Lo que buscamos en Digital House es que la gente desarrolle habilidades digitales. Aprendés a programar en distintos lenguajes para teléfonos y computadoras.

A las habilidades digitales podríamos agruparlas en distintos contenidos como: experiencia de usuario; analítica, data science o inteligencia artificial; programación en web o apps para teléfonos; y negocios digitales.

¿Por qué es necesario aprender a programar? ¿Todo el mundo tiene tener alguna idea de programación o es para gente específica?

-Yo creo que la programación, hoy, es como leer en inglés hace 30 a 40 años. En la medida en la que tus trabajos estén cada vez más relacionados con el manejo de la información y de los distintos aparatos, programar es como vos te relacionas con ellos.

A medida que vos aprendés a crear tecnología pasás de ser dependiente a ser un creador, entendés lo que pasa detrás y podes sacarle valor a eso. Por otro lado, la disrupción de la tecnología en todas las industrias te permite desarrollarte más rápido.

“A las habilidades digitales podríamos agruparlas en distintos contenidos como: experiencia de usuario; analítica, data science o inteligencia artificial; programación en web o apps para teléfonos; y negocios digitales”

Cuando yo estudié ingeniería, hace 25 años, la velocidad de procesamiento de las computadoras era muy bajo. Para hablarle a las computadoras tenías que saber lenguajes de programación con una profundidad matemática mucho mayor. Hoy la programación es mucho más intuitiva, es más dirigida al diseño, es como aprender a jugar al ajedrez. Tenés ciertos conceptos de variables, pero vemos como gente que viene de humanidades o de exactas convergen en soluciones muy distintas y que enriquecen al grupo en el aprendizaje.

¿Hay que aprender de joven o se puede aprender de grande?

-Eso como todo, cuando antes aprendés mejor porque sos más flexible. Tenemos 3000 alumnos en escuelas secundarias, pero tenemos gente de más 50 años que es profesional y que quiere venir a aprender. Yo creo que aprender a programar te ayuda a pensar, es como un juego.

¿Hay un miedo a estos lenguajes?

-Es cuestión de hábitos. Los chicos son más de meter mano, pero podés aprender cualquier cosa. De hecho, aprendemos cosas mucho más difíciles

-¿Habría que incorporar en la escuela materias de programación?

-Está parcialmente incorporado.

Yo creo que más allá de incorporarlo como una materia debería ser horizontal. Entender este nuevo mundo tiene que estar incorporado en la forma de aprendizaje. Hay un cambio de paradigma muy fuerte en la captar la atención del alumno.

“Hoy la programación es mucho más intuitiva, es más dirigida al diseño, es como aprender a jugar al ajedrez. Tenés ciertos conceptos de variables, pero vemos como gente que viene de humanidades o de exactas convergen en soluciones muy distintas y que enriquecen al grupo en el aprendizaje”

Hace muchos años el conocimiento era escaso. Cuando ibas a la universidad, la persona que te daba la clase magistral era el que tenía el conocimiento. Hoy el contenido está en todos lados, se rompe la estructura de poder. Es tan importante la metodología de aprendizaje como el contenido.

Nosotros decimos en Digital House que lo nuestro es aprender a aprender, porque va a cambiar. Aprender las bases y aprender haciendo. En tecnología se valora lo que vos hiciste.

-Es más la experiencia

-En un trabajo decís que hiciste una aplicación.

-Se convierte en un nuevo curriculum

-Claro, es qué hiciste.

-¿Cómo es, en el mundo, el fenómeno de las escuelas de coding? ¿Cuándo surgió?

-En el 2012-2013. Lo que pasa es que hay una demanda infinita e insatisfecha de trabajadores con conocimiento en área digital.

¿En Argentina también?

En Argentina quedan 500-000 puestos. Y cada vez van a haber más. En todas las áreas necesitás manejo de información, una pyme necesita montar una e-commerce, hoy el 24% de la publicidad en Argentina es digital y las organizaciones multinacionales bajan línea de que inviertan en digital, pero sus recursos no están preparados para medir la respuesta ni para integrar el posicionamiento de la marca en la web.

Todo cambia y para Argentina es una oportunidad.

Existe el mito de que la matemática es difícil y que programar es para los genios. No, es una mentira. El ser humano es el único ser racional, la racionalidad te permite entender la matemática. Deberíamos disfrutar el aprender ese camino. En la medida en la que te quieren forzar a estudiar de memoria, menos lo querés ver. 

-¿Hay algún lugar que pueda ser inspirador?

-En los últimos años lo que hizo [Adrián] Paenza me pareció genial.

“Las escuelas de coding nacieron en 2012/2013 porque hay una demanda infinita e insatisfecha de trabajadores con conocimiento en área digital. Sólo en Argentina faltan 500.000 profesionales y cada vez habrá más”

Como divulgador de las matemáticas

-Si, genial. Eso estaba bueno, pero debería haber más.

En los 70 Estados Unidos necesitaba ingenieros, lanzaron la serie MacGyver y creció la cantidad. Yo me acuerdo que cuando entré a la facultad, en el año 80, nadie se anotaba en ingeniería electricista y era re importante para las redes. Me acuerdo que un profesor me decía que el nombre era muy poco atractivo, en electrónica se notaba a todo el mundo. Hay mucho de marketing.

Hoy mucha gente se acerca a todos los temas digitales porque ve los fenómenos Facebook y Google, pero más allá de eso es una herramienta que es buena para todas nuestras profesiones.

“Existe el mito de que la matemática es difícil y que programar es para los genios. No, es una mentira. El ser humano es el único ser racional, la racionalidad te permite entender la matemática”

El carecer de recursos humanos formados en competencias digitales, ¿puede ser un ancla para el crecimiento y el desarrollo de los países?

-De eso estoy seguro.

Yo creo que lamentablemente mi generación, yo tengo 56 años, es la primera generación en la Argentina que estuvo peor que sus padres en términos relativos. Mi viejo estaba bien con un séptimo grado, pero surgió el paradigma de la educación permanente. Imagínate la gente joven. Tenemos un montón de gente estudiando sociales, que está buenísimo, pero ¿esos son los trabajos que te van a permitir pagar las cuentas o generar divisas? Parecería ser que no.

-Y probablemente las ciencias sociales también tengan que incorporar competencias digitales

-Seguro. Si tenés que hacer una investigación, la cantidad de data que está en la web es infinita por lo que vas a tener que manejar técnicas de ciencias de datos.

¿Pueden las herramientas digitales colaborar en la reducción de la pobreza?

-Todo avance tecnológico ayuda a tener una mayor distribución de la riqueza y a reducir la pobreza. La pregunta es: ¿el ser humano lo va a usar bien o mal?

Hay lugares en los cuales rescatar a gente de la pobreza es urgente. ¿Saber, por ejemplo, marketing digital podría ser una herramienta para que rápidamente menos gente esté en la pobreza consiguiendo mejores trabajos?

-Seguro. Igual habría que trabajar en ciertas capas anteriores, no quiero ser el fundamentalista de lo digital. Me parece que si tenés un 30% de pobres, dándole una computadora e Internet no vas a cambiar a un chico subalimentado o con problemas de salud y de afecto. Necesitamos un abordaje más integral.

A mí me gusta poner los términos en la capa superior. En Argentina, a veces no nos damos cuenta, de que podés acceder a una universidad pública y tener un título de ingeniero respetado en el mundo. Podés acceder a aprender cualquier tecnología digital y vas a tener un trabajo en el cual vas a ganar bien.

Pero lleva mucho esfuerzo eso

-No, es placer. Te va a llevar un 6 o 7 años. Evidentemente vamos a una sociedad del conocimiento, la automatización de los trabajos requiere cada vez más trabajadores de valor agregado. La verdadera empleabilidad va a venir por el valor agregado de nuestro conocimiento y lo digital ahí es clave.

“Todo avance tecnológico ayuda a tener una mayor distribución de la riqueza y a reducir la pobreza. La pregunta es: ¿el ser humano lo va a usar bien o mal?”

Cuando hablamos de empleos del futuro vos podés cruzarte de brazos y quedarte quieto o entender que podés surfear la ola. El mismo debate pasó en los 60 cuando en Estados Unidos con los cajeros automáticos, pero nadie preveía que la tecnología iba a hacer que la industria financiera tuviese el triple de sucursales, con nuevos servicios financieros, y con más gente.

Creo que no hay que ser dramático, sino que hay que abordar esto como una oportunidad.

-¿Qué pasa con el management ante esta nueva realidad que vos estás describiendo?

-Está crisis.

-¿Cómo es eso?

-Si las principales compañías del mundo las inventó gente en un garage, quiere decir que algo ahí fracasó.

No alcanzaba con un MBA

-No vamos a matar a los MBA.

Probablemente necesiten una reforma también

-Sí, pero yo creo que va más allá del estudio. Con la tecnología hay acceso de capital infinito para el entrepreneur, eso genera una disrupción permanente y una ruptura de industrias.

Se cayeron las barreras

-Claro, hoy es más fácil. Hace 50 años el capital era intensivo y entrabas en una economía de escala de producción, hoy no. Se juntan cuatro pibes en Palermo, sacan una aplicación y la meten en el mundo.

-Vos mencionaste un garage o un departamento en Palermo, ¿esa realidad en el interior de la Argentina es posible?

-Yo creo que sí. El problema que tenemos acá es que al haber una inflación y una tasa de interés grande no hay acceso a capitales, el mercado de capitales es muy chico. Entonces, para cualquier cosa que querés empezar necesitas 40.000 o 100.000 dólares, por más de que hay iniciativas y aceleradoras.

Hace falta más volumen

-Claro. El mercado de capitales es clave. En la medida en la que vos invertis en un montón de startups la lógica es muy simple, va a llegar 1 de 10, pero la economía se mueve un montón.

-¿Por qué no tenemos ese mercado de capitales?

-El inversor es racional, si la tasa interna de retorno de una Lebac es 40%, la de un proyecto tiene que ser 40% más el riesgo argentino. Las economías funcionan a medida que la tasa interés tiende a cero.

-¿Por qué hay tan pocas mujeres en puestos vinculados con la tecnología?

-No sé, pero calculo que debe ser por el mito de que la matemática y la ingeniería son difíciles. Nosotros en Digital House tenemos el 20% de mujeres en programación y en marketing, en diseño UX es la mitad.

Creo que ocurre en todas las industrias.

Hay algunas industrias que son claramente femeninas como la educación y la salud

-Yo creo que es un tema cultural.

-¿Cómo se cambia eso?

-Todos los cambios culturales se dan con promoción.

La mujer pasa por un periodo de embarazo y crianza. Hoy podés aprender a programar, trabajar desde tu casa para el mundo y cobrar en dólares. Es un trabajo ideal para esos períodos.

Hoy el trabajo a distancia es clave y la tecnología te lo permite.

¿Cómo te imaginás que va a evolucionar Digital House?

-Abrimos en Brasil este año. Además, estamos haciendo una carrera de negocios digitales con la Universidad de San Andrés donde mezclamos negocios, habilidades blandas y tecnología.

Queremos desarrollar pequeñas sedes en todo el país y en toda América Latina con una plataforma blend, no creo en la educación 100% online. La tecnología te ayuda para ciertas cosas, cuando podés acceder al contenido en tu casa, y tener además lugares en donde puedas aprender haciendo.

-¿La demanda está acompañando?

-Es más de lo que esperaba. Invertimos mucho. Hay un tema en la Argentina con el pricing porque si un curso en el mundo cuesta 11.000 dólares, acá no podés cobrarlo. 

Es una apuesta a largo plazo y por suerte nos acompañó el mercado de capitales.

“Queremos desarrollar pequeñas sedes en todo el país y en toda América Latina con una plataforma blend, no creo en la educación 100% online. La tecnología te ayuda para ciertas cosas, cuando podés acceder al contenido en tu casa, y tener además lugares en donde puedas aprender haciendo”

-¿Cómo te imaginás el futuro?

-La tecnología va a estar metida en toda la educación. El aprendizaje continuo es una realidad.

Mi sueño es que seamos en una organización que acompañe o que sea referente en la formación de temas digitales. Ojalá eso se pueda difundir y podamos colaborar con las provincias y las organizaciones, que pasemos de ser un continente usuario de tecnología a ser un continente exportador y generador de riqueza.

-¿Las empresas están invirtiendo en la formación de sus empleados?

-Sí, mucho. Tienen una fuerte preocupación en la reconversión de sus propios empleados.

-¿El Estado acompaña ese esfuerzo de las empresas?

-Sé que hay algo, pero no soy especialista en regulaciones.