Tecnología 24/12/2019

Marcelo Elizondo: “En América Latina, los países más abiertos al comercio tienen menor desempleo”

Por José Crettaz

El especialista negocios internacionales en #TMTConversaciones señaló cuáles son los principales obstáculos para las empresas argentinas a la hora de importar, cuál es el peso de los servicios en el comercio exterior y la urgencia de “abrirse al mundo”

Marcelo Elizondo es abogado y magíster en Administración de Empresas. Además, obtuvo su posgrado en administración de Negocios en Cepade, Madrid, España. Elizondo efectuó programas de formación profesional en leyes en la Universidad de Harvard y en Planificación Estratégica de Negocios en la Universidad de Chile. Fue director ejecutivo de la Fundación Exportar, agencia de promoción de exportaciones de la Argentina.

Actualmente, preside el Capítulo Argentino de la International Society for Performance Improvement y dirige la consultora DNI-Desarrollo de Negocios Internacionales.  Asimismo, es investigador y profesor de Negocios Internacionales en la Escuela de Posgrado del Instituto Tecnológico de Buenos Aires-ITBA.

En #TMTConversaciones ahondó en temáticas como las guerras comerciales, la situación actual del Mercosur y el vínculo existente entre la innovación y la exportación.

¿Cuál es el peso de los servicios en el comercio exterior actual?

-En el mundo es creciente. De todas las exportaciones de bienes físicos, si uno las compara con las exportaciones de servicios, éstas equivalen al 30% de todo lo que se factura en materia de exportaciones de intangibles. La participación de los servicios en el total es creciente, pero además hay estudios que dicen que la participación de los servicios es todavía mucho mayor. Lo que pasa, es que hay una enorme cantidad de servicios intrafirma que no se contabilizan con precio en frontera. Las empresas transmitiendo información o data por medios electrónicos tienen valor económico, pero son intercambios sin precio en frontera. Hay algunos estudios, como los del Instituto McKenzie, que hablan de que el comercio de servicios hoy en el mundo supera en valor económico al comercio de bienes físico, lo cual sería una enorme novedad.

“La participación de los servicios en el total es creciente, pero además hay estudios que dicen que la participación de los servicios es todavía mucho mayor”

Es algo inédito en la historia

-Absolutamente. Tiene que ver con esta tendencia de la economía mundial hacia lo intangible, hacia el valor más vinculado con las prestaciones que con los productos. En Argentina venimos un poco detrás. Argentina, el año pasado [2018], exportó aproximadamente 62.000 millones de dólares de bienes físicos y 14.000 millones de dólares en servicios. Por lo tanto, estamos entre 20% y 25% en la relación servicios contra bienes físicos desde hace 5 o 6 años. No es un mal número, pero podría mejorar.

Hay oportunidades para mejorar, ¿por qué?

-En primer lugar, la Argentina tiene condiciones en muchos servicios que tienen muy buenos recursos humanos, en términos de formación de aptitud y de actitud. El argentino es innovador y tiene la capacidad de enfrentarse a nuevos desafíos.

En segundo lugar, este es un país en el cual hay muchas multinacionales que pueden activar el comercio intrafirma, las prestaciones de negocios dentro de sus actividades transfronterizas. Se estima que alrededor del 70% de todo el comercio mundial ocurre dentro de cadenas globales de valor, no son operaciones aisladas. Son producto de alianzas sistemáticas y repetitivas.

Relaciones a largo plazo

-Exacto, de vínculos que se construyen cotidianamente y regularmente. En Argentina hay empresas que pueden entrar en ese juego. Además, hay muchos servicios que se prestan en el idioma que tenemos nosotros, el idioma español que se habla en más 30 países. Hay potencial en base a atributos que habría que desarrollar.

La Argentina genera aproximadamente el 0,5% del PIB mundial, el 0,31% del comercio de bienes en el planeta y sólo el 0,25% del comercio de servicio. El potencial está, pero la realidad todavía nos coloca un poquito más atrás de lo que deberíamos.

“Se estima que alrededor del 70% de todo el comercio mundial ocurre dentro de cadenas globales de valor, no son operaciones aisladas. Son producto de alianzas sistemáticas y repetitivas”

-¿Qué opinión te merece la frase “vivir con lo nuestro” que remite a poner el acento en el consumo interno por sobre el comercio exterior del país?

-En el siglo XXI eso es un error. Más allá de que te guste o no te guste, más allá de tu posición ideológica, en este siglo eso es un error. El mundo nunca estuvo tan integrado y vinculado. Nunca consumimos tantos productos, como dice la Organización Mundial del Comercio, made in the world. Entonces, no se puede vivir con lo nuestro. Cualquier producto tiene una enorme cantidad de insumos importados. La Argentina exporta insumos que se utilizan en procesos productivos que terminan en otros países.

Argentina tiene una economía bastante estancada porque no se ha integrado al mundo, desde el punto de vista económico y productivo.

“La Argentina genera aproximadamente el 0,5% del PIB mundial, el 0,31% del comercio de bienes en el planeta y sólo el 0,25% del comercio de servicio. El potencial está, pero la realidad todavía nos coloca un poquito más atrás de lo que deberíamos”

Sin embargo, cuando alguien plantea expresiones como “hay que abrirse al mundo” hay gente que se pone nerviosa con esa idea de apertura

-Eso es verdad, es raro. La Argentina todavía viene por detrás en eso, culturalmente no ha comprendido que los vecinos en América Latina han logrado una enorme evolución, en su calidad de vida, como consecuencia de su integración en el planeta.

Chile, Perú, México y Colombia son ejemplos de países que se abrieron para recibir el flujo de inversiones, importaciones, migraciones y conocimiento desde el exterior. Eso les permitió exportar más inversiones, productos y servicios.

Me parece que la evidencia empírica muestra que hay enormes beneficios para los que se integran, para los que se especializan y se vinculan en procesos en el exterior.

Yo siempre doy un dato que tira abajo ese temor de la apertura. En América Latina, los países más abiertos, aquellos en los cuales el comercio internacional tiene más participación en su producto bruto, son los países con menor tasa de desempleo.

Chile tiene menor tasa de desempleo que la Argentina, es una economía mucho más abierta. Los dos países de América Latina con economías más cerradas son Brasil y Argentina, son los dos países con tasas de desempleo más altas. Hay que revisar esas reacciones intuitivas y mirar la experiencia. La integración beneficia.

“Chile, Perú, México y Colombia son ejemplos de países que se abrieron para recibir el flujo de inversiones, importaciones, migraciones y conocimiento desde el exterior. Eso les permitió exportar más inversiones, productos y servicios”

¿Qué significa una guerra comercial? ¿Por qué es peligrosa?

-Es una complejización de las relaciones internacionales, también es una demostración de que el mapa del siglo XXI tiene problemas nuevos. La guerra comercial entre China y Estados Unidos tiene distintos componentes. El más grave e importante es la carrera tecnológica.

Estados Unidos es el país que lidera la generación de conocimiento productivo, de ingeniería e innovación, es el principal exportador de servicios del mundo. Suele decirse que China ha superado a Estados Unidos en materia de exportaciones, sí, pero de bienes físicos. En materia de conocimiento incorporado en los procesos de producción, de ese impulso a la globalización productiva que es la información y el conocimiento, Estados Unidos es el líder.

El comercio en el mundo, en materia de servicios, no es solamente el que está dado por lo que se factura en frontera; sino también por el conocimiento que va, ida y vuelta, entre empresas que tienen localizaciones en distintos lugares del planeta.

Las empresas extranjeras que se instalan en China, para asociarse con una compañía, tienen la obligación regulatoria de abrir sus procesos de generación de conocimiento.  Una empresa local en China está muy vinculada al poder político, porque el capitalismo chino es muy tutelado por el poder político.

“El comercio en el mundo, en materia de servicios, no es solamente el que está dado por lo que se factura en frontera; sino también por el conocimiento que va, ida y vuelta, entre empresas que tienen localizaciones en distintos lugares del planeta”

Estados Unidos dice que estos regímenes chinos están haciendo que las empresas americanas, cuando se instalan en dicho país, tengan que abrir la información e incluso los procesos de generación de información. Entonces, China accede al conocimiento que ellos generan que tiene valor económico y estratégico porque hoy la tecnología, además de la producción, sirve para la defensa.

Estados Unidos empieza a reclamarle a China, entre otras cosas, que cambien estos regímenes que los hacen más vulnerables al robo de propiedad intelectual e incluso a la pérdida de seguridad. A cambio, utiliza instrumentos de represalia como los aranceles.

Son dos regímenes distintos: un capitalismo más autonomista, el americano; un capitalismo más tutelado y, además, no democrático en el caso de China.

Un problema, para nosotros, es que esto afecta el comercio internacional. En general, afecta precios, cotizaciones y flujos financieros.

Además, con dos socios comerciales muy importantes para la Argentina, no da para elegir

-La Argentina tiene por principal socio comercial en el mundo a Brasil pero los dos que le siguen son China y Estados Unidos, casi a un nivel equivalente.

Cuando es afectado el comercio internacional hace más lento el proceso de producción de bienes y servicios, lo cual puede alterar nuestra producción de bienes y servicios a estos dos países.

-¿Hay un retroceso en ese proceso de integración del que antes hablábamos o es sólo una pausa?

-Evidentemente hay una modificación del estado de situación. Mi impresión es que hay un cambio de escenario: menos horizontal, menos pacífico y menos armónico. Hay un escenario en el cual la globalización se expande y genera rupturas que producen estas reacciones. No creo que haya un retroceso, lo que creo es que hay una complejización. Es una constatación de que las instituciones del siglo XX ya no nos sirven para resolver los problemas.

¿La Argentina tiene una estrategia para lidiar en ese mundo complejo?

-Veo a la Argentina con una visión muy antigua de todo esto, hay poca gente que se ha puesto a estudiar esto.  Probablemente tiene una estrategia, pero es bastante primaria.

Si vos mirás lo que se vende en el mundo, la enorme mayoría de lo que se comercia son bienes intermedios para terminar procesos productivos afuera. El bien final es una parte marginal del comercio internacional. Si vos querés comerciar mucho tenés que especializarte en bienes intermedios, en insumos y en conocimientos para la alimentación de procesos productivos. Concentrarse en los bienes finales es concentrarse en un segmento chico del comercio internacional.

“Mi impresión es que hay un cambio de escenario: menos horizontal, menos pacífico y menos armónico. Hay un escenario en el cual la globalización se expande y genera rupturas que producen estas reacciones”

¿Para qué sirve el Mercosur?

-El Mercosur le sirvió a la Argentina para generar su primera vinculación con el exterior. En materia económica, muchas empresas argentinas, más de 3000, hoy exportan dentro del Mercosur en particular a Brasil.

Fue muy útil cuando se ideó. Fue una experiencia de vinculación para los que no tenían el cuero curtido en esa materia. Hoy el Mercosur está un poco viejo, está pensado para vincularnos entre nosotros, pero no está pensado para vincular al Mercosur como plataforma con el resto del mundo. Hay negociaciones en marcha, pero todavía están pendientes y no han tenido éxito aún [salvo el acuerdo con la Unión Europea, cerrado con posterioridad a esta entrevista]. Ha servido para muchas pymes argentinas que no podrían exportar más allá del Mercosur.

El Mercosur tiene un altísimo arancel en fronteras del bloque que nos desvincula del resto. Eso hace más complejas las importaciones, pero también más complejo el ingreso nuestro en terceros mercados por distintos procesos directos e indirectos. Hay que actualizarlo, abrirlo y vincularlo con el resto del mundo.

“Si vos mirás lo que se vende en el mundo, la enorme mayoría de lo que se comercia son bienes intermedios para terminar procesos productivos afuera. El bien final es una parte marginal del comercio internacional”

Hay otros bloques que han dado pasos en esa dirección, como por ejemplo la Alianza del Pacífico

-La Alianza del Pacífico es un acuerdo entre México, Colombia, Perú y Chile de reducción de aranceles entre ellos, pero que mantiene muchísima autonomía en cada país para negociar con terceros. Es un modelo distinto, mucho más flexible y abierto.

La Argentina se acercó a la Alianza del Pacífico obteniendo una aceptación en condición de miembro observador [durante la administración Macri], no de miembro pleno. Hay ideas de confluir el Mercosur con la Alianza del Pacífico.

Da la sensación de que el mundo va más al modelo de la Alianza del Pacífico. El mundo que ya no genera productos, sino prestaciones, hace que se necesiten espacios muy grandes, que justifiquen la escala de producción, y que las barreras en frontera tengan una relevancia cada vez menor. El modelo de la Alianza del Pacífico es más propio del siglo XXI.

Y tiene la experiencia de países que se abrieron desde hace mucho tiempo al comercio

-Sí, yo te diría que México y Chile son los países más abiertos de la región, con una gran cultura. La apertura implica no sólo importaciones, sino también exportaciones. Implica no sólo inversiones, sino flujos de alianzas entre empresas. Son países que, además de comerciar mucho, han generado muchas empresas multinacionales que invierten en el exterior y reciben mucha inversión extranjera en sus países.

¿Cuáles son los principales obstáculos para una empresa argentina que quiere importar?

-Hay muchísimos. Cuando vos tenés una economía tan inestable y desordenada estás más tentado a trabajar el corto plazo que el largo plazo. Los negocios, de índole internacional, son de largo plazo.

El segundo problema es que hay un entorno regulatorio muy congestionado en la Argentina. La legislación laboral, por ejemplo, está pensada para un modelo de producción industrial de mediados del siglo pasado. Este dinamismo en la nueva economía requiere modelos muy flexibles, eso no ocurre.

El tercer problema es que el ingreso a mercados externos, por parte de la Argentina, está penalizado porque, como no hemos hecho acuerdos de integración con otros mercados, los demás no se abren a nosotros.

El cuarto es que la Argentina tiene una tasa inversión muy baja, los que tienen éxito afuera invierten mucho, innovan y generan estrategias exitosas.

El quinto es que hacen falta de tributos competitivos internacionales, hacen falta estrategias de marketing externo y participación en las cadenas globales de valor.

“México y Chile son los países más abiertos de la región, con una gran cultura. La apertura implica no sólo importaciones, sino también exportaciones. Implica no sólo inversiones, sino flujos de alianzas entre empresas”

Da la impresión de que todos esos problemas se quieren resolver con una sola medida: devaluar. Sin embargo, pareciera que nuestras exportaciones son bastante flat. Y está visto que por ahí no va. ¿Por dónde empezamos a resolver esa agenda?

-Estoy absolutamente de acuerdo con que no va por ahí. Desde que empezó el siglo XXI, la Argentina es el país, excluyendo a Venezuela, que más devaluó su moneda. Ningún otro país, salvo Venezuela, en América Latina devaluó tanto.

Las exportaciones argentinas, desde que empezó el siglo XXI, crecieron menos de 150%. Las de Paraguay crecieron 1100%. Por lo tanto, por ahí no va. El tipo de cambio licúa sobrecostos, pero no corrige problemas.

¿Por dónde va? Por una macroeconomía sana y estable, un entorno simple y más flexible.

Desburocratizar

-Absolutamente. Esos 5 puntos que te enumeré como dificultades, son las 5 correcciones más importantes que hay que hacer.

¿Cuál es el vínculo entre innovación y exportación?

-Es cada vez mayor. Por ejemplo, los productos agropecuarios no tienen nada que ver con los que se producían hace 20 o 30 años. Hoy seguimos llamándolos por error productos primarios. Un poroto de soja tiene modificación genética, agricultura de precisión, maquinaria de altísima sofisticación e ingeniería agrícola. Hay un montón de tecnología y conocimiento ahí adentro. La innovación es casi un equivalente al éxito internacional.

Sin innovación es difícil permanecer, lo cual me lleva a otro tema. Ya no se promueven productos en el mundo, se promueven empresas porque éstas son las que innovan. Hay que salir al mundo promoviendo empresas internacionales que respondan rápido a los nuevos desafíos.

Recién planteamos una agenda, está claro por dónde ir, pero ¿cuáles serían los primeros movimientos en esta dirección?

-Primero hay que ordenar la macro, es muy difícil que todo esto se haga si hay una tasa de inflación del 60% anualizada [2019]. Luego, la Argentina tiene serios problemas de sobre presencia del sector público en la economía. El gasto público es enorme, eso genera déficit fiscal que provoca mucha incertidumbre. Eso provoca alta presión tributaria y problemas en la tasa de interés o la tasa de inflación.

La Argentina necesita un proceso de vinculación productiva con el mundo, de apertura nuestra para conseguir apertura de los demás. Hay que entrar en las cadenas globales de valor. El mundo comercia aproximadamente 20 billones de dólares de bienes físicos, más 5 billones de dólares de bienes de servicios. El 70% de ello ocurre dentro de cadenas de valor. Hay que tratar de generar mayor facilidad para que las empresas argentinas entren en esos espacios de producción mundiales.

¿La educación tiene algún lugar en ese cambio cultural que estamos planteando?

-Tiene un lugar crítico porque la innovación la genera una persona con la creación de conocimiento. Una máquina te da información, el conocimiento lo produce cada persona que trabaja dentro de una empresa.

“La Argentina necesita un proceso de vinculación productiva con el mundo, de apertura nuestra para conseguir apertura de los demás. Hay que entrar en las cadenas globales de valor”