Tecnología 24/11/2020

Live streaming: claves del nuevo entretenimiento en el show de Las Pastillas del Abuelo en el Movistar Arena

Experiencia visual y sonora envolvente e inmersiva, que se aprovecha mejor con auriculares y en la que las imágenes explotan la profundidad de campo. Pero… faltaron los cuerpos, la marea humana, el baile, las sonrisas, las lágrimas, el sudor

Live streaming: claves del nuevo entretenimiento en el show de Las Pastillas del Abuelo en el Movistar Arena

Por Mauro Berchi

Alguien le podría haber pedido a Juan “Pity” Fernández que reversionara a alguno de esos artistas argentinos de los ’40, para ofrecer al público acaso las últimas gotas de un arte que verbal que amalgamara coloquialismos y erudición, lunfardo, verborragia con estilo y rítmica rimada.

Entonces, quizá, Pity habría pensado en Discépolo. Desde luego, en el siglo XXI el creador de Mordisquito sería el cantante de una banda de rock deudora tanto de Sabina como de Los Redondos. Llenaría de frases y más frases cada canción, reflexionando sobre los temas clásicos de la Humanidad, siempre a medio camino entre las cavilaciones en sordina y la explosión rockera.

Si todo esto hubiese ocurrido, incluiríamos sin problemas a Las Pastillas del Abuelo dentro de esa herencia cultural que comprende que es el rock el mejor vehículo para buscar la salida al laberinto que la vida posmoderna impone, sin olvidar que “todo este viaje será para no llegar a destino” tal como aclara Pity en El favor, tema que abrió el recital, y que forma parte del disco reciente 2020.

Pues bien, habiendo experimentado este rock que, dado el contexto, #sesientedesdecasa, no hay dudas respecto del lugar protagónico que Las Pastillas ocupan en la escena musical argentina. Después de 18 años de carrera, el viernes 20 la banda presentó su séptimo disco, en vivo y directo vía streaming, desde el Movistar Arena.

Hablemos de las ventajas

Una banda bien ajustada, madura, sonando en un lugar de nivel internacional y sin público, brindará, seguramente, una oportunidad inmejorable al oído; porque, en ese aspecto, la calidad técnica juega a favor. Efectivamente, ese fue el caso de este show, en el que la experiencia sonora inmersiva ofreció pasajes en los que la organización y el propio Pity aconsejaron usar auriculares para sacar provecho de la tecnología envolvente.

Otro tanto ocurrió con las imágenes. Los músicos parados en amplia herradura, dejando en el centro al frontman, permitieron que las cámaras trabajaran la profundidad de campo como para dar la sensación de que estábamos dentro del escenario. A su vez, las tomas cenitales y los planos abiertos y en movimiento le permitieron a Pity jugar con la mirada del público.

Junto con la edición y dirección, el espectáculo planteó una pantalla a las espaldas de la banda, y la puesta de luces con láser fue extraordinaria. En este sentido, y en materia musical, la transmisión resulta equiparable con propuestas como Encuentro en el estudio, producto de buena calidad artística en el que los músicos tocan en vivo (es decir, sin edición) pero sin público.

En el caso del viernes, claro está, el toque distintivo lo da el streaming. Okey, es televisar una banda en vivo y directo; los músicos tocan en un entorno controlado, pero sin poder remendar errores ni agregar nada a lo que hacen, y eso está siendo recibido en el mismo momento por el público, pero desde su casa. Y sin embargo…

Aquello que la tecnología no nos da

Algunas cosas son tracción a sangre. En las artes, sólo la música y el teatro ponen al artista en situación de entrega total al público conformado por los espectadores presentes en la sala. Y eso les da a ambas disciplinas un carácter único. La obra de un actor o de un músico se transforma con cada interpretación en vivo, cuando el público presente hace lo suyo.

La razón es que somos cuerpos, además de lo demás, y en este mundo con catacresis de Zoom -tengo un Zoom, está en el Zoom, hago un Zoom- nos olvidamos de que estar es ocupar un espacio; reunirse es estar materialmente con otros compartiendo el mismo lugar. Presenciar es estar de cuerpo presente como testigos de algo irrepetible. Y todo esto no puede ocurrir mediando ningún artefacto técnico, por más experimento humano que se intente.

La voz ronca de Pity susurrando algunas frases entre tema y tema no fue la que habría sido si la marea humana hubiese rugido en el Movistar Arena después de cada tema. El esfuerzo de su garganta, intentando imponerse al canto de las decenas de miles de almas en cada estribillo le habría marcado mucho más la carótida. Vistiendo la misma remera con estampa de útero -vaya a saber qué estará gestándose en el fuero íntimo del Pity- debería haber transpirado más, y, en el mismo enorme vaso de metal habría tomado, probablemente, el doble de Fernet.

Entre tema y tema el silencio de un vivo y directo sin espectadores presenciales se vuelve denso. Los músicos saben que están siendo filmados; por lo tanto, no pueden relajarse como en la sala de ensayo o el estudio de grabación, pero tampoco se fascinan con las banderas y las bocanadas de humo. Ni los factores meteorológicos ni lo impredecible del gentío inciden en el ánimo de profesionales con trayectoria.

De más está decir que tampoco la recepción es la misma cuando no hay con quién bailar, compartir sonrisas, lágrimas y sudor.

Una nueva y, ojalá, muy corta normalidad

Así y todo, el pasado viernes 20.11, la impecable performance de Las Pastillas permitió conocer varios de los temas del nuevo disco, incluyendo algunos con claro tinte de hit, como La creatividad, Incontinencia verbal o Azúcar impalpable. Por otro lado, el bloque íntimo en el que repasaron viejos temas con el cantante de espaldas a la cuarta pared, en formato mínimo, también sonó excelente.

¿Alguien les habrá preguntado a los músicos qué se siente al tocar en un estadio vacío? Promediando el concierto hubo un plano tomado desde donde tocaba la sección de vientos, que mostró, al menos, qué veían: luces apagadas más allá del escenario, butacas vacías, y en el aire sólo un dron volando.

Merece destacarse la organización del evento, que comenzó puntual a las 22, con proyección de videos de temas nuevos, algunas trivias para fanáticos, y veinte minutos después expuso un puñado de temas de Los Mutantes del Paraná, buena banda para tener en cuenta.

En la era de la tecnología digital y las telecomunicaciones, el sonido y las imágenes del show de Las Pastillas del Abuelo estuvieron a la altura. Por ahora, el sillón y la familia reemplazan a las multitudes. Algunas enseñanzas de la calle seguirán, de seguro, vinculando versos de Pity con amores y escepticismos que otros poetas narraron el siglo pasado. Y quizá, en el desconcierto, valga reivindicar verdades que trascienden su tiempo ofreciendo un poco de cordura: la pelota siempre al diez.