Entretenimiento 16/11/2019

Fernando Isella: ”La tecnología cambió la forma en la que creamos música e interactuamos con ella”

Por José Crettaz

El compositor y fundador del sello discográfico Limbo Music se refirió en #TMTConversaciones a los cambios en la industria de la música desde la irrupción de las nuevas tecnologías, el futuro del sector y la situación actual de los músicos

Fernando Isella es músico, fundador de Limbo Music y creador de SoL The Music Network. Estudió jazz en Berklee College of Music en Boston, desarrolló el primer Music Hackathon en América Latina, produjo discos para Sony Music y creó el festival de música independiente Limbo Fest.

En esta entrevista para #TMTconversaciones (realizada en abril de 2018) el productor comentó cuáles son las dificultades que atraviesa la industria de la música, el escaso reconocimiento de las bandas argentinas en el exterior y la necesidad de crear canales regionales independientes para la distribución del contenido musical latinoamericano.

-¿La música es la misma o la era digital la cambió totalmente?

-La música en cuanto contenido es parcialmente la misma. Afortunadamente la tecnología no sólo cambió las formas de distribución, sino las formas en que creamos música e interactuamos con ella. Creo que todavía no hay mucho explorado y va a explotar aún más la parte de la audiencia, en cómo participa interactivamente con la música.

En cuanto a lo tecnológico, el impacto en la producción y distribución, sí es otra música música completamente diferente. Me recuerda a  2001: odisea del espacio, de Kubrick, cuando el mono comprende que el hueso puede servirle para algún tipo de herramienta, para dominar, construir o asignar un territorio. Nos veo en ese momento. Todavía estamos en un proceso de prueba y error constante. Veo a los de cuarenta, e incluso a los de treinta, usar el celular de una forma parecida a la del mono. Los pibes lo utilizan de una manera mucho más integrada.

Todavía estamos viendo muy poco de los cambios reales e impactantes que van a ocurrir.

-Además estos cambios están siendo muy rápidos

-Durante muchísimos años la industria de la música fue una industria solamente por la venta de un pedazo de plástico. No se vendía música, se vendía plástico. No se vendía el contenido. Vos no eras propietario del contenido cuando comprabas el CD, eras propietario del CD. La paradoja que veo en lo digital es que, hoy en día, tampoco sos dueño de los contenidos a los que accedes.

“Durante muchísimos años la industria de la música fue una industria solamente por la venta de un pedazo de plástico. No se vendía música, se vendía plástico. No se vendía el contenido”

Con respecto al tema de las ganancias que obtienen los músicos, hoy en día son casi imperceptibles. La paradoja que veo es que, junto con el avance y la innovación, volvimos a las fuentes de la música en cuanto a la composición y tocar en vivo. Hoy, los derechos que más perciben los músicos son: tocar en vivo y haber compuesto sus propias canciones. Eso es algo muy noble en cuanto al impacto que ha generado la tecnología en la industria de la música.

Por su parte, la industria de la música suele llegar tarde en cuanto a lo tecnológico.

-En ese sentido, siempre se usa de ejemplo

-Si, el gran ejemplo para que a los demás no les pase lo que sucedió con Napster.

El fundador de Spotify trabajó en Napster y tuvo esta visión similar, probablemente sin un modelo de negocios. Yo creo que el primer gran error de industria la música fue no saber aprovechar la oportunidad de tener un canal de distribución que llega a todo el mundo. Había posibilidades de crear un modelo de negocios alrededor de eso y lo primero que hicieron fue enjuiciar a Napster y a los usuarios, fue algo bastante extraño y criticable. En vez de haber gastado todo ese dinero en abogados, podrían haber gastado en investigación e innovación para poder crear un nuevo modelo de negocios.

La primera lucha que se da es la de la profesionalización de la industria la música, más allá de que la innovación tecnológica permite a los músicos tener acceso a un montón de cosas que antes sólo lo tenían los grandes sellos, managers y festivales. Para grabar un disco necesitaban una infraestructura y una discográfica, hoy en día con un celular podés hacer todos los pasos: grabar, distribuir y hasta llegar al público. Probablemente, la autogestión está buena pero llega a un límite. El músico debe comprender que lo mejor que sabe hacer es hacer música. Está buenísimo que comprenda toda la cadena de producción que implica esta industria, pero esto conlleva responsabilidades.

El músico debe entender que hay un montón de derechos: los derechos de autor; de su editorial; de reproducción pública; derechos fonomecánicos; y que no es lo mismo una plataforma de streaming o una radio digital. Todos esos derechos están siendo regulados y, mayormente, no liquidados por la falta de información de los mismos proveedores de servicios que dejan esa la cuestión en información dudosa.

“Para grabar un disco necesitaban una infraestructura y una discográfica, hoy en día con un celular podés hacer todos los pasos: grabar, distribuir y hasta llegar al público. Probablemente, la autogestión está buena pero llega a un límite”

-Esa complejidad que acabas de describir conspira contra la oportunidad

-Conspira, pero tiene una solución que es la inversión tecnológica por parte de los proveedores de servicios tecnológicos. No hay ninguna otra forma superar esto.

Te cuento una historia muy breve, pero muy impactante para lo que vivimos hoy. iTunes nació hace 15 años y Spotify hace 8. Al día de hoy, no requieren que uno ingrese el compositor, el autor y la editorial de cada una de las canciones. Un archivo de audio contiene toda la información que necesitas para saber quién lo grabó y el sello discográfico, pero no tenés toda la información de quién escribió la letra o quién compuso la canción. Es una es una falta de información que la industria llegó tarde a reclamar.

Nosotros en Limbo Music distribuimos música digitalmente a todas las plataformas digitales: YouTube, Spotify, Amazon. Recaudamos todos los derechos de contenido de todos los músicos y precisamos que cada uno de ellos ingrese quién compuso, quién toca, quién fue el productor artístico, etc. Esto hoy no lo encontrás en las plataformas, es una de las grandes desventajas de la distribución digital. Pero, no debemos atentar contra las posibilidades tecnologías que nos están brindando empresas que probablemente no sean de base musical por ejemplo YouTube.

-Ellos descubrieron que su plataforma se utiliza principalmente para escuchar música

-Afortunadamente incorporaron personas que saben trabajar en el sector de la música. Por su parte, Spotify que es una empresa de base musical tecnológica recién en 2017 evitó tener pérdidas.

Estaría bueno que podamos ver el impacto del streaming en el largo plazo y con esto quiero decir dos cosas: hay una ampliación del mercado que está ocurriendo exponencialmente de gente que está suscribiéndose a los servicios o usándolos en su versión premium y, además, se está ampliando el mercado del acceso a Internet de una manera exponencial.

Nosotros lo vemos en las regalías que están cobrando los músicos, se van agrandando de un 35% anual. Es una barbaridad. Esto se da por la ampliación del acceso a Internet y de las versiones pagas de cada uno de los servicios.

Veo mucha gente en la industria quejarse de que se paga muy poco por stream, lo cual es cierto, pero antes por iTunes se descargaban canciones por un dólar y nunca más veías un solo centavo de esa canción. Nosotros tenemos los reportes de  2013 al día de hoy y vemos claramente como Apple se estancó y Spotify creció. Los músicos están ganando muchísimo más dinero en regalías, por mes, las cuales se sostienen en el tiempo.

“Nosotros lo vemos en las regalías que están cobrando los músicos, se van agrandando de un 35% anual. Es una barbaridad. Esto se da por la ampliación del acceso a Internet y de las versiones pagas de cada uno de los servicios”

-Y con una proyección de crecimiento

-De crecimiento absoluto.

El músico tiene que capacitarse en cómo promocionar y tiene que ponerse a trabajar, cosas que con un poco de know how lo tenés, pero también es cierto que estamos basando el modelo en 10 dólares por mes por usuario.

Mucha gente se queja de que le pagan muy mal a los músicos, pero no veo a nadie que compre por $300 un CD en Argentina o que haya gastado 10 dólares en descargas en iTunes. Sí están conformes con gastar 10 dólares dividido el catálogo que hay en Spotify conformado por millones de tracks, pero no podemos competir constantemente con los servicios que apuestan a algo que genera pérdidas.

América Latina, salvo Chile y Colombia, necesita desarrollo en tecnología para la industria de la música. Hay muy poco en un país en el cual tenemos empresas gigantes desarrollando para el mundo.

-Tenemos grandes empresas tecnológicas de diferentes rubros ¿Qué sucede con la música?

-Hoy en día los que concentran la gran mayoría de la música mainstream  ponen trabas que dificultan la creación de un servicio de cero desarrollado por argentinos. Te queda solamente ser independiente, pero no es suficiente para poder cubrir un mercado de consumo que pueda desarrollar un proyecto viable. Quizás deberíamos explorar con algún tipo proyecto que tenga relación con lo audiovisual o los videojuegos, con otras aristas que no se centren sólo en la música.

Envidio a Chile y a Colombia, de buena manera, porque cuentan con desarrollos tecnológicos basados en la industria de la música y están testeando un montón de cosas, desde crowdfunding hasta formas de creación junto con la audiencia. Están pasando cosas que están siendo apoyadas por ministerios de tecnología que comprenden que las industrias creativas también están incluidas.

Argentina tiene muchísimo para dar. Los que hemos recorrido el país y conocemos a la comunidad creativa sabemos que falta mucho que mostrar. Los que viajamos nos damos cuenta que no se dice mucho de nosotros en el ámbito musical, nos hemos quedado un poquito atrás fuera del país. En el exterior, las últimas bandas que se conocen son Babasónicos y Soda Stéreo.

Nosotros estamos haciendo un trabajo muy grande desde SoL, tenemos un espacio de networking para industrias creativas y exportamos la música de América Latina hacia Europa, traemos a compradores de los festivales más grandes del mundo para que vean shows de 20 minutos, en donde se muestran bandas, para que esta gente se lleve el contenido a sus festivales. También estamos desarrollando con el apoyo de Google una aplicación en la que se va a poder encontrar muy rápidamente todo tipo de contenido musical en América Latina con metadata organizada, es decir, con información encontrable y de fácil acceso.

Tenemos mucho contenido pero muy pocas vías de circulación y distribución, Necesitamos crear canales regionales independientes. Me refiero a Argentina y a todo el poderío que tiene América Latina, sino nos van a pasar por arriba otros continentes emergentes como África o Asia. Hay mucha identidad por descubrir y explotar todavía.

“Los que viajamos nos damos cuenta que no se dice mucho de nosotros en el ámbito musical, nos hemos quedado un poquito atrás fuera del país. En el exterior, las últimas bandas que se conocen son Babasónicos y Soda Stéreo”

-¿Qué es un hackathon de música? 

-Una de las cosas que más me gusta es que se generan muy buenas preguntas. Estamos en una era en la cual hay muchas charlas, ideas y respuestas, pero faltan mejores preguntas. Sin mejores preguntas vamos a seguir en el ensimismamiento que hoy está matando a la industria de la música, y la va a terminar de matar si no hacemos un crossover con otras industrias. Un hackathon promueve un poco de eso.

Nosotros lo hicimos en 2013 por primera vez en América Latina con el apoyo de un montón de empresas de afuera, pero usando recurso humano argentino. Cruzamos desarrolladores con hackers y, al mismo tiempo, integramos a luthiers que construyeron instrumentos en tiempo real intervenidos de manera lúdica con el fin de alentar el conocimiento a nivel software y hardware, se construyeron cinco instrumentos musicales.

En Argentina a fin de cuentas somos todos inmigrantes. Tenemos que ver esa macro identidad que en la industria creativa debe estar presente, porque estamos vendiendo cultura. Estamos vendiendo algo que tiene que tener una identidad propia, si no tenemos un diferencial y vías de comunicación vamos a tener un copy-paste de formatos externos que creemos que pueden ser aplicados a nuestro propio mercado y territorio, lo cual no es posible.

“Sin mejores preguntas vamos a seguir en el ensimismamiento que hoy está matando a la industria de la música, y la va a terminar de matar si no hacemos un crossover con otras industrias. Un hackathon promueve un poco de eso”

-Hablemos un poco de tu propio viaje

-Viajé mucho y viví mucho afuera del país por malas razones como las época más nefasta de la dictadura argentina. Después, por decisión propia, me fui a estudiar en Berklee College of Music con una beca Fulbright, eso me permitió conocer otra gente. De lo que más aprendí fue de la diversidad y tiene que ver con la crítica más grande que tengo respecto a la industria: la endogamia y el ensimismamiento.

Básicamente llegué a este lugar por la curiosidad y por las ganas de intentar cambiar un poquito las cosas. Yo viví en Nueva York siete años, formé una familia, estaba instaladísimo pero quería hacer cosas acá. Sé que aquí hay muchas cosas más por hacer porque hay mucho para construir. No creo que lo vaya a vivir al cambio, pero voy a hacer todo lo posible para poder dejarle un mejor mundo a mis hijos. No puedo no trabajar con la tecnología si quiero ir más rápido y si quiero llegar, con nuestra identidad, al mundo.

-¿Cómo te imaginas el futuro inmediato del sector de la música?

-Lo que veo es muchas ganas y falta de información, incluso entre los jóvenes de 20 años, por eso estoy bastante obsesionado con no dejarme estar. La verdad que estaría buenísimo que, con la calidad musical alucinante que tenemos, haya más crossover pero una forma más profesional con respecto a los estándares industriales básicos que hay que tener para poder trabajar.