Entretenimiento 08/12/2019

El videoclip, ese gigante que no pasa de moda ni deja de crecer

Por Roberto H. Iglesias

El estilo argentino es muy apreciado en el resto de América Latina: un tema inadvertido para muchos es la impronta vanguardista de la edición de video que permea el mainstream de la TV argentina

El videoclip, ese gigante que no pasa de moda ni deja de crecer

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Cuando en 1981 la TV mató al ídolo de la radio en el lanzamiento de la señal musical MTV nacía la industria global del videoclip. Sin embargo, reconoce ya antecedentes pasados que van desde los cortos para separar funciones en los cines (formato que lanzó a la fama en 1956 el Rock de la cárcel, de Elvis Presley), así como los pioneros minifilms de Carlos Gardel de 1931, como Yira Yira o Viejo Smoking (de un formato y lógica comunicacional sorprendente y vanguardista para la época).

Hoy, el videoclip refleja desde la música de Lady Gaga hasta el reggaetón y el trap. Y tiene una definición precisa: no es puramente ficción artística, no es tampoco un corto publicitario y desde ya que nunca es cine. El videoclip siempre está basado un tema musical de existencia previa (o lanzado junto a esa canción) y es realizado con la intervención y autorización de sus propios intérpretes.

Por supuesto, la interpretación musical que muestra el videoclip puede a veces contener una actuación, en su totalidad o en parte. A la vez, la obra visual podrá servir como una “publicidad” del propio tema musical al ser exhibida a través de señales de TV musicales o de otras plataformas de video, (notablemente You Tube a partir de 2009). Pero nada de eso convierte al videoclip en un cortometraje de ficción ni en un aviso comercial.

Ya pasaron casi cuatro décadas del lanzamiento de MTV y 29 años del primer canal argentino y latinoamericano de música (el desaparecido Music 21, al que luego se agregó el igualmente extinguido Telemúsica). Hoy día existen versiones regionales de MTV en español y tres señales argentinas (Quiero Música, Much -ex Muchmusic- y CM -Crónica-).

Asimismo, hace tiempo que se trabaja en digital y es por eso que You Tube existe como un “canal”,  tan poderoso que hasta las propias grabadoras lanzaron sus videoclips oficiales con la marca Vevo. Muchos creen hoy que Internet killed the video star.

Pese a tantos años transcurridos, a la omnipresencia de estas realizaciones en la cultura popular y a la abundancia de bocas de expendio, parece increíble que recién ahora la actividad de videoclips esté adquiriendo contornos sólidos y profesionalizados que la autonomizan de la industria discográfica.

Este fue el tema central de la mesa redonda realizada en Caper Show 2019, la exposición de los fabricantes de equipos para la industria audiovisual que se celebra cada año en Buenos Aires. El panel fue auspiciado por Directores Argentinos Cinematográficos (DAC) y reunió a importantes referentes argentinos del sector del videoclip.

Con el título La industria del videoclip, un gigante que no para de crecer fueron disertantes de esa mesa los directores Eric y Mariano Dawidson y los productores Alejo Castro y Juan Montes, quienes analizaron el sector a nivel nacional e internacional y relataron los denodados esfuerzos que han llevado adelante para el reconocimiento, profesionalización y defensa de la actividad.

Los hermanos Dawidson figuran entre los pioneros argentinos, al menos por haber asumido su condición de directores/productores de videoclips sin complejos y como su profesión central, si bien han también incursionado en la publicidad y en la filmación de largometrajes (uno de ellos, La sangre del gallo, fue recientemente estrenado en Netflix).

Su compañía ya tiene más de una década en el rubro: han dirigido videoclips para intérpretes que van de León Gieco hasta Miranda. Pero no se ha limitado a realizaciones en Argentina sino también en otros lugares: así, han hecho videos de la mexicana Dulce María, la guatemalteca Gaby Moreno o el rapero puertorriqueño Vico C.

Según los propios hermanos, el estilo argentino de videoclip es muy apreciado en el resto de América Latina y posiblemente sea cierto: un tema inadvertido para muchos —pero no para quienes conocen estilos de televisión de los distintos países— es la impronta vanguardista de la edición de video que permea el mainstream de la TV argentina.

Por más que a veces esté al servicio de contenidos espantosos, este tipo de edición es sin duda tributario de la histórica creatividad publicitaria argentina y de los realizadores independientes que han incursionado en el medio en los últimos años. En cambio, la edición de la TV generalista latinoamericana tiende a ser mucho más conservadora.

Delimitar la industria

Eric Dawidson dijo que el desafío para los directores de video era tratar de “delimitar” la industria, que aparentemente se encuentra “sobrexplotada” desde el momento en que algunos videoclips tienen 1800 millones de visitas, pero muy pocos directores y productores pueden vivir de la actividad.

De hecho, cuando preguntó cuántas personas del público concurrente se dedicaban a producir o dirigir videoclips numerosos presentes levantaron la mano. Pero a la siguiente pregunta, que buscaba conocer quienes lograban ganarse la vida con esa tarea, apenas hubo una o dos manos alzadas.

El productor audiovisual Alejo Castro, otra figura del sector, indicó que para saber de qué se habla cuando se alude a los videoclips, en primer lugar hay que entender que existen “tres patas”: la discográfica, el artista y los directores. “No se busca confrontar, sino trabajar armónicamente” con todos, acotó.

Mariano Dawidson profundizó en este concepto y sostuvo que no se pretendía “trabajar desde un lugar sindical”, sino “generar un espacio de buenas prácticas o conductas amigables”. Dijo que un problema muy común es enviar un proyecto a una compañía discográfica o productora con ideas para un videoclip, pero que muchas veces no es respondido.

Para peor, “a veces algunas de las ideas de esos proyectos aparecen ‘misteriosamente’ después en un videoclip” realizado sin el correspondiente crédito, participación, ni mucho menos el pago de regalías a sus legítimos creadores.

Castro volvió a hacer uso de la palabra para referirse a las diferencias entre un mercado desarrollado como los Estados Unidos y el argentino o latinoamericanos en general.

“En Estados Unidos la problemática es previa a la realización”, dijo, aludiendo a la cuestión antes mencionada de los proyectos o presentaciones que no se responden o cuyas ideas son indebidamente utilizadas.

Pero en Argentina, además de este problema —que también existe— hay toda una cuestión presupuestaria: “se quieren llevar adelante ideas de 10 pesos pero solo hay disponible un peso”, objetó.

“Hay quienes creen que un videoclip lo puede hacer una persona con un celular, pero la verdad que hacen falta no sólo los productores y directores, sino también vestuaristas, maquilladores, guionistas…”, añadió Castro.

También lamentó la inexistencia de estadísticas y que por lo tanto “no sabemos exactamente cuántos videoclips se filman”, aunque presume que en los últimos tiempos la producción llega a unos 50 por mes.

Eric Dawidson relató cómo comenzaron a preocuparse en defender los intereses de la actividad. Dijo que en el país hay videos colocados en You Tube, con 20 millones de visitas y gran repercusión, pero pese a ello tuvimos que poner “plata de nuestro propio bolsillo”.

Por lo demás, informó, apenas el 12% de la ganancia de un video va a para al artista, por lo cual es fácil imaginarse que al director le corresponde todavía menos. Al final, “ponemos plata nosotros y también los artistas”, se quejó.

“Cuando nos encontramos con colegas en los Estados Unidos les dijimos que recién pudimos cobrar derechos de autor desde hace dos años y no lo podían creer”, afirmó.

Una muy buena recepción

Cansados de este tipo de situaciones, los Dawidson y otros directores se pusieron en contacto con DAC, donde tuvieron “una muy buena recepción”. Fueron asesorados y la asociación también logró diseñar unas herramientas para ayudarlos.

Por ejemplo, la página web de la entidad permite registrar los proyectos e ideas de videoclips —más allá de los correspondientes depósitos legales de la Ley 11.723— para que el trabajo no se desperdicie, quede constancia del mismo y pueda ser consultado por compañías potencialmente interesadas.

Con este sistema, los productores, autores o directores ya no verán sus esfuerzos desperdiciados en un proyecto de difusión limitada ni deberán temer el robo de sus ideas. Tampoco su utilización sin el crédito o la compensación debida.

La DAC estableció tres categorías de videoclips: 1) los que incluyen una ficción o actuación como parte integrante de la banda sonora (intervención autoral), 2) los que muestran la banda tocando en un estudio o especialmente para el propio videoclip y 3) el registro de un concierto en vivo con público (no efectuado con el propósito exclusivo de ser filmado).

“Por ahora sólo conseguimos cobrar a las señales de TV que pasan los videoclips”, agregó Eric Dawidson,  pero esperan que también que se puedan obtener ingresos provenientes de otras plataformas que pasan o alojan esos videogramas.

Una de las razones por la cual luego de tantos años la producción de videoclips no genera un movimiento económico proporcionado e ingresos adecuados para directores y realizadores podría deberse a que “el videoclip es siempre un hecho artístico”, según aventuró Castro.

De esta forma, el productor lo separaba de la publicidad (actividad claramente funcionalista, subordinada a un propósito de ventas y lucrativa por antonomasia) y al cine (que además de estar muchas veces subvencionado tiene un público universal y un reconocimiento histórico como tal).

De acuerdo a Castro habrá que tener en cuenta estos criterios en el momento en que se concrete el encuadre sindical de la actividad. Dentro del SICA —el gremio de la industria de cine— hay un área de publicidad y otra de cine. Por eso debería crearse una nueva área, quizás, un sindicato separado, afirmó.

Por supuesto, directores o productores de videoclips pueden hacer, en forma complementaria o como cosa separada publicidad o películas, pero sin perder de vista su actividad principal.

“No creemos que el expertise se traslade de una cosa a otra”, dijo y observó con ironía el hecho de que algunos directores productores de videoclips se presenten a veces como “directores de cine” y aun de “videos publicitarios”, como si led diera vergüenza o considerasen que es algo menor ser “director de videoclips”.

Sí, dirigimos videoclips

Eric Dawidson reveló que muchas de las ideas para impulsar buenas prácticas y profesionalizar la actividad las han tomado de la asociación estadounidense WDMV We Direct Music Videos. Sorprendentemente, indicó, hasta hace poco tiempo en la propia patria de MTV y VH1 había también muy pocos directores que conseguían vivir de los videoclips y sólo en los últimos años la situación comenzó a revertirse, alcanzando una mayor profesionalización.

Juan Montes, quien como director tuvo un importante rol en la organización del primer festival de videoclips de Buenos Aires (BAMV Fest) situó el tema de los videoclips en una perspectiva global. El Grammy general a los videos musicales se instituyó en 1984, pero sólo desde 2000 comenzó a otorgarse un premio Grammy a los videoclip latinos, señaló.

También mencionó al director estadounidense de videoclips Spike Jonze como una figura que le abrió el camino en los 90 a los directores futuros. Jonze incursionó también en el cine con una recordada y original realización: Being John Malkovich.

Montes recordó también que festival de videoclips realizado en la capital argentina llegó a tener un destacado jurado de 30 personas, entre los que se encontraba incluso un académico de la Universidad de Stanford.

Quizás sin proponérselo, fue Mariano Dawidson quien en apenas cuatro palabras sintetizó el sentido de la Mesa Redonda y la lucha de los videocliperos por su reconocimiento y profesionalización. “Es una profesión completa”, definió.