Medios 17/08/2020

Norma Morandini: “En Argentina decir lo que se piensa se ha convertido en un acto de coraje”

Por José Crettaz

La periodista, escritora y política, referente de los derechos humanos, reflexionó en #TMTconversaciones sobre “la cobardía” de la sociedad Argentina; los riesgos de la libertad de expresión; la amistad del presidente de con periodistas y su destrato a las cronistas mujeres

Norma Morandini es periodista, escritora y política. Fue diputada y senadora nacional por Córdoba. De larga trayectoria en la defensa de los derechos humanos -tiene dos hermanos desaparecidos, durante la última dictadura, Néstor y Cristina-, fue directora del Observatorio de Derechos Humanos del Senado.

El cierre de fronteras y la cuarentena estricta la encontró en Europa en viaje de trabajo y la obligó a quedarse en casa de familiares en España. Desde allí participó de #TMTconversaciones (que se emite por el canal Metro para la Argentina y por UCL para el resto de América Latina). En esa charla reflexionó sobre los desafíos que enfrenta la libertad de expresión en Argentina, lo que señala como “cobardía de la sociedad”, la amistad del presidente Alberto Fernández con periodistas -desde los tiempos de la ley de medios- y su destrato reiterado hacia las cronistas mujeres.

-¿Está amenazada la libertad de expresión en la Argentina?
-Sí, seguramente. Pero también ha aumentado mucho la conciencia ciudadana y de los periodistas sobre el valor de la prensa en un sistema democrático. Algo que hasta hace unos años no pasaba. A mí siempre me llamó la atención la escasa conciencia que había entre los periodistas de por qué estamos protegidos, la protección a las fuentes y el secreto profesional. Y estamos protegidos porque lo que hacemos es servir a la ciudadanía para que se cumpla su derecho a ser informada.

Hace muchos años el kirchnerismo sacó del medio a los medios, canceló las conferencias de prensa y demoró la sanción de la ley de acceso a la información pública -que se dictó durante el gobierno de Mauricio Macri-. La dificultad que tienen los periodistas para acceder a las fuentes y las presiones del poder político cuando desde la máxima investidura se hacen descalificaciones personales no sólo son una amenaza a la prensa sino que también la han distorsionado.

“Este oscurantismo, esta presión sobre los periodistas, esta utilización de la pauta oficial para tapar información y generar propaganda en forma de información, ha degradado mucho la función de la prensa”

En nuestro país, el que se confunda a los periodistas con espías ocurre porque no se termina de entender cuál es la función de la prensa en una sociedad democrática. En todo buen periodista hay un espía, es el que va y busca información que está oculta, que los poderosos no quieren que se sepa. Sólo que “espía” en beneficio de la ciudadanía. Este oscurantismo, esta presión sobre los periodistas, esta utilización de la pauta oficial para tapar información y generar propaganda en forma de información, ha degradado mucho la función.

Por eso aparecen periodistas que han tenido el coraje de denunciar, no por denuncia política sino porque esta es la función. Cuando uno ahora se entera de lo que tenía el secretario de la ex presidenta, hoy vicepresidenta, que es dinero de los argentinos. Entonces esa es la función de los periodistas. Esta presión política, esta descalificación, esta dificultad que tienen los periodistas para acceder a las fuentes, también convirtió a Argentina en una sociedad bastante atemorizada.

Como periodista cuántas veces te ha pasado que hablás con alguien y te da una información, y te dice no lo publiqués. ¿Cómo en democracia, cómo los dirigentes que tienen responsabilidades o un lugar público, tienen miedo de poner nombre y apellido en lo que dicen? A su vez, a mi me llama mucho la atención que los periodistas todo el tiempo dicen: ‘lo dijo mi fuente, lo dijo mi fuente’. Eso no se hace porque uno investiga con fuentes, establece si es verdad o si es mentira, si es falso lo tira a la basura y si es una información sabe que lo va a publicar porque tiene el peso de la veracidad de la trayectoria.

Hace mucho tiempo que en Argentina los gobernantes no terminan de entender que la prensa es inherente al sistema democrático. Que el insumo de la prensa es la libertad, no el papel ni la tecnología. Si no hay libertad, mal puede haber prensa. Y la prensa sirve a la democracia para que tengamos ciudadanos con capacidad de discernimiento, que no sean manipulados, que se puedan manejar voluntariamente y que no sean acarreados o estén acobardados, como siento que pasa en nuestro país. En Argentina decir lo que se piensa se ha convertido en un acto de coraje y no de honestidad personal. Contraargumentá con tu pensamiento pero no me descalifiqués diciendome ‘cordobesa, hablás mal, sos gordo o sos vieja’. Esto que lastima tanto y que imposibilita cualquier vinculación humana. Por eso hablamos de la grieta. La imposibilidad de una conversación democrática es la prueba de que no estamos pudiendo ejercer un periodismo con libertad y de manera responsable.

“Al degradarse el debate público, las personas dejan de ver la televisión y escuchar a los periodistas porque hay agobio y este es un campo orégano para que los aventureros entren en los terrenos que nos pertenecen a todos, que son los del bien público”

-¿Hay alguna diferencia en la relación del gobierno con el periodismo y los medios entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández?
-No porque es la misma concepción. Yo no hago esa diferencia. El gobierno es uno solo y tengo muchos años como para seguir creyendo que hay un bueno y un malo. Desgraciadamente, las crisis políticas en nuestro país han estado dominadas por las peleas dentro del peronismo. Vengo de una generación trágica donde aquellas peleas, en las que cada muerto se vengaba con otro cadáver, han derivado en una virulencia verbal. La función y los cargos no son de las personas, son institucionales. Las personas cumplen funciones, no llenan cargos, y esos cargos, además, no les pertenecen. Entonces, esto es lo que a mi me entristece: ver cómo se ha ido degradando el debate público. Al degradarse el debate público, las personas dejan de ver la televisión y escuchar a los periodistas porque hay agobio y este es un campo orégano para que los aventureros entren en los terrenos que nos pertenecen a todos, que son los del bien público.

Ahí los periodistas vamos a tener que preguntarnos, qué es una información, qué es una noticia, que la vedette se pelee con su novio y se desnude en las redes, eso no es información. Todo lo que tenga que ver con el bien público, lo que tenga que ver con el bien común, como sucede ahora con el coronavirus, pone a prueba la obligación que tienen los gobernantes de transparentar la información. Acá en España, [Pedro] Sánchez daba todos los días conferencias de prensa, primero los periodistas mandaban preguntas por escrito, después exigieron que no debían ser preparadas ni escritas y se hicieron de manera telemática. Los periodistas no podemos resignar nuestra función, entonces celebro que cada vez sean más los periodistas que adviertan al resto de la ciudadanía que vemos amenazado el trabajo de la prensa y sobre todo la persecución de la opinión.

Creo que no se termina de entender cuando se invocan los derechos humanos que el corazón de los derechos humanos es la libertad de decir sin ser perseguido por la opinión. Cuando se comete irresponsabilidad en lo que se dice porque se miente, se insiste en la violencia, hay instancias de responsabilidad civil, pero no se puede previamente impedir que las personas digan lo que piensan y lo que pasa en Argentina, insisto, me llama mucho la atención: hay una sociedad cobarde.

“El presidente Fernández ha sido un hombre que cultivó mucho la amistad con los periodistas. En los períodos más duros de ‘la batalla de todas las batallas’, por la ley de medios y demás, fue un hombre que ha cultivado mucho la amistad de los periodistas y los periodistas no deben ser amigos de los funcionarios”

-¿El presidente Alberto Fernández tiene un trato más duro con las periodistas mujeres que con los hombres en las entrevistas o conferencias de prensa?
-Sí, yo lo escribí recientemente porque me impresionó bastante lo que pasó con Cristina Pérez y Luciana Geuna. Había como un paternalismo, ¿no?. Eso también es una actitud del hombre que protege a la mujer pero que también le puede decir ‘no seas ignorante o vos no entendés’, como pasó con el caso de Silvia Mercado.

Esa actitud de superioridad, ‘no entendés, no sabés de lo que estás hablando, andá a estudiar, leé la Constitución…’. Eso es no respetarse a sí mismo ni respetar la investidura. Yo entiendo que en el caso del presidente Fernández, que ha sido un hombre que cultivó mucho la amistad con los periodistas, en los períodos más duros del combate o la batalla de todas las batallas, por la ley de medios y demás, fue un hombre que ha cultivado mucho la amistad de los periodistas y de los periodistas no debe ser amigo un político.

Con los periodistas no hay que ser amigo, hay que ofrecer lo que necesita un periodista y a su vez los periodistas tampoco pueden caer en la tentación de ser amigos de los funcionarios. Podés tener un buen trato, tener simpatía y demás, pero esa promiscuidad que llevó a algunos periodistas a convivir con los funcionarios, después cuando son criticados, los funcionarios se sienten traicionados por sus amigos.

Los periodistas no pueden ser amigos de los funcionarios. Te acercás a un funcionario para que ese funcionario te de información, como en aquellas épocas [del kirchnerismo] estaba cancelada la información, se propició mucho ese hablar por atrás, no digás que yo te dije porque al final cuando los periodistas dicen, me lo dijo la fuente, es decir, es una fuente interesada, siempre es alguien de un partido para decir cosas que dentro del partido no se dicen. Se ha distorisionado mucho lo que es una conversación democráctica, el papel de la prensa en una sociedad democrática, para qué sirve y sobre todo el respeto que tienen que tener los gobernantes, los funcionarios con aquel que viene a reclamar por el derecho a la ciudadanía que es la información.

Vuelvo a esta idea de qué es la información. Todo lo que tenga que ver con los dineros públicos. Todo lo que tenga que ver ver con lo que afecta la vida de las personas. Todo lo que hacen con el dinero de las jubilaciones, todo eso es la información y para eso está el periodista. El ciudadano no puede ocuparse de eso, pero sí tiene derecho a tener información.

“Cuando se comete irresponsabilidad en lo que se dice porque se miente, se insiste en la violencia, hay instancias de responsabilidad civil, pero no se puede previamente impedir que las personas digan lo que piensan y lo que pasa en Argentina, insisto, me llama mucho la atención. Hay una sociedad cobarde”