Medios 12/07/2019

Medios, corrupción y política en Argentina: el libro catálogo de condenados, procesados, investigados y denunciados

Un ebook publicado por #TMTlibros y basado en fuentes públicas describe todas las causas judiciales o administrativas que involucran a dirigentes, funcionarios o empresarios con vínculos políticos que, además, fueron o son titulares de medios

Medios, corrupción y política en Argentina: el libro catálogo de condenados, procesados, investigados y denunciados

A principios de junio de 2019 había al menos 14 titulares de medios de comunicación argentinos en prisión (de los cuales cuatro tenían condenas) y otros 27 que estaban en libertad, pero sobre quienes recaían imputaciones, procesamientos o investigaciones judiciales o de organismos del ministerio público, así como denuncias de distinto tipo. De esos 27, dos se encontraban en libertad bajo fianza y uno de ellos falleció al momento del cierre del artículo.

Así lo indican las conclusiones de Medios, corrupción y política : Mapa de situación judicial de los titulares de medios detenidos, condenados, procesados, investigados o denunciados (2019, #TMTlibros), una investigación basada exclusivamente en fuentes públicas pero metódicamente analizadas y ordenadas para obtener un panorama lo más completo posible. La expresión “medios” incluye productoras y la palabra “titulares” a dueños o responsables efectivos de empresas y entidades no gubernamentales.

La infografía que acompaña esta texto actualiza los resultados del libro al 31.12.2019. Los 14 titulares en prisión (efectiva o domiciliaria) se han reducido a nueve, entre los cuales sigue habiendo cuatro condenados. Ha habido sobreseimientos, absoluciones y excarcelaciones en distintas causas.

Entre los nombres que aparecen hay algunos conocidos por el gran público (por ejemplo, Cristóbal López) y otros que solo pueden identificar unos pocos (el caso de Juan José Levy). De la misma manera, figuran medios de gran masividad (C5N o Crónica) y otros de menor trascendencia, incluso estrictamente locales (Prensa Libre de Río Gallegos).

Otra distinción que puede hacerse es la de empresarios o figuras cuya actividad principal siempre estuvo relacionada con medios (Diego Gvirtz, Alejandro Burzaco) y la de otras personas para las cuales la propiedad y manejo de medios representa solamente una parte de todas sus actividades empresariales (Lázaro Báez), políticas (Luis D’Elía) o gremiales (Víctor Santa María o, cuando era dirigente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere). A veces estas personas son poco conocidas (Jorge Álvarez, del Grupo Crónica) y otras veces son los medios correspondientes los que resultan escasamente conocidos (la ex Radio Papa Francisco, del sindicalista Omar “Caballo” Suárez).

En la lista figuran personalidades políticamente vinculadas con el kirchnerismo (desde Luis D’Elia y Hebe de Bonafini) o bien simpatizantes de ese grupo de distinto grado de convicción o conveniencia (Andrea del Boca, Matías Garfunkel), pero también hay personalidades que desde distintos ángulos han expresado adhesión al macrismo (desde el peronismo, Fernando Niembro o el ya mencionado Luis Miguel Etchevehere -en disputa familiar por la venta de El Diario de Paraná, histórico periódico entrerriano).

La simple vista de esta agrupación de personas plantea varias preguntas. La primera quizá tenga que ver con los motivos de las causas/acusaciones. ¿Tienen que ver con lo que difunden estos medios? ¿Es un tema de libertad de expresión, de persecución política?

No, porque son faltas que tienen que ver con actos de corrupción en los que muchas veces ni siquiera sus empresas de medios están involucradas. O aún actos de tipo personal. Por supuesto, no faltarán quienes argumenten que se trata de causas armadas o “políticas” por la actividad de los medios o las carreras públicas de esas personas: en gran parte serán los mismos que sostienen que hay “presos políticos” en la Argentina o que la causa de los “cuadernos” (descubierta por el periodismo) constituyen una operación gubernamental contra inocentes.

No es del caso embarcarse en esta discusión: simplemente puede decirse que no hay ninguna evidencia al respecto y que, por el contrario, las acusaciones o pruebas de los titulares de medios incluidos en esta lista son serias o contundentes y nada tienen que ver con temas de libertad de expresión (casi ninguna de las personas incluidas es periodista y los pocos que lo son o pueden considerarse como tales no están acusados por buscar o difundir información sino por faltas claramente de tipo empresarial).

Por supuesto, todas las personas son inocentes hasta que la justicia demuestre lo contrario con una condena firme. En ese sentido, la inclusión en esta lista sólo refleja la información pública disponible y, en muy pocos casos, una evaluación presuntiva y “educada” derivada de acusaciones consideradas sólidas aunque no sean judiciales, pero que tampoco pueden presuponer culpabilidad. (Desde ya, no se incluye a ninguna persona que sólo tenga causas por las que haya sido sobreseída.)

Pero aun cuando las faltas se comprueben tampoco puede haber una igualación o equivalencias éticas y ni siquiera jurídicas, pese a que las personas tengan en común una acusación (en ciertos casos condenas) y la vinculación con los medios.

De ninguna manera pueden ser lo mismo acusaciones sobre casos circunscriptos de evasiones de aportes patronales en medios (Mario Pergolini, cuando se asoció con Sergio Szpolski) que los crímenes de lesa humanidad por los que se acusa al general César Milani (cuya familia es propietaria de una emisora en Cosquín), pasando por el arresto de un pastor local por abuso de menores (con un canal de TV abierta de baja potencia y expulsado por su propio culto).

Y la otra pregunta es ¿por qué la mayoría de las personalidades son kirchneristas (aunque hay muchas que no los son o incluso tienen posturas acérrimamente opuestas)? La respuesta puede ser compleja, pero pueden proporcionarse dos hipótesis, descartada desde ya la teoría de la persecución.

Por un lado, fue durante la etapa kirchnerista que construyó un gran aparato de medios basado en la asignación discrecional de fondos y ventajas que supuso vinculaciones poco transparentes con el Estado.

Por otro lado, muchos de quienes llevaron adelante ilícitos en ese periodo tuvieron el apoyo o complicidad de altas esferas. Se producía de esta manera un beneficio a dos puntas. Para el gobierno era un paso más en la acumulación de poder y el ejercicio de la propaganda. Para los particulares involucrados en esos ilícitos, los medios constituían un negocio asegurado y/o representaban una estrategia de “blindaje” que, si de alguna forma se buscaba denunciar, investigar o sancionar tales conductas delictivas o indebidas, les permitiera jugar una carta comunicacional amplificada de “persecución” o “atentado contra la libertad de expresión”, cosa que efectivamente comenzaron a hacer muchos de ellos.

Debido a la complejidad de las situaciones, esta infografía es muy esquemática y no puede leerse sola sino acompañada del texto más extenso que detalla en forma desarrollada los medios correspondientes, así como las causas/acusaciones/denuncias. Ese texto también cuenta con las definiciones y los criterios de inclusión precisos.