Contenidos 25/12/2019

Patricia Nigro: “En esta época, al no interesar la ética tampoco interesa la verdad”

Por José Crettaz

La investigadora, especialista en Ciencias del Lenguaje, se refirió en #TMTConversaciones a las diversas trampas del discurso público, político y periodístico

Patricia Nigro es licenciada en Organización y Gestión Educativa y doctora en Comunicación Social. Además, es profesora de Castellano y Literatura. Es coautora de Las palabras de la lengua, Desnudando el discurso político y La oratoria aplicada al ámbito de las organizaciones. Actualmente se desempeña como profesora e investigadora en la Universidad Austral.

En #TMTConversaciones describió cuáles son las características de la conversación pública y cómo mejorarla.

¿Dónde se esconden las trampas del discurso político?

-Se esconden en un marco más grande, siguiendo a la lingüista norteamericana Deborah Tannen, que es la cultura de la polémica en la que estamos viviendo. Se presenta cada vez más el discurso confrontativo, el tribalismo y la polarización. Entonces, está inscripto en ese punto: buscar un adversario, no el consenso.

En el ámbito del lenguaje la grieta no es de ayer, es de hace algún tiempo

-Lamentablemente, no. Está enmarcada en un discurso polémico porque tiende a ser confrontativo, aunque no es lo que debería ser.

“Vemos cada vez más el discurso confrontativo, el tribalismo y la polarización. Entonces, las trampas del discurso político están inscriptas en ese punto: buscar un adversario, no el consenso”

¿Esas características de la conversación pública están asociadas a otras características de nuestro tiempo? Por ejemplo, Internet o la globalización

-Por supuesto. La revolución digital ha acelerado todo tipo de cambios y formas de propagación, por ejemplo, de noticias falsas. Antes también había noticias falsas, pero ahora la facilidad de la transmisión y el poco chequeo de los usuarios, muchas veces del periodismo también, hacen que circulen con muchísima rapidez.

¿Qué características tienen esas trampas en el lenguaje?

-En general utilizo una calificación un poquito extensa, pero tiene que ver con las falacias tradicionales de Aristóteles y de Perelman en La nueva retórica. Es decir, todo tipo de argumento convincente, pero incorrecto desde el punto de vista racional que puede ser intencional o no. El problema del discurso político es cuando es intencional, cuando vos querés engañar al otro. Después tenés todo lo que Álex Grijelmo aportó con sus libros sobre distintas características del léxico político, él habla por ejemplo del prefijo “re”. Cada político cree que inventa nuevamente la historia del país. Hay que reorganizar, reconstruir, reordenar. Después, por último, otra autora española habla sobre la adulación excesiva, el humor oportunista y las respuestas muy simplificadoras. Convencen porque son muy simples, pero en realidad cuando pensás un poquito te das cuenta que son falsas.

El problema de esto es que estamos metidos en el lenguaje, no nos damos cuenta. Cada uno de nosotros caemos en estos vicios

-No nos damos cuenta y es poca la gente que está preocupada por este tema. En el ámbito académico es una preocupación, los periodistas también se preocupan, pero la gente común no.

¿Por qué deberíamos estar preocupados?

-Deberíamos estar preocupados porque, sin querer, estamos contribuyendo a una cultura del engaño, de la manipulación y del prejuicio.

-¿Hay un vínculo entre esta cultura del engaño y la calidad de la democracia?

-Por supuesto. Hay una frase que no es mía, es de Eduardo Arriagada. Él habla de las comunicaciones publicadas. En todo lo que nosotros posteamos o twitteamos encontramos la posibilidad de la manipulación lingüística, del doble discurso, que a veces no es deliberado, pero en ocasiones sí.

He hecho muchos cursos en Estados Unidos y lo que se dice, por ejemplo, entre la gente de Harvard es que a veces empieza en el lugar donde menos te lo esperás, como en los grupos de Whatsapp.  Alguien comparte un audio, no sabés de quién es, pero dice lo que a vos te gustaría que fuera la realidad. Esto tiene que ver con los sistemas de creencias de cada uno de nosotros tenemos, cómo vemos la realidad.

¿Cuánto hay de estrategia de manipulación detrás de esos audios y cuánto hay de espontaneidad de alguien que no quiso hacer un daño?

-El que lo inició, lo hizo con una intencionalidad de hacer daño. Después está el que lo viraliza. Las plataformas se han puesto un poquito a trabajar sobre esto.

Como sociedad, ¿cuánto nos importa la verdad?

-Acá tomaría dos cosas. Me gusta mucho cuando Miguel Wiñazki habla de la época de la posmoralidad. Al no interesar la ética, tampoco interesa la verdad.

Por otro lado, la verdad existe. Es importante hacer el esfuerzo de salir de uno mismo y ponerse en el lugar del otro, porque una puede ser la verdad, pero lo estás viendo desde otra perspectiva porque cada uno nosotros arrastramos un sistema de creencias y de prejuicios heredados.

“Es importante hacer el esfuerzo de salir de uno mismo y ponerse en el lugar del otro, porque una puede ser la verdad, pero lo estás viendo desde otra perspectiva”

Daniel Mazzone plantea el tema de la construcción social de la verdad. No sabemos si es o no la verdad, pero es una verdad en la que, más o menos, estamos todos de acuerdo y sobre la que podemos conversar. Él dice que ya no existen los medios tradicionales que hacían de constructores, o catalizadores, de esa verdad y hoy las redes hacen que vivamos en una nebulosa. ¿Vos coincidís?

-No, nos peleamos mucho con Mazzoni. Nosotros quisimos hacer un trabajo juntos, pero no pudimos hacerlo. Yo llegaba a distintas conclusiones, por más que nos queremos mucho como amigos.

Él ataca directamente a las plataformas y quiere mantener al periodismo en un estado impoluto. Yo creo que el periodismo también se tiene que hacer cargo.

Todos tenemos que hacernos cargo: el usuario que viraliza y el periodista que no chequea. Él quiere mantener al periodismo fuera de la cuestión, esa fue la divergencia que tuvimos.

¿Qué tan falaz es el periodismo que tenemos hoy?

-Soy una persona que cree en las buenas intenciones de los demás, pero es cierto que este problema de la emocionalidad que trae la post verdad hace que cualquier razonamiento quede tapado, porque te sentís amenazado.

Hay que pensar que somos seres emocionales, como dice López Rosetti, que razonan. Entonces, siempre que veamos atacada una creencia vamos a reaccionar. No nos gusta que nos digan algo, y en este país lo vemos clarísimo.

¿Cómo hacemos para mejorar la calidad de la conversación pública?

-El primer paso es tomar conciencia de que estamos todos insertos en esta ecología mediática. Tomar conciencia de que tal vez nosotros mismos hemos viralizado una noticia falsa o hemos hecho un comentario prejuicioso.

Incluso cuando hablamos sale la voz de nuestros antepasados. Uno tendría que usar la razón y dejar un poquito de emoción, cuesta mucho salir de ese camino.

En el tema de la discriminación, ante un chiste discriminatorio la excusa típica es que es simplemente un chiste, pero hay que evitarlos.

Después cuando alguien te señala que el dato es que vos compartiste es falso, hay que admitir el error. Hay una discusión bastante fuerte con el tema de las fake news, si vale la pena decir que son falsas o no, porque en el cerebro humano queda la primera versión.  La gente se acuerda de lo falso y no de lo verdadero.

“Una cosa que nos cuesta mucho es estar en contra de los que están en nuestra propia comunidad. Cuando uno en su familia expresa sentimientos políticos diferentes a lo que piensa todo el resto de la familia, se arma la hecatombe”

-Te escuchaba plantear por dónde empezar a mejorar la calidad de la conversación pública y pensaba en el sistema educativo ¿Dónde tenemos esos momentos?

-Es, lo que se llama en educación, un contenido transversal que arranca desde el preescolar hasta el último año del colegio. Es responsabilidad de las universidades capacitar a los profesores y a los maestros. Si nos quejamos del nivel educativo de los ingresantes, qué hacemos nosotros para ayudar a los profesores para puedan estar al día con estas cuestiones. Tenemos que crear una conciencia de pensamiento crítico sobre los medios, pero también es necesaria una educación ciudadana.

La educación ciudadana ha bajado de nivel categóricamente. No hay chico que te pueda recitar el preámbulo de la Constitución.

Me da la impresión de que hay una mirada anticuada sobre el análisis de medios. Hay poca reflexión sobre lo que es más cotidiano en todos nosotros, que es el uso de las redes

-Exactamente. Por eso ahora se habla mucho de alfabetización digital.

En época electoral, ¿cómo me doy cuenta de que un político me está mintiendo?

-El problema es que todos partimos de la base de que todos los políticos mienten. Habría que decir cómo me doy cuenta cuando no mienten. Lamentablemente, para todos nosotros, la clase política tiene tan mala imagen que ha perdido su credibilidad.

“Solamente jugar con la emocionalidad puede ser que te haga ganar una campaña, pero después hay que gobernar. La mejor comunicación de gobierno son los hechos”

¿Es global eso, no?

-Es global. Entonces, la gente no quiere hablar de política o te responden que no les interesa. Yo creo que la clase política tendría que buscar formas de llegar a sus votantes de la manera más transparente, clara y específica. Cuando dicen que hay que mejorar la educación deberían explicar cómo lo van a hacer. Yo a los chicos, mis estudiantes, muchas veces les digo que pregunten con qué recursos o con qué modelo.

Eso que estás describiendo es lo que debería hacer un periodista

-Exactamente.

Pero no se ve mucho. Tal vez porque hay una idea de que la audiencia no tiene paciencia para atender este tipo de conversaciones y prefieren una frase rimbombante de un político criticando o insultando a otro

-Porque estamos en la cultura de la polémica. Hay que educar también a los televidentes que prenden la radio o la televisión para ver el último escándalo. La verdad que ese no es el problema de fondo, el problema es otro.

Tampoco se puede culpar totalmente a la audiencia porque la verdad que estamos pasando por un momento difícil. Somos un país muy sacrificado, permanentemente estamos en crisis. La gente está muy cansada y agobiada, tampoco se puede criticar, pero hay que tomar conciencia.

Julián Gallo, que trabajó en la estrategia digital del gobierno de Mauricio Macri, plantea que la base de toda comunicación tiene que ser la apelación a las emociones, ya que resulta más creíble y permite transmitir mejor el mensaje. Una de las cosas que dice es la nuestra emoción mayoritaria es la ira, la indignación.

-Hay algo de eso. No estoy de acuerdo con este tema de apelar sólo a la emoción, con la emoción ganó Macri la elección [de 2015] porque era la revolución de la alegría. Eso, por ejemplo, Grijelmo te diría que es una metáfora mentirosa, la revolución de la alegría no existe. Me hace acordar a la época de Menem cuando decía que no nos iba a defraudar.

Hemos escuchado cada cosa.

Solamente jugar con la emocionalidad puede ser que te haga ganar una campaña, pero después hay que gobernar. La mejor comunicación de gobierno son los hechos.

Además hay un juego entre la emocionalidad y la racionalidad

-Hay que buscar un equilibrio. Aristóteles decía que el hombre es un animal que razona, pero también decía que es animal político.

Una cosa que nos cuesta mucho es estar en contra de los que están en nuestra propia comunidad. Cuando uno en su familia expresa sentimientos políticos diferentes a lo que piensa todo el resto de la familia, se arma la hecatombe. Hay algo gregario que hace que queramos estar identificados con este grupo y toleramos cosas que no hubiéramos tolerado si no fuese de esa manera.

¿Qué consejo le podemos dar a alguien que está ahora a punto de twittear o de publicar algo en su Instagram?

-Que cuente hasta 10, piense y deje la emoción.