Contenidos 31/12/2020

Llorarás: el éxodo venezolano, un espejo donde todo latinoamericano debería mirarse

Por José Crettaz

Las historias que cuenta Carolina Amoroso en este libro son una advertencia de lo que los demás países del continente -y del mundo- ponen en juego cuando abrazan la aventura populista: pan para hoy, subdesarrollo y garrote… ¿para siempre?

Llorarás: el éxodo venezolano, un espejo donde todo latinoamericano debería mirarse

Llorarás, estoy seguro. Carolina Amoroso cumple la promesa del título de su libro: Llorarás, historias del éxodo venezolano. Llorarás de impotencia y de bronca por la destrucción de un gran país, pero también de admiración y respeto por la fortaleza y la resistencia de ese bravo pueblo -como dice su himno- que sufre una de las peores dictaduras de un continente que prácticamente se había liberado de esa peste.

Diez historias de un puñado de venezolanos que resumen las de los cinco millones que debieron abandonar su casa, su familia y su pueblo, a veces recorriendo miles y miles de kilómetros por tierra, sin pasaporte y, por supuesto, casi sin dinero. Venezolanos que llegaron a la Argentina (en total, en los últimos años fueron casi 200.000) para seguir viajando, buscando un lugar donde vivir, para reencontrarse con sus seres queridos o simplemente para esperar a que se pueda volver.

Lejos de ser sólo historias sueltas, esta obra también ofrece -aunque su autora diga que no- mucha información de contexto para conocer las causas de semejante tragedia: muerte, tortura, hambre, miedo y desarraigo. Y tratar de entender.

Carolina es probablemente la más venezolana de las argentinas y la más argentina de las venezolanas (yo ya sabía algo de las andanzas de ese padre petrolero al que su familia siguió al Caribe cuando ella y yo coincidimos hace años en la redacción de La Nación). Con esa historia personal, ella misma era un puente perfecto para estas historias. A eso lo confirmamos cuando la vimos en directo sobre otro puente, el que une Ureña y Cúcuta, cubriendo para Todo Noticias la estampida del éxodo que primero impacta en Colombia y en Brasil, y luego se extiende por toda Latinoamérica.

Las historias aquí contadas -con nombre y apellido- son también una advertencia -como señala Joaquín Morales Solá en el prólogo- de lo que los demás países del continente -y del mundo- ponen en juego cuando abrazan la aventura populista: pan para hoy, subdesarrollo y garrote… ¿para siempre? Tomando prestada una expresión típica de Carlos Pagni: Venezuela está ahí como “un espejo que adelanta”. Que muestra lo que cualquier país puede llegar a ser si no cuida sus instituciones democráticas, sus libertades y si -como dice Willy McKey, uno de los protagonistas del libro- nos gana el desinterés por lo público.

No, no será para siempre: un día se va a terminar. Esa es la sensación que dejan los relatos de estos venezolanos valientes, que mientras se reconstruyen a sí mismos fuera de su tierra ayudan a otros compatriotas a rescatarse de ese infierno en el que la dictadura chavista convirtió a su hermosa tierra. Que algún día terminará es la fe de los venezolanos. Una fe que no se amilana ante los lengevos 60 años de la dictadura cubana, fuente de inspiración del chavismo-madurismo.

Estas historias -bien contadas, perfectamente estructuradas- hablan de los venezolanos pero también de los argentinos, la mayoría de los cuales aún conservamos en la memoria que nosotros -nuestros abuelos- también descendemos de los barcos. Es esperanzador saber que aquí se los recibe sin cuestionarles su llegada. Donde es raro que un venezolano escuche un “vuélvete a tu país”, como sí suele pasar en Perú, Chile o Ecuador. Y también es interesante saber lo que de nuestra idiosincrasia (imperativa, gritona, peleadora ¿italiana o española?) le resulta más chocante al sentimiento caribeño.

De factura netamente periodística, Llorarás se lee de un tirón (en menos horas que las que lleva el binge watching de una temporada de una serie estándar). Y se leería más rápido si no hubiera que levantar la vista cada pocas páginas, enjugarse las lágrimas y respirar profundo antes de seguir atrapado por esas vidas. Un libro que viene con el plus de los últimos capítulos: el decálogo-síntesis del emigrante que cierra la obra y la crónica del fallido intento de ayuda humanitaria internacional a partir del festival Venezuela Aid Live. Ese show, del que participaron artistas, empresarios y presidentes, es otro signo de este tiempo: la diplomacia del espectáculo global. Después de todo, Venezuela tal vez haya jodido del todo el día que el chavismo cerró Radio Caracas Televisión-RCTV en 2006.

La música, las letras, el arte y la cultura son las piedras de salvación de los emigrados, que a pesar de todo “le echan bola, camiones de bola” a la vida allí a donde llegan y conquistan. Porque estos emigrados -expulsados de su país- no son sólo expatriados, también son conquistadores que llegan con una enorme riqueza de conocimiento (producido en sus universidades, que son también espacios de resistencia), cultura (en especial su música y gastronomía) y su fe (caracterizada por una gran dosis de sincretismo).

Llorarás, pero bien regadas estarán esas lágrimas.