TMT-radio 24/04/2018

Hugo Alconada Mon: “El diario Página 12 de los 90 fue mi primera escuela de periodismo”

El periodista de La Nación recuerda el origen de su vocación, da algunos tips sobre su proceso de trabajo y las cualidades del periodismo de calidad y expresa sus propias dudas sobre el futuro del oficio

Hugo Alconada Mon es periodista del diario La Nación, escritor y uno de los investigadores más prestigiosos, premiados y leídos del país.  Algunas de sus investigaciones fueron recuperadas en libros. En 2009 se publicó Los secretos de la valija, del caso Antonini Wilson a la petrodiplomacia de Hugo Chávez; en 2011 Las coimas del gigante alemán, la historia secreta de Siemens, los DNI y los gobiernos argentinos hasta los Kirchner; en 2013 Boudou, Ciccone y la máquina de hacer billetes, y en 2015 La Piñata, el ABC de la corrupción, de la burguesía nacional kirchnerista y del capitalismo de amigos. Muchos de los protagonistas de esos casos están procesados, prófugos o detenidos y algunas de las empresas mencionadas  pagaron millonarias multas en el exterior para lavar su reputación y seguir haciendo negocios. Hablé con Hugo sobre el periodismo que viene para el podcast #TMTradio.

-¿Cuándo supiste qué eras periodista?

-¿Cuándo sentí o pensé que era periodista? Recién cuando vi mi primer texto publicado. ¿Cuándo quise ser periodista? Cuando era un chico de unos diez años.

-¿Y cómo fue ese momento? ¿Vistes a alguien en televisión, leíste una nota, pasó algún hecho de actualidad muy relevante?

-Sí, yo soy oriundo de La Plata y te voy a contar algo macabro. Hubo un asesinato de una mujer, Oriel Briant, y la cobertura del diario local El Día me enganchó, entre otros motivos, porque además esa mujer y sus hijos iban al mismo colegio al que yo iba, es decir que los conocía. Por esa cuestión de poder conocer al posible asesino de la mamá de los chicos me empecé a enganchar con la lectura de los policiales. Es medio raro ¿no? porque en general los chicos se enganchan por deportes o por los chistes y yo empecé por policiales. Luego hubo un enganche creciente hasta que en un momento se dio que estaba enamorado del diario y pujaba con mi padre cada mañana cuando llegaba la edición de papel.

“Yo estaba tomando un café con una fuente que no tenía nada que ver con esta historia, que me dice… ‘Ah, Hugo, sabés que el socio de (Amado) Boudou anda diciendo que para qué iba a seguir pidiendo coimas si va a tener la máquina de hacer billetes’. Así empezó mi enganche con esa historia nueve meses antes de que empezara el escándalo”

-Y además no te enganchó tanto el periodismo de noticias como el de investigación.

-Sí, una cosa muy loca, porque además después mi padre, abogado, que trabajaba en La Plata, pero viajaba a Buenos Aires dos veces a la semana, coincidió con la época de oro de Página 12. Me traía el diario y lo tiraba así, delante mío y me decía “tomá, leéte esto que es un verdadero diario”, en la época de las investigaciones duras de Página 12, en la época de oro. Y ahí es cuando me enganché con grandes textos, de periodistas y plumas increíbles.

-Tu primera escuela.

-Sí, esa fue la primera escuela, si querés.

-¿Y cómo elegís los temas, te aparecen en una lista que plantean los editores?

-Es un ida y vuelta, hay veces que los editores me piden que me involucre en determinadas coberturas, una vez me pidieron que les diera una mano con el caso de [Santiago] Maldonado, o con la desaparición del submarino ARA San Juan. En otras ocasiones son fuentes que me van alertando sobre temas que yo no tenía ni en los radares, y así es como empiezo a involucrarme en el caso Ciccone. Yo estaba tomando un café con una fuente que no tenía nada que ver con esta historia, que me dice… “Ah, Hugo, sabés que el socio de (Amado) Boudou anda diciendo que para qué iba a seguir pidiendo coimas si va a tener la máquina de hacer billetes”. Así empezó mi enganche con esa historia nueve meses antes de que empezara el escándalo.

Y hay otras veces en las que sí, yo selecciono en base a temas que me atraen y que considero relevantes como el lavado, el narcotráfico o la corrupción. Además, hago una selección basada en tres parámetros que aprendí de un editor de investigaciones del Washington Post, Jeff Leen, que es por el grado de dificultad de la investigación; el grado de relevancia de la investigación, ya que no es lo mismo investigar a un concejal de un pueblo perdido de la provincia de Buenos Aires que a al presidente del banco más poderoso de la República Argentina, algo tan sencillo como eso; y tercero, la cantidad de personas afectadas por el tema que vas a investigar. No es lo mismo investigar un hecho que pueda afectar a tres personas que a cinco millones de personas, entonces, según esas variables decido si involucrarme a sacar a la luz o no un tema.

“Mi padre, abogado, que trabajaba en La Plata, pero viajaba a Buenos Aires dos veces a la semana, coincidió con la época de oro de Página 12. Me traía el diario y lo tiraba así, delante mío y me decía “tomá, leéte esto que es un verdadero diario”, en la época de las investigaciones duras de Página 12, en la época de oro. Y ahí es cuando me enganché con grandes textos, de periodistas y plumas increíbles”

-De las investigaciones que publicaste ¿cuál fue la más difícil y por qué?

-Hay distintos niveles de dificultad. Si querés, por dificultad y en cuanto a sensibilidad, probablemente fue investigar la operatoria de presunto lavado de activos en los hoteles de la familia Kirchner en el momento de su máximo poder y apogeo, cuando el propio Gobierno me acusó de maniobras desestabilizadoras al Gobierno nacional y a las instituciones, que era el paso previo a acusarme de traición a la patria. Después, hay otras investigaciones que son quizá menos sensibles, pero son más difíciles de completar. Hay investigaciones por las que yo, por ahí, me obsesiono y tal vez para el lector no son tan relevantes. Para mí sí, como en su momento fue la de Cristóbal López y los 8000 millones de pesos de evasión, claro, cuando yo lo investigué para muchos era “para qué estás metido con esta historia”. Y a mí me parecía realmente relevante, me tomó cuatro años terminar de armar el rompecabezas hasta que pude sacarlo a la luz, después sale todo lo que pasó y ahora te dicen todos que sí, pero en aquel momento fue una situación difícil de armar el rompecabezas.

-¿Sos optimista sobre el estado del periodismo, de la profesión, en esta época y sobre el futuro?

-Depende, hay días en que sí, y hay días en que no. Hay días en los cuales creo que el buen periodismo encontrará su cauce para seguir avanzando, que así como en un momento se temió que la televisión iba a matar al periodismo radial y no fue así, y después que el periodismo gráfico iba a morir frente a la radio y la televisión y tampoco fue así. Hoy, la  verdad es que no lo sé. Y tengo una sensación ambivalente cuando veo la pérdida de empleos, la merma en la publicidad, no solamente la oficial sino también la privada, el auge de las redes sociales pero que no termina de cuajar en un modelo que nos permita garantizar el buen periodismo. Y por otro lado soy optimista porque veo buenos ejercicios en periodistas que a pulmón, quizá, pero armados con un teléfono celular son capaces de realizar extraordinarios ejemplos de buen periodismo, aprovechando las oportunidades que te dan esas mismas redes sociales. Por eso digo, hay días que soy bastante optimista y otros días en los que me pregunto cómo llegaremos, por ejemplo vos y yo, que estamos en la década de los 40, a la época de nuestra generación y ni te digo a la generación que nos sigue después. Hay que validar o desestimar estas denominaciones.

 

-¿Qué características tiene el buen periodismo?

-Sacar a luz aquello que el poder político o económico no quiere que salga a la luz, incluso cuando la mayoría social tampoco quiere que algo salga a la luz, y por el contrario te defenestra por sacar algo y te considera que sos un palo en la rueda social o un palo en el crecimiento de un país, y que es posible hacerlo incluso cuando los propios dueños de medios de comunicación, tus propios jefes, no quieren que publiques. Y aún así eso sale a la luz. Y yo conozco casos en México, en Colombia, en Venezuela, en Perú, en Bolivia, Brasil, Chile, Argentina, ejemplos de ese tipo. Y que pese a todo, siguen adelante”.

“El buen periodismo se caracteriza por sacar a luz aquello que el poder político o económico no quiere que salga a la luz, incluso cuando la mayoría social tampoco quiere que algo salga a la luz, y por el contrario te defenestra por sacar algo y te considera que sos un palo en la rueda social o un palo en el crecimiento de un país, y que es posible hacerlo incluso cuando los propios dueños de medios de comunicación, tus propios jefes, no quieren que publiques”