TMT-radio 24/04/2018

Adriana Amado: “Los periodistas dejan los medios y se van a otras industrias donde son mejor remunerados”

Analista política e investigadora en medios, es una de las voces más lúcidas y -a la vez- equilibradas sobre el presente complejo y el futuro promisorio de los medios y los contenidos

Adriana Amado es investigadora en medios y analista política. Es una de las académicas que más profunda y sistemáticamente viene estudiando las características de la profesión periodística en la Argentina, y en América Latina. Recientemente tuvo a cargo en la Argentina la investigación del World of Journalism, que alcanzó a 27.500 periodistas, en 67 países, y cuya versión completa está disponible en el sitio de Centro para la Información Ciudadana.  Hablé con ella en #TMTradio sobre la llamada crisis de los medios en la Argentina.

-¿Cuándo comenzó la llamada crisis de empleo del periodismo en la Argentina?

-Si uno ve las estadísticas sectoriales -que hay muy pocas- según los datos del Indec, observa que desde 2008 hay una merma consistente, más o menos un promedio de mil puestos de trabajo anuales, en toda la industria audiovisual y gráfica. Eso, además, nos está hablando de cierta coincidencia con el ritmo de achicamiento de la industria de los medios a nivel mundial. Después de la crisis de 2008 es como que se dio el estocazo final al modelo del gran medio, al modelo en el cual el periodista era contratado como un empleado de una industria manufacturera. Lo interesante del proceso es que esa pérdida del trabajo, en esa forma de contratación, no tiene que ver con una caída de la inserción laboral del periodista. Los periodistas están hoy en otros ámbitos, en otras industrias, en otros trabajos, que incluso son mejor remunerados que en los anteriores, lo cual podemos decir que más que una crisis del periodismo hay una crisis del medio que obliga a una redefinición de la identidad del periodista.

“Los periodistas están hoy en otros ámbitos, en otras industrias, en otros trabajos, que incluso son mejor remunerados que en los anteriores, lo cual podemos decir que más que una crisis del periodismo hay una crisis del medio que obliga a una redefinición de la identidad del periodista”

-¿Cuál es hoy el perfil del trabajador que se dedica al periodismo?

-Si uno ve esta ley tan vetusta que regula el periodismo en la Argentina y que es de 1948 la base de la definición del periodista está en aquel que produce contenidos con cierta periodicidad, esto está en la etimología del nombre periodista. La producción de contenidos es hoy una demanda creciente y de múltiples organizaciones. De hecho, en Estados Unidos, donde sí viene siguiendo mucho más estadísticamente este proceso, lo que se ve es que hay una caída de los puestos de trabajo como periodistas pero hay un gran aumento de puestos como productores de contenidos en organizaciones privadas, ONG, universidades, que incluso están hasta tres veces mejor pagos que el anterior. Ahora, claro, para una cierta concepción romántica del periodismo del siglo XIX que tiene mucho que ver con esta idea de la libertad de expresión y el medio como un actor independiente en democracia, pensaba también en la última película The Post (Los oscuros secretos del Pentágono), yo creo que va a ser la última película de ese modelo cristalizado.

De aquel periodista, casi un superhéroe, luchando contra el mal necesario para equilibrar los otros poderes. Esa es una imagen del periodismo que está cristalizada pero ya sin lugar en un mundo donde los medios ya no tienen ese poder independiente. Entonces, uno ve el proceso que hizo el Washington Post, de una empresa familiar de personas comprometidas con el periodismo y con la búsqueda de la verdad a una empresa global más que nada dedicada a la comercialización de bienes que a la producción de información, y observa qué proceso están sufriendo los medios. La pregunta del periodista es ¿Se quiere sumar a esas posibilidades? ¿Quiere explorar esa necesidad que tienen hoy comunidades mucho más expuestas a la información que en el pasado, en donde la originalidad no es producir información de cero sino ayudar a entender algo en esta catarata aluvional de información que recibimos por tantos lados, todos los días.

“En Estados Unidos, donde sí viene siguiendo mucho más estadísticamente este proceso, lo que se ve es que hay una caída de los puestos de trabajo como periodistas pero hay un gran aumento de puestos como productores de contenidos en organizaciones privadas, ONG, universidades, que incluso están hasta tres veces mejor pagos que el anterior”

El poder ha tomado al periodismo como rival político porque de alguna manera lo lleva al llano. En realidad, cuando un presidente se equipara a un periodista está perdiendo parte de sus atributos y sus responsabilidades porque nunca es comparable la responsabilidad y el poder de uno y otro. Pero por otro lado, en esta controversia, que teóricamente los equipara, los presidentes cada vez convocan menos a los periodistas. Nosotros conocimos durante muchos años en América Latina presidentes que echaban a los periodistas de la sala de prensa o directamente las cerraban y no daban conferencias. Hoy lo estamos viendo en Trump y nos horroriza, pero ya sabemos cómo es esto de que los presidentes ya no convocan a la prensa, no la dejan entrar a su cotidianeidad, sino que les mandan encapsuladas imágenes que les arman los departamentos de prensa, o que producen otros periodistas pero que trabajan para el departamento de prensa de la presidencia.

Los periodistas se han convertido en comentaristas, sea de los insultos que les propinan los presidentes por Twitter, o sea del material encapsulado que mandaron para el noticiero de la noche. Esto tiene que ver con cuál es la dignidad de la profesión, si quiere ser ese comentarista del poder que nunca está de igual a igual y que raramente se lo convoca en un mano a mano, o en cómo se quiere interpretar la inquietud, la necesidad, de una ciudadanía para elevársela al poder, es decir invertir ese circuito, que hoy está del poder al periodista, y del periodista a sus audiencias.

Hoy vemos que eso no le interesa a nadie, los medios pierden credibilidad. Y yo lo que planteo es qué pasaría si invertimos el circuito, y empezamos a interpretar qué necesidades, qué preguntas quisieran hacer al poder nuestras comunidades. Creo que por otras experiencias en otros medios del mundo, eso lo que hace es reforzar la base de sustentación del medio, pensemos lo que pasó en The New York Times, en The Guardian que después de la asunción de Trump ganaron miles y miles de seguidores, dispuestos a pagar el trabajo del medio porque entendieron que se necesitaba ese tipo de prensa para cuestionar a ese presidente que venía.

Lo cual nos está mostrando que cuando el periodismo tiene ganas de interpretar a la comunidad, ésta lo apoya, Y ahí también podríamos estar revirtiendo parte de la crisis, salvo para volver a este sistema de medios de masas, de grandes cantidades sino para trabajar en micros, en suscriptores que entienden lo que yo hago  y valoran mi trabajo pero porque es un trabajo claro en defensa de sus inquietudes.

“Los periodistas se han convertido en comentaristas, sea de los insultos que les propinan los presidentes por Twitter, o sea del material encapsulado que mandaron para el noticiero de la noche. Esto tiene que ver con cuál es la dignidad de la profesión, si quiere ser ese comentarista del poder que nunca está de igual a igual y que raramente se lo convoca en un mano a mano, o en cómo se quiere interpretar la inquietud, la necesidad, de una ciudadanía para elevársela al poder, es decir invertir ese circuito”