TMT - Conversaciones 24/03/2018

Valentín Muro: “La ética hacker es ideológica, quiere que la información circule”

Por José Crettaz

Es un apasionado del cruce entre la tecnología y la filosofía, y un divulgador de la cultura hacker, maker y libre, interesado en saber cómo funcionan todas las cosas

Aunque su fe flaquea, aún es estudiante de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires-UBA. Ya no es tan joven pero conserva una cara de niño que probablemente lo acompañe toda la vida. Desde hace muchos años trabaja con computadoras y desde allí empezó a interesarse en el impacto de la tecnología en la vida cotidiana, en particular a través de asuntos como “las culturas” hacker y maker, y la inteligencia artificial. Desde 2013 coordina Wazzabi, una organización que promueve la idea de que todos pueden aprender a hacer lo que sea. A principios de 2014 comenzó el Hackumental, un documental de código abierto acerca de la cultura del hacer alrededor del mundo. Fue encargado de comunicación y outreach de Wikimedia Argentina, promoviendo los proyectos de la fundación detrás de Wikipedia y la cultura libre. Trabajó promoviendo estos valores en diversas empresas y organizaciones. Y estuvo en #TMTconversaciones

-¿Cómo se relaciona la filosofía con la tecnología?

-Lo que resulta interesante es tratar de separar la tecnología de lo que hacemos, es extraño, porque es difícil pensar cualquier cosa que hagamos en nuestra vida cotidiana que no esté atravesada por la tecnología, incluso hasta parecería absurda esa pregunta sobre de qué manera nos afecta la tecnología todos los días, o de qué manera no nos afecta, y la filosofía lo que nos ayuda es a hacernos mejores preguntas. Si nosotros pensamos que la tecnología nos afecta muchas veces ni si quiera sabemos de qué manera lo está haciendo, la filosofía nos da las herramientas para problematizar eso y para pensar qué cosas están cambiando, por qué antes eran de una manera y ahora son de otra.

-Mucho Black Mirror, ¿no?

-Sí, es un gran ejercicio especulativo ver Black Mirror.

-Cuál es la corriente ahí, ¿de la tecnología a la filosofía o a la inversa?

-En realidad muchas de las cosas que se plantean en Black Mirror, tanto en los relatos utópicos como en los distópicos, es pensar en cómo podrían ser las cosas, a veces como una extensión de lo que son hoy, y en otras tendrían que aparecer cosas realmente distintas en el medio. La perspectiva es más bien pesimista en el caso distópico y  optimista, en el mundo en el cual quisiéramos vivir. Y en el caso de Black Mirror gira mucho alrededor de las últimas consecuencias, de la tecnología en todos lados, muchas veces directamente orientado a los celulares, por eso uno ve la serie y no es como ver cualquier relato de ciencia ficción, sino que tiene siempre algo de “bueno podría ser así”.

“Si nosotros pensamos que la tecnología nos afecta muchas veces ni si quiera sabemos de qué manera lo está haciendo, la filosofía nos da las herramientas para problematizar eso y para pensar qué cosas están cambiando, por qué antes eran de una manera y ahora son de otra”

-Ya está pasando algo así, ¿no?

-Esta cuestión con los Estados Unidos y la influencia de las redes sociales fue uno de los memes en las últimas elecciones y ni si quiera Black Mirror se pudo adelantar a eso.

-¿Qué es la cultura hacker?

-Hablar de cultura hacker es como hacer violencia sobre el objeto de estudio, porque es difícil decir que exista algo así, pero haciendo esa salvedad, entendemos por cultura hacker y a los hackers entendidos a grandes rasgos como aquellas personas que se divierten con el ingenio, la tecnología y se dedican a cuestionarlo todo. Y muchas veces hablamos que detrás de esta cultura hacker también hay un conjunto de valores, un poco difusos, que conocemos como ética hacker.

-¿Y qué son los hacker buenos?

-Bueno, hablar de hackers buenos y malos ya es un problema en sí mismo. En los últimos 20 años, o quizá un poco más, cuando se volvió una profesión incluso bien remunerada lo de la seguridad informática, apareció esta distinción de los hacker de sombrero blanco y de sombrero negro, y hasta los hackers de sombrero gris.

-Que pueden ir de un lado al otro

-Claro, que muchas veces desde la mirada de esta cultura hacker son rechazadas, porque más bien son categorías que vienen del mundo corporativo y muchas veces se aplican a personas que hacen cosas. Y respecto de esta ética hacker la primera vez que se propuso así, como un conjunto de valores, fue a principios de los años ochenta cuando empezó a crecer el interés por saber quiénes eran estos hackers y había bibliografía al respecto, libros en los que se entrevistaba a personas que se reconocían a sí mismas como hackers.

Ya hay una segunda generación y la ética de esta cultura hacker gira alrededor de tres pilares que son el interés por la creatividad, la persecución de cuáles son nuestros intereses y aquello que nos genera curiosidad; por otro lado está lo de la autonomía, esto es que al perseguir esos intereses e investigar y generar cosas nuevas, poder hacerlo sin tener que pedirle permiso a nadie, sin tener que chocarnos contra límites artificiales; y el último que quizá es el más importante y el que más se refleja en lo concreto es la importancia de la comunidad. Entonces lo que hoy vemos muy vinculado a la cultura o ética hacker que es el movimiento de software libre, y vinculado a eso el código abierto, cultura libre, copyleft, gira alrededor de esto de la idea de que ponerle límites a la circulación de información trae problemas.

“Ya hay una segunda generación y la ética de esta cultura hacker gira alrededor de tres pilares que son el interés por la creatividad, la persecución de cuáles son nuestros intereses y aquello que nos genera curiosidad; por otro lado está lo de la autonomía, esto es que al perseguir esos intereses e investigar y generar cosas nuevas”

-¿Hay una ideología hacker?

-Es una pregunta rara, como si nos preguntáramos si hay una ideología detrás de la ciencia o de la tecnología.

-Pero hay movimientos en los que se manifiesta la cultura o ética hacker, uno de ellos el de código abierto, otro el copyleft que es esta suerte de enfrentamiento a las leyes de propiedad intelectual que en algunos lugares dio lugar, incluso, a partidos políticos que compitieron en elecciones tradicionales, por eso te preguntaba  si  no hay ahí un conjunto de ideas a sostener y tratar de divulgar

-Sí, la ética hacker es ideológica. Y uno de los puntos sería este interés porque la información circule. Pero por otro lado hay algo que resulta incómodo como es esto de tratar estos movimientos en partidos políticos y esta idea de que nada es lo suficientemente sagrado como para que no se lo pueda poner en duda. O sea, todo es libre de ser cuestionado.

-De hecho todo puede ser hackeado…

-Claro, y en ese sentido se te puede ir armando cierta ideología. Tiene que ver con esto de no poner trabas artificiales a la circulación de la información, esta cuestión de que nadie te impida meter las manos en cosas que son tuyas, por ejemplo, no poder desarmar las cosas, y cuando hablamos de cosas no son necesariamente físicas, por así decirlo, por qué no podemos meter mano, por así decirlo en las constituciones, en las instituciones políticas.

-Interesante esto y por qué no poder meter mano en un software que gestiona la administración pública, por ejemplo.

-Claro, ahí la pregunta no es tanto eso, porque el código, el movimiento de software libre no propone que cualquier persona pueda desarmar, por ejemplo, el software que hace correr el sistema de los subtes, sino que ese software puede ser auditado por terceros, por ejemplo, y que se pueda hacer una nueva propuesta. Hay una diferencia entre la producción de software y luego la implementación, lo interesante es que la transparencia cuando se trata de software que corre infraestructura crítica como lo es la de los gobiernos, nos permiten saber cómo funcionan, si es justo con esa información, quiénes tienen acceso a ella, o si podría ser mejor.

-¿Hay una soberbia hacker, esta capacidad que tienen muchos especialistas en seguridad informática de poder ingresar en sistemas, encontrar los puntos débiles e incluso muchas veces esa capacidad que es puesta al servicio público, no genera una cierta omnipotencia que puede redundar en soberbia?

-Es muy interesante porque está muy desvinculado a su origen. La palabra hacker es una palabra del inglés que tiene años, el uso más contemporáneo es que el hacker era como una broma, son muy divertidas las historias en el MIT de los años sesenta que es donde se reconoce que se empieza a usar hacker como en su sentido contemporáneo donde un tipo de hack era subir una camioneta a la punta de un edificio, por ejemplo, y no saber bien cómo llegó ahí, este tipo de hack eran bromas. La cultura hacker es brutalmente meritocrática, esto significa que lo único que importa es que tan bién hackees. No importa tu raza, tu género, tu edad, nada, y eso lo que deja de lado muchas veces es la discriminación positiva, es decir no nos va a importar nada más que eso, y lo cual genera situaciones muy interesantes. Pero también vinculado a esa soberbia y no tanto a la cultura hacker, pero que es satelital a ella, son los anónimos, que en estos últimos diez años están muy vinculados a hacer bromas pesadas en un sitio web, por ejemplo, entrar y cambiar para ver cómo se muestran y burlarse.

“El movimiento de software libre no propone que cualquier persona pueda desarmar, por ejemplo, el software que hace correr el sistema de los subtes, sino que ese software puede ser auditado por terceros, por ejemplo, y que se pueda hacer una nueva propuesta”

-Y además tenés esos fenómenos como Nenemus, casos paralelos de quienes han ingresado a sistemas de inteligencia o información confidencial y se han convertido en estrellas pero hoy tienen que vivir exiliados o recluidos en embajadas porque son perseguidos, como Julián Assange, por ejemplo.

-Sí, entramos en eso de qué reconocemos como un hacker o no, hay toda una discusión interna sobre la cultura hacker y es de cuando se inventó el término cracker que fue para diferenciar a los hacker como a una persona que trata entender cómo funcionan las cosas, para cambiar ese funcionamiento, se divierte con la tecnología y de pronto aparecen estos con menor capacidad técnica pero con suficiente capacidad para molestar a otros, entonces, los propios hackers empiezan a llamarlos crackers en los años ochenta. Y también podés tenér hackers que no son de la informática, que eso es más interesante y tiene que ver en cómo plantearse frente al mundo.

-Por ejemplo un empleado de un área gubernamental que se lleva información y la difunde por otro lado, no hay una cuestión técnica ahí…

-Ahí lo que podemos comenzar a diferenciar es que una persona que comete un delito es un delincuente, antes que un hacker, depende de cómo lo cometa ya es otra diferencia, pero un hacker no es inherentemente un delincuente. Un empleado gubernamental que libere información como en el caso de (Edgard) Snowden, se le llama whistleblogger, tenemos terminología más específica para hablar de eso porque si no termina siendo un término vacío donde todo es lo mismo. Sí  habrá hackers que cometan delitos, como hay una amplia mayoría que no lo hace.

-Sigamos haciendo docencia ¿qué es cultura maker?

-La cultura maker es mucho menos difusa, más fácil de rastrear en el tiempo, surgió hace poco menos de 15 años, con esos términos alrededor de una publicación estadounidense que es la revista Make de la editorial O´Reilly, que empezó a proponer este término maker como una especie de hacker apto para todo público, donde nuevamente el hacker tiene toda esta connotación negativa, de la delincuencia y demás, pero por detrás tiene una serie de valores que son nobles, loables y lo que sucede es que esta revista empieza a proponer la idea de los maker como agentes de hacker que hacen cosas físicas, lo corren un poco también de esta idea software que tenemos vinculada a los hackers y lo llevan a esta esta cultura del “do it yourself”, hágalo usted mismo, o sea quiero hacer un estante, voy y me lo hago, quiero un robot, voy y me lo hago. Quiero lo que sea. Es la cultura del hacer.

“La cultura hacker es brutalmente meritocrática, esto significa que lo único que importa es que tan bién hackees. No importa tu raza, tu género, tu edad, nada, y eso lo que deja de lado muchas veces es la discriminación positiva, es decir no nos va a importar nada más que eso, y lo cual genera situaciones muy interesantes”

-¿Y esto tiene que ver con una cuestión generacional?

-Cuando hablamos del movimiento maker o de la cultura del hacer, cuando muchas veces si vamos a lo concreto se trata de hacerse un estante, un robot, una computadora  o lo que sea, eso no es para nada nuevo. Pero lo que pasó es Internet, básicamente, incluso la cultura “do it yourself” tiene más de 130 años con las primeras revistas que promovían esto en EE.UU., pero el asunto de la distribución de la información y de la horizontalidad en esa circulación cambia mucho en cómo las personas hacen cosas. ¿Por qué la revista Make aparece en el año 2005 y surge el movimiento maker? Porque unos cincos años antes habían aparecido los blog, y lo que pasa con eso es que las personas no solo consumían el cómo hacer las cosas, sino que también podías hacerlas y empezaron a contarla, entonces eso empieza a generar una transferencia de conocimiento horizontal en donde no solo se vuelve importante hacer cosas por nosotros mismos sino también por los demás, se me ocurre hacer algo nuevo y la validez que recibo del resto me dan ganas de seguir haciendo cosas.

-¿Cualquiera puede aprender a hacer cosas en cualquier momento de su vida?

-Bueno es bastante más amplio, podemos llegar a hacer muchas más cosas de las que la mayor parte del tiempo creemos.

-Pero hay gente, personas o alumnos que dicen, si tiene números no es para mí, o si hay que escribir o expresarse, no es para mí.

-Eso es hermoso, de que las personas por lo general nos pongamos límites mucho antes de encontrar ese límite y no es porque nos pasamos muchas horas intentándolo y pensemos que eso no es para mí, sino que el límite viene antes. El caso que parecería estar retrocediendo un poco es lo que viene con lo técnico, con la programación, con la robótica, entonces yo estudio abogacía, la programación no, y viceversa, o el programador que dice yo me siento cómodo con el código, pero no voy a aprender a pintar. El truco ahí está en exponernos a ese tipo de cosas, la mayoría de la gente se imagina más o menos lo que es aprender a tocar el piano, se imagina lo que implica, pero desde su situación actual a hacer un robot no ve cómo eso podría suceder. El truco creo que está en romper esa fricción inicial, no sé si todos podemos aprender a hacer cualquier cosa, y si bien es una buena premisa para seguir sí podemos llegar a hacer muchísimas más cosas de la que creemos la mayor parte del tiempo.

-Por lo pronto empezar a hacer cosas nuevas es una buena premisa y el poder hacer cualquier cosa que me proponga.

-Sí, sobre todo para saber que lo que no podemos hacer es porque nos chocamos con un límite. En uno de los talleres de Wazzabi, y suelo contar mucho esta anécdota y siempre me resulta hermosa, hacíamos talleres de electrónica para personas que nunca habían hecho nada de electrónica en su vida. Y una tarde alcanza por lo menos para ver que a nivel de manipulación de materiales se pueda resolver algo. Entonces, solían venir chicos de carreras de arte y demás que se manejaban con lo material pero no con los números, y después de estar horas manipulando se ven que no llegan a hacer todo lo que querían pero ahora saben cómo se llega hasta ahí, empiezan a averiguar y les sugeríamos páginas en Internet. Y lo mágico es cuando te las encontrás varios meses después, y te dicen bueno no seguí por lo técnico pero me hizo pensar en otras cosas que quería aprender, por ejemplo a hacer la propia ropa de uno, y cuando se destraba eso, se destraban muchas cosas más.

“La cultura maker es mucho menos difusa, más fácil de rastrear en el tiempo, surgió hace poco menos de 15 años, con esos términos alrededor de una publicación estadounidense que es la revista Make de la editorial O´Reilly, que empezó a proponer este término maker como una especie de hacker apto para todo público”

-¿Qué es Wazzabi?

-Es un grupo de seis personas que nos reunimos en 2012 con la idea de promover esta idea de los valores de la ética hacker, todos “exiliados” barilochenses que habíamos venido a estudiar distintas carreras, algunos las abandonaron, y a todos nos movía esta idea de que cualquiera puede aprender a hacer cualquier cosa. O al menos, llevar esa idea al límite. Y de Wazzabi lo que encontramos rápidamente es que para nosotros nos resultaba natural buscar tutoriales en Internet y hacer lo que se nos ocurriera, era ajeno a nuestra generación porque también la cultura hacker y el movimiento maker se pueden resumir en algo muy argentino que es darse maña o tener la capacidad de atar las cosas con alambre, eso es un hack justamente. Nos dimos cuenta que eso era preocupante sobre todo para gente de nuestra edad, que no nos diéramos maña, a veces por estar acostumbrados a comprar las cosas, o a tener todo resuelto. Entonces empezamos a hacer talleres y distintas actividades vinculadas a la educación, para ver a cuántas personas podíamos convencer de esta idea.

-¿Y cómo les fue?

-Bastante bien, sobre todo porque vimos que había una demanda que no estaba siendo aprovechada, te estoy hablando de 2012 y ahora hay muchas más actividades, incluso un par de maker spaces, actividades que hace el Gobierno de la Ciudad, está el CMD (Centro Metropolitano de Diseño), y ya la impresión 3D no es un bicho raro como lo era antes. Y lo más fuerte que pudimos hacer es ver cómo aplicábamos esto en educación, formal y concreta, en un colegio.

-¿El Gobierno de la Ciudad u algún otro gobierno tomó esas ideas?

-Ahora justo en México se está intentando replicar lo que empezó en 2015, estuvimos dos años yendo y viniendo, trabajando en un colegio en la Ciudad de México para ver de qué manera se podían incorporar estos valores en el sistema educativo, desde los 3 años hasta los 18, donde la premisa era si podíamos instalar un maker space en un colegio, es decir un espacio donde se pudieran hacer cosas de manera colaborativa, desde bufandas, cohetes o lo que se te ocurra y ahí la posibilidad que se abrió fue la de trabajar con los docentes, era el gran desafío porque los chicos se acomodan a cualquier cosa. Pero lo que propone el momento en el que estamos ahora respecto de la información y el conocimiento es, de parte de la educación, de estar cómodos con el no saber, y eso es muy fuerte porque la docencia gira alrededor de la idea, sobre todo la docencia en su sentido convencional, donde el docente sabe y enseña y el estudiante no. Entonces, si decimos que Internet trastoca muchas cosas, la circulación de información corre muchas cosas de su eje, y una de esas es que muchos chicos van a saber muchas más cosas que los docentes, y para la mayoría ambos van a aprender al mismo tiempo. Tenemos que ver incluso la manera en que vamos a formar a nuestros docentes. Y eso es todo un desafío.

-Cualquiera diría que sos muy joven para formar a aquellos que deberían formar a gente de tu edad. Y esto se ha escuchado en las marchas o las tomas en boca de los chicos sobre las políticas educativas.

-Pero eso es interesante porque, por ejemplo, el primer rechazo que nosotros tuvimos en México es que había personas que en virtud de ser argentinos nos amaban y otras que nos detestaban, porque si bien éramos de Bariloche parecíamos ser porteños de Buenos Aires. A todo esto el sistema educativo viene de muchos años de expertos dando sus opiniones, entonces vienen muchos de ellos y te dicen este dispositivo va a resolver la educación, la netbook, tablet, la videocasetera, no importa, siempre va a haber un dispositivo que lo resuelva, entonces, cuando nosotros llegamos ya con cierta fricción les dijimos que no éramos expertos en nada y ninguno de nosotros había terminado la carrera. Que teníamos ciertas inquietudes e ideas pero que esto lo íbamos a hacer en conjunto, si nos va mal será para todos, y si nos va bien disfrutaremos de este viaje. Y desde esa postura de eternos aprendices lo que les hicimos saber desde un principio es que no veníamos a imponerles nada.

Respecto de la edad para saber ciertas cosas, a los propios chicos les pasa y son chicos que tienen hoy 10, 12 o 15 años, que hay personas que nacieron en un contexto donde ya existía la banda ancha, y hay chicos que nacieron en un mundo donde ya había un i-Phone, entonces les choca mucho ir a los colegios porque están acostumbrados a aprender por su propia cuenta, van a los colegios y eso va en contra de su propia experiencia cotidiana. No creo que haya que poner a niños a determinar el sistema educativo pero sí es muy importante ver cómo esos niños aprenden y encuentran los recursos, sobre todo para orientarlos. El camino de la docencia es orientar no es hacer bajada de línea.

-Muchos tienen cierto vértigo por la rapidez de esta evolución de las tecnologías ¿cuál es el antídoto para ese vértigo?

-Detenerlo es imposible, eso es seguro, ahora me preguntabas por el asunto de la filosofía en todo esto, bueno tenemos que hacer las preguntas correctas antes de que sea tarde, sobre todo porque no tenemos mucho tiempo, porque estos cambios son las semillas de lo que vamos a ver en diez años y tenemos que estar adelantándonos. En ese sentido es que tiene que ser todo más dinámico. Si estamos encontrando problemas concretos hay que ver cómo los atendemos y no esperar como sombrero de mago a que podemos sacar cualquier cosa, porque sino el futuro queda cortado por lo que decidimos ahora.

-¿Cuánto se te demoró la carrera universitaria por dedicarle el tiempo a esto que nos contabas?

-Me fue imposible, estoy cursando con idas y venidas, en algún momento abandoné un año y medio, pero ya voy para ocho años ahí adentro y mi carrera es bastante demandante y poco compatible con horarios laborales. Y sobre todo con algo que no tiene por qué ser así, pero que es todo muy lejano con la carrera de filosofía, donde no se suele problematizar Internet, por ejemplo, y eso es muy extraño porque en la historia de la filosofía los avances tecnológicos de la época estaban muy presentes en la obra de ese momento. Es como si eso sucediera hasta el año ochenta y ahí dejamos de preocuparnos por ver lo que está pasando ahora. No puede ser que no estemos viendo filosofía de la información en la carrera y ver cómo Internet cambió todo.

“Respecto de la edad para saber ciertas cosas, a los propios chicos les pasa y son chicos que tienen hoy 10, 12 o 15 años, que hay personas que nacieron en un contexto donde ya existía la banda ancha, y hay chicos que nacieron en un mundo donde ya había un i-phone, entonces les choca mucho ir a los colegios porque están acostumbrados a aprender por su propia cuenta, van a los colegios y eso va en contra de su propia experiencia cotidiana”