Medios 02/04/2019

Cristina Pérez: “Es mucho más grave el photoshop de la personalidad que el de la propia imagen”

Por José Crettaz

Empezó su carrera a los 19 años y es desde hace décadas la cara y la voz de los noticieros nacionales de mayor audiencia; trascendió la pantalla y hoy hace radio, teatro, fotografía y, además, experimenta con nuevos formatos en las redes; en #TMTconversaciones habló de sus experiencias, de la verdad, de cómo ve el periodismo actual y de las nuevas plataformas

Al frente desde hace años de los noticieros nacionales de mayor audiencia, su figura trascendió el género informativo. Cristina Pérez, que arrancó su carrera con 19 años, es admiradora y estudiosa de los clásicos de William Shakespeare. Hace radio, teatro, fotografía, escribe y, además, experimenta con nuevos formatos. Estuvo en #TMTConversaciones y con todo ese bagaje encima habló de sus experiencias, de la verdad, de cómo ve el periodismo actual y de las redes.

– ¿Qué hacemos con el periodismo?

-Seguir haciendo lo mismo. Quizás con un poco más de creatividad, de adaptabilidad. Si uno tiene la pasión de seguir contando historias hay que ver dónde están los oyentes, los televidentes, los lectores e ir por ellos, convencidos de que estamos contándoles las historias de la mejor manera posible.

– ¿Los profesionales de hoy y con el contexto actual, estamos suficientemente preparados para ir a buscar las historias y contarlas en los diferentes formatos?

-Creo que estamos haciendo el curso acelerado, pero no estamos solos en eso. Estamos en una especie de revolución de los tiempos, del timing, de los tiempos de la información que vivió el mundo a partir del gran cambio tecnológico al que estamos asistiendo como protagonistas. Estamos en una época que, tal vez, se compare con el Renacimiento por los cambios y las novedades. Por un lado, internet convirtió todo en presente, incluyendo al futuro. En esa situación de una fluidez enorme, que se multiplicó en proyección geométrica está toda la información al mismo tiempo y hubo una especie de confusión sobre si acaso el rumor, acaso la falsa noticia y acaso la verdad empezaban a tener el mismo status.

En ese curso acelerado del que te estaba hablando descubrimos todos en esta especie de adaptación a la velocidad, que todavía hay una imperiosa necesidad de la verdad. Porque nos damos cuenta de que una falsa noticia no sólo puede afectar una elección, sino que nos hacen perder tiempo. El rumor se convirtió por esta facilidad para llegar no sólo a los sistemas políticos totalitarios; el odio en una herramienta que ya reconocemos cuando la encontramos. Cuando termina el día, sigue sirviendo saber la posta de algo. La buena calidad en la información hace que se vuelva a los medios tradicionales. Pero, todo esto para el periodista que estaba acostumbrado a cierta estabilidad, es una especie de ejercicio de contorsionismo, en el que tiene que desdoblarse y no sólo ser multitasking, sino también muy versátil. Antes había periodistas de televisión, de gráfica y de radio. Ahora todos hacemos un poco todo. Y está bien.

“La buena calidad en la información hace que se vuelva a los medios tradicionales. Pero, todo esto para el periodista que estaba acostumbrado a cierta estabilidad, es una especie de ejercicio de contorsionismo en el que tiene ser multitasking y muy versátil”

– ¿Y cómo nos está yendo?

– En algunas cosas nos va muy bien y en otras estamos sintiendo los magullones de hacer surf en un mar con tiburones, pero creo que el desafío es muy interesante. El cine y la música encontraron un espacio en internet y creo que el periodismo también lo va a encontrar porque la verdad es necesaria, más necesaria que nunca, justamente por esta labilidad que tiene el mundo informativo. A la larga, se necesita de dónde agarrarse, se necesita comprender para que no nos lleven puesto los fenómenos. ¡Mirá el que confiaba en Facebook y, de repente, se desayunó con que no puede confiar más! ¿A dónde va?

– ¿Con periodistas multitasking, tenemos tiempo para esa reflexión, para el chequeo de fuentes?

-Si somos profesionales en cuanto a la praxis de lo que hacemos, tenemos que tenerlo. No se puede informar que el ministro Dujovne va a ser el coordinador de toda el área económica si no está chequeado. Cuando se informa es “la” noticia del domingo porque la empiezan a confirmar los protagonistas. ¡Imaginate si comienzan a desmentirte! Te va en la supervivencia. Pero, hay otro tiempo, y tomo una reflexión que el otro día compartía en una entrevista el doctor Manes, nosotros llegamos hasta acá con un cerebro y un cuerpo que tienen miles de años, hay un tiempo de lo humano. Por eso, podemos ver pasar una Ferrari, pero no podemos correr como ella. No sólo la percepción de las cosas, sino la metabolización de las experiencias sigue teniendo el tiempo de lo humano. Difícilmente nos podamos adaptar a la velocidad, sin el tiempo largo del aprendizaje. Porque la velocidad pide que sepamos más cosas y seamos capaces de usarlas en una decisión que lleve el menor tiempo posible, pero para tomar esa decisión rápida y de la mejor manera posible por ahí hubo que estudiar años, no fue un click. Entonces, se combinan los dos tiempos. Está el tiempo de lo humano -y sin sus largos plazos no se puede tener éxito en el tiempo tecnológico-. No cualquier cosa triunfa por ser rápida. Es una especie de vida con varias velocidades a la que todos nos estamos adaptando con el oleaje de una tempestad. Es lo que siento por estar las 24 horas haciendo periodismo.

– ¿Qué te enseñó Shakespeare sobre el periodismo?

-La mirada de lo humano porque hay cosas que no cambian: el amor, el odio, la traición, la mentira, el miedo, la gloria, la infamia. Eso sigue siendo igual y sigue siendo el motor de las cosas, que ahora con las redes, tomarán una forma u otra. Quién podría decir que Shakespeare no tenía razón al ver las descargas de odio y resentimiento en las redes. Eso es muy shakespeareano.

-En las redes y en las pantallas tradicionales… ¿No?

-Siento que hay un contagio de la vida virtual a la vida real. Hay modos y cortesías que se pierden por Whatsapp. No nos saludamos cuando nos vemos porque estamos en un diálogo constante. El anonimato de las redes, el no estar cara a cara, hace que se pierda un poco el respeto y eso va trasvasándose, pero tiene un límite porque cuando eso ocurre en un ámbito donde hay personas lo que genera es rechazo. Tenemos que tener mucho cuidado de no ser nosotros mismos los que le bajemos el precio a lo humano. Vos me hiciste preguntas en base a lo que yo te iba contestando. Si hubieras estado robotizado y sin capacidad empática no hubiera habido conversación. Y si no hay conversación, perdemos todos.

– ¿Cómo ves el fenómeno de estar todo el tiempo expuesto, en las redes, en la tele, en la radio… de que la ventana del personaje, cada vez más grande, se coma un poco a la persona?

-Si uno cede a las demandas por pertenecer, deja de ser uno mismo y yo no sé si se puede ser feliz sólo por pertenecer, sólo por mostrar una careta, eso que querría ser. Creo que las personas alcanzamos la plenitud cuando somos quienes somos, sentimos que tenemos derecho a serlo y ofrecemos eso a los demás. Me parece que es un desdoblamiento complejo, que tal vez muchos lo hacen, y si bien es una época donde se ha perdido el misterio, me parece negativo incluso a los fines de la verdad. Las redes permiten y facilitan la edición de tu vida y creo que es mucho más grave el Photoshop de la personalidad que el de la imagen. Es grave, no por una cuestión de punibilidad, sino porque al final del día es triste no ser fiel a uno mismo.

“Sobre el periodismo Shakesperare me enseñó la mirada de lo humano porque hay cosas que no cambian: el amor, el odio, la traición, la mentira, el miedo, la gloria, la infamia. Eso sigue siendo igual y sigue siendo el motor de las cosas, que ahora con las redes, tomarán una forma u otra”

– ¿Es más grave en las figuras públicas?

-Yo prefiero el riesgo de la crítica. No gustarle a alguien o que no guste algo que hago, a no ser yo. Por su puesto que también ahí modera el respeto. Si hay algo que pude hace que resulta ofensivo, no se comparte porque antes que compartir está el valor de no ofender. Yo últimamente prefiero las críticas acérrimas a la tibieza impostada que es imposible.

-Te estás animando a más también en el noticiero, con nuevos formatos…

-Estoy muy contenta con este fotorreportaje que inventé por amar la fotografía. Yo saco fotos de forma amateur (la palabra viene de amor) y muy intuitiva desde hace muchos años. Me gusta llevarlo a la práctica de forma profesional, con un reportaje donde, al mismo tiempo, busco una foto. Salen verdades muy profundas de las personas cuando se le propone a una gran figura conocida que elija un personaje para replicarlo o cuando se lleva a alguien a un ámbito donde va a hablar de su tema y, de golpe, tiene que surgir la foto. Aparecen cosas increíbles.

-Además, lo hacés en la televisión, en un horario exigente y con una pantalla exigente…

-Y sin prejuicios. Hice a Sara Facio, que era un personaje muy difícil porque ella tal vez sea uno de nuestros últimos héroes de la fotografía histórica. Era muy complicado, primero animarme a sacarle fotos a ella. Segundo, porque era difícil hacer una foto creativa en el espacio de su exposición. Finalmente, hubo un momento en que ella se da para ver los cuadros y la luz del sol le da atrás, en el pelo. Y ese pelo blanco mirando la obra era Sara. También hice a Moria Casán, que nunca se había puesto un vestido de novia, e hizo un vestido con una sábana, en alusión a que ella se casó con la cama. O Tini Stoessel, que eligió replicar a Odri Hepburn y el resultado es emocionante. La foto que busca el corazón de una persona es tremendamente reveladora. La fotografía hoy es el lenguaje más artístico y democratizado del mundo porque democratizó el arte, nos convirtió en observadores en editores de los pixeles de la vida. Eso tiene un valor que todavía no se puso en su escala. La fotografía masificada como está es como un nuevo sentido de la visión de lo que nos pasa. Desde la milanesa que nos vamos a comer hasta un hecho que nos convierte en testigos de una noticia.

-Pensá una foto de Tucumán y contame qué ves

-Mi foto muestra Tafí del Valle que para mí es un lugar mental. Si cierro los ojos y me pega el viento en la cara, es el lugar donde yo me voy inmediatamente. Donde hay valles, montañas de terciopelo verdes y caballos salvajes. ¡Y no es ficción! Tengo esa imagen. Y después, el amor de la familia que es mucho más que una foto.

-Y de ahí a canal 9, ¿cómo fue? Lo contaste muchas veces, pero cada vez que se cuenta algo uno actualiza un poco

– ¡Mirá todo lo que hizo Freud con eso! Uno a veces no sabe hacia dónde camina, pero está caminando hacia una oportunidad. Yo tenía 8 años y jugaba a hacer un noticiero. Sin darme cuenta, caminaba con pasión hacia lo que me gustaba que era comunicar. Empecé a los 14 años en una radio, en otra y pasé al cable. Y un día me llaman y me dicen que tenía que hacerle una nota a Alejandro Romay. ¡Imaginate! A mí me latía el corazón de la responsabilidad, pero nunca, jamás, me iba a imaginar que en la nueva sede de una escuela de agricultura que había ido a inaugurar me iba a decir: ¡Qué linda voz que tenés, nena! ¿Querés hacer una prueba para mi canal? No tardé ni un segundo en decirle que sí, pero en medio de un terremoto de sensaciones. Me citó en el bar del hotel donde se hospedaba, ahí había un ejemplar de Ámbito Financiero con una notita sobre Cavallo de dos columnitas. Me la dio y me dijo: Hablá de esto tres veces más. Yo hice lo que pude. Y luego, siguió una prueba acá en el canal 9. En ese momento, yo pensaba: Con esto ya estoy hecha. Lo veía a Andino, al estudio y para mí era una locura.

“El 7 de diciembre de 1992 firmé un contrato por tres meses y pasaron 26 años. Estuve un mes solamente haciendo notas y en enero me pusieron a conducir con Guillermo y Mabel. Con 19 años, muy chica, estaba al frente de un noticiero nacional que hacía 25 puntos de rating”

Hice la prueba y me volví a Tucumán a estudiar historia en la Universidad y al canal de cable. Era diciembre me llaman de Buenos Aires. Yo no lo podía creer. Me acuerdo de que Antonia, la secretaria del director noticias me dijo: ¿Puede venir mañana? Y yo le contesté: Nooo, pasado. No tenía guita para el avión. El 7 de diciembre de 1992 firmé un contrato por tres meses y pasaron 26 años. Estuve un mes solamente haciendo notas y en enero me pusieron a conducir con Guillermo y Mabel. Con 19 años, muy chica, estaba al frente de un noticiero nacional que hacía 25 puntos de rating.

-Eso podría haber sido un meteorito que se incendia y se consume en el tiempo. Era muy arriesgado, eras muy joven y con mucha audiencia…

-Hoy, digo convencida de que afortunadamente esa conducción tan temprana duró sólo unos meses. Yo volví a ser sólo cronista y recién cuando terminó la era Romay volví a conducir. Esa fue mi universidad. Cuando en 1998, el canal es comprado por los australianos, de Prime, yo abrí la señal Azul TV y comencé como conductora.

-Y el meteorito que no se incendió, sumó la radio, la literatura, el teatro y las redes, donde tenés una actividad muy interesante que combina todo esto. ¿Cuántas personas sos?

– Creo que en mi conviven multitudes. En realidad, soy muy apasionada y cuando algo me gusta, me invento una fórmula para hacerlo. Tengo algo de niña, en el sentido de que no me parecen imposibles las cosas que quiero y las convierto en un juego. Mi vida es todo esto, mi fertilidad está acá. A veces me preguntan por qué no me casé y no tuve hijos. Para mí, todo lo que hago es dar a luz algo. De hecho, empecé carreras después de los 30, me animo a cosas que me ponen en problemas.

El teatro es un shock porque a veces, la gente no quiere que vos te salgas del personaje que los hace sentir cómodos. A la larga, el otro comprende que uno puede ser muchas cosas y que está bien. Yo en eso no tranzo. Mi permito explorar. Yo creo que todas las personas somos multifacéticas y hay un día en que te animás y descubrís que los fantasmas eran sólo fantasmas y que ni siquiera es un problema si te va mal. Por ejemplo, estudié tango durante tres años y bailaba bastante bien, pero claramente no era lo mío.

Empecé Shakespeare a los 30 años y me cambió la vida. El haber estudiado los clásicos para Shakespeare me potencia mi mirada como periodista. Todos tenemos el impulso de algo más, sólo que tendemos a ser conservadores, pero cuando se da el primer paso después se dan todos. Esa es mi sensación y hasta mi consejo de vida para los jóvenes que, a veces, me preocupan porque los veo sin pasión. Y sin pasión no hay felicidad porque el gran círculo de recompensa está en la pasión. El gran desafío es transmitirles pasión en vez de resignación.

– En tres tuits porque ya nos vamos. ¿Qué proyectos hay en el horizonte?

– La fotografía no sólo va a seguir, mi cabeza mira como directora también. Pero, vamos a ver qué sale de ahí. Tal vez haya otro libro. No sé si va a ser dedicado al análisis de Shakespeare o de ficción, porque tengo de meterme en la ficción romántica (hice un thriller de investigación). Y en cuanto a las noticias, me siento en un momento en el que el romance explota. La experiencia me mejora. Estoy en un momento de madurez, de plenitud y lo estoy viviendo con mucha alegría.

“Y en cuanto a las noticias, me siento en un momento en el que el romance explota. La experiencia me mejora. Estoy en un momento de madurez, de plenitud y lo estoy viviendo con mucha alegría”