Medios 26/12/2017

Carolina Mera: “Las instituciones no deben imponer posicionamientos políticos“

Por José Crettaz

La socióloga kirchnerista que aliada a radicales, independientes de izquierda y peronistas no k, entre otras sectores, destronó al kirchnerismo de Ciencias Sociales. Sí, aunque parezca contradictorio

Carolina Mera es socióloga, directora del Instituto de Investigaciones Gino Germani y flamante decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Al frente de Sociales x Venir, una heterogénea agrupación de kirchneristas, radicales, socialistas, independientes de izquierda y peronistas no kirchneristas, venció al “kirchnerismo puro” encabezado por el decano saliente, Glenn Postolski (ganó el claustro docente y el estudiantil y obtuvo la minoría en graduados). Así, Mera desalojó de Sociales al corazón académico de la ley de medios audiovisuales (del riñón de Postolski es Damián Loreti -la pluma de la ley- y Diego de Charras, que logró retener la dirección de la carrera de Comunicación).

La nueva decana esquiva la pregunta sobre el compromiso de la facultad con aquella norma y prefiere sostener, en términos genéricos, la conveniencia de que la universidad colabore con su conocimiento en la formulación de las leyes. Hija de Julio Mera Figueroa, salteño, ministro del Interior de Carlos Menem y militante del peronismo hasta su muerte, en 2002, Carolina Mera moderó levemente su militancia para aglutinar la heterogeneidad de su agrupación pero no oculta su identificación con Cristina Kirchner y el discurso “peronista de izquierda”. No faltan en sus perfiles de redes sociales las fotografías con la ex presidente y los reclamos por libertad de Milagro Sala, justicia para Santiago Maldonado y por “los presos políticos”.

En #TMTconversaciones (domingos 18,30 por Canal Metro) dialogamos sobre el papel de las ciencias sociales, la politización de la universidad, la rebeldía de Sociales en la UBA y la militancia de la carrera de Comunicación Social por la ley de medios, entre otros temas.

“En un mundo que cambia, la única forma de garantizar que los planes de estudios y que los profesionales e investigadores salgan con las herramientas y habilidades para poder desenvolverse y ofrecer una perspectiva interesante es si tenés una actualización que debe venir de la mano de la investigación en las distintas áreas”

-Va a sonar feo cómo lo voy a preguntar, pero quiero ser gráfico ¿Para qué sirven las ciencias sociales?

-Arrancamos fuerte el diálogo. Las ciencias sociales sirven para todos. Son las ciencias madres de todo tipo de producción de lo social y de lo humano. Pero antes de avanzar un poco si tengo que pensarlo un poco, no estoy tan de acuerdo en plantearlo así. Si las ciencias sirven o no. Creo que todo conocimiento sirve. Todo proceso de producción de conocimiento en cualquier área, más allá de su utilidad práctica, tiene un valor para la sociedad. Siempre damos de ejemplo una cantidad de investigaciones de ciencias básicas y que durante años puede decirse que no sirven para nada hasta que un día se descubre una vacuna para salvar miles de vidas.

A veces hacer ese planteo de si sirven o no sirven nos sacan del foco de considerar que una sociedad que produce conocimiento apuesta al futuro y se piensa en un mundo global en el que no se puede avanzar sin conocimiento.

En ese sentido, acercándonos a las ciencias sociales, creo que producen reflexiones, diagnósticos y contenidos en general que tienen que ver con la vida cotidiana, con el pasado y con el futuro, sin lo cual las sociedades estarían destinadas al fracaso. Tenemos capitalizar nuestras propias experiencias pasadas y proyectarnos a un mundo cada vez más complejo, desigual y vertiginoso. En eso las ciencias sociales se vuelven un conocimiento fundamental. Luego, se aplican en áreas médicas, habitacionales, medioambientales, de derechos … Las ciencias sociales han contribuido muchísimo a la ampliación de derechos y a la inclusión de grupos sociales vulnerables o marginados.

-¿Las carreras de la Facultad de Ciencias Sociales, forman para el trabajo, la investigación, la docencia?

-Sí, para esos tres campos. Y cuando decimos investigación o docencia, es para el trabajo. Formamos y vamos a formar cada vez más tanto para el ámbito público y el privado, y en estas dos esferas podemos hacerlo para las empresas, la gestión pública, y la investigación y docencia que es la forma de actualizar y renovar los contenidos y la formación. La docencia sin investigación se desactualiza. En un mundo que cambia, la única forma de garantizar que los planes de estudios y que los profesionales e investigadores salgan con las herramientas y habilidades para poder desenvolverse y ofrecer una perspectiva interesante es si tenés una actualización que debe venir de la mano de la investigación en las distintas áreas.

-¿Hay una revalorización de las disciplinas sociales?

-Creo que hay mucho de eso y ojalá haya más. En este mundo de la big data tenemos una cantidad de información que efectivamente es difícil de leer. En este momento, algunas empresas lo ha captado mejor y están encontrando la forma de incorporarlo. Siempre atravesado con sociólogos y politólogos que se están sumando a esta confluencia de disciplinas para ver cómo se lee esa información desde una empresa para el usuario o para ofertar mejor un producto. Sin embargo, hay todo un mundo que debería estar puesto al servicio de una sociedad mejor para todos. Cómo leer ciertos datos en función de una sociedad más equilibrada, más justa y más equilibrada. También de esa red enorme de datos se puede sacar información que tiene que ver con la democratización y el respeto a los derechos, etc.

-¿Van a revisar los programas de las carreras, que es siempre un tema?

-Es un temazo. Los programas deberían estar actualizándose constantemente. La vida cambia, nosotros cambiamos, la sociedad cambia y sin embargo cuesta tanto cambiar los programas. Sí, hay que revisarlos, actualizarlos,  innovarlos y flexibilizarlos para que entren en diálogo con otros lenguajes. El mundo que es cada vez más complejo, heterogéneo y diverso también requiere para las ciencias sociales nuevas miradas. Desde ese punto de vista nosotros desde hace varios años venimos incluyendo muchos lenguajes nuevos como el cine, la música, la literatura y el arte en general, el diálogo con otras disciplinas. Cada una de esas miradas aporta a la reflexión sobre lo social algo diferente que no estaba hace 30 años.

-¿Y ahí qué lugar ocupa la tecnología?

-Sí, debí haber dicho arte y tecnología en general. La tecnología nos está haciendo revisar toda nuestra práctica misma. Este momento para las ciencias sociales la tecnología es un desafío enorme en el sentido de ver cómo aportamos a este mundo nuevo que se abre de las comunicaciones y las subjetividades. Qué tienen para decir las ciencias sociales en esta red de información tan enorme y difusa. ¿Cuál es la relación? Big data, por ejemplo. Si no sabés qué leer… Alguien produce esa información y hace circular en circuitos, alguien crea esos circuitos. Todo eso debería ser pensado por profesionales transdisciplinarios donde las ciencias sociales tienen un lugar fundamental como lo tienen otras áreas. Antes hablábamos de los problemas del ambiente y del cambio climático, por ejemplo, no pueden ser sólo pensados desde la física, la biología…Y las nuevas tecnologías, también. Es muy difícil pensar un problema que no deba ser abordado de manera interdisciplinaria.

-Sos la primera decana de Sociales, ¿Por qué tardaron tanto?

-Tardamos tanto y no tanto. Somos la facultad más nueva, el año que viene cumplimos 30 años. Pero por ejemplo, en la UBA nunca tuvimos una rectora en casi 200 años. Es mucho y poco para ser justa con mi facultad. No tiene que ver sólo con la facultad sino con un clima de época. Los especialistas refieren mucho al techo de cristal que la mujer no pasa. Ese techo se ha ido fracturando, no se si rompiendo del todo, y las mujeres estamos llegando a posiciones a las que hace 20 o 30 años era muy difícil. No tiene que ver con políticas de exclusión directa sino con lógicas de sentido común y de discriminación muy sutil que existen en la sociedad y que tienen que ver con estructuras ideológicas.

En ese sentido ser la primera decana de esta facultad tiene que ver con un clima de época. Creo que en Argentina tenemos un montón de leyes, la ley de violencia de género, la ley de paridad y una cantidad de herramientas, en la universidad el protocolo con la violencia de género, y los movimientos masivos, como el Ni una menos y esa manifestación enorme en la calle. Creo que el mundo en general, pero Argentina específicamente, vive un momento en el que la mujer está empoderada, está trabajando mucho con sus derechos y sus condiciones de existencia, no sólo derechos porque es la vida misma muchas veces la que está en juego. Creo que soy producto de ese contexto.

“Ser la primera decana de esta facultad tiene que ver con un clima de época. Creo que en Argentina tenemos un montón de leyes, la ley de violencia de género, la ley de paridad y una cantidad de herramientas, en la universidad el protocolo con la violencia de género, y los movimientos masivos, como el Ni una menos y esa manifestación enorme en la calle”

-Esta elección fue apasionante incluso para los que lo vemos desde afuera tuvo un interés mayor ¿Por qué fue así?

-Porque hacía mucho que no había una disputa en la facultad. En este caso, estaba el decano actual y nosotros desde un espacio complejo y plural, conformado por sectores políticos partidarios con ciertas identidades como con una diversidad de carreras, disciplinas y trayectorias, que decidimos presentar una propuesta diferente. Desde hacía mucho que no había una competencia porque en general los decanos son reelectos o dejan a sus sucesores. En este caso veníamos a plantear que queríamos pensar la facultad de forma distinta y articulamos espacios que se sintieron convocados por esta propuesta. Y esto tomó una dimensión que nos sorprendió mucho a todos.

-Tal vez también por las redes sociales que permiten seguir desde afuera lo que pasa…

-Sí, exactamente. Me pasó durante la época de la elección de llegar a un evento que no tenía nada que ver con Ciencias Sociales y se me acercaban para ver cómo veníamos. Efectivamente, hubo un impacto.

-¿Hay una politización importante del ámbito universitario, es bueno o contraproducente para el lugar de estudio?

-Yo creo la politización siempre es buena. Creo que el mundo y la sociedad es política. Aún el no posicionamiento, aún los discursos que pretende no ideoligizarse. Esos son los más ideológicos porque es una posición muy firme frente a la vida. La politización contribuye a ser ciudadanos mejores. En los sistemas democráticos, la politización ayuda a pensar mejor el mundo. La democracia en general a partir de la competencia de partidos y de los distintos posicionamientos, la búsqueda de consensos, todo eso nos hace mejores ciudadanos, profesionales y personas. En ese sentido, creo que es importante que las facultades y cada disciplina tome conciencia de esto porque desde Sociales hasta Medicina hay un posicionamiento político. Lo que no deben hacer las instituciones es imponer posicionamientos políticos. Luego cada uno asume la identidad, o la militancia si le interesa, o a adhesión a un partido político o no. Pero uno no puede decirle a un profesional que es neutral porque ni la arquitectura, ni la medicina ni las ciencias sociales son neutrales. Uno tiene que saber qué valores hay en juego y luego ver a cuáles adscribe. En se sentido, es cierto que las ciencias sociales tienen un nivel de intensidad mayor porque nuestros temas de reflexión o análisis, o los actores con los que trabajamos, están más involucrados con la política cotidiana. Desde los movimientos sociales al Estado mismo y las distintas instancias de los poderes estatales.

“Desde hacía mucho que no había una competencia porque en general los decanos son reelectos o dejan a sus sucesores. En este caso veníamos a plantear que queríamos pensar la facultad de forma distinta y articulamos espacios que se sintieron convocados por esta propuesta”

-Eso hace que sea la facultad más rebelde de la UBA…

-Algunos dicen rebelde. No diría rebelde, sí que es crítica. Creo que el conocimiento que producen las ciencias sociales cuanto más crítico, más interesante para luego abordar, absorber o producir otros impactos. La crítica abre puertas, es la inquietud. Si uno se queda siempre con lo que dan sería poco estimulante para la innovación. Como ya dijimos, estamos en un mundo que produce cada vez más exclusión y desigualdad y a nadie le gusta vivir en ese mundo más allá de cómo uno viva en su individualidad. En ese sentido, las ciencias sociales tienen un compromiso dentro de lo que producen para ver cómo contribuimos a que eso sea mejor, a través de la política pública, el asesoramiento a empresas o la invención de productos que mejoren la vida de las personas.

-La facultad de Ciencias Sociales tuvo un rol muy militante en la discusión respecto de la ley de medios ¿Fue una buena idea estar tan embanderados con esa norma?

-Está muy bien que las universidades, tanto públicas como privadas, se involucren en la agenda pública. Sobre todo las públicas, que somos financiadas por la sociedad toda. Y cuando uno pasó años y años investigando temas está muy bien que ese conocimiento producido sea compartido con aquellos que toman las decisiones, los funcionarios del gobierno o los legisladores. En ese sentido está muy bien que se haga institucionalmente, que se creen los mecanismos de comunicación e intercambio entre las universidades públicas con los distintos ámbitos pertinentes.

Más allá de la ley de medios, la universidad pública participó de muchas otras leyes. Por ejemplo, la ley de migraciones, que tuvo un aporte importante del mundo académico, no sólo de la UBA. Que hizo posible que tengamos una ley modelo en el mundo entero y que recuperaba una cantidad de conocimiento producido en muchas décadas. Nosotros teníamos todavía una ley que venía de las dictadura, que no se había revisado en el Parlamento. Ahora el presidente la cambió por decreto. Pero entonces hubo un aporte muy claro de profesionales y de grupos que trabajan con las redes de migrantes y los países involucrados.Ahí hubo mucho conocimiento de investigaciones de larga data. Lo mismo con la ley de identidad de género y ni hablar de la ley de salud mental.

Hay que apostar a esa relación entre la universidad y las políticas públicas porque en las universidades se produce ese conocimiento sistemático, serio y que puede dar cuenta de cómo fue producido. En ese sentido las distintas leyes, la de medios, migración e identidad de género, y otros muchos, dan cuenta de esto.

También tenemos la ley de repositorios digitales que tiene que ver con concebir el conocimiento como bien público, con acceso abierto y como aporte a los sistemas sociales modernos, democráticos y contemporáneos. Ahí también hubo equipos de las universidades.

-Carolina, ¿Seguís dando clases?

-Sí, claro.

-¿Qué materias?

-Tengo dos materias. Una sobre Migraciones, que es mi tema de investigación de hace mucho tiempo, y otra sobre China, Corea y Japón. Es una materia para la carrera de ciencia política y damos un panorama general sobre estos tres países, sobre los que se sabe muy poco.

“Pero uno no puede decirle a un profesional que es neutral porque ni la arquitectura, ni la medicina ni las ciencias sociales son neutrales. Uno tiene que saber qué valores hay en juego y luego ver a cuáles adscribe”