Entretenimiento 20/02/2018

Axel Kuschevatzky: “Si el público hiciera lo que dice los documentales tendrían rating altísimo y nadie consumiría pornografía”

Por José Crettaz

El productor, guionista y periodista analizó en #TMTconversaciones las razones políticas que llevan a Netflix, Amazon y otras plataformas a producir cine, destacó las ventajas competitivas de la pantalla grande y contó cómo producen en Telefé

Axel Kuschevatzky es un tipo polifacético pero con un eje central: las historias audiovisuales. Produce cine, presenta cine, habla de cine, escribe cine (y sobre cine) y también es bastante buen actor. Sabe de historias y sabe de números. Representa a la industria. Conoce la regulación del sector. No es sólo una cara simpática en la alfombra roja “latina” de los Oscar. Y se dio el lujo de ganar una estatuilla, o por lo menos una partecita, con El secreto de sus ojos, film de Juan José Campanella del que fue productor asociado.

Kuschevatzky es gerente de cine de Telefé (lo era con Telefónica y siguió en la empresa con los nuevos accionistas de Viacom -dueños de la major Paramount Pictures-), presentador de la alfombra roja de los Oscar en la televisación de TNT (Turner, empresa que perdió la puja con Viacom por Telefe) y codirector de La Cosa Cine (revista y comunidad de cinéfilos que mantiene una extraordinaria vigencia y que funciona en los bares porteños porque ya hace largo tiempo que no tiene una redacción física).

En #TMTconversaciones conversé con él como ya lo había hecho tiempo atrás, sobre la industria, sus oportunidades y desafíos. Kuschevatzky se reconoce “antiapocalíptico” y confiesa que mira series. Sí, no sólo películas.

-¿Cuántas películas ves por semana?

-Veo cuatro o cinco películas. A veces, vuelvo a algunas que ya vi. Estamos hablando de una combinación de cosas: cine, episodios de series, series completas.

-¿Eso no es traición en tu caso?

-No siento eso. Por supuesto que amo al cine más que a cualquier otra cosa, después de mi y a mi familia (lo digo porque hay una cámara adelante). Además, tengo que verlas, también veo youtubers y escucho podcast. El otro día le decía a un amigo que es productor: Yo siento que mi background está tan incompleto. Que no sé lo que debería. Siento más la falta que cualquier otra cosa.

-¿Qué ves por necesidad profesional y qué por gusto?

-No se separa. Te hago la repregunta: ¿cuando te vas de vacaciones qué te llevás? Seguramente ensayos periodísticos. Bueno tenemos el mismo problema.

-¿Cómo te imaginás el cine de acá a quince años con los cambios de hábitos de consumo?

-Yo soy antiapocalíptico porque una vez que vos te tomás el ejercicio de estudiar lo que vino antes de que nacieras y recordás lo que pasó mientras crecías, te das cuenta de que nada es definitivo. La idea de que viene un formato, una plataforma y aniquila todo lo anterior es falsa. El cine no mató al teatro, la televisión no mató al cine, el VHS no mató al cine, el DVD tampoco. En realidad, lo que termina pasando es que tiene un impacto en la industria muy fuerte al principio, reacomoda los modelos de negocios y tiene algunos efectos. Por ejemplo, el impacto del video VHS tuvo un impacto muy fuerte en las salas en los años 80. Pero, el año pasado, la venta de tickets en la Argentina fue la mayor desde 1986, de la que había el registro contemporáneo más alto. Por lo tanto, nosotros el año pasado volvimos a una cantidad de espectadores similar a antes de la aparición del video.

“Hay cambios, pero ninguno que vaya a desterrar a la plataforma anterior. La idea de que vos puedas ver películas en tu casa puede ser revolucionaria, pero la televisión pasa películas desde los años 50, la idea de que puedas ver a demanda es de los años 70 (en Argentina una década más tarde). Creo que no hay un cambio sustancial de cómo llega a tu casa el contenido. Lo que hay son cambios estratégicos inteligentes. “

-¿Entonces no cambió nada?

-Hay cambios, pero ninguno que vaya a desterrar a la plataforma anterior. La idea de que vos puedas ver películas en tu casa puede ser revolucionaria, pero la televisión pasa películas desde los años 50, la idea de que puedas ver a demanda es de los años 70 (en Argentina una década más tarde). Creo que no hay un cambio sustancial de cómo llega a tu casa el contenido. Lo que hay son cambios estratégicos inteligentes. Por ejemplo, cuando Netflix decidió poner todos los episodios de una serie a disposición logró un modelo de negocio interesante porque registró una demanda. Pero siguen siendo series. Lo que a vos te sigue interesando es el cuento, la narrativa, la propuesta emocional. Por eso creo que de acá a 15 años vamos a seguir yendo al cine. Tampoco coincido con la gente que dice que las series son el nuevo cine. Las series son series y se construyen en otra dirección y con otro modelo narrativo. Vos al cine vas a ver un evento. Algo que en tu casa todavía no tenés acceso y se vuelve una experiencia comunal, vamos un montón, te sentás al lado de alguien que no conocés, te reís de lo mismo, llorás, el otro también lagrimea. Esa experiencia colectiva no es igual que ver películas en tu casa.

-¿Y con relación a la industria? Ahora hay más interesados en hacer películas y contenidos audiovisuales.

-Te lo divido en dos. ¿Por qué estas compañías quieren hacer películas o series? Primero porque hay una valoración pública sobre esto: si hacés películas, estás en la pomada (¡muy moderna me salió la expresión!). Después hay una conexión entre el consumidor y las marcas que es estrictamente emocional (como diría Duran Barba). Vos no sabés cuando ves un video a demanda si la transmisión de datos es mejor o peor. Con las marcas pasa lo mismo, se las asocia a lo que se ve. En Netflix veías House of Cards, en Amazon en Estados Unidos veían Transparent. Hoy todos están jugando ese juego porque entienden que la relación con el consumo, como te decía, es emocional. Pero yo no sé si de acá a cinco años todos estos jugadores van a seguir jugando. Las estructuras que se reconfiguraron como estructuras de contenido, seguramente sí. Todos los demás no lo sé. No sé realmente lo que va a pasar con las tecno. Como es el sistema de espasmódico las que no son de contenido funcionan más como financieras. Para los productores el gran tema es la financiación. Estructurar el contenido para que sea seductor. El guión, el director, los actores. Esto lleva muchísimo tiempo y es lo que dispara la financiación. Es muy raro que se tenga la financiación previamente.

El mercado del cine argentino es limitado. Si es coproducción funciona en algunos países, se ve acá, tiene algo de distribución y realmente la televisión paga compra los derechos y se ve bastante cine de América Latina en canales pagos. Con la aparición de jugadores que antes no estaban aparece el concepto de pre compra, que en Europa y Estados Unidos es súper común. Viene alguien y con el proyecto (sin la película terminada), pre compra el derecho. Con esto se financia parte de la película y da un poco más de aire a la producción de cine con la ambición de ser masiva. La presencia de nuevos actores también hace que los estudios tradicionales estén más dispuestos a jugar el juego del cine local. Esto nos pasa a nosotros, en México, en Brasil, en España, en Italia. Hay más jugadores, un poco más de plata (no mucha más) y cuando aparece un proyecto seductor todos tienen ganas. Pero no es tan fácil hacer un guión seductor.

“¿Por qué estas compañías quieren hacer películas o series? Primero porque hay una valoración pública sobre esto: si hacés películas, estás en la pomada (¡muy moderna me salió la expresión!). Después hay una conexión entre el consumidor y las marcas que es estrictamente emocional (como diría Duran Barba). Vos no sabés cuando ves un video a demanda si la transmisión de datos es mejor o peor”

-Estabas en Telefe cuando era de Telefónica, se vendió a Viacom International. ¿Qué cambió?

-Ahora me cruzo con Bob Esponja en los pasillos, Las Tortugas Ninjas y Charlotte Caniggia (todos personajes de fantasía). Para mí es alucinante trabajar con el equipo que trabajo porque es toda gente de contenido, tienen una cabeza gigante y están muy enfocados en los medios. Entienden la vida útil de un proyecto, te hacen ir muy al punto y, al mismo tiempo, los veo dispuestos a tomar riesgos y eso es alucinante cuando querés hacer películas. Estoy medio enamorado y muy cómodo. Por otro lado, es un cambio de universo y tuve que cambiar la cabeza. El cambio de compañía trajo un gran cambio cultural.

-¿Cómo conocen a la audiencia?

-Con el cine nosotros hacemos investigación. Usamos focus group, investigaciones de mercado más generales, hemos usado la herramienta de Ibope, les pedimos que pusieran algunos datos más para entender motivaciones, saber en qué momento la gente decide ir al cine. Es muy interesante porque empezás a entender la cabeza de la gente que dice voy a ver esta película y no otra. No para que las personas vean la película que suponen que quieren ver, porque eso sería un error, sino para ver cómo contamos la película que tenemos y a quién. Después hay toda un área que tiene Telefé de análisis de audiencia que usamos para cruzar el público que tiene una película con la audiencia en cada horario que tiene el canal. Eso lo hicimos en los últimos diez años porque nos parecía el recurso más útil para utilizar la información.

-¿Para qué se usan los datos que surgen de esas investigaciones?

-Para saber cuáles son los puntos débiles de la comunicación de una película, cuál es el ángulo más permeable.  Esto mucha gente no lo sabe, y piensa que un productor es un señor que llega con una valija con plata para hacer una película. Pero, la verdad es que cuando yo laburo en cine, las películas no las pago yo. Las pagan inversores, mi empleador, pero yo no.

-En general participa bastante gente

– Porque estamos en la Argentina y hay que sumar para levantar una película. Además, nosotros hacemos un tipo de producto que, en general, tiene riesgo. Los fondos públicos representan menos del 40% del costo de esa película. El 60% es plata puesta en la calle con riesgo puro y nuestro laburo es minimizar ese riesgo. Parte de la investigación tiene que ver con eso. Nadie puede venir y garantizarte un éxito. Nosotros lo que podemos hacer es huir lo más rápido posible del fracaso y esconderlo si aparece.

“Hay toda un área que tiene Telefé de análisis de audiencia que usamos para cruzar el público que tiene una película con la audiencia en cada horario que tiene el canal. Eso lo hicimos en los últimos diez años porque nos parecía el recurso más útil para utilizar la información”

-Hay algunas versiones sobre el público argentino como que elige la película en la sala y que busca comedias y tiene poca oferta. ¿Qué hay de cierto y qué de mito?

-Si la gente fuera consecuente con lo que dice en público, genuinamente los canales de documentales tendrían rating altísimo y nadie consumiría pornografía. Los números son muy distintos. Hay una distancia entre lo socialmente aceptado y lo que la gente hace en la intimidad. La gente en la casa ve mucho a Adam Sandler y Netflix te lo dice (no da cifras generales, pero de vez en cuando tira algunos datos). Y renovó un paquete enorme de películas con él. Ahora vos parás gente en la calle y le preguntás cuánto hace que fue al cine a ver una película con ese actor y te van a contestar que nunca o que la última vez fue hace diez años. Cuando hacés una investigación de mercado sobre cine argentino post Relatos Salvajes, el cine nacional es lo más. Ahora, si la hacés un año que no hubo ningún súper éxito, las respuestas son más naturales y a veces gusta y otras no. Volviendo a estos mitos o no de consumo, a nosotros en la investigación nos daba que la gente elige la película en la boletería o en la página web del cine. Pero, para mí es una explicación a medias. La explicación es que el público que compra en el cine es el que más ve cine. Es el público que vuelve. El pendiente de los afiches, del tráiler. Tu base de público. La diferencia de venta de entradas tiene que ver con una franja de público que no va siempre, ese que lo toma como un evento. Le gusta el cine, pero no es cinéfilo. ¿Dónde hay tensión? Este público estable no es el que compra pochoclo y gaseosa que es el negocio más rentable para el exhibidor. Representa en la Argentina menos del 40% del negocio, pero con una rentabilidad del 300%. La película francesa no te vende pochoclo. En Estados Unidos existe para este consumidor el frappuccino, que es el mismo negocio que el pochoclo, pero para otro target de edad y nivel social.

-¿Hay más espectadores festivaleros?

– Es una franja de público que está muy activa durante los festivales y después, durante el año, se achancha más. La Argentina tiene la misma cantidad de estudiantes de cine que Francia. Pero, obviamente, el consumo y la producción de cine en Francia es mucho mayor. Por lo cual hay un problema (un cuello de botella). Con esto no digo que tiene que haber menos estudiantes de cine, pero a veces, te preguntás que pasará después. Hay una fantasía de que hago cine porque tengo algo para contar y el ser humano siempre tiene algo para contar, pero no tiene por qué convertirse en una película, que necesita este elemento industrial del cine como trabajo colectivo. David Fincher decía que él no creía en la teoría del autor porque es un trabajo tan colectivo que resulta muy difícil saber de dónde salen las buenas ideas y yo también lo siento. Por supuesto que creo en el director como aquel que lleva la obra adelante.

“La Argentina tiene la misma cantidad de estudiantes de cine que Francia. Pero, obviamente, el consumo y la producción de cine en Francia es mucho mayor. Por lo cual hay un problema (un cuello de botella)”

-Hace unos meses, algunos actores salieron a denunciar el desfinanciamiento del cine. ¿Qué pasó?

-Creo que es la punta del iceberg y lo que representa es un cuadro de ansiedad. No sé cómo sigue, quiero saber cómo sigue y las señales que veo no me terminan de satisfacer demasiado. Si nosotros miramos el macro de consumo de cine en todo el mundo, nos tenemos que plantear cómo se hace para seguir haciendo películas en países órbita. Nosotros no somos Francia que son un gigante de consumo y producción, ni India de producción.  La otra pregunta es cómo hacemos frente a los cambios tecnológicos y de consumo. Nosotros tenemos en la Argentina una ley de avanzada, pero de 1995. Esta ley rigió nuestro destino un período muy largo, pero en algunos aspectos está desactualizada. Es una ley que contempla distribución a la televisión después de dos años en salas. A lo mejor, eso cuando creó tenía un sentido, hoy no porque esas ventanas se achicaron. Incluso hubo que hacer resoluciones para solucionar temas de cómo estaba redactada la ley porque contemplaba 35 milímetros como el paso superior de proyección y hoy es todo digital. Tuvieron que aclarar que era 35 milímetros o superior. Uno de los tantos déficits de la ley es que considera que una película argentina tiene que estar rodada en castellano y no podés hacer películas con quienes hay acuerdos de producción, como Francia, Canadá, China, Alemania, Brasil y en un mundo global. En otra instancia, la ley dice una cosa que no se ha cumplido en los últimos 20 años y es que los créditos y subsidios se tienen que tramitar a través de entidades bancarias. El gran riesgo que tiene cualquier persona que sea presidente del INCAA es que con el mecanismo de dar el subsidio directo, mediante el instituto, incumple los deberes de funcionario público y es absolutamente judicializable la posición esa.  La decisión por parte del INCAA de terminar con esto para cumplir con la propia ley implica un cambio de foto. Esa modificación en el proceso a la gente involucrada la puso muy nerviosa.

-Vos decís que la ley necesita cambios, pero cada vez que se habla de cambiarla también hay reacción

-Porque se tiene miedo de que aparezca algo peor. Es problemático. En España, por ejemplo, las modificaciones al esquema de fondos públicos para audiovisual han sido malas.

-La ley garantiza un dinero, pero después hay que ver cómo se usa ese dinero

-Yo quiero que exista esa discusión porque en el estado en que estamos no podés acercarte al tema adultamente. Hoy hacer películas cuesta más de lo que estamos diciendo. Si vos reconocés que éste es un país con inflación y con un costo sindical superior al de la región, tenés que subir el costo medio. Eso lo que hace es reducir la caja. Si vos tenés un sistema de aprobación en comisión de proyectos a ventanilla libre es contradictorio con el hecho de que la plata es finita. ¿Va a quebrar el INCAA? No, pero se puede incumplir con el presupuesto anual y abrirse todo un frente de cuestionamientos. El principal problema de base no tiene que ver con la ley, sino con que en la Argentina existe una sola fuente de fondos públicos que tiene que ver con la producción de cine y parte del audiovisual. La mayor parte de los países tienen sistemas de ayudas públicas a la producción audiovisual y no estoy hablando de países del tercer mundo, sino de Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos.

“Tenemos que tener un modelo de beneficio fiscal, una ley de mecenazgo (que no la tenemos), un modelo de preventa de derechos y hay que priorizar el recorrido internacional de las películas locales. Es muy probable que tengamos que hablar de menos películas, pero al mismo tiempo, tenemos que trabajar la idea de la responsabilidad frente al fondo público”

-¿Qué modelo tiene que tener la Argentina?

-Tenemos que tener un modelo de beneficio fiscal, una ley de mecenazgo (que no la tenemos), un modelo de preventa de derechos y hay que priorizar el recorrido internacional de las películas locales. Es muy probable que tengamos que hablar de menos películas, pero al mismo tiempo, tenemos que hacer un trabajo muy profundo adentro del sector para trabajar la idea de la responsabilidad frente al fondo público. Esta es una charla que demos tener todos, no sólo el sector público o el privado, sino todos los actores del ecosistema.