Tecnología 06/05/2018

Ariel Torres: “Si no estudiás un poco de código sos un usuario de Internet pero no un ciudadano digital”

Por José Crettaz

Tercera guerra mundial informática, rebelión de las máquinas, regulación de los algoritmos, las distopías de Black Mirror y mucho más en esta charla con el autor de Hackearán tu mente

Durante muchos años trabajé al lado de Ariel Torres, editor de tecnología del diario La Nación, estudió Letras pero es experto en máquinas. Por algún tiempo tuvimos nuestros escritorios enfrentados en la redacción del diario en Vicente López. Él fue mi editor, y yo fui el suyo (algo que me da un poco de pudor). En esta entrevista para #TMTconversaciones, con la excusa de hablar de su libro Hackearán tu mente, intenté recrear los temas y el clima de las charlas que teníamos en la redacción por encima de nuestras respectivas pantallas.

-¿Y cómo llega alguien que estudió letras a hablar todos los días de tecnología, siglas raras, códigos y software?
-La verdad que a mí esos límites me irritan, es verdad, yo traduje el Edipo Rey, de Sófocles, entero, del griego clásico al español cuando estaba en la facultad porque las versiones que había en las librerías eran densas y pesadas. Con todo derecho, yo estudié Filosofía y Letras y tengo un perfil muy humanista, pero me fascina la tecnología y en la Constitución no dice nada acerca de que un tipo que estudió Letras no pueda estudiar arquitectura, microprocesadores o escribir código, porque también escribo código. No soy un profesional, la pata matemática la tengo floja porque me quedó lo que estudié en sexto año lo que se llama cálculo, análisis matemático, pero la verdad que si me preguntás ahora es mucho más difícil el griego clásico que el lenguaje c, y no está mal, la verdad es que es pura curiosidad.

Y además, llegué muy temprano a las computadoras en mi vida. Mi viejo trajo una de las primeras grandes computadoras de los sesenta, en 1967, una máquina que era para funcionar de interfaz entre el operario y las linotipos. Las linotipos fundían plomo en el momento -en la industria de los diarios-, en el diario La Prensa, y a él le parecía una locura que la gente que trabajaba con linotipos estuviera respirando plomo y se enfermaran de saturnismo. De hecho tenían una jornada muy corta, tomaban como tres vasos de leche por día y muchos morían jóvenes, hay que decirlo. Mi viejo fue a hablarlo con el director y le dio luz verde para traer una máquina que funcionara como una especie de interfaz entre el tipo que escribía y la linotipo para que no siguieran respirando plomo.

Esa máquina era grande como una heladera de frigorífico, tenía 4k de memoria, o sea un millón de veces menos de lo que tiene mi celular ahora. No tenía pantalla, no tenía teclado, emitía una cinta amarilla, toda acerosa, recuerdo el tacto. Mi viejo la leía y no estaba escrita en español, recuerdo los manuales en lenguaje de máquina, era una cosa muy primitiva. Se llamaba Carola, que era la perra de la suegra de mi viejo, era una perra maldita que hacía lo que quería y esta era lo mismo, una computadora muy primitiva que hacía lo que se le diera la gana. Mi viejo tenía que salir corriendo al diario cada dos por tres, y yo iba con él a la noche.

-Ese fue tu primer contacto con las computadoras.
-Claro, vos pensá que era una etapa muy temprana, a los seis años, en un año donde las computadoras salían en las películas y hay algunos conceptos que se me fijaron siendo muy chico. En cierta forma yo soy un millennial de 57 años, porque ¿qué es un millennial? Es un chico que se acostumbró a conceptos como smartphone, como programación, App. Yo lo vi a mi viejo programarla, entendí que esa máquina era programable. Las computadoras son las primeras herramientas programables en la historia del ser humano, excepto por ahí por una pianola, ese tipo de cosas que eran muy primitivas.

Lo que tienen estas máquinas de loco, como este teléfono, es que sin un sistema operativo serían un montón de plástico, silicio y cobre. Recién cuando la programás sirve para algo.

“En cierta forma yo soy un millennial de 57 años, porque ¿qué es un millennial? Es un chico que se acostumbró a conceptos como smartphone, como programación, App. Yo lo vi a mi viejo programarla, entendí que esa máquina era programable, las computadoras son las primeras herramientas programables en la historia del ser humano”

-¿No le tenés miedo a la rebelión de las máquinas?
-No, la verdad que no. Tenemos un tema entre las máquinas y que las máquinas efectivamente se rebelen, es el problema de la conciencia, que es otro tema cuando vos estás muy especializado en tecnología y no te formaste en psicología, en humanismo…

-Te iba a decir ¿nos vuelve a llevar a la filosofía?
-Por supuesto, qué es la conciencia, bueno, no lo sabemos. De modo que, en principio, no lo podríamos programar, pero hay un problema más, y este es un problema de orden lógico, si vos programas, simulás conciencia, esa conciencia es solo una simulación, no vas a ser completamente consciente, ahora, si esa conciencia de tan bien simulada llega a ser consciente, deja de ser una simulación. Hasta que las máquinas no sean conscientes de sí, y tomen decisiones por sí, esto de que se vuelvan terminators y vengan por nosotros…

-¿El miedo de Elon Musk, no?
-Por ejemplo, sí. Él dice que nosotros somos el disco de inicio orgánico de una civilización mecánica. Está también en Stanislav Lem, estas ideas, en Ciberíada, en El invencible, está muy presente en este escritor de ciencia ficción polaco, lo ha advertido también Bill Gates en su momento. En realidad creo que hay otro problema en tanto máquinas pensantes, y es que las máquinas empiecen a tomar decisiones, y que esas decisiones estén mal.

Hace dos o tres años, el sistema de inteligencia artificial de Google para identificar fotos le puso gorilas a dos personas de color, negros, como se les dice, para usar un eufemismo, le puso “gorilas”. Y toda la crisis financiera de 2008, de la que todavía se están pagando los platos rotos, se produjo porque los sistemas de inteligencia artificial para darle crédito a la gente habían sido programados de manera excesivamente optimistas, y de pronto le terminaron dando el crédito a gente que no tenía dinero para pagar el boleto del colectivo para ir a pagar el crédito.

A mí no me preocupa tanto que las máquinas digan “saben qué, vamos a erradicar la humanidad”, ¿por que lo harían? Supongamos que una máquina dice “Ok, yo soy una máquina” ¿se enojará con el tipo que la fabricó o la tratará como a un Dios?. Otro tema que aparece en Stanislav Lem, en Vacío perfecto, en uno de sus cuentos. En todo caso, lo que me preocupa más, es que las máquinas tomando decisiones por ahí se manden una macana muy grande. Vos pensá que Google Maps por lo menos se ha cobrado una vida, en Río de Janeiro, una señora extranjera, siguió las direcciones de Google Maps, la metió en una favela, donde había un tiroteo entre bandas narcos, y terminó muerta. ¿De quién es la culpa ahí?

“¿Qué es la conciencia? No lo sabemos. De modo que, en principio, no la podríamos programar. Pero hay un problema más, y este es un problema de orden lógico, si vos programas, simulás conciencia, esa conciencia es solo una simulación, no vas a ser completamente consciente, ahora, si esa conciencia de tan bien simulada llega a ser consciente, deja de ser una simulación”

-Lo cual nos lleva al tema de tu último libro Hackearán tu mente, que es más fácil decís vos hackear una persona que un sistema ¿por qué?
-Es efectivamente así, los sistemas son muy vulnerables. Tienen vulnerabilidades muchas veces no conocidas por las compañías pero que son descubiertas por los piratas y se llaman vulnerabilidades de día cero, pero hace falta un montón de trabajo, para entrar por esas vulnerabilidades.

-Y además, los sistemas son cada vez más sofisticados y tratan de resolver esas vulnerabilidades.
-Pero hay un dato que es muy fuerte, y que está en el libro, y es que el 91% de los ataques informáticos parten de un ataque hacia la mente de la persona, no hacia la máquina. Después entrás en la máquina y adentro de la máquina se hackea. Por ejemplo, en el segundo o tercer capítulo del libro se cuenta cómo hackearon la compañía mejor blindada de la tierra. Entraron mediante un individuo que estaba disconforme con su trabajo. Hubo un trabajo de inteligencia previo increíble sobre la persona, que terminó -no quiero expoliar el libro- dándole doble clic a un Excel que estaba infectado y explotaba dos vulnerabilidades, una en Excel y otra en Flash, y terminaron metiéndose en la compañía mejor blindada de la tierra. Con un virus de guerra lograron llevarse información que le podría haber permitido a una nación enemiga, rival de los Estados Unidos, por ejemplo, llevarse secretos militares de aviones de avanzada, etc. Es muchos más fácil hoy mandar un virus a destruir una planta que mandar un bombardero.

“El 91% de los ataques informáticos parten de un ataque hacia la mente de la persona, no hacia la máquina. Después entrás en la máquina y adentro de la máquina se hackea”

-Ahora vamos a hablar de las nuevas guerras. A mi me llamó la atención cuando te escuché alguna vez comentando el libro y subrayabas esto que marcabas sobre las vulnerabilidades de las personas: es más fácil hackear a las personas a través de su vulnerabilidad que suelen ser sus sentimientos
-Son sus sentimientos, como dice (Daniel) López Rosetti, en su último libro que está muy bien. La primera reacción que vos tenés siempre es emocional, si no seríamos robots, seríamos el Señor Spok, que no siempre es totalmente racional.

-Por eso mucha gente siempre cae en esas promesas de hacerse millonario haciendo clic en un link…
-Eso y la escala. Por supuesto que habrá 30 millones de tipos que no van a caer, pero donde caigan 30.000 y le saquen 500 dólares a cada uno, cuando lo hacen a escala funciona. Ahora, como nosotros siempre tenemos una primera respuesta emocional y algún cable suelto, un punto débil, y en mi caso, por ejemplo, uno de los puntos débiles en los que tengo que estar cuidándome siempre son las mascotas. Me aparece una señora que me dice por favor retuiteame esto, y yo le pregunto “pero este celular ¿vos conocés a la persona?”. Me dice que no, que “lo vi en un grupo de Whatsapp”, luego pregunta en el grupo y le contestan “no, lo vi en otro grupo de Whatsapp”, y al final alguien lo lanzó en Twitter y en realidad le están reventando la línea al tipo. Es un ataque de negación de servicio distribuido contra una línea de teléfono.

Todos tenemos un punto débil, entonces el libro es, mediante relatos, una serie de historias que a vos te van a ir metiendo en la cabeza una disciplina. ¿Por qué? Porque hace 30 años que nos rompemos las cabezas los que estamos en seguridad informática, cómo puede ser que desde ministros y presidentes, CEO de compañías y hasta personas de a pie, no pueden respetar las reglas básicas de seguridad informática. Porque les faltaba narrativa.

El libro es narrativa, son cuentos, son historias reales, el virus más destructivo de la historia, por ejemplo, y cuando llegás al final te das cuenta -el final es muy sorpresivo- de que fuiste incorporando esas buenas prácticas. La próxima vez que la carnada sea demasiado buena, lo vas a pensar dos veces. Yo te lo digo ahora y vos vas a decir Ariel Torres tiene razón, pero vos no lo incorporaste. Hay que leer este libro o cualquier otro, mañana alguien puede hacer un libro igual, pero el libro (Hackearán tu mente) lo que hace es mediante historias decirte la próxima vez que te caiga algo, vas a decir “apa”, porque está paso por paso.

“Nosotros siempre tenemos una primera respuesta emocional y algún cable suelto, un punto débil, y en mi caso, por ejemplo, uno de los puntos débiles en los que tengo que estar cuidándome siempre son las mascotas”

-¿El riesgo de todo eso no es volverse paranoico?
-Yo te voy a dar un ejemplo, y se lo decía la otra vez a Hugo Alconada Mon [periodista de La Nación] en un reportaje, supongamos que vamos en tu coche, vos tenés un Audi, vas a 190 o 200 km/h en la Panamericana. Tenés el cinturón de seguridad puesto, el auto tiene airbag, ABS y todo eso, pero vos estás completamente ebrio, casi no podés ver… Si yo te digo “che ¿no te parece que es un poco riesgoso?”, ¿vos me dirías que soy paranoico? No.

Estamos manejando la computadora a 190 km/h, con el antivirus, el cinturón de seguridad, un sistema operativo parcheado, el firewall, pero estamos completamente ebrios. ¿Qué es estar ebrios? Dejarnos llevar por las emociones, como si el banco que vemos en la pantalla fuera un banco real, esto es reacción emocional, porque para los que estamos en estos temas todo lo que sale ahí, en la pantalla es una ilusión.

Es otra de las lecciones del libro: no es paranoia, es simple sentido común, ocurre que entre que aparecieron las computadores e Internet y hoy, han pasado más o menos 35 años de Internet y 40 años de la Apple 2. Pero en términos de avances tecnológicos pasaron 500. La culpa no es de las personas por no seguir normas de seguridad informática, es que no hemos sabido comunicarlas bien. Las personas siguen viviendo en un mundo que ya no existe más, donde el banco que hay en la pantalla no es un banco real, es solo una imagen y un poco de hardscript. La podés emular en media hora y nadie va a mirar arriba si la dirección es la correcta, porque está asustada, porque le dijeron que había un error con su cuenta, justo tenía una deuda, tiene un chico enfermo, te dicen que descubrieron una nueva droga contra el Alzheimer, y vos tenés un pariente enfermo…

“La culpa no es de las personas por no seguir normas de seguridad informática, es que no hemos sabido comunicarlas bien. Las personas siguen viviendo en un mundo que ya no existe más, donde el banco que hay en la pantalla no es un banco real, es solo una imagen y un poco de hardscript

-De nuevo, la esperanza, el miedo, la confianza… el amor
-La codicia, el miedo, me lo explicaba López Rosetti. Una de las reacciones primarias es el miedo porque es un gran reaseguro. El miedo hace que vos digas y no, yo no me voy a agarrar a trompadas con (Mike) Tyson, me daría miedo. El miedo, la huída, pelear o huir, una reacción absolutamente irracional y primaria frente a una amenaza. Y después están el amor y el altruismo. Son todas etapas que ha ido superando de alguna manera la civilización, pero el miedo sigue estando ahí, yo debería tener como 200 cadenas perpetuas en mi vida por la cantidad de veces que se me han acusado por algo, el logo del FBI, el número de legajo, la firma del juez, y la primera vez te pegás un julepe bárbaro, y estás a punto de hacer click, después decís “¿a qué narco le avisan por mail?”. No, en serio, pregunto porque el narco no va a reaccionar con el miedo de una persona decente, el narco no se asusta.

-¿Estamos en una III Guerra Mundial Informática?
-Yo la otra vez publiqué que quizá ya empezó. ¿Pero por qué? Así parece un título vacío.

-Ni que fuéramos dos periodistas charlando
-Pero no, pasó algo, por primera vez lograron intervenir en los sistemas de seguridad de una fábrica, en una línea de producción, la atacaron y lograron detenerla porque de alguna manera funcionaron los sistemas de seguridad pero directamente los podrían haber cancelado y la planta podría haberse roto. Los robots los descubrieron dos argentinos que trabajan para una empresa norteamericana de seguridad. Todos los robots, los domésticos y los industriales, pueden ser hackeados, pueden hacer que el robot mueva un cuarto de centímetro la herramienta que está usando, y causa un desastre o puede matar a alguien. Lo que yo estoy diciendo es que nosotros estamos acostumbrados a que las guerras mundiales son como la I y II, la próxima yo creo que no va a ser así. Creo que va a ser lenta, persistente, que ya está en curso.

-Sin tiros
-Lo que va haber es el daño a infraestructura. Hoy gran parte de la infraestructura en el Primer Mundo, por así decir, no en la Argentina, y esa es una ventaja en cierta forma. Pero cada vez más y acá también. Por ejemplo, ese enorme cartel que hay en la 9 de Julio con el aviso de una bebida gaseosa muy conocida es básicamente un montón de servidores. Si yo intervengo eso puedo hacer que aparezca lo que se me dé la gana y es un cartel muy visible. Entonces, lo que yo propuse en una nota es que también deberíamos cambiar el concepto de la guerra. Porque ha cambiado el concepto del entretenimiento, de cómo se distribuye la música, cómo nos educamos y trabajamos, cómo nos relacionamos y conseguimos pareja, cómo mantenemos nuestras amistades y llevamos adelante este proyecto. La redacción de hoy no tiene nada que ver con el mundo de antes ¿por qué no van a cambiar las guerras también?

“Todos los robots, los domésticos y los industriales, pueden ser hackeados, pueden hacer que el robot mueva un cuarto de centímetro la herramienta que está usando, y causa un desastre o puede matar a alguien”

-Esos famosos códigos de tratamiento entre los enemigos, que fueron generándose con el correr de las sucesivas guerras ¿habría que replantearlos?
-Si a caso siguen existiendo. El Washington Post reveló en su momento que Estados Unidos e Israel habían producido el Stuxnet. Ellos nunca lo reconocieron, obvio, no habrá ni se espera ver a un gobierno que diga “sí, yo mandé el bombardero”. No en esta clase de guerra, ese virus es extraordinariamente sofisticado, no se sabe cómo entró, es probable que haya entrado mediante un pendrive, alcanzaba con conectarlo a la máquina, es un virus realmente poderoso, y terminó destruyendo las centrífugas del complejo de refinamiento de uranio del programa nuclear iraní.

Es mucho más barato eso, más allá de que se calcula que costó y si mi memoria no me falla, está en el libro, unos 5 millones de dólares. Es mucho más barato eso que mandar siete B52 y bombardear toda la zona, con el daño colateral, además. Acá lo que único que hicieron fue destruir la centrífuga, y con esto cancelaron el programa durante un tiempo.

-¿Y quiénes son los protagonistas de estas guerras porque también estamos acostumbrados a las guerras entre los estados o cuasi estados o algunos insurgentes porque acá pueden surgir nuevos actores también?
-En rigor, en estos momentos no hay novedades en ese sentido. Lo que uno más ve son China, Rusia, Estados Unidos y Corea del Norte, uno casi podría hacer un paralelo entre cuán grande es tu arsenal nuclear o tu intención de usarlo, porque estoy seguro de que Corea del Norte no tiene un gran arsenal nuclear, pero tiene la intención de usarlo. O por ejemplo la India, que tiene un arsenal nuclear y tiene programadores extraordinarios. A mí no me cabe duda de que estos mismos países que podrían haber entrado en una guerra nuclear, están hoy en una guerra electrónica, y no de ahora, esto lleva años. También tenés países como Estonia, muy chiquitos y digitalizados, donde se vota por internet, cosa que a mí me parece una locura -ya le hackearon una votación a todo esto-, es un país que se reinició cuando la pata soviética se le salió de encima. Tiraron todas las leyes, arrancaron de cero, crearon una economía y una moneda nueva, un conjunto muy chiquito y efectivo de leyes, y están muy digitalizados. Yo no tengo ninguna prueba pero estoy seguro de que ese país, puede ser en términos de una guerra electrónica muy poderoso.

Ahora, como en toda guerra ¿qué es lo que más se necesita para ganar, aparte de buenos estrategas? ¿Qué se necesita? Plata, mucha plata. Entonces esto se llama amenazas persistentes avanzadas ¿Y qué significa? Que la amenaza es muy elaborada en términos técnicos pero que además se mantiene en el tiempo, y para mantener esto en el tiempo se necesita mucho dinero. Entonces te ponés a pensar en Estonia y quizá no tenga tanto efectivo para poner en esto como lo pueden tener Rusia, China o Estados Unidos.

“A mí no me cabe duda de que estos mismos países que podrían haber entrado en una guerra nuclear, están hoy en una guerra electrónica, y no de ahora, esto lleva años. Y hay países pequeños, como Estonia, pero muy digitalizados que también podrían ser muy poderosos en una guerra electrónica”

-¿El Estado debería regular el funcionamiento de los algoritmos como empieza a mencionarse a partir del poder que tiene Google, Facebook y otras plataformas?
-En rigor, puesta en contexto, la frase carece de sentido, esto es como decir ¿puede el Gobierno regular la felicidad? No la puede regular, lo digo por lo siguiente. Me parece un pensamiento que va por un camino contrario al mundo hacia el que vamos, que tiene una serie de ventajas muy grandes y tenemos unos logros extraordinarios. Hoy la libertad de expresión es un hecho, no como antes, y el anonimato, que algunos usan para el mal, se puede usar para denunciar a una mafia sin terminar con un tiro en el zanjón. Ahora, volviendo a los algoritmos ¿qué es un algoritmo?

-Pero, por ejemplo, hay quienes dicen que Facebook influyó en la campaña norteamericana o en la situación catalana…
-Perfecto ¿y qué harías?…

-No, esos mismos están diciendo “hay que regular ahí que abran el código…”
-Cuando mirás quiénes están diciendo esto son las personas que no programan, este es otro de los grandes problemas. Estamos viviendo en un mundo donde la gente opina, y eventualmente legisla, o regula, y son personas que no saben programar.

-Analfabetos digitales, en alguna medida
-Pero por supuesto ¿qué es un algoritmo? Vuelvo a la pregunta, una serie de pasos que muchas veces incluye programación y matemática ordenada y que resuelve un problema. ¿Cómo lo vas a regular? Vas a poner a un interventor del Estado que sepa de código y que se va a sentar al lado de tipos que le llevan ocho millones de años de inteligencia para cambiar qué… ¿Sabés cuánto tiempo tardaría en salir una actualización de Facebook si hiciéramos esto?

-Se frenaría la innovación….
-Sesenta años. No solo se frenaría la innovación, es cierto, quizá corregiríamos algunos problemas, pero ¿cuáles son justamente los problemas? ¿que una campaña de los rusos influyó sobre las elecciones de los estadounidenses? Bueno, bienvenidos al mundo real, porque esto es lo que deberían haber corregido, vigilado, no Facebook.
Le ponen una carga y vos sabés bien que a mí no me simpatiza Facebook como plataforma, porque me parece que la gente deja ahí un montón de información personal, muy privada, sin darse cuenta que Facebook no es lo que Facebook parece ser. No estoy defendiendo a Facebook ni a Google, ni de cerca, de hecho soy muy crítico de ambos.
Ahora no se le puede cargar a ellos la culpa de que el Estado no haya vigilado lo que su principal rival hace cuando estamos en el mundo de Internet. Esto es como que no hagan más campañas en las redes sociales los políticos. Yo le he visto en la última campaña, iba por la Panamericana y veía los carteles y decía “esto tiene 100 años, huele a naftalina”, mientras en las redes sociales esto va a mil millones de kilómetros por hora.
Entonces, si mañana apareciera un algoritmo que efectivamente es peligroso para las personas, en el sentido que se le puede decir a una compañía “no hagan esto” y hacer como hacen en la Unión Europea, ponerles una multa enorme por abuso. Ahí sí, yo estoy de acuerdo. Pero regular un algoritmo, no tiene ningún sentido porque los que regulan no entienden de algoritmos.

“¿Qué es un algoritmo? Una serie de pasos que muchas veces incluye programación y matemática ordenada y que resuelve un problema. ¿Cómo lo vas a regular? Vas a poner a un interventor del Estado que sepa de código y que se va a sentar al lado de tipos que le llevan ocho millones de años de inteligencia para cambiar qué…”

-¿Y para que entiendan, habría que enseñar programación en las escuelas?
-Lo vengo diciendo desde hace 30 años cuando lo vi a (Antonio) Battro que es un pionero en todo esto, enseñar a los chicos…

-Pero no es enseñar a usar un programa específico de procesador de textos o planillas de cálculo.
-Eso no es enseñar, eso es ser usuario. Aprender a escribir código no es nada difícil. El tipo que no sabe nada en diez o quince días puede empezar a escribir. Es como aprender un idioma, mucho más fácil que el francés e incluso más fácil que el inglés, que de por sí es fácil. Infinitamente más fácil que el chino, que es tremendamente difícil. Lo que yo digo es que si no estudiás un poco de código, sos un usuario de internet y de las máquinas, no sos un ciudadano digital porque no sabés cómo funciona de atrás cuando yo veo cómo funciona un programa de afuera, digo, me imagino cómo lo hizo, de adentro. Y eso te cambia todo, pero no puedo regular algoritmo porque es como regular la felicidad, como regular el clima.

-Algunos países están incluyendo algunos contenidos de programación en el área de matemáticas ¿ese puede ser un camino?
-Mirá, se ha hecho una gran bola con todo esto creo que básicamente por ignorancia, porque se dice programar y suena a que solo una elite ultra preparada y solamente con coeficientes intelectuales de 15 mil lo pueden hacer. Yo no tengo un coeficiente muy alto y el día que a los 15 años me llegó a mis manos un HPC65 me puse a programar en el Basic de HP para machetearme los exámenes de física y matemática porque no me acordaba las fórmulas. Yo tengo muy mala memoria.

-Era más sofisticado tu machete que lo que tenías que estudiar
-Pero claro que sí, pero nos prohibían hacer esto. Maestros de la década del 70 nos hacían parar con una calculadora en alto en un rito totalmente medieval para verificar que el display estuviera apagado. La diferencia con HPC 65 es que tenía una especie de disket como una cintita y cuando ya había visto mi calculadora, hacía wiiip y obviamente había pasado mi cintita. Mi calculadora se volvió la más popular de la clase. Y mi primer actividad en esto fue la distribución de software clandestino, pero lo importante de esto es que yo estaba aprendiendo una destreza que iba a ser fundamental quince o veinte años después y no fue tan difícil, era un lenguaje muy primitivo, pero lo que digo es que están haciendo una gran bola con esto porque a los chicos les encanta programar si les enseñás, y además es adictivo, por eso digo que para cualquier persona que aprende a programar, de golpe dice ¿y cómo resuelvo esto?

Y te quedás pensando, es muy bueno eso porque te enseña a programar ordenado. Alguien me decía la otra vez por Twitter que esto también se puede hacer mediante la filosofía. Dos cosas, lo dije en la nota, si leés el discurso del método de Descartes, o estudiás filosofía vas a aprender a pensar ordenadamente. Lo que digo es que a un chico de seis o siete años, no podés poner a leer a Descartes. No hablemos pavadas. En cambio a programar, con Scratch, que es todo muy gráfico, y de pronto el chico ve que unió unos bloques de pensamiento y logró que la computadora haga algo, sí. Eso te enseña dos cosas, primero que la máquina se puede programar para hacer algo nuevo, y segundo que el que está en poder es él, el que está en control es él. Y esto es muy importante para no decir más pavadas después. Y es fácil.

Si me dijeras que le quiero enseñar al chico a hacer operaciones quirúrgicas de cerebro a los seis años, te digo que no. Pero programar no es difícil. Entonces, por qué no poner una materia en la que solo sea programar. Como hacía Battro hace más de 30 años. Le hice un reportaje en el 86, 87 u 88, no recuerdo bien, y él enseñaba con el logo a la tortuguita a moverse, y yo vi chiquitos de seis o siete años felices. No entiendo por qué no lo quieren hacer, para mí es un simple prejuicio o ignorancia. No lo sé.

“Si no estudiás un poco de código, sos un usuario de internet pero no un ciudadano digital porque no sabés cómo funciona un programa de afuera. Y eso te cambia todo, pero no puedo regular algoritmo porque es como regular la felicidad, como regular el clima”

-¿La última, ves Black Mirror?
-Vi algunas.

¿Tiene algo que ver con el futuro?
-Me parece el futuro en un sentido va a ser mejor y en otro peor. Es muy divertida pero es excesivamente distópica. ¿Por qué lo digo? Porque ya estamos viviendo en Black Mirror. Nosotros hemos visto cosas en los últimos diez años, que empalidecen lo que sucede en Black Mirror, y al mismo tiempo hemos tenido logros como civilización, que no están presentes nunca en Black Mirror, y para mí es un faltante.

Fue en 1948 cuando se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y el primer derecho que se menciona es el derecho a la libertad de expresión, y nunca antes lo habíamos podido ejercer más allá de tus amigos o sobre la pasta del domingo que discutías con tu cuñado que era del partido opuesto. No podías pararte en un banquito en la 9 de julio a decir tu verdad, hoy se pone en un blog o un canal de youtube y se tiene una audiencia potencial de 3650 millones de personas. Por eso hay tanto lío también con la libertad de expresión que ahora también se la quiere regular. De golpe ¿también está mal la libertad de expresión? Y es básica para las sociedades democráticas.

Me parece que Black Mirror peca de excesivamente distópica. Le estaría faltando la pata en que las computadoras e Internet han dado un empujón hacia adelante, hacia algunas ideas de derechos civiles que estuvieron cerca en algún momento de la historia reciente de quedar canceladas a nivel global. Hay que leer El Hombre en el Castillo de Philip K. Dick que se supone que la II Guerra Mundial la ganaron los alemanes y los japoneses, y uno ve que el mundo podría haber sido muy distinto del que tenemos. La sensación que me deja Black Mirror es que es divertido, que está todo bien, pero vamos a ver cosas peores, quizá de un lado, y cosas mucho mejores de las que estamos viendo hoy.