Telecomunicaciones 25/09/2018

Las tres capas de la brecha digital: dispositivos, conectividad y alfabetización

Los ingredientes de la verdadera grieta, la que separa a quienes acceden a la sociedad del conocimiento de quienes quedan excluidos

Las tres capas de la brecha digital: dispositivos, conectividad y alfabetización

En la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso este 2018, el presidente Mauricio Macri destacó, como ya lo había hecho en otras oportunidades y como haría frecuentemente después, el potencial de Internet para el desarrollo de los argentinos. Pero ese deseo todavía está lejos de la realidad.

Según cifras oficiales, uno de cada tres argentinos no está conectado a una red de banda ancha fija, y muchos de los que sí están conectados tienen una Internet de muy baja calidad que, además, es una de las más caras de la región (aunque la devaluación podría cambiar esas comparaciones). Y como si esto fuera poco, alrededor del 40% -hay quienes afirman que ese porcentaje es mayor- de los que sí acceden a Internet no saben usarla.

La distancia entre unos y otros, entre los que la han incorporado a sus vidas a tal punto de no imaginarse ya sin ella, y los que quedan afuera, en la desconexión, se denomina brecha digital. Una suerte de grieta tecnológica, acaso más traumática y disfuncional que la política, como la definió recientemente el periodista Carlos Reymundo Roberts en una extensa nota sobre el tema.

En el mundo hay unos 4500 millones de personas (dos tercios de la población) a las que no les llegan las nuevas tecnologías. La otra brecha se da entre quienes les sacan provecho y los que no saben usarlas. Este déficit, que hace estragos en la calidad de vida, tiene un nombre: analfabetismo digital.

“La nueva brecha digital, que tiene que ver sólo con acceder a Internet sino con saber usarla con cierta inteligencia, ya no corta a la sociedad por nivel socioeconómico sino que esta vez la corta en forma trasversal”, dijo Alejandro Artopoulos

En #TMTradio, Alejandro Artopoulos, sociólogo y director del laboratorio de Tecnologías del Aprendizaje en la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, explicó: “La brecha digital nació como una diferencia en el acceso al dispositivo: o tenés o no tenés una computadora. Con Internet, esa brecha no solamente fue de acceso al dispositivo sino que también de acceso a la conexión primero, y a la banda ancha después. Es diferente una persona que puede bajar mails de aquella persona que tiene banda ancha suficiente para ver una película en Netflix. Y ahora, hablamos de la segunda brecha digital, que tiene que ver con, además de poder acceder y manejar los servicios que nos brinda Internet, poder hacerlo con cierta inteligencia. ¿Por qué? Porque esos servicios son más complejos y requieren de ciertas habilidades. Esa segunda brecha digital ya no corta, habitualmente, por nivel socioeconómico, sino que esta vez corta en forma trasversal a la sociedad”.

Internet unitaria

En buena parte de la Argentina, comunidades enteras no tienen Internet, están tecnológicamente aisladas, y muchas otras reciben ese caudal a cuentagotas. Así lo explicó el consultor Enrique Carrier, de Carrier & Asoc., a #TMTradio: “Una de las cosas a considerar cuando uno habla de Argentina es que estamos hablando tal vez del octavo país en términos de extensión territorial pero que es el número 210° en densidad poblacional. Esto significa un gran territorio a cubrir con muy poca población. Entonces, evidentemente, se hace más difícil tener una conectividad pareja en todo el país, si uno lo compara tal vez con geografías y poblaciones más favorables. Entonces lo que hay a veces son servicios de un nivel aceptable, y en algunos casos muy aceptable, en las grandes ciudades -principalmente Buenos Aires y en algunas grandes capitales-, y después hay disparidad en cuanto a tecnologías y capacidades. Obviamente, hay zonas donde la conectividad es nula o prácticamente nula”.

“En algunos lugares, las pymes aportamos la fibra óptica que de otra forma los pueblos del interior nunca tendrían y que nos obliga a llegar con esfuerzo propio a las autopistas nacionales. Además, desde siempre damos conectividad a colegios e instituciones públicas”, afirmó Raúl Malisani

La exclusión no es sólo un drama de localidades del interior, alejadas de los grandes centros urbanos. Una encuesta de Microsoft entre 100 chicos de 15 a 18 años de la villa 31, de Retiro, reveló que ninguno de ellos tiene Internet en sus casas, salvo en sus celulares y si disponen de crédito. En este caso, la brecha se cuenta en metros: la banda ancha y el wifi aparecen en la avenida del Libertador.

En ese país extensísimo que puntualiza Carrier hay actores relevantes -las pymes y cooperativas- contribuyendo a cerrar al menos dos de las tres brechas: la de la conectividad y la de la educación. Así lo contó a #TMTradio Raúl Malisani, propietario de Cablenet, una pyme familiar con 160 km de fibra óptica propia une once localidades de cuatro departamentos del centro de la provincia de Santa Fe: “En algunos lugares, las pymes aportamos la fibra óptica que de otra forma los pueblos del interior nunca tendrían y que nos obliga a llegar con esfuerzo propio a las autopistas nacionales. Además, desde siempre las pymes colaboramos con colegios e instituciones públicas dando conectividad en nuestras comunidades”.

El celular -que según una encuesta de la UAI es usado más que computadoras por el 51% de los argentinos- aparece como la solución al acceso a dispositivos. Para Carrier, “ya no tiene mucho sentido hablar de brecha digital en términos de acceso a través de computadoras de escritorio o portátiles. Básicamente, lo que hay que lograr es que la gente esté conectada y está claro que eso se logrará con el celular. Sobre todo entre los sectores socioeconómicos menos favorecidos. Por eso, la red 4G va a ser un factor clave para reducir la brecha. Ya no hay que pensar en computadoras sino en dispositivos que permitan estar conectados y ese dispositivo hoy es el celular”.

Un futuro OCDE

En la Secretaría de Modernización tienen una contabilidad clara: sobre 12 millones de hogares que hay en Argentina, 8 millones están conectados a Internet. En la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la Argentina se comprometió a incorporar a Internet a dos millones de hogares antes de 2020. Para eso, la empresa estatal Arsat y su red federal de fibra óptica tiene que jugar un papel central. Y también los aportes del Fondo de Servicio Universal que el Enacom está destinando a financiar la conexión de aldeas alejadas y escuelas rurales mediante créditos blandos o aportes no reintegrables. Una política que se extendería a los barrios de emergencia en los grandes centros urbanos.

“Una ciudad que incluya digitalmente no es una simple smart city sino aquella ciudad que tiene smart citizens. Es decir, una ciudad que comprendió que debe desarrollar una economía de producción de bienes digitales”, opinó Henoch Aguiar

Entre los 8 millones de hogares que sí están conectados, unos 3,5 millones tienen una conexión muy lenta. Con un promedio de 6,3 megas promedio de conexión, la Argentina está a distancia sideral de países como Corea del Sur (que tiene 28,6 mega) o Japón (20,2). Pero también está por debajo de los vecinos Uruguay (9,5 megas) y Chile (9,3 megas).

Y claro, también está la brecha educativa digital, sobre la que todavía no tenemos siquiera un diagnóstico. Para Henoch Aguiar, director de Arsat y ex secretario de Comunicaciones, “una ciudad que incluya digitalmente no es una smart city sino aquella ciudad que tiene smart citizens. Es decir, una ciudad que comprendió que debe desarrollar una economía de producción de bienes digitales”. Para eso hay que trabajar profundamente sobre el sistema educativo.

¿De qué magnitud es la brecha digital educativa? Para Artopoulos, “el 70% de la población carece de las capacidades necesarias. ¿Por qué? Porque en su núcleo familiar, no tienen las competencias o el capital cultural para poder aprovechar Internet, y en la escuela no se lo enseñan tampoco. Entonces, eso es un tema bastante grave de la política educativa que hay que resolver”. Para empezar a resolver este problema hacen falta dos pasos fundamentales: lograr que los docentes sepan enseñar esas competencias, lo que implica un esfuerzo de formación de formadores; y que las escuelas tengan conexión para poder enseñarlas, y eso requiere velocidades de más de 200 megas por cada establecimiento.

“La red 4G va a ser un factor clave para reducir la brecha. Ya no hay que pensar en computadoras sino en dispositivos que permitan estar conectados y ese dispositivo hoy es el celular”, afirmó Enrique Carrier

 

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