Tecnología 29/04/2019

Reconocimiento facial, atelier tecno escolar y expediente digital, algunos de los ejes de Expo Smart City 2019

Por Roberto H. Iglesias

Por segunda vez se realizó -24 y 25 de abril- en Buenos Aires la Smart City Expo, uno de los eventos más importantes del mundo en tecnología para ciudades. Aquí, un resumen de lo más destacado

Reconocimiento facial, atelier tecno escolar y expediente digital, algunos de los ejes de Expo Smart City 2019

Al mismo tiempo que transcurría la muestra Smart City en la Ciudad de Buenos Aires, la policía de esa jurisdicción arrestaba en distintos puntos de la urbe a siete personas que tenían órdenes de captura por diversos delitos.

Las detenciones fueron posibles luego de la inauguración del sistema de reconocimiento facial aplicado a las cámaras de vigilancia de la Ciudad, con un software que garantiza un 93% de precisión.

Esta simultaneidad de episodios era más que una alegoría. Se trataba de un ejemplo práctico y despojado de toda abstracción acerca de lo que significa el funcionamiento concreto de lo que se ha dado en llamar “ciudad inteligente”.

Fue así que durante dos días, a fines del mes de abril, funcionarios de gobierno, directivos de compañías nacionales y extranjeras, emprendedores, académicos, expertos y público en general se dieron cita en la capital argentina en la edición 2019 de la Expo Smart City.

El evento fue organizado por Fira Barcelona —consorcio público-privado de actividad internacional y una de las mayores instituciones feriales del mundo—, en colaboración con el Ministerio de Educación e Innovación de la Ciudad de Buenos Aires.

No es casual tampoco que la ciudad catalana se involucre en esta temática: el Distrito 22@ de Barcelona es uno de los casos más exitosos en el área hispanoamericana de cluster de alta concentración tecnológica y de actividades promovidas. Más aún, la propia ciudad de Buenos Aires tomó este modelo como ejemplo para desarrollar el Distrito Tecnológico en Parque Patricios.

De la movilidad a la seguridad

Además de los consabidos stands de más de un centenar de empresas nacionales e internacionales que expusieron sus actividades y productos, hubo paneles de debate con más de 200 oradores y 9300 acreditados. Las temáticas abordadas fueron movilidad inteligente, sustentabilidad, inclusión y colaboración, transformación digital, aprendizaje y seguridad inteligente.

Más allá del hype del marketing —tanto el político como el económico— cabe preguntarse: ¿qué es una ciudad inteligente? El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) tiene una respuesta: son aquellas que incorporan Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en la gestión urbana, de modo que se facilite un gobierno eficiente sustentado en la planificación colaborativa y en la participación urbana.

Con estos conceptos, el slogan de la feria encuentra su justificación: “desarrollando talentos, creamos futuro”. Porque la tecnología es siempre un medio o instrumento, por más que a veces parezca incidir en forma determinística para condicionar la elección de los objetivos. Y es así que la tecnología debe ser el instrumento para el desarrollo del talento y de la inteligencia no sólo de las ciudades, sino de las personas.

Al fin de cuentas una ciudad nunca será más inteligente que las personas que la habiten: la tecnología no sólo incorporarse sino que también utilizarse y saber para qué se la emplea. Resolver esa ecuación despeja el camino hacia el futuro.

Tecnología para la educación digital

Uno de los paneles fue el de “Educación y Tecnología”, un tema siempre apasionante. Santiago Andrés, director general de Tecnología Educativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dijo que un chico que ingresa el sistema educativo ahora (primaria y secundaria) egresará en 2032, un mundo que ya será diferente al actual.

“Hace 10 años, las redes sociales o Instagram casi no existían”, ejemplificó Andrés. De todas formas, señaló que en esos mismos 10 años se ha efectuado un intenso trabajo de informatización de las escuelas de la ciudad: WiFi en todos los establecimientos, conexiones con fibra óptica y un “atelier digital” (con un equipo de tablet, cámara de video digital, etc), con el cual los chicos pueden trabajar.

Alfredo Eimer, presidente de Trans System NET

Alfredo Eimer es presidente de Trans System NET, un ejemplo de empresa mediana argentina -con 34 años en el mercado- que ha participado de algunos de estos desarrollos. “Es necesario generar una infraestructura”, sostuvo, ya que es el prerequisito para introducir cualquier innovación tecnológica.

Pero también aclara que “una vez que instalamos la infraestructura la forma en que se usa ya no es nuestra responsabilidad”. Esto puede interpretarse de dos maneras: el uso depende de sus diseñadores, o bien los usuarios deciden por su propia cuenta cuál termina siendo ese uso.

“En la medida que una red no se usa, decae. No se mantiene porque no tiene por qué mantenerse y no se obtiene el fruto por el cual fue proyectada. Ahora estamos en algo que Cisco llama business outcome: preocuparnos más por el resultado que por la norma. Porque el que hace las normas no es el que usa la red, es el tecnólogo. El que los usa no sabe de eso. Hace muy poco que la Argentina empezó a incorporar tecnología en la educación, unos cinco años más o menos. Hace dos años estamos empezando también en salud, que también es un ámbito nuevo para el uso de la tecnología. En el caso de la educación los docentes son un intermediario completo para producir cambios. En el caso de la salud, en cambio, los médicos son semidioses, que funcionan en forma autónoma y no en forma colectiva —salvo cuando se reúnen en congresos—, por diferentes razones”, analizó Eimer.

Ibarra: “Gobierno 100% digital”

El vicejefe de Gabinete y secretario de Gobierno de Modernización, Andrés Ibarra, dijo que el gobierno del futuro tiene que ser “100% digital”.  Para Ibarra, la implantación del modelo de ciudad inteligente en el país tiene dos ejes. El primer eje es Consejo Federal de Modernización e Innovación de la Gestión Pública, un mecanismo recientemente creado en el cual convergen la autoridades de modernización de distintas provincias.

El otro eje es el del programa País Digital que, “con la colaboración del Ministerio del Interior”, busca llevar los beneficios de la conectividad a las distintas ciudades del país. Dijo el funcionario que este plan brinda la posibilidad a cada municipio de incorporar sistemas de gestión electrónica y, portales de información pública.

El caballito de batalla de la modernización estatal está sin duda representado por el Sistema de Gestión Documental Electrónica (GDE), es decir, el expediente electrónico, que permitió suprimir el papel en las tramitaciones. Entre muchas otras, aquellas relacionadas con licencias y registros TIC: radio, TV o telecomunicaciones.

El sistema fue introducido en el Estado Nacional entre 2016/17. De 1.700.000 expedientes en aquel entonces se pasó a un número superior a los 11 millones para 2019, aseguran las autoridades de la cartera de Modernización.

Ibarra dijo que en los últimos años se han dado pasos importantes en cuanto a gobierno y datos abiertos y mencionó las plataformas  contratar.gob.ar y comprar.gob.ar, en las cuales se publica la información sobre las compras y licitaciones del Estado nacional.

Contrat.ar informa sobre las licitaciones de obras públicas, mientras que Compr.ar ofrece las de bienes y servicios. Cual usuario puede consultar pliegos, ofertas, detalles sobre montos, empresas ganadoras y otros detalles, con lo cual se transparenta el uso y destino de los fondos públicos.

Otras importantes iniciativas de la política de gobierno abierto son el Portal de Datos Abiertos (datos.gob.ar) donde se publican sueldos de los funcionarios, más de 50 mil declaraciones juradas y estadísticas varias.

Asimismo, este año se lanzó al aplicación MiArgentina que puede ser descargada a un celular. Hoy permite obtener el registro de conducir virtual —con idéntica validez que uno tradicional—, un código QR que puede exhibirse y ser escaneado en los controles de tránsito. Con el tiempo se agregarán otros servicios que terminarán conformando una “cartera digital”.

De acuerdo al secretario, la Organización de Gobierno Abierto Mundial ha situado para 2017 a la Argentina en el puesto 17, cuando en 2015 el país se encontraba en la posición 54.

Ibarra señaló que la velocidad promedio de Internet en el país pasó de 4.5 Mbps a los 16 Mbps en 2018 y que podrá llegara 20 Mbps a fines de 2019. Los puntos WiFi públicos, de virtualmente cero en 2015 pasaron a más de mil en el presente. Mientras tanto, la red de fibra óptica nacional “iluminada” de la empresa estatal ARSAT —que permite el abaratamiento de la transmisión de datos mayoristas de Internet— se elevó de 6.500 (2015) a 30.000 (2019) y llegará a 34.000 km a fin de año, con la siguiente cobertura en número de ciudades: 17 (2015), 800 (2019), 1300 (proyectado a fines de 2019).

El gobierno también señala la extensión de la cobertura de telefonía móvil 4G era de 16% de las localidades y de 76% de la población en 2015, mientras que al iniciarse 2019 llega al 79% de las localidades y el 93% de la población.

Estado del arte, autocelebración y riesgos

Las ferias y exposiciones son excelentes lugares para tomar el pulso del “estado del arte” del rubro correspondiente, en este caso la tecnología aplicada a las ciudades. Fabricantes y diseñadores de productos, así como expertos y consultores, se congregan en un mismo lugar para exhibir y compartir sus experiencias.

Lo que se ve en estas expos es muchas veces un adelanto del futuro al que hay que prestarle atención. Sin embargo, debido a su carácter autocelebratorio, no siempre son los mejores lugares para analizar efectos negativos o la conveniencia real de algunos productos o modelos que se exponen.

No es ninguna novedad que todo uso de la tecnología tiene riesgos, tanto por sus efectos colaterales como por su posible empleo para el control político.

Desde que antes que Henry Ford presentara el Ford T, los autos atropellan miles de personas al año. Y cuando el argentino-croata Juan Vucetich diseñó el sistema de huellas dactilares que permitieron capturar asesinos y delincuentes estaba lejos de imaginar que las peores dictaduras del mundo usarían ese método para localizar disidentes.

Pero ninguno de estos riesgos impedió que estos avances tecnológicos y innovaciones se implantaran. Lo contrario hubiera sido una actitud retrógrada pero además inviable. Sin embargo, y sin que lleguen a paralizarnos, es atinado sopesar ventas y desventajas; analizar “externalidades” y consecuencias imprevistas.

El ejemplo de la tecnología de reconocimiento facial con el que se iniciaba este artículo es un caso concreto. ¿Un sistema imperfecto o deficiente podría llevar a falsos positivos y, peor aún, a detenciones erróneas? ¿Y qué hay de la privacidad, ya suficientemente amenazada por los datos que recolectan buscadores y redes sociales?

Un ciberataque exitoso al Internet de las cosas (IoT) ¿puede significar el colapso de una ciudad, incluso bajas como muertes y heridos?

Alguien podría decir que estas amenazas existen a partir de la implantación de los primeros servicios públicos. ¿Una usina eléctrica, una planta potabilizadora de agua, un gasoducto o una línea troncal de telecomunicaciones no están expuestas desde hace más de un siglo a un ataque terrorista? En todos los casos, definitivamente, con efectos disruptores muy serios.

Hoy la diferencia es una cuestión de escala. Somos tan dependientes de la tecnología avanzada en todas las áreas al punto que ya es imposible prescindir de ella. Además de los problemas de efectos no deseados, falta de privacidad y controles, se plantean riesgos de exclusión entre quienes sepan y no sepan manejar la tecnología.

Las autoridades de Tel Aviv, declarada en 2014 la “ciudad más inteligente del mundo” en una edición anterior de Smart City, opinan que el modelo de ciudad inteligente no es necesariamente sinónimo de invertir en las últimas tecnologías.

El objetivo, dicen desde la urbe israelí, no es “diseñar entornos urbanos perfectamente ordenados y predecibles” sino aprovechar la tecnología para “adaptarse a la complejidad y la imprevisibilidad” que se produce en la ciudad.

En última instancia no se trata simplemente de “tecnificar” las ciudades, sino también de construir un espacio público y cívico eficiente y al alcance de todos.