Tecnología 20/03/2019

La circulación de la información no debe ser arbitrariamente manipulada por algoritmos opacos

Por José Crettaz

Esa lógica informática debe ser transparente y auditable; los ciudadanos deben poder defenderse de eventuales abusos de las plataformas y también de los Estados que las regulen

La circulación de la información no debe ser arbitrariamente manipulada por algoritmos opacos

[El 26 de febrero de 2019 participé del Foro Regulación Privada de Contenidos y Libertad de Expresión organizado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA por la Asociación por los Derechos Civiles (ADC), Intervozes Brasil y el Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia Observacom-Fundación Libertis. Expuse allí la posición del Foro de Periodismo Argentino-Fopea sobre el tema y aquí comparto el texto que leí] 

En nombre del Foro de Periodismo Argentino (Fopea) y de su comisión directiva, muchas gracias a los organizadores por la invitación.

Fopea es una organización profesional no sindical que representa a unos 600 periodistas de todo el país que voluntariamente están asociados.

Nuestro foro es básicamente un espacio en el que los periodistas procuramos mejorar el oficio enfocándonos en la reflexión ética, para lo cual tenemos un Código de Ética y un Decálogo de la Calidad que cada miembro firma al asociarse; en el monitoreo permanente de la libertad de expresión, para lo cual tenemos un programa de seguimiento de casos que aplica patrones internacionales; y en la capacitación permanente, para lo cual organizamos distintos tipos de actividades durante todo el año y en muchas provincias, incluidos dos congresos –uno en Buenos Aires y otro en Córdoba- y un Media Lab de experimentación en periodismo digital.

En Fopea creemos en el periodismo profesional basado en la verificación de los hechos y de los datos, en la consulta de todas las fuentes y en el contraste de todas las versiones. Creemos que puede hacerse ese periodismo independientemente de la línea editorial del medio y de las propias concepciones personales del periodista.

En ese sentido, hay que decir en primer lugar que estos paneles están incompletos. Vamos a hablar de las plataformas y no están las plataformas,que en la Argentina como en el resto del mundo mantienen abierto el diálogo con organizaciones profesionales como la nuestra, entre otras.

En esta necesaria discusión sobre la regulación democrática de la actividad de las plataformas hay que evitar lo que sucedió en América latina en los últimos diez años respecto de la comunicación audiovisual, con episodios claros en los que una regulación en principio promotora de la libertad de expresión derivó en instrumento de la censura y la persecución política.

En la misma línea, hay que pensar en qué medida aplica a las plataformas el principio de la declaración de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre libertad de expresión que establece que en ningún caso las leyes antimonopolio deben ser exclusivas para los medios de comunicación. En otras palabras, no busquemos regular la competencia mediante instrumentos que ya se han demostrado inapropiados.

También es clave reconocer que nunca como en la actualidad fue más universal y democrático el acceso a la información y las posibilidad de comunicar con voz propia. Y que eso ocurre gracias a las nuevas tecnologías, la digitalización y las telecomunicaciones y a la educación en las herramientas para poder utilizarlas de la manera más provechosa. Ese ecosistema –en el que hay empresas de origen nacional pioneras y muy relevantes- es precisamente el que hay que ayudar a sostener y desarrollar.

Una vez revisado todo esto, es importante decir que es bienvenida la discusión que nos plantean Observacom, ADC e Intervozes en el documento que acaba de presentarse y que es además una discusión muy necesaria y urgente en la que los periodistas tenemos que participar no sólo como cronistas sino también como protagonistas.

Cuando hablamos de nuevas plataformas mediáticas, redes sociales y medios digitales hay muchos aspectos que se cruzan y se mezclan, desde las comunicaciones interpersonales a las masivas, la libertad de expresión y de prensa, el derecho de las sociedades a estar bien informadas y la propiedad intelectual, el acceso a la educación –en especial la alfabetización digital-, el imprescindible impulso de la innovación, el futuro del empleo, la transformación del comercio y los derechos de los consumidores, la privacidad de los datos personales y la publicidad de la información pública, el gobierno abierto, y la manipulación de la esfera pública mediante tecnología aplicada a la desinformación a gran escala.

En medio de esa complejidad discurre este debate y por eso es necesario volver al principio: en temas de libertad de expresión, cuanto más libertad, mejor. En cierto sentido, cuanto menos regulación, mejor. Sin embargo, hasta las sociedades extremadamente anti regulación prevén medidas regulatorias a la vez que obligan a adoptar prácticas de autoregulación.

El periodismo profesional que representamos, cuyos contenidos circulan de manera creciente en las redes y plataformas y se acceden mediante motores de búsqueda, cree profundamente en la autoregulación de su actividad. Y por eso, en Fopea subrayamos la otra cara de esa moneda: la responsabilidad profesional y el ejercicio ético del oficio, que además de ser un trabajo cumple una función social fundamental en las sociedades democráticas.

La regulación de las plataformas puede resultar obvia hasta que empezamos a pensar quién y cómo aplica esa regulación y qué márgenes de intervención “territorial” tiene esa autoridad tanto en términos geográficos como tecnológicos en el contexto de la globalización. Y quién controla al que controla.

Respecto de las mal llamadas fakenews o artimañas de desinformación y mentira –cuya verdadera incidencia en el debate público está todavía en estudio- pareciera conveniente evitar todo tipo de regulación que necesariamente terminaría generando mayores riesgos para la libertad de expresión. Lo cual no excluye que quienes hayan incurrido en delitos de ese tipo no asuman la responsabilidad con posterioridad la responsabilidad que les quepa.

Como ven, aunque el documento presentado hace afirmaciones contundentes, en este fenómeno dinámico de comunicaciones y contenidos convergentes, venimos a aportar más dudas que certezas.

Pero no obstante eso, podemos decir algunas cosas que tenemos claras

-que el periodismo profesional es en este tiempo más necesario que nunca para contribuir a una sociedad bien informada sobre la base de hechos, dichos y datos verificados;

-que sólo con la mayor libertad se hace el mejor periodismo;

-que para que sea bueno, el periodismo debe ser profesional, lo que incluye una permanente reflexión ética sobre sus fines y sobre los medios para alcanzarlos;

-que ese buen periodismo, que será siempre un objetivo permanente más que una realidad concreta, circula de manera creciente en las plataformas digitales

-que en ese sentido, la circulación de la información no debe ser arbitrariamente manipulada por algoritmos opacos desarrollados por organizaciones privadas sin ningún escrutinio público;

-que el funcionamiento de esa nueva lógica informática de la circulación de la información debe ser transparente y auditable por parte de los ciudadanos;

-y que, en ese sentido, los ciudadanos deben poder defenderse de eventuales abusos de las plataformas y también de los Estados que las regulen.

Muchas gracias