Tecnología 07/12/2017

Finlandia: el país en el que todos saben cuánto pagan sus vecinos de impuestos

Por José Crettaz

En esta primera nota de la cobertura especial, las primeras impresiones de un argentino de visita en Helsinki; los impuestos, la cultura, los miles de emprendedores en Slush, la predisposición al cambio, y “sisu”, el secreto de su desarrollo

Finlandia: el país en el que todos saben cuánto pagan sus vecinos de impuestos

HELSINKI (Cobertura especial-Nota 1).- Las empresas son el orgullo de Finlandia, y de su gobierno. A la par o apenas después de su Estado de Bienestar y levemente debajo de su mítico sistema educativo. Tal vez porque ambas cosas están vinculadas: sin empresas competitivas -y exportadoras- no hay empleo y sin este no hay recaudación de impuestos que financie prestaciones sociales extraordinarias. Muchas vacaciones (30 días), extensas licencias por paternidad y maternidad (con bloques exclusivos para la madre, para el padre y meses que pueden repartirse entre ambos) y experimentos sociales como la de la renta básica universal (que ensaya respuestas a la automatización y el impacto de la inteligencia artificial) se destacan junto al sistema educativo más revolucionario del mundo (todos los maestros tienen maestría universitaria y los alumnos libros de texto, una comida al día y transporte sin costo). Y contrastan con un servicio militar obligatorio de 6 a 11 meses que se explica sólo por el temor al vecino de al lado: Rusia, de la que Finlandia se independizó hace sólo 100 años (es decir, justo después de que los comunistas llegaran al poder y antes de una breve pero muy sangrienta guerra civil).

Los empresarios también son motivo de orgullo y de respeto. La idea de líder de empresa tiene tres posibles acepciones: los chicos que quieren poner en marcha su start up, los emprendedores jóvenes que ya encabezan sus empresas (habiéndolas vendido o no) y los experimentados viejos lobos de mar que lideraron grandes organizaciones a través de los tiempos, como el gigante Nokia, que en su mejor momento llegó a representar el 4% del PIB del país (y que ayudó a muchos de los empleados despedidos a desarrollar nuevas empresas). El actual primer ministro, Juha Sipilä, reúne varias de estas características: ingeniero de formación, fue ejecutivo de empresas, emprendedor y empresario destacado antes de volcarse a la política.

De esta superpotencia educativa y tecnológica nórdica te voy a contar en varias notas aquí en josecrettaz.com (también hay dos programas especiales de #TMTradio, uno sobre el perfil educativo y otro sobre el carácter tecnológico -dos aspectos cada vez más entrelazados-).

“Los empresarios también son motivo de orgullo y de respeto. La idea de líder de empresa tiene tres posibles acepciones: los chicos que quieren poner en marcha su start up, los emprendedores jóvenes que ya encabezan sus empresas (habiéndolas vendido o no) y los experimentados viejos lobos de mar que lideraron grandes organizaciones a través de los tiempos, como el gigante Nokia”

Descontento con las prestaciones de los tractores, el ingeniero forestal Einari Vidgrén creó en 1970, en Vieremä (600 km al norte de Helsinki) un taller de ensamblado de tractores en un galpón municipal que con los años se transformaría en Ponsse, uno de los mayores fabricantes de equipos para el sector forestal del mundo. Vidgrén murió en 2010 pero su espíritu es celebrado como ejemplo de la tradición emprendedora finlandesa, que se actualizó en Slush, el mayor evento de emprendedorismo de Europa y uno de los más importantes del mundo (del que te cuento aquí).

Los impuestos

Las personas pagan en promedio un 44% de sus ingresos (algunos hasta el 60%) a un Estado que los protege, les da servicios de calidad y es administrado por una clase política austera que cuida el dinero público -sorprende las mínimas dotaciones con las que uno se cruza en los edificios estatales-. Aquí no sólo los impuestos son progresivos, también lo son las multas de tránsito. A igual infracción, más paga el que más ingresos tiene. Y la transparencia es un valor universal: cualquier ciudadano finlandés puede consultar cuánto paga de impuestos cualquiera de sus vecinos. La modalidad existe desde hace décadas pero con las nuevas tecnologías se volvió viral y aquí ya se habla de “calendario de chismes” cuando llega la época en la que se actualizan los datos (aquí, un interesante trabajo de periodismo de datos sobre el tema hecho por el tradicional diario Helsingin Sanomat; y aquí algunos antecedentes de esta práctica).

“Uno mira lo que paga el vecino para ver si justifica su auto. Yo mismo miré cuánto paga mi hermano”, bromea -a medias- Markku Keinänen, subsecretario de Estado para las relaciones económicas externas del Ministerio de Relaciones Exteriores de Finlandia, el primer funcionario que entrevisté en esta ciudad, a la que llegué junto con colegas de Colombia, México, Brasil y Chile en uno de las decenas de media tours que organiza cada año el gobierno finlandés.

Algunos empresarios, incluso, han hecho pública su decisión de mantener su domicilio fiscal en Finlandia a pesar de los altos impuestos (como los dueños de la firma de gaming Supercell, la creadora de Clash Royale) como una manera también de devolver la que han recibido, como mínimo la educación pública y el apoyo a las start up.

Keinänen habla español de manera muy correcta y eso no es sólo porque sea diplomático y haya estado destinado en España y tenga ahora a cargo la relación con América Latina. Aquí cerca del 100% de la población es bilingüe: finlandés e inglés. Una buena parte también habla sueco (el 5,3% lo tiene como lengua materna) y es frecuente encontrar finlandeses que hablen cuatro o cinco lenguas con mucha fluidez.

“Y la transparencia es un valor universal: cualquier ciudadano finlandés puede consultar cuánto paga de impuestos cualquiera de sus vecinos. La modalidad existe desde hace décadas pero con las nuevas tecnologías se volvió viral y aquí ya se habla de “calendario de chismes” cuando llega la época en la que se actualizan los datos”

La apertura

Finlandia es un país abierto al comercio que ahora mira más a América latina, región del mundo con la que tiene más afinidad cultural que la que podría pensarse a priori. De cien embajadas finlandesas, sólo seis están en la región (acaba de sumarse Bogotá). Las relaciones con Argentina datan de antes de la independencia finlandesa porque Buenos Aires ya tenía un consulado en Helsinki cuando Finlandia era un gran ducado ruso. Esta mayor atención a la región latinoamericana tiene directa relación con el fin de los regímenes populistas que dominaron la política en nuestra región durante una década. Le cuento a Keinänen la teoría de “Vivir con lo nuestro” que predominó en la Argentina en los últimos años. Se ríe. “Eso no es una opción para los finlandeses” dice antes de recordar que su país tiene sólo 5,5 millones de habitantes y que para sostener su desarrollo necesita del resto del mundo.

En el planisferio más corriente, el tamaño de Finlandia engaña. En la realidad, tiene un ancho máximo de 542 km y un largo de 1157 km, más de 1000 de ellos limitan con el gigante ruso, a cuya sombra ha vivido este país durante toda su historia. En el área metropolitana de Helsinki, entre el bosque -este país tiene 13.000 millones de árboles- y el Mar Báltico, viven 1,4 millones de habitantes. Es una democracia parlamentaria con una sola cámara, integrada por 200 miembros. Durante décadas gobernó la socialdemocracia, una tradición política que se remonta los tiempos en los que este territorio era un gran ducado de Rusia (status que duró dos siglos y del que se tiene una grata memoria, incluidos varios monumentos al zar Alejandro II, gran duque de Finlandia y abuelo de Nicolás II, el último de los zares). Un país sin corrupción, con un altísimo nivel de seguridad pública y un PBI per cápita de 37.559 euros. Finlandia integra la Unión Europea desde 1995 y adoptó el euro en 2002 -lo que la diferenció de sus cuatro hermanos nórdicos- pero nunca ingresó en la OTAN, organización militar de la que es aliado.

La cultura

El euro no es lo único que diferencia a Finlandia del resto del bloque nórdico -que se completa con Noruega, Suecia, Dinamarca e Islandia-. Para empezar, su lengua no es germánica sino de origen fino-úgrica, la misma familia a la que pertenecen el estonio y el húngaro. “El estonio suena como un finlandés borracho”, me explicaron en Helsinki. Habría que ver qué dicen en Tallin, capital de Estonia (el país más digital de Europa) a sólo dos horas de ferry.

El libro nacional es Kalevala, en el que el médico rural Elias Lönnrot recopiló poemas cantados procedentes de la tradición oral popular. Es una gran epopeya mitológica que ayudó a despertar y consolidar el sentimiento nacional finlandés en el siglo XIX, y dio origen a una pujante industria editorial cuya dimensión sorprende si se la compara con la cantidad de hablantes nativos que tiene el idioma pero no si se tiene en cuenta la calidad del sistema educativo. El 75% de los finlandeses adquiere libros con regularidad -lo que explica la vitalidad de su sector editorial- y también crece en los últimos años las traducciones a otros idiomas -principalmente al inglés- y la venta de derechos.

Entre las costumbres más tradicionales está el baño sauna público, uno de los ámbitos sociales históricos de los finlandeses que hoy se mantiene pero mayormente recluido al ámbito doméstico: en todo el país hay 3,3 millones de saunas, la mayoría de ellos en casas o compartidos a escala de los edificios residenciales. Pero como espacio de socialización, manifestación cultural y atractivo turístico han surgido algunos saunas públicos, como el bellísimo Löyly, prácticamente un monumento al sauna moderno. Se trata de un edificio de arquitectura nórdica, con la madera como elemento predominante, ubicado en la costa de Helsinki. Por si no lo tenés claro (o te estás confundiendo con alguna otra expresión coloquial argentina), el sauna es un recinto a muy alta temperatura donde se realizan baños de vapor.

El deporte nacional es el hockey sobre hielo -que es de lo primero que se habla en los segmentos deportivos de los noticieros de TV-  pero el fútbol está creciendo fuertemente, aunque la selección nacional aún no ocupe lugares expectantes en las competencias continentales o mundiales. Como ocurre en otros países, otras ligas europeas de fútbol -como la italiana, la inglesa y últimamente la española- atraen cada vez más la atención. La arquitectura y el diseño son, por supuesto, elemento fundamental de la cultura finlandesa. Pero de eso te cuento aquí.

Las bebidas alcohólicas de más de 4,7 grados sólo se venden en licorerías oficiales. Y cuando el Parlamento unicameral debate cambiar ese límite para arriba o para abajo se acaban las diferencias entre la izquierda y la derecha, polarización que también está en crisis en Finlandia donde muchos votantes tradicionales de la socialdemocracia alimentaron el crecimiento del partido ultranacionalista -que tras un fuerte crecimiento y su integración en la alianza gobernante parece estar retrocediendo- y donde ya no es extraño que un político socialdemócrata pase de manera directa al Partido Conservador, como hizo Juhana Vartiainen en 2015.

En la cultura de Finlandia se destaca el tango. Sí, la música triste que se baila llegó a este país no se sabe muy bien cuándo -pero habría sido en torno de 1910- y adquirió características propias, dicen que más valseado. El género -conocido como “suomi tango” o “fintango”– llegó hasta el concurso de danza de Eurovisión en 2008. El tango es el baile nacional finlandés.

Sobre cómo funcionan los medios de comunicación te cuento más en notas aparte.

Como ocurre en todo Occidente, pocos practican una religión aquí en Finlandia. Y, sin embargo, la religión -como rasgo de identidad nacional- está muy presente. La mayoría se define como luterana y hay una muy nítida minoría ortodoxa rusa. La catedral protestante y su plaza son un símbolo del país y punto de encuentro de grandes celebraciones -este año, eso incluyó el 500° aniversario de la Reforma Protestante-. Y el admirado sistema educativo finlandés tiene a la religión como materia obligatoria en la escuela, que -según me contaron-no se dicta como dogma sino como descripción de las distintas confesiones. Las familias que no quieran que sus hijos reciban esa clase pueden optar por la materia Ética.

Visité la catedral luterana y me asombró ver imágenes, una pintura en el altar con una escena de la vida de Jesús y estatuas -más como de próceres que como de santos- de los principales reformadores, Lutero y Calvino entre ellos. Más imponente es el edificio de la Iglesia Roja, así llamada por el color de sus muros, pero sin conocer demasiado la historia de este país no dejo de establecer una referencia con su carácter ruso. Aquí, la sangrienta guerra civil que ya te mencioné fue entre blancos -conservadores, partidarios de una monarquía- y rojos -socialdemócratas apadrinados por los bolcheviques-.

El cambio

Finlandia no le teme a los cambios. Y, a pesar de su pasión tanguera, no parece muy aferrada a la nostalgia. Por eso, aquí también se respira reformismo permanente. En otra nota sobre la educación te contaré sobre el origen -en 2010- de la Aalto University, fruto de la fusión de tres universidades históricas. De la Asociación de Emprendedores de Aalto surgió Slush, la cumbre mundial del emprendedorismo. Slush, que significa aguanieve, se realiza a fines de noviembre, cuando la larga noche del invierno ya está afincada en el calendario finlandés (este año participaron siete empresas argentinas y se realizó un evento nacional propio, Tango Steps).

Por todo esto no es de extrañar que dos agencias gubernamentales clave estén en proceso de fusión: Finpro, de promoción de exportaciones, y Tekes, de innovación y financiamiento del emprendedorismo. Ya compartían un edificio -Team Finland House, donde también finciona la agencia de crédito para la exportación Finnvera– y ahora serán una sola estructura que tendrá su lógica: no hay desarrollo sin empresas, no hay empresas sin innovación y no hay nada de todo eso sin exportaciones. Y éstas no crecen si no hay libre comercio. Desde 2018, Finpro + Tekes serán Business Finland y también en eso serán fuente de consulta. Hubo anteriores intentos de fusión, pero recién esta vez se vencieron las resistencias.

Tekes no es sólo un ente de promoción: también invierte en startups (cada año realiza cuatro pitcheos y elige 30 proyectos). Su proceso de selección de proyectos es tan respetado que suele ser seguido por los fondos privados: cuando Tekes invierte en una compañía -hay distintos tipos de inversión, desde capital semilla y a capital de riesgo-, a esa empresa le resulta más fácil conseguir inversión privada. El Estado promueve, sostiene y financia la cultura de startups.

Cuando el gigante Nokia se reestructuró dejó a muchos ingenieros sin trabajo que rápidamente encontraron empleo en cientos de empresas pequeñas que atraen inversión extranjera. La inversión en investigación y desarrollo equivale aproximadamente al 3% del PIB. “El 99% de mi trabajo consiste en ayudar a las empresas extranjeras. Las invitamos a Finlandia y colaboramos con ellas. Somos una nación de early adopters y una test-base para soluciones globales”, afirmó Hanna Marttinen-Deakins, jefa de industria TIC y digitalización de Finpro. Como otros referentes que conocimos aquí, Hanna tiene a mano los indicadores que destacan el lugar de su país: 1ro. en startups digitales per cápita, 1ro en competitividad en Europa, y muchos otros primeros en educación -el ranking que surge de las pruebas PISA, por ejemplo- y tecnología -penetración de 5G, velocidad de conexión y demás-. Y explica su trabajo: “El gobierno apoya las startups con políticas, con financiamiento (500.000 dólares de capital para las empresas que se radiquen en Finlandia) y la vinculación con la academia y las instituciones de investigación”, afirma.

Jukka Häyrynen, director ejecutivo de startups de Tekes explica en Team Finland House cómo ha venido funcionando esa agencia oficial y bromea sobre los tipos de pitch que realizan los emprendedores, en los que usualmente tienen muy poco tiempo para explicar su proyecto. Salvo un pitch especial, en el que el emprendedor tiene todo el tiempo del mundo siempre que de cuenta de su proyecto metido en el agua helada de un lago congelado en el invierno. Y muestra la foto. Humor finlandés.

Lo de Finlandia es un milagro, habitualmente comparado con los de Israel o el de Singapur, pero con características propias. Un milagro que el empresario y abogado fines-canadiense André Noël Chaker cuenta en las 328 páginas de su libro The finnish miracle : 100 years of success, que me compré en la impresionante librería Akateeminen Kirjakauppa frente al parque Esplanadi.

Allí, Chaker, resume las razones del desarrollo finlandés: mente abierta, prueba y error, trabajo duro e inteligente, ser uno mismo y “sisu”. Sisu es una palabra que no tiene equivalente en español y que define a la competencia psicológica que empuja a las personas a acciones extraordinarias frente a retos muy difíciles, ya sea en términos mentales o físicos.