Tecnología 22/01/2018

El liderazgo educativo de Finlandia impulsa las nuevas tecnologías y start ups centradas en la enseñanza

Por José Crettaz

Sobre la base del prestigio de sus escuelas, el país impulsa las empresas que desarrollan nuevas tecnologías y aplicaciones para el aprendizaje

HELSINKI (Cobertura especial-Nota 3; aquí la 1 y la 2).- Finlandia es una potencia educativa. Supo liderar los rankings resultantes de las pruebas PISA. En 2015, el país terminó quinto en esas evaluaciones detrás de Singapur, Japón, Estonia y Taiwán. “Fue una tragedia nacional y ahora estamos tratando de volver a ser primeros”, dijo el embajador en Buenos Aires, Teemu Turunen, durante su discurso en el festejo por los 100 años de la independencia.

Las claves del sistema educativo finlandés han sido ampliamente difundidas: educación pública gratuita y de alta calidad, absoluta confianza en los maestros -que deciden y aplican su propio criterio en las estrategias pedagógicas para cumplir con la currícula sin inspecciones ni evaluaciones-, docentes con elevada cualificación y un régimen flexible en las aulas -ámbitos equipados con “viejas” y nuevas tecnologías- con poca tarea para el hogar. La escuela es obligatoria desde los 7 años y durante los 9 siguientes. Los estudiantes tienen libros de texto, una comida al día y transporte sin costo. El sistema tiene sus particularidades: Religión es una materia de la currícula obligatoria que sólo puede reemplazarse por una alternativa, Ética. La escuela secundaria termina en alguna práctica. La docencia es una profesión prestigiosa y exigente: sólo ingresa a la carrera el 5% de los aspirantes. La formación dura cinco años e incluye una maestría obligatoria. Todos los maestros son verdaderos master.  Y están obligados a participar cada año de actividades de formación como parte de su contrato.

Pero nada se logró de un día para otro: el almuerzo gratuito cumple este 2018 sus 70 años (una ley de 1948 obligó a los ayuntamientos a proporcionar esa comida los seis días escolares de entonces). El ministerio de Educación y Cultura es uno de los más antiguos de la actual Finlandia: fue creado en 1809 como el Departamento Eclesiástico del consejo finés el año en el que este territorio se convirtió en Gran Ducado del imperio ruso (épocas de las que se guarda un recuerdo muy positivo en el país). En 1917, con la independencia, ese área estatal se convirtió en Departamento de Asuntos Eclesiásticos y Educativos. En 1922 abandonó la cuestión eclesial -la tradición luterana está fuertemente arraigada en la identidad finlandesa- y en 2010 incorporó la Cultura.

Entre las claves del éxito podrían estar la perseverancia -el llamado sisu– pero también en la pasión por los cambios. La currícula principal de la escuela finlandesa se revisa aproximadamente cada diez años. La última revisión se publicó en 2016, tiene 500 páginas y definió siete áreas principales, entre ellas las competencias en TIC -que hace años dejó de ser una materia para convertirse en una estrategia de enseñanza que atraviesa todas las disciplinas-, habilidades para la vida laboral, emprendedorismo y la construcción de un futuro sostenible. Por ejemplo, los niños empiezan a estudiar programación como parte de la asignatura matemáticas en primer grado.

Pero lo más sorprendente del viaje que compartí con otros cuatro periodistas latinoamericanos en noviembre pasado -invitados por el Ministerio de Relaciones Exteriores- lo vi en la Universidad Aalto. Esta casa de estudios, fundada en 2010, es el resultado de la fusión de la universidades Politécnica, de Economía y de Arte y Diseño. Nació con vocación interdisciplinaria, algo que se palpa en el campus de Espoo donde además de las aulas, talleres y laboratorios conviven otras marcas vinculadas a la universidad, como Start Up Sauna -el hogar de nacimiento de Slush, uno de los eventos de emprendedorismo más importantes del mundo que organiza la Aalto Entrepreneurship Society-. La universidad es una fundación creada por el gobierno de Finlandia -que aportó 500 millones de euros- y el sector privado -que aportó otros 200 millones-.

“La currícula principal de la escuela finlandesa se revisa aproximadamente cada diez años. La última revisión se publicó en 2016, tiene 500 páginas y definió siete áreas principales, entre ellas las competencias en TIC -que hace años dejó de ser una materia para convertirse en una estrategia de enseñanza que atraviesa todas las disciplinas-, habilidades para la vida laboral, emprendedorismo y la construcción de un futuro sostenible”

Finlandia está agregando ahora una nueva capa al éxito educativo: está haciendo de esa marca mundial un motor de otras actividades, como la tecnología y el gaming aplicado a la educación (y que tienen en la Universidad de Helsinki a xEdu, su propia aceleradora especializada, que funciona en la casa donde estuvo el primer acelerador de partículas de esa casa de estudios).

A continuación te cuento algunas de estas cosas.

La formación docente en Viikki

La mayoría de los periodistas -cientos cada año- que visitan Finlandia invitados por el ministerio de Relaciones Exteriores visita la escuela Viikki y los hispanoparlantes son casi siempre recibidos por Erja Schunk, que habla un español bien porteño -ese de la “ye” fuerte y el voceo- probable influencia de su esposo argentino. Erja, además de profesora de español y francés, es coordinadora de relaciones internacionales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Helsinki y docente del Centro de Formación Docente de la Escuela Viikki, que depende de la misma universidad.

Fundada en 1869 -el año que viene cumplirá 150 años-, Viikki tiene 1000 estudiantes y 100 docentes. En el recorrido pudimos ver una clase de primaria y otra de secundaria, y en ambas a los docentes titulares y sus asistentes viendo las prácticas de los docentes en formación (una de ellas enseñaba polinomios con el video de un rap subido por otro docente finlandés a YouTube). Viikki forma docentes desde 1924 y desde 1974 pertenece a la Universidad de Helsinki. En toda Finlandia hay unas 11 escuelas de formación docente.

“El maestro no está solamente enseñando sino principalmente ayudando a los estudiantes a aprender. Y eso es una diferencia abismal”, nos dijo Jouni Kangasniemi, jefe de desarrollo del ministerio de Educación y Cultura. En Finlandia, aunque con un sistema centralizado, la mayoría de las escuelas son de los municipios y también hay algunos  colegios privados que son financiados por el Estado. Como la calidad de la enseñanza es similar en todo el sistema, la mayoría de los chicos va a la escuela que queda más próxima a su casa. “Nuestro objetivo es mantener el sistema tan simple como sea posible”, afirma Kangasniemi.

Los niños empiezan la escuela el año que cumplen 7 años y están 9 cursos en ella, en la que están entre 4 y 5 horas diarias (la clase promedio tiene 20 alumnos). El especialista subraya que Singapur, Corea del Sur o China tienen buenos estándares educativos pero con el doble o el triple de tiempo en el aula que el que el destinado por los chicos en Finlandia. En el país nórdico, en general, los dos padres trabajan y por lo tanto la escuela ofrece actividades extracurriculares optativas, la posibilidad de hacer la tarea o simplemente ir a jugar, siempre en compañía de un adulto (pero estas actividades no son gratuitas). Antes de los 7 años, el Estado nacional o los municipios subsidian a los padres que dedican parte de su día a cuidar a sus hijos (hasta los 3 años del niño, la ayuda es de entre 350 y 500 euros según la ciudad).

Según cuenta Kangasniemi, en el horario de los chicos hay una asignatura general que podría traducirse como “Esto y aquello” y que refiere a los contenidos que quedaron sin suficiente desarrollo o comprensión en la semana.

El 92% de los alumnos que termina la primaria cursan la secundaria, una mitad termina el bachillerato y la otra mitad sigue en las escuelas vocacionales. “Nadie tiene que elegir demasiado joven qué va a ser cuando se más grande y el sistema no tiene callejones sin salida”, explicó el funcionario, que nos recibió en una austera oficina del ministerio (aquí en las oficinas públicas son muy pulcras y en general se ven pocos empleados). El gobierno nacional no se concentra tanto en los contenidos sino en el proceso educativo en sí. Existe una currícula nacional que sirve de base a los municipios para que la adapten a cada escuela y estas -y sus docentes- a su vez tienen mucha libertad para decidir cómo los enseñan. “Intentamos que los chicos se muevan en la escuela todos los días una hora”, subraya Kangasniemi.

“El 92% de los alumnos que termina la primaria cursan la secundaria, una mitad termina el bachillerato y la otra mitad sigue en las escuelas vocacionales. “Nadie tiene que elegir demasiado joven qué va a ser cuando se más grande y el sistema no tiene callejones sin salida”, explicó el funcionario, que nos recibió en una austera oficina del ministerio (aquí en las oficinas públicas son muy pulcras y en general se ven pocos empleados)”

“Pero tenemos problemas”, dice el representante del ministerio. “Hay bullyng, familias con problemas y desempleo, cosas que se reflejan en la escuela”, agrega. “Aprender no puede ser aburrido y no tiene que ser una obligación”, concluye. Y la profesora Schunk agrega: “Si el caso de bullying ya es un delito, entonces directamente llamamos a la Policía”.

El 95% de los educadores finlandeses está sindicalizado. De hecho, las condiciones laborales se negocian colectivamente entre el Sindicato de la Educación y las autoridades municipales con intervalos de algunos años. Los salarios están en línea con los de otras profesiones con la misma carga de formación y demanda de horas de trabajo, y los empleadores suelen pagar bonus individuales en función del trabajo de cada profesor.

En primer grado, el 95% de los chicos tiene celular y para el segundo ese porcentaje trepa hasta el 100%. Cada docente decide si integra el dispositivo a su método de enseñanza y hasta qué punto o si directamente pasa una canasta recolectando los dispositivos para guardarlos hasta que termine la clase. De todas formas, cada escuela tiene dispositivos digitales -tablets o notebooks- para sus estudiantes. En la escuela Viikki uno de cada tres alumnos pero hay escuelas que tienen más. Son los directores de cada escuela los responsables de negociar con los municipios las inversiones que cada año se hacen en materiales pedagógicos. Se siguen usando libros de papel pero los ebooks tienen cada vez más presencia, al igual que la ejercitación online. “Es la pedagogía la que debe mandar por sobre la tecnología. Y también el ocio es muy importante para la imaginación. Aburrirse es importante”, dice Erja.

 

La fusión Aalto, creadora de empresas

En Finlandia la educación superior se imparte en universidades y escuelas superiores profesionales. Cada sector tiene su propio perfil: las universidades se centran en la investigación científica y la instrucción, y las escuelas superiores -también llamadas universidades de ciencias aplicadas- tienen un enfoque en capacidades profesionales prácticas. El ingreso a las carreras es restringido y las escuelas usan diversos métodos de selección de los alumnos, mayormente basándose en las calificaciones del bachillerato y los exámenes de ingreso (unos 40.000 jóvenes de entre 20 y 29 años no estudian ni trabajan actualmente y para ellos el sistema creó un programa especial para reinsertarlos profesionalmente). Los rectores de las universidades -todas públicas- tienen que ser doctores y en todos los casos tienen que tener experiencia administrativa. En general, el sistema es muy flexible y se adapta a los distintos recorridos que la mayoría de las personas van haciendo en su formación (este año la cantidad de estudiantes de todos los niveles se estima en 1,4 millones). En 2017, Finlandia invirtió en investigación y desarrollo 1797,5 millones de euros. Dos terceras partes de esos fondos fueron aportados por las universidades, la Academia de Finlandia y Tekes, la agencia de promoción de la innovación y la tecnología.

José Costa Requena es un español muy finlandés. Profesor e investigador en la Universidad Aalto -en Espoo, a pocos minutos del centro de Helsinki- es también socio de cinco de sus estudiantes en la startup Cumucore, que está siendo acelerada en el mismo campus (hay que caminar entre bosques y edificios de la casa de estudios para llegar hasta la oficina de la empresa, cuyas patentes son soportadas por la universidad a cambio de un porcentaje de la firma). Cumucore se especializa en soluciones de software basadas en la nube que ayudan a operadores en la virtualización de funciones de red (NFV) y redes definidas por software (SDN) en la transición hacia el 5G. De hecho, en el campus de Aalto hay un test de 5G operativo que permite el testeo de aplicaciones como las esta startup (y que va en paralelo al megatest que llevan adelante Nokia, Ericsson y Huawei por impulso del gobierno). Además de una universidad, Aalto es un verdadero ecosistema de investigación, enseñanza y desarrollo, entre los que -además de Startup Sauna- destaca el Industrial Internet Campus, impulsado por la casa de estudios y Tekes y donde se testean tecnologías disruptivas.

“Nuestro objetivo es entablar relaciones de largo plazo con las empresas para obtener mejores resultados y por otro lado, las empresas necesitan más de la investigación y de la generación del talento. Nuestra investigación también está orientada a las políticas que permitan que el país aproveche la digitalización”, explica Martti Mäntylä, profesor del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad Aalto, que participó en su momento del proceso de fusión de universidades que dio origen a esta nueva casa de estudios. “No fue fácil conciliar las opiniones de los distintos actores. En los últimos dos o tres años encontramos una manera correcta de trabajar”. Mäntylä define el objetivo del campus: “Ver cómo podemos crear nuevas startups”.

“Aalto se presenta como la universidad en la que la ciencia y el arte se encuentran con la tecnología y los negocios. La institución está organizada en tres sedes (Espoo, Töölö y Arabia, todo dentro del área metropolitana de Helsinki) y seis escuelas: Arte, Diseño y Arquitectura, Negocios, Tecnología Química, Ingeniería eléctrica; Ingeniería y Ciencia. En todas se enseña innovación y emprendedorismo. Y todo eso en vínculo directo con empresas y áreas de gobierno”

Una de los edificios más concurridos -y divertidos- de Aalto University es el de Startup Sauna, una aceleradora (“cero equity”, es decir acelera a cambio de… nada) que en torno de Slush se convirtió en una marca de atractivo internacional para la comunidad de emprendedores, inversores y expertos de la industria. En ese edificio almorzamos con Kasper Suomalainen, director de comunidad de la aceleradora, vinculada a la Aalto Entrepreneurship Society (Aaltoes) que surgió cuando todavía se discutía la fusión de las tres universidades que dieron lugar a Aalto. El rango de edad de los emprendedores que pasan por estos espacios (amplios, coloridos y donde el foco está puesto en el trabajo en equipo y los diálogos con mentores y coachs) es de 18 a 28. Todo el paraguas de la universidad y sus ecosistema vinculado llevan el apellido del famoso diseñador y arquitecto finlandés Alvar Aalto. Además, aalto en finlandés significa “ola”.

Aalto se presenta como la universidad en la que la ciencia y el arte se encuentran con la tecnología y los negocios. La institución está organizada en tres sedes (Espoo, Töölö y Arabia, todo dentro del área metropolitana de Helsinki) y seis escuelas: Arte, Diseño y Arquitectura, Negocios, Tecnología Química, Ingeniería eléctrica; Ingeniería y Ciencia. En todas se enseña innovación y emprendedorismo. Y todo eso en vínculo directo con empresas y áreas de gobierno.

 

xEdu, aceleradora de startups educativas

Sobre la base de su prestigioso sistema educativo, Finlandia está ahora impulsando el desarrollo de negocios y tecnologías educativas. En esa estrategia se inscribe xEdu, la aceleradora de la Universidad de Helsinki dedicada a promover soluciones de enseñanza con impacto pedagógico. Esta aceleradora acompaña los proyectos seleccionados -ya acumulan acelerados casi 40 proyectos no sólo finlandeses- desde el desarrollo de los productos hasta el lanzamiento al mercado y la internacionalización con asistencia que incluye coaching y mentoring y testeos en ambientes reales. xEdu funciona en Fontellin Talo, en Siltavuorenpenger 7, dentro del campus urbano de la Facultad de Educación de la Universidad de Helsinki, en la misma casa en la que entre 1910 y 1950 fue sede de la investigación con el primer acelerador de partículas de Finlandia.

El nuevo plan de estudios básico de 2016 alienta a las escuelas a implementar el aprendizaje basado en proyectos -que a mediano plazo apunta a eliminar las asignaturas- con temas transversales a la currícula y un enfoque holístico. Esto obliga a las escuelas a prestar más atención al desarrollo de ambientes de aprendizaje tranquilos que privilegien el bienestar, la autoestima, la empatía y las habilidades sociales y emocionales de los estudiantes. En este punto las empresas de gaming -que lograron un posicionamiento internacional extraordinario- están aportando conocimiento, redes y recursos para desarrollo de juegos educativos. La oferta de juegos educativos alcanza las propuestas anti-bullying, los que promueven el ejercicio físico o la formación continua de los docentes y juegos que los profesores pueden diseñar por sí mismos para sus estudiantes. Para decirlo simple: juegos que hacen que aprender sea divertido.

Tres ejemplos de esas iniciativas son las que conocimos en este viaje: MightifierApp, Seppo y Fun Academy. MightifierApp -acelerada por xEdu- es una aplicación que ayuda a los niños a dominar sus habilidades sociales y emocionales con la premisa de que el feedback mutuo positivo contribuye a la seguridad personal, a mejorar el entorno de aprendizaje y reduce el bullying. Además, ofrece información del entorno a los docentes a medida que sus estudiantes van mejorando sus habilidades sociales, según contó Mervi Pänkäläinen, fundadora y CEO de la startup desde que decidió dejar su trabajo en la consultora Wonder y el laboratorio Abbot. Otra startup acelerada por xEdu es Seppo, plataforma co-creada por el ex profesor y consejero escolar Riku Alkio que permite a los profesores armar sus propios videojuegos didácticos o adaptar alguno de los que están disponibles dentro de la biblioteca del sitio. Los juegos -que pueden ser competitivos o no- se usan desde celulares o tablets y pueden implicar recorridos por la ciudad o el campus. “Soy CEO de una empresa de software que se dedica al desarrollo de tecnología para la educación pero creo que el conocimiento más valioso se produce sobre todo en la interacción humana”, afirma Alkio, que antes de co-fundar Seppo enseñó durante 20 años. Seppo está dando pasos en los Emiratos Árabes Unidos y Brasil con la expectativa de expandir la empresa pero todavía no baja hasta Buenos Aires.

“La oferta de juegos educativos alcanza las propuestas anti-bullying, los que promueven el ejercicio físico o la formación continua de los docentes y juegos que los profesores pueden diseñar por sí mismos para sus estudiantes. Para decirlo simple: juegos que hacen que aprender sea divertido”

Hasta la Argentina sí viene seguido Peter Vesterbacka, fundador de Rovio y creador de Angry Birds, cuya última locura se llama Fun Academy, de la que hablé en #TMTradio con Elena Piñero Martínez, su jefa de comunicaciones y marketing. Fun Academy tiene su sede en la Universidad Aalto -en un espacio pensado para el trabajo interdisciplinario con laboratorios de impresión 3D, big data y producción audiovisual, entre otros- y se basa en la producción de herramientas para el aprendizaje basado en la diversión orientadas a chicos de menos de 8 años. En la filosofía de Fun Academy aprender es divertido cuando se ama lo que se hace, el fallar puede ser divertido, el ambiente es inspirador, sos apreciado por quien sos y te sentís seguro y podés elegir cómo aprender. La empresa tiene un enfoque modular que abarca el desarrollo profesional, manuales para docentes, diseño de aulas y herramientas digitales.

Aprender jugando, de manera divertida y junto con otros, con o sin tecnología. Esa es la idea.