Contenidos 25/08/2019

Fernando Ruiz: “El periodismo argentino perdió conexión con la sociedad profunda”

Por José Crettaz

El docente e investigador, que desde este año integra la Academia Nacional del Periodismo, habló en #TMTconversaciones sobre las prácticas profesionales y militantes, la empatía con la sociedad, las consecuencias del relativismo extremo y la necesidad de un shock de credibilidad

Fernando Ruiz es politólogo, se doctoró en Comunicación en la Universidad de Navarra (España). Desde entonces se desarrolló en el ámbito académico como docente e investigador en la Universidad Austral, donde su extensa trayectoria lo convirtió en referente del vínculo entre periodismo y democracia.

Es autor de seis libros en los que repasa la historia y las problemáticas del periodismo argentino y de América Latina. Su último título, Cazadores de noticias, doscientos años en la vida cotidiana de los periodistas (Ariel, 2018), describe el ejercicio de este oficio en un recorrido por dos siglos. Ruiz es miembro fundador del Foro de Periodismo Argentino (Fopea) y en 2019 se incorporó a la Academia Nacional de Periodismo.

Entrevistado en #TMTConversaciones, Ruiz, que tiene a cargo las materias Historia y Cultura de la Comunicación, Introducción al Periodismo, y Periodismo y Democracia en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, analiza el papel y las prácticas del periodismo argentino actual.  

-¿Para qué sirve el periodismo?

-El periodismo tiene una adecuación a cada momento histórico. Por un lado, está la necesidad de ser siempre una refinería de calidad informativa, de encontrar la información en la mejor calidad posible y distribuirla de la mejor manera posible, pero eso siempre adecuado al momento histórico. Por lo tanto, se necesita también una enorme sensibilidad del momento para saber qué es lo que la sociedad está necesitando. Las dos cosas son importantes: refinar información y poder adecuarla a las necesidades que tiene el pueblo en ese momento

-¿Qué periodismo necesita la Argentina hoy?

 -Hay momentos donde uno siente que hay una mayor sintonía del periodismo con la sociedad y momentos donde parece que el periodismo pierde conexión. Hoy estamos en un momento donde me animo a decir que el periodismo ha perdido cierta conexión con la sociedad profunda. La discusión política es real y no hay que negarla, existen antagonismos que no son inventados, la grieta no es una ficción y hay diferencias importantes sobre temas centrales, pero eso pasa siempre en las sociedades. De alguna forma, eso te va alejando del alma profunda de la sociedad hasta llegar a estar informando a una sociedad a la que no se conoce mucho. Creo que estamos en ese momento. 

“La mayoría de las malas praxis que veo en el mundo profesional son por ignorancia y no por voluntad”

-Ese es el diagnóstico ¿Alguna idea sobre la solución? 

-Yo soy, de alguna forma, un pensador, un estudioso que voy recolectando información de la experiencia real y de la experiencia histórica y propongo. No tengo ninguna fórmula mágica, pero sí me parece que el ecosistema digital exige un shock de credibilidad, lo necesita y los periodistas tenemos que ser mucho más transparentes, necesitamos ser mucho más abiertos, mucho más interactivos y no negociar la calidad de información. A veces se piensa que la interactividad, el diálogo y la apertura es negociar la calidad de información y eso es justamente lo que no se negocia, pero se necesita una construcción empatía porque no hay posibilidad de comunicar si no hay empatía y sin la posibilidad de generar una concordia. El conflicto es un escenario espantoso para comunicar que cierra completamente los oídos.

-¿Periodismo militante o profesional?

 -Yo pienso que las dos cosas. Son una especie de sistema histórico que siempre ha habido. Para mí la novedad en la historia no es el periodismo militante, sino el periodismo profesional que ha sido siempre un pequeño sector. Ese periodismo militante, que cumple un rol movilizador y generador de nuevas discusiones, tiene que estar compensado con el periodismo profesional. Para mí, en la última década, a partir del kirchnerismo y de su actitud con los medios, se debilitó el periodismo profesional y la legitimidad de este periodismo. Se cometieron algunos errores (siempre se cometen) y eso finalmente deslegitimó a una gran parte del periodismo profesional de forma injusta. Pienso que la calidad de la democracia necesita un periodismo profesional fuerte, siempre habrá periodismo militante y un periodismo alternativo (eso forma parte de la vida de todas las sociedades), pero un periodismo profesional fuerte es muy importante.

-¿Qué cosas caracterizan a ese periodismo profesional?

-En primer lugar esa capacidad de comunicarse con todos los sectores sociales, más allá de lo que ellos piensan. Tener la capacidad de comunicar información a los distintos sectores sociales es lo que te da la capacidad de ser un periodista profesional, estar sobre la grieta. A veces el periodismo profesional defiende valores, es decir, milita también por valores como, por ejemplo, los valores de la democracia. Por lo tanto, cuando el periodismo profesional tiene que defender los valores de la democracia se convierte en militante y lo acusan, pero el periodismo profesional tiene que defender esos valores para haya periodismo profesional. 

“Para mí la novedad en la historia no es el periodismo militante, sino el periodismo profesional que ha sido siempre un pequeño sector”

-Ahí es donde empiezan a cruzarse las distintas realidades del mundo. ¿Ese periodismo profesional que defiende los valores de la democracia es occidental o es una figura universal?

-Hay un modelo universal que se aplica muy nacionalmente. Yo creo mucho en las culturas nacionales del periodismo porque no encontrás un periodismo igual en Holanda, en Bélgica, en Brasil, en Perú y en Argentina. Cada periodismo tiene siempre  las huellas digitales de su país. Sin embargo, hay preceptos básicos, una idea central que uno la puede encontrar tanto en el periodismo de Estados Unidos como en el japonés, siempre que haya una democracia abierta, con cierto desarrollo. Existen esas ideas básicas adaptadas a las realidades de cada país.  Hay unas ideas básicas de generar información con contexto, verificada, con visión 360 que entiende que todas aquellas fuentes que pueden contribuir a resolver un tema tienen que ser consultadas. Son cosas muy básicas para las que se necesitan desarrollar un criterio profesional conociendo bien el país al que se tiene que ayudar. 

-¿La objetividad periodística existe?

-Desde el punto de vista de que van dos periodistas al mismo lugar y ven lo mismo, no existe. Hay distintas perspectivas y distintos enfoques, pero existe una realidad con alguna objetividad. Es decir, la final de la Copa Libertadores en Madrid no la ganó Boca. Hay una serie de elementos alrededor sobre los que se pueden construir perspectivas, pero no puede considerar que nada es objetivo y nada real. Creo que  los propios periodistas han perdido cierta brújula porque consideran que la realidad no existe como tal. Es muy peligroso que los propios mensajeros, los propios productores de la información tengan ese concepto tan relativo de la verdad. A mí me parece que ese es un juego peligroso.

-¿Qué consecuencias puede tener ese relativismo extremo?

-Se empiezan a promover hechos alternativos o realidades muy funcionales como si fueran verdaderas, simplemente porque convienen a unos objetivos o convienen a una cosmovisión, o convienen a unos factores sociales y políticos con los cuales se identifican quienes promueven esos hechos. Así se empieza a construir una realidad informativa muy acorde a las necesidades de cada actor, y se pierde cierta objetividad. Para mí lo central es que esa información del periodismo profesional construye una base informativa común. Una información que todos los ciudadanos comparten más allá de lo que piensan porque a partir ella se puede construir una convivencia común, si realmente hay una visión tan distinta sobre lo que pasa, que parece que vivieras en dos países distintos, es muy difícil la convivencia democrática.

“La información del periodismo profesional construye una base informativa común, es decir, una información que todos los ciudadanos comparten más allá de lo que piensan”

-¿Podría decirse que un buen periodista o el mejor periodista es aquel capaz de informar sobre hechos, actores y realidades que contradicen en alguna medida sus propias convicciones?

-En gran medida es una característica. También se puede hacer eso y equivocarse mucho por ofrecerle a la sociedad información que en ese momento no necesita y entorpece los procesos principales. Hay una idea de gestión de la información en el periodismo porque hay climas y hay temas que son más constructivos y otros más destructivos. El periodista no es sólo una máquina fría que transmite información verificada hacia el espacio público, tiene que tener sensibilidad para saber percibir cuáles son las consecuencias de sus actos. Yo puedo poner en el espacio público una información muy verificada que puede arruinar la convivencia democrática. 

-¿Hasta dónde podemos identificar a los periodistas con los dueños de los medios en los que trabajan?

-Depende de los medios, pero en general hay toda una variedad de matices.  Ahora que los periodistas tienen una vida profesional en las redes sociales (separada de los medios), hay un desdoblamiento extraordinario. Hemos visto cosas en medios de la Argentina donde los periodistas dicen una cosa, los dueños del medio otra y el primer nivel directivo de la redacción, otra.  Es un pluralismo divino, es un pluralismo intra mediático propio de las sociedades más desarrolladas. Cuando los medios en su interior empiezan a controlar el pluralismo es una muy buena escena.

-¿No te da miedo esa discusión?

-La posibilidad de construir un periodismo se ha expandido. Claramente, los periodistas tienen consciencia de periodista siempre, no tienen que considerarse barrabravas en las redes porque eso afecta también el pacto de lectura con los medios. Los periodistas tienen que hacer cierto aprendizaje sobre cómo actuar en redes sociales.

“El rol del periodismo en los medios públicos es tratar de completar la diversidad que el sistema de medios está ofreciendo”

-Hemos tenido casos recientes de periodistas que saltan de las redacciones a la política. ¿El periodista es un político reprimido?

-A veces actúa en los medios como si fuera un político con micrófono (cosa legítima porque forma parte de la libertad de expresión y de la vida pública), pero no es bueno para la profesión periodística. Uno conoce un montón de periodistas en radio, televisión e incluso en gráfica que expresan sus opiniones permanentemente, sin una riqueza informativa importante, simplemente es un posicionamiento político. Ni bien acaban de recibir las noticias, ya están opinando duramente e incluso, muchas veces, explicando cosas que no conocen. Yo no le tengo miedo a la puerta giratoria entre la política y el periodismo. Hay un montón de casos y el primer ministro inglés posiblemente sea un periodismo en el futuro, pero sí considero que cuando uno tiene un rol tiene que cumplirlo. Si se está ejerciendo el periodismo hay que comportarse como periodista. Cuando son demasiados los periodistas que hacen política abiertamente desde los medios y hay muy pocos que intentan una posición más distante y profesional se genera un desequilibrio.

-¿Qué dosis de entretenimiento debe tener el periodismo?

-Se ha demonizado el entretenimiento y para mí es una de las claves de la información. Es el viento en las velas de la información. Si la información no es entretenida y no está bien presentada, de manera que atraiga la atención, no hay ninguna posibilidad de dar el servicio a la sociedad. Si hay que darle de comer brócoli a un niño debemos presentarlo de una manera extraordinaria para que lo coma porque le hace bien. El periodista tiene información de bien público que le sirve  al ciudadano, pero es medio brócoli, por lo tanto, tiene que poner un montón de cosas para que sea atractivo para la audiencia. En todos los momentos históricos, los editores se han caracterizado por buscar cuáles eran las mejores formas de hacer entretenida la información, incluso en periódicos que hoy veríamos como recontra aburrido, de la Revolución de Mayo, de la etapa de Rivadavia. Siempre se pensó cómo hacerlo más entretenido, cómo hacer la letra más bonita, la tipografía más interesante, cómo sumar novelas. ¡Cuántas novelas tuvimos en el siglo XIX a partir de los diarios que justamente buscaban que la audiencia quisiera consumir esa información. Entonces esa demonización entre información y entretenimiento no es buena.

-¿No hay riesgo de caer en el paternalismo desde el periodismo?

– No creo en eso porque la sociedad tiene las profesiones para su servicio y son los periodistas quienes tienen que estar alerta de cuál información es importante y prepararla de una forma que sea entendible y pedagógica para la sociedad. Si eso es entendido como una cuestión paternalista, a mí me parece un error porque creo que es parte del rol. La gente llega de trabajar todo el día y no tiene tiempo para estudiar cómo se está negociando la deuda, es el periodista el que lo tiene que hacer y explicárselo muy clarito. La gente no quiero dedicarle cinco hora a leer un documento del Fondo Monetario, lo que necesita es que alguien lo procese, lo traduzca y lo explique. Antonio Gramsci, un intelectual enorme del siglo XX, decía que el periodismo es la escuela de los adultos y claramente todos los asuntos públicos la sociedad los tiene que aprender en gran medida a partir de periodismo.

-¿Cuál debería ser el rol del periodismo en los medios públicos?

– El rol del periodismo en los medios públicos es tratar de completar la diversidad que el sistema de medios está ofreciendo.  Si el sistema de medios comerciales da entre el 60 y el 70 por ciento de la diversidad queda un porcentaje para amplificar y completar. Lo que pasa es que con la calidad de nuestros estados, todavía cuesta mucho no sólo en la Argentina, sino en América Latina. Hay ejemplos como el chileno, y algunos casos en México y Brasil donde los medios públicos son mejores al resto de la región, pero en la Argentina aún falta mucho, más allá del enorme esfuerzo que ha hecho este gobierno a partir del año 2016 en esa transformación. Es muy difícil porque el Estado tiene incorporada una fuerte máquina impedir que tiene una rama política, una rama gremial y otra puramente estatal que hace muy costosa cualquier transformación. Hay que dar pequeños pasos. 

“Los propios periodistas han perdido cierta brújula porque consideran que la realidad no existe como tal” 

-Además me da la impresión de que la sociedad no termina de apropiarse de sus medios públicos

-No se apropia. Y cuando lo hace, en algunas ocasiones, es con islas de contenidos, o sea, con algunos programas o a pequeñas islas de calidad. De hecho, en gran medida la clase política no tiene una idea clara de lo que hay que hacer con los medios públicos, creo que hay que desarrollar una concepción de medio público. Pienso que el Pro, como fuerza política, estaría dispuesto a privatizarlos o cerrarlos.  

-Vos investigaste mucho y escribiste en tus libros sobre los grandes editores de la Argentina. ¿Cómo imaginás a los grandes editores de los próximos años, los de la era digital?

– Los estoy esperando porque creo que van a surgir, incluso deben estar ahí en formación, pero son pioneros muy contradictorios. Todo gran editor es muy contradictorio, no existe un editor modelo. Son tremendamente apasionados, siempre ponen por delante la información (esta es la clave de un gran editor), no el tipo de plataforma, ni el tipo de modelo de negocio, sino la información y es esta caracteriza la que les permite dejar la huella fuerte. No hemos tenido editores extraordinarios para endiosarlos o convertirlos en próceres. No sé si en otros países habrá pasado lo mismo, pero todos tienen sus claroscuros interesantes, propios de las personas y propios del país en el que les toca vivir. Pienso que nuestro futuro va a depender de la iniciativa individual. Desde ese punto de vista creo que muchos de los nuevos modelos de medios van a estar muy formateados por personalidades. En la misma línea de largada, con estas tecnologías, estas oportunidades comerciales y estas posibilidades de financiamiento va a depender de las inspiraciones personales y los entusiasmos de los editores. Por ejemplo, el modelo de la radio argentina está completamente asociada a Jaime Yankelevich y el modelo de los diarios a partir de las décadas del 60 y 70 a Jacobo Timerman, es decir, personalidades precursoras. Todavía no estoy viendo a los nuevos editores, pero seguramente van a surgir.

-¿Cómo se van a financiar esos medios? 

-Es un mix con un montón de ventanitas, como ha sido antes. Por ejemplo, en algún momento el Washington Post decidió comenzar a financiarse mediante el negocio educativo, mientras que el New York Times, en una situación muy difícil, comenzó a construir fábricas de papel para otros. Por lo tanto, cuando se habla de modelo de negocio universalizamos el medio que era exitoso para todos y eso nunca pasó. En la historia del periodismo siempre hubo un núcleo, una isla de medios exitosos, y alrededor un océano de precarización. Siempre ha sido igual, por eso, cuando se sanciona el Estatuto del periodista, a partir de 1943, todo el mundo sabía que el único medio que iba a cumplirlo era el diario La Prensa, justamente el único que se oponía. Los demás no lo cuestionaban, pero tampoco lo cumplirían. Por lo tanto, no  venimos de una época donde había un modelo de negocio universalizable, siempre ha sido para pocos. 

-¿Qué cosas tenemos que enseñarle a los periodistas del futuro?

-Eso me lo pregunto todos los días y todos los días.Trato de pensar qué deberíamos enseñarles si empezáramos hoy de cero. Es una mezcla entre las competencias clásicas y las competencias nuevas y esa esa combinación es clave: una enorme flexibilidad, una enorme conexión social y un enorme rigor con la  información.

-¿Se puede enseñar ética?

– Creo que sí. La mayoría de las malas praxis que veo en el mundo profesional son por ignorancia y no por voluntad. Creo que la ética y la calidad son sinónimos.

-¿Por dónde empezamos ese camino? 

-Hay que fortalecer las organizaciones que generan una discusión autocrítica permanente porque la autocrítica permanente es el aprendizaje permanente.