Contenidos 27/09/2017

Blindaje mediático y sociedad boba, argumentos finales del kirchnerismo

Por José Crettaz

Cristina Kirchner concedió una nueva entrevista periodística, en la que insistió en la desinformación de los electores

Blindaje mediático y sociedad boba, argumentos finales del kirchnerismo

Cristina Kirchner defraudó otra vez las expectativas que ella misma y su equipo generan: la ex presidenta es incapaz de mantener un diálogo cuerdo con un periodista que haga preguntas. Tras la entrevista periodística que concedió a Luis Novaresio en Infobae.com (que le hizo perder votos a ella y llover críticas al periodista), y la idolatría a la que fue sometida en el programa de Víctor Hugo Morales en AM 750, la candidata a senadora bonaerense de Unidad Ciudadana concedió ahora una entrevista a Carlos E. Cué, corresponsal jefe del diario El País en América del Sur. Como Novaresio en su momento, Cué preguntó y repreguntó en varios fragmentos del reportaje -del que sobresalen las frases destacadas elegidas por los editores, sencillamente geniales-.

Kirchner agotó el efecto sorpresa -de hablar con periodistas- en su paso por Infobae, fue menos relevante en su charla con Morales y parece diluirse en esta nueva entrevista con El País, que ya no tuvo la misma repercusión. Salvo que el conurbano profundo nos de una gran sorpresa con su comportamiento electoral, Cristina Kirchner parece encaminarse a la intrascendencia de otros ex presidentes peronistas (como Menem y Duhalde), incluso aunque reciba millones de votos el mes próximo.

Ella misma lo reconoce en la conversación con Cué: si pierde, igual será la opositora más votada y por lo tanto tendrá que liderar la alternativa a Cambiemos. Pero Fernández de Kirchner ni siquiera lidera el Partido Justicialista (PJ) de su distrito natal -que dejó en manos de su ex ministro estrella, Florencio Randazzo- y nadie la espera con afecto en el Senado, tal como ya se expresó el jefe de la bancada peronista y ex líder parlamentario K, Miguel Pichetto. En este nuevo diálogo insiste en su condición de peronista no kirchnerista. Sí, ahora que no alcanzan los votos kirchneristas -aquellos que alguna vez se llamaron transversales- hay que salir a buscar los peronistas de Perón, ese viejo de mierda (al decir de la propia Cristina Kirchner en otro momento).

De los tres diálogos públicos que la ex presidenta tuvo en campaña -dos periodísticos y uno militante- se desprende como primera conclusión que al kirchnerismo parece haberle quedado un solo argumento: el blindaje mediático que -según explican-  impide a la sociedad conocer el desastroso gobierno del presidente Mauricio Macri. Los medios adictos al actual gobierno, al parecer, eran los contreras a su gobierno (no quiero extenderme mucho pero ese razonamiento es bastante fácil de rebatir para una buena parte del sistema de medios de comunicación).

Periodista: Si estaba tan bien con ustedes ¿por qué perdieron?
C. Kirchner: Fueron 12 años y medio, con un desgaste natural del Gobierno, más un aparato mediático en contra. Además, el Gobierno actual dijo que nadie iba a pagar impuesto a las ganancias, que el problema de la inflación se iba a resolver, que no iba a haber devaluación, no iba a hacer tarifazo, que se iban a mejorar las cosas que estaban mal y se iban a dejar las que estaban bien, que nadie iba a perder lo que tenía… Así y todo, perdimos por 700.000 votos. Si uno promete una vida mejor y más feliz, es probable que gane. Respeto el resultado de las elecciones, pero a la gente le han mentido.

Periodista: Si les engañaron ¿por qué dos años después la gente mantiene su apoyo al Gobierno?

C. Kirchner: La parte que lo apoya es más o menos la que lo votó en la primera vuelta en 2015, cerca de un 34%. Creo que hay un componente de blindaje mediático muy importante.

Periodista: ¿Tan fácil es manipular a la gente?

C. Kirchner: Creo que nadie puede ignorar el rol que juegan los medios.

Periodista: ¿Por qué la gente no se daría cuenta de que Macri les está haciendo daño?

C. Kirchner: En la provincia de Buenos Aires, de cada tres bonaerenses, dos votaron por la oposición. Lo que pasa es que la oposición está dividida. Invierto la pregunta: ¿cómo puede ser que una fuerza estigmatizada, perseguida, sin recursos económicos pudo ganar en la provincia de Buenos Aires a un Gobierno que cuenta con todos los medios de comunicación y todos los recursos? La verdadera hazaña democrática es lo que hizo Unidad Ciudadana, con absolutamente todo en contra.

En su diálogo con Cué, Fernández de Kirchner comparó esa supuesta situación de confusión por efecto de la droga de los medios con la sociedad desinformada sobre la desaparición forzada de personas en los años 70, y a los propios medios como “fuerzas de tareas”.

Periodista: ¿Qué pasó para que ganara Macri? ¿Le sorprendió?

C. Kirchner: No, porque hizo un enorme compendio de promesas de campaña. Dijeron que no iba a haber devaluación, ni tarifazos. Además tenía como fuerza de tareas a todo el tema mediático. Es natural. Si Macri tuviera una semana mediática o dos como las que yo tuve durante mis ocho años de gestión no sé cómo estaría.

Periodista: ¿Todo es manipulación? ¿La gente no tiene voluntad?

C. Kirchner: ¿Y cómo aceptó la gente que hubiera 30.000 desaparecidos en la Argentina? ¡Qué barbaridad! ¿Cómo pudo aceptar que tiraran gente de los aviones? ¿La gente sabía eso? No. Porque había un blindaje mediático. No se puede ignorar el peso mediático en las sociedades.

Periodista: No comparará la prensa de la dictadura con la democrática.

C. Kirchner:. No, pero ojo, los diarios son los mismos. Y los dueños. No estoy comparando con la dictadura. No estoy diciendo que sea lo mismo. Pero cuando hay montaje la sociedad puede tener una determinada orientación. Se dice por ejemplo que está mejorando la situación económica y cada vez hay más gente despedida, se siguen cerrando comercios, sigue cayendo el consumo. Estamos generando una bola de nieve, una Argentina que va a tener dificultades.

En esta entrevista -donde aseguró que como abogada no presentó habeas corpus en los 70 porque en Santa Cruz no hubo desaparecidos, cosa que cualquier organismo de derechos humanos podría rebatir mejor que yo- Cristina Kirchner usó más de diez veces las expresiones “blindaje mediático”, “medios afines”, “cuestión mediática” y similares.

Cristina Kirchner debería reconocer que fue durante su gobierno cuando se empezó a usar con mayor intensidad la expresión “medios afines”. Fueron estatales -que fueron manejados con criterio faccioso- y paragubernamentales -financiados con la pauta oficial y muchos otros privilegios públicos-. Persecución ideológica, escarnio público -concurso juvenil de escupitajos incluido-, cepo publicitario privado, discriminación con la pauta oficial, hostigamiento fiscal y presiones de diverso tipo e intensidad fueron moneda corriente durante su mandato y alguno de los periodistas ahora privilegiados con su predisposición a conversar podría pedirle una reflexión acerca de esas prácticas.

Tampoco fue sencillo el acceso a la información durante su gestión, a pesar del entusiasmo que generó la breve primavera kirchnerista de la transparencia en 2003. Superando su propio sesgo ideológico, algunos organismos internacionales recogieron parte los reclamos de empresas editoriales y de periodistas, tal vez tardíamente.

El argumento del blindaje mediático presupone la existencia de una sociedad boba, que vive engañada. Es un planteo insostenible en la era de la abundancia de información (hasta la info-xicación) y -sobre todo- de la desintermediación, en la que los medios tradicionales sufren la atomización de sus audiencias, que además se proveen a sí mismas de noticias -no siempre verdaderas, claro-. Es insostenible también porque no se registran cambios significativos en la propiedad de los medios y mucho menos en su consumo -más allá de la dispersión de las audiencias que lleva décadas-. ¿Acaso la implosión del grupo Szpolski dejó huérfana a una audiencia masiva que lo llora con profundo sentimiento?

Desinformar es anunciar la privatización de la empresa estatal Arsat -en cuya ley de creación, de 2006, se prevé paradójicamente que el capital social podría ser privado hasta el 49%-; anunciar el aumento del IVA al 25%, o plantear el desfinanciamiento del cine nacional, entre tantas otras fakenews que no salieron de las redes sociales sino de los medios militantes residuales.

Ya que hacer periodismo es caro (el trabajo de un periodista de investigación cuesta 250.000 dólares anuales según un estudio reciente), los medios kirchneristas podrían aprovechar sus recursos para investigar en serio la actual administración. Poner toda su pasión y compromiso ideológico en ejercer de verdadero periodismo watchdog o cuarto poder. Lamentablemente no lo han hecho y probablemente no puedan hacerlo porque lo más probable es que no lo sepan hacer. El programa 678 (¿cómo olvidarlo?) era una asamblea de centro de estudiantes, ni siquiera calificaba como espacio de opinión. Los ciclos de Roberto Navarro eran amarillismo político tardío, género en el que el prime time de C5N sigue siendo pródigo. De hecho, cuando se lo escucha a Gustavo Sylvestre o el propio Víctor Hugo Morales, a Navarro prácticamente no se lo extraña.

El problema del kirchnerismo es que no usó las decenas de miles de millones de pesos que el Estado (nosotros, los contribuyentes) le proveyó durante doce años -con mayor intensidad a partir de 2008- para construir medios alternativos con audiencia genuina. Hay un público kirchnerista y es suficientemente numeroso como para asegurar la viabilidad de los medios que le provean de una mirada propia de la realidad (para lo cual es fundamental que la dosis de realidad sea mayor que la de ficción). Los medios de Sergio Szpolski duraron lo que duró la pauta oficial, igual que los de Rudy Ulloa y Lázaro Báez -que también tuvieron medios-.

La audiencia kirchnerista -que para algunos se queda huérfana cuando animadores como Navarro se quedan sin aire- fue en realidad obligada a ser “ocupa”: ocuparon medios de línea editorial de centro derecha, como C5N o Radio 10 y los travistieron, y ocuparon medios de izquierda, como el diario Página 12, y le aguaron algunos de sus ejes ideológicos y periodísticos históricos.

No lograron construir medios propios a pesar de los recursos y de la audiencia. Tal vez no entiendan el mercado -al que ven sólo como un lugar cómodo para sus propios negocios- y no sepan tampoco cómo hacer esto. O tal vez lo que no entiendan sea simplemente cómo se ejerce la libertad.