Entretenimiento 14/04/2019

Héctor Cavallero: “El espectáculo siempre dependió del sube y baja de la economía, como el supermercado o la verdulería”

Por José Crettaz

Promotor de espectáculos -como se les decía antes-, productor de TV, teatro, cine, publicidad y shows de moda, participó del origen del cable y es autor de muchas de las innovaciones del negocio del entretenimiento en la región en las últimas décadas; una apasionante carrera, de Charles Richards a Michael Jackson y de allí a la formación universitaria de actores integrales

Héctor Cavallero es el padre de los promotores de espectáculos, como se llamó hasta no hace mucho a los productores de shows en la Argentina (papel desde el que se destacó también en otros roles, como representante y manager de talentos artísticos y como dirigente deportivo). Lejos de ser una leyenda retirada, Cavallero sigue vigente pensando nuevas formas de entretener en un mundo que cambia dramáticamente y formando para el futuro a actores integrales -de los que cantan, bailan y dramatizan- como director de la licenciatura en Artes Escénicas de la Fundación UADE, otra de sus innovaciones. Cavallero inauguró los grandes shows internacionales en estadios en el país cuando en 1993 trajo a Michael Jackson (aunque aquel trono se lo reconoce a Daniel Grinbank). Ha sido productor de televisión, mega eventos, teatro, cine, publicidad y shows de moda, estuvo en el origen de los MSO de la TV por cable en los años 90 y participó de muchas de las innovaciones del negocio del entretenimiento en la región en las últimas décadas (como bien contó Alejandro Cruz en este perfil).  En #TMTconversaciones repasamos algunos de aquellos hitos y también charlamos sobre el presente y el futuro del espectáculo.

– ¿Cuánto cambió el negocio del espectáculo en los últimos 15 años?

-Cambió en muchos sentidos. Lo que se mantuvo históricamente, desde los griegos a la actualidad, es el teatro. Aunque le encuentren variantes de formatos o quieran hacerlo parecer al cine con puestas en salas chiquitas, tiene toda una tradición que hace que guste verlo de determinada manera. En todo lo demás el vuelco ha sido impresionante. Yo hace 15 años manejaba a Los Nocheros. Ellos eran grandes vendedores de música y muy exitosos en shows. Se vendían cifras muy importantes en discos (hablo de más de 500 mil discos). Hoy si se venden 500 es una fiesta porque no existe la venta. Se transformó en un negocio nuevo que no se si rinde verdaderamente porque el porcentaje de las distintas plataformas son del 0, 2% por ciento.

-Y el riesgo sigue siendo muy alto para aquel que apuesta a un espectáculo

-Se mantiene la vieja modalidad de trabajar con grandes estudios, grandes consolas, buenos técnicos y mastering, como si se tratara de un disco físico y con el mismo sonido, sólo que es para las redes, entonces se hace caro. Por otro lado, hoy también se puede grabar en una casa. Es decir, los chicos hacen sus propias canciones y muchas veces los demos salen de trabajar en un cuarto de 3×3 donde graban en una consola los distintos instrumentos. Salen con eso y de repente, es un exitazo.

“Se vendían cifras muy importantes en discos, más de 500 mil. Hoy con 500 es una fiesta porque no existe la venta. Se transformó en un negocio nuevo donde el porcentaje de las distintas plataformas es del 0, 2% por ciento”

– ¿Sos optimista sobre estos cambios?

– Estos cambios más que optimismo me provocan sorpresa porque se alejaron completamente de mi capacidad intelectual. Hay muchas cosas que no entiendo.

-Vos siempre fuiste un emprendedor que fue adaptándose a la época, al tamaño del mercado a los intereses…

-¡A veces estaba adelante! El primer móvil de luces que hubo en la Argentina lo compré yo. Traje el primero y en el siguiente viaje a Estados Unidos me traje otro. La gente miraba los efectos de la iluminación móvil, que dirige sus hases hacia diferentes lugares, con admiración porque era una revolución. Hoy un espectáculo chico tiene 60. Hemos evolucionado mucho, también con las consolas de sonido. Todo esto fue un avance técnico del cual yo entendía y era parte. Me gustaba hacerlo porque quería darle un rendimiento mayor a los espectáculos que presentábamos. Cuando hicimos, en 1979, la versión americana de Drácula, que fue un éxito muy importante en la Argentina, trajimos micrófonos inalámbricos, iguales a los que se usaban en Broadway y acá no se usaban en el teatro (creo que era bueno porque hoy nadie se preocupa tanto porque su voz se proyecte hasta el público). En ese teatro, el Odeón, que creo que ahora tenemos la suerte de que por ley tengan que volverlo a hacer, no había aire acondicionado. Nosotros debutamos en febrero y Drácula, que era Sergio Renán, estaba vestido con un traje de pana con chaleco, saco y capa de pana, además del jabot. ¿Te imaginás con 36 grados? Se hacía y fue un éxito descomunal. Tengo muchos años haciendo teatro con éxitos y no tanto, pero creo que Drácula fue el mayor.

-¿Tenés una especie de afinidad con la comedia musical?

-Es que junta expresiones. Me gusta mucho la música, la danza y el teatro. Entonces, la comedia musical me atrae cuando es buena. Cuando son sólo una exhibición de elementos de producción y todos estos recursos que magnifican el espectáculo, pero no tienen contenido ya no me divierten tanto. Probablemente este año venga Corum Night, que es una pieza desprovista, pero con 20 tipos en el escenario contando historias, contando sus vidas, compitiendo en la audición. Que cantan y bailan, pero con un contenido muy sólido. Soy muy exigente. Más de lo que debería.

– ¿Fuiste pionero con el caso Michael Jackson y la presentación en un estadio?

-Lo de Jackson fue en octubre de 1993 y fue un caso especial. Se diferenció del resto de las cosas que se han presentado casi siempre en la Argentina porque que vino al país en el momento de su máxima popularidad, en el tope de su carrera. Acá los grandes artistas normalmente vienen después de 20 años. Sinatra vino después de 40 años y Paul McCartney después de 30. En cuanto a espectáculos en estadio, debo decir que el pionero fue Daniel Grinbank.  Jackson vino en el momento en que el mundo temblaba con su presencia y ese fue el ruido descomunal que provocó. Para mí fue un hito irrepetible.

“Hoy hay mucha propuesta. Creo que hay más entusiasmo en la oferta que en la respuesta del público. Hay, te diría, un teatro (con sus variantes) cada dos cuadras y las recaudaciones bajan y suben igual que en la verdulería y el supermercado. Funciona mejor el cine argentino. Se estrenan muchísimas películas. Algunas, no se sabe por qué se filmaron y otras son éxitos que no existían antes”

– ¿Y te lo recuerdan permanentemente?

-Yo soy la viuda de Michael Jackson

-Estaba esperando que me lo dijeras….

-Es que la gente imagina que yo tuve una conexión, un contacto con él mucho mayor del que tuve. Ese tipo de artista no tiene la puerta abierta para dialogar todo el tiempo. Lo que pasa, que yo tuve la suerte o la desgracia de que como se había aburrido de sus vacaciones en Suiza decidió venirse una semana antes a Buenos Aires. Con lo cual descompagina mi vida, la vida de Buenos Aires, la de los hoteles. Nos complica absolutamente todo y eso hace que tenga que tener contacto con él. ¿Te imaginás lo que significó tenerlo en vez de 3 días 10? Me obligó a tener más trato, no fraternal ni amistoso, sino simpático. Era un artista extraordinario que por momentos se convertía en un chico. El trato con ese chico era muy divertido.

– ¿Por ejemplo?

-Acá, en este piso tan brillante y parejito, él podría salir a patinar en medias. Se puso a tocar el arpa en el hotel escondido atrás de una columna. Se escapó al Patio Bullrich con sus nueve gigantes sin imaginar que se le iban a juntar mil personas alrededor. Cuando yo me entero de que estaba ahí, salgo volando con el auto. Llego al local donde estaba preso con toda la gente afuera y lo encuentro en el probador muerto de risa. Entonces yo le digo: Vos te reís, pero no sé cómo vamos a salir de acá. Armamos toda una movida con su gente de seguridad, la policía a la gente del propio shopping para sacarlo haciendo un caminito desde el local a una puerta lateral que comunicaba con el estacionamiento. Después de muchos empujones, donde se cayeron bancos, los ceniceros, todo lo que había al paso, él y yo logramos llegar al estacionamiento mientras los guardaespaldas se quedaron tapando la puerta. Pero, ninguno se dio cuenta de que tanto mi auto, como la camioneta de ellos estaban estacionados en la calle. Yo me pregunto para mí: ¿Qué hago acá? En eso, salía un señor, pobrecito, con un Renault 12 rojo a quien paro, le siento a Michael Jackson al lado y le digo: Sacame de acá, por favor. Nunca más lo vi, pero la cara de ese hombre mirando al lateral era desopilante. Es una historia que siempre cuento porque me causa mucha gracia recordarla.

– ¿Cuál fue la mejor época para el espectáculo en Buenos Aires?

-Siempre dependió de los sube y baja de la economía argentina. Hoy hay mucha propuesta. Creo que hay más entusiasmo en la oferta que en la respuesta del público. Hay, te diría, un teatro (con sus variantes) cada dos cuadras y las recaudaciones bajan y suben igual que en la verdulería y el supermercado. Funciona mejor el cine argentino. Se estrenan muchísimas películas. Algunas, no se sabe por qué se filmaron y otras son éxitos que no existían antes. Cuando nosotros estrenamos La Mary, con un éxito arrasador, una película que no era para volverse loco, pero tenía toda una cosa alrededor que producía interés. Fue a verla 1.500.000 espectadores, nadie podía creerlo porque era un récord absoluto, y cuando fuimos a cobrar ganamos menos de lo que habíamos gastado. Era el año 1975 y había pasado ese señor Rodrigo grande: el Rodrigazo. Esto en Argentina pasa. Es así.

“Nuestra intención es formar actores integrales y que todos puedan bailar, cantar y actuar. Por lo tanto, al que no cantaba nada hay que ayudarlo a que afine, al que tiene la mitad del camino a llegar a la cima y al dotado a desarrollarlo al máximo”

-¿Hay una clave, un secreto para el éxito en el entretenimiento?

-Si tuviéramos esa piedra filosofal seríamos todos millonarios. Lo que existe es la posibilidad de detectar grandes talentos, saber leer una pieza y acertar en que va a funcionar, leer un guión de cine, apostarle y ganar. A veces se da y a veces no. Pero, algunos artistas si que están condenados al éxito. Vos sabés que yo dirijo en UADE la carrera de Artes Escénicas y tengo como 400 alumnos y ahí se visualiza quiénes tienen ese carisma, esa cosa mágica, el talento. Esos son los que tienen la posibilidad.  Esa es la base, ahora si el éxito se produce no se puede saber. Maradona tenía un hermano que jugaba al fútbol mejor que él, pero no fue Maradona. Hay muchas contingencias que aportan para que el éxito se produzca. El carisma es lo primero que hace que se desvíe la mirada hacia algunos. Es el punto de partida. Después aparecen otros aspectos que contribuyen como el talento, la capacidad de elegir bien, el esfuerzo, el trabajo y el estudio. Hay en televisión algunos personajes que golpean rápidamente en la gente, pero no tienen ninguna formación ni les importa formarse, creen que tocaron el cielo con las manos porque la gente les pide un autógrafo en la calle. Pero, nacen y mueren en un lapso muy corto porque no resisten más. Los que tienen una educación escalón por escalón y, además tienen la suerte de ser visibles en algún momento, son los que descollan permanentemente.

-Recién recordabas que dirigís la Licenciatura en Artes Escénicas en UADE. ¿Cómo llegaste allí?

-Me llamaron quienes estaban en la carrera de Gestión de Medios y Entretenimientos, que es una carrera que yo siempre pensé que debía existir porque es la forma de darles herramientas a los chicos que les interese y les guste la producción. Es la forma de evitar que choquen con las piedras con las que chocamos los que tuvimos que aprender sobre la marcha. Fui como asesor y acompañé en la elaboración de los contenidos de la carrera (ahora me han superado porque hay cosas que no me entran en la cabeza, como los videojuegos). Yo me enojaba mucho porque creía (y sigo creyendo) que el nombre Gestión de Medios y Entretenimientos no representa bien la formación porque es mucho más que eso. Una vez en macha la carrera, ya les había dado muchas charlas a los chicos, sobre mi experiencia (yo no soy un catedrático), le dije a las autoridades de la Universidad: Ahora hay que tener el otro lado del mostrador: hay que formar artistas. Pasaron dos años y un día me llamaron para proponerme que desarrollara esa carrera y que además la dirija. Nunca me imaginé porque yo no estoy preparado para dirigir una carrera universitaria, pero lo tomé con mucho entusiasmo y me produce tanto placer el contacto con los jóvenes y el poder ayudarlos a encaminar la pasión que muchos de ellos tienen. Tanto la producción, como la actuación sin pasión no existen. A estas carreras los estudiantes no pueden venir a sacarse un cuatro porque no les sirve para nada. Es paso a paso. Danza 1, Danza 2, Danza 3 y Danza 4. Hay un orden y tiene que haber una evolución. Este año voy a tener los primeros egresados y me produce una gran sorpresa y satisfacción ver lo que han crecido artísticamente.

– ¿Qué hace falta para ser un buen actor, una buena actriz?

-La pasión y el estudio es un binomio fundamental. Nuestra madrina es Norma Aleandro y en una de las charlas que vino a dar a UADE, les contaba a los chicos que ella iba tomar clases de teatro y la profesora, una alemana radicada en la Argentina, un día le dijo: Mirá Norma, mejor que te dediques a otra cosa. Vos nunca vas a ser actriz. Según ella, pasó dos noches llorando, muy angustiada y luego decidió que iba a ser actriz. O sea que el trabajo, la formación, las posibilidades y la mirada hacia uno mismo, no la de los demás hacen que uno pueda ser actor. El cantante y el bailarín son distintos porque necesitan un don. Nosotros tenemos alumnos que están muy dotados, medianamente dotados y otros que no tienen ese don. Nuestra intención es formar actores integrales y que todos puedan bailar, cantar y actuar. Por lo tanto, al que no cantaba nada hay que ayudarlo a que afine, al que tiene la mitad del camino a llegar arriba y al dotado a desarrollarlo al máximo. Lo mismo en la danza. La formación, la preparación es clave.

-Te voy a hacer una pregunta que seguramente te hacen muchos padres. ¿De qué van a trabajar?

-Igual que los contadores. ¿Cuántos contadores o abogados tienen estudio propio? ¿Cuántos arquitectos dirigen obras? Todo dependerá del talento y las circunstancias. Siempre les hago el mismo chiste ¿De qué viven Susana Giménez, Mirtha Legrand o Marcelo Tinelli? Está claro que viven del mundo del espectáculo. Cabré debutó conmigo a los 10 años en teatro. En ese momento era un nene y hoy hizo una carrera meteórica, en la que pasó por todo el abanico desde el más mediático con la tele hasta hoy que se convirtió en un personaje maravilloso en la última comedia musical. No hay una fórmula para llegar, pero se necesita trabajo, esfuerzo y preparación.

– ¿Qué cosa de todo lo que hiciste te resulta más atractivo?

Tengo muchos momentos y muy lindos gracias a Dios. Los éxitos de teatro me hicieron muy feliz y me hacen. Yo tengo un elenco en UADE que está haciendo funciones los fines de semana en el teatro Ludé y lo vivo con una intensidad enorme. Me digo: Pero yo estoy loco, si no se cobra entrada, si son los chicos mostrando lo suyo. Pero los induje a que hagan su propia creación teatral y veo a la gente celebrarlos y aplaudirlos de pie que me nutre nuevamente. De la larga lista de artistas internacionales que traje, el primero que me golpeó fuertemente fue Charles Richards. Para mí fue convulsionante porque desde chico escuché su música, porque fue un artista único y además era ciego. Fui pasando por americanos, latinoamericanos, europeos hasta llegar a Michael Jackson, que me hizo pensar: ¿Después de esto qué? Y llegó Valeria Lynch, una artista que hice de cero y tuvo permanencia en el público los últimos 45 años. No estuve tan equivocado.