Contenidos 04/03/2019

Roberto Igarza: “La pluriatención nos pone en un alerta preventivo de preocupación por lo que nos estamos perdiendo”

Por José Crettaz

Uno de los pioneros en la investigación de la convergencia mediática destaca las características del fenómeno hoy y subraya el papel de la escuela, que debe formar en nuevas competencias

Roberto Igarza es un ingeniero humanista o un humanista ingeniero, según cómo se lo escuche. Se graduó como ingeniero civil en la École d’Ingénieurs de Lausanne, Suiza, y tras hacer un curso de posgrado en Antropología Económica y de Desarrollo en Ginebra, se doctoró en Comunicación Social por la Universidad Austral, ya de regreso en la Argentina.

Consagrado desde hace años a su actividad académica, en la actualidad como miembro de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneau), tuvo un paso destacado por el mundo corporativo en empresas públicas y privadas (entre ellas, el grupo Planeta). Ocupó diversos cargos de gestión académica en varias universidades, dirigió el Observatorio Mundial de Televisiones Educativas y de Descubrimiento (París) y es miembro de la Academia Nacional de Educación. Es profesor de posgrado en diversas universidades argentinas y del exterior y autor más de veinte publicaciones en los últimos diez años.

Ya en los años 80 encaró estudios pioneros sobre la convergencia de medios y su incidencia en los consumos culturales y en la enseñanza y se convirtió en un referente regional sobre la temática. Precisamente, en la intersección de la comunicación, las tecnologías y la cultura, Igarza se interesa por los cambios en la producción, difusión y hábitos de consumo de contenidos culturales. Autor de cientos de artículos científicos, tiene una veintena de publicaciones en los últimos diez años, entre ellos Nuevos medios, estrategias de Convergencia (La Crujía, 2008) y Burbujas de Ocio, nuevas formas de consumo cultural (La Crujía, 2009).

Maestro de varias generaciones en estas temáticas, con él repasamos en #TMTconversaciones sobre la agenda de la convergencia.

-Vale la pena empezar por el principio, ¿Qué es la convergencia?

-Es una de las promesas surgidas a partir del inicio de Internet, en los años 90, que pretendía describir algo muy importante que era acceder a una red, por entonces para pocos, con la posibilidad de que esa red se convirtiera en la red de redes. La capacidad de transmitir de algún modo todo lenguaje y todo contenido transformados en unos y ceros a través de redes digitales.

Todo eso, así dicho sencillamente, por entonces era además de una promesa, un gran desafío. Había que lograr que todas las redes pudieran digitalizarse y que los contenidos digitales pudieran circular con la mayor neutralidad posible a los efectos de que los usuarios tuviesen casi en cada enchufe la posibilidad también de acceder a la red y a contenidos de todo origen y naturaleza accesibles mediante una pantalla. Eso fue la promesa y el desafío de los años 90.

-¿Por qué es relevante la convergencia hoy?

-Porque sin ninguna duda, los usuarios han entendido que es una forma extraordinaria de acceder sin territorios ni jurisdicciones y casi sin limitaciones buscando aquello que les importa en un contexto dado. Incluso independientemente de la plataforma, del dispositivo y del contexto. Es decir, el ecosistema cultural mediático, todo aquello que es posible producir y poner a disposición de los demás, puede circular. Los usuarios lo que hacen es ser cada vez más demandantes, sabiendo que es posible hacerlo y encontrar casi todo lo que uno pretende. La meta red siempre tiene un eco, siempre hay una respuesta posible.

La convergencia es un factor clave para la democratización del acceso al contenido porque éstos fluyen con una velocidad extraordinaria. Que los usuarios se conviertan en alguna medida en participantes, en prosumidores -esa palabrita maravillosa que ya tiene más de tres décadas y que refiere a la alternancia entre consumir contenidos y producirlos-, es sin duda es una posibilidad para la mayoría de las personas.

-Algunos dicen que esa posibilidad de producir contenidos consumibles universalmente es baja en América Latina y eso hace que la mayoría de nuestros consumos culturales vengan de afuera. ¿Esto es así?

-Creo que es una verdad particularmente latinoamericana porque hay un desequilibrio entre emisor y receptor, en esto de la alternancia entre consumir y producir y, al mismo tiempo, un nivel de participación que resulta escaso para responder a esa promesa mutua de los años 90, de poner a disposición de todo el mundo, para todo contexto, a través de todas las pantallas, todo tipo de contenidos y con usuarios que aceptaban el desafío y también querían ser parte de un sistema donde la participación era clave.

Esa participación depende de competencias digitales, de lectura y escritura, y de la capacidad para interpretar textos e incluso leer lenguajes como el audiovisual para lo que la escuela no forma. Desde ese punto de vista, la convergencia sigue de manera progresiva ganando usuarios, pero no necesariamente a la altura de lo esperable.

“Pero, en todos los casos, lo más importante es que ya no hay ningún contexto donde un lenguaje sea predominante. Por ejemplo, en el living el lenguaje predominante era el audiovisual con el televisor”

-¿Estamos más cerca de la promesa inicial de la democratización de los contenidos o más lejos con una brecha digital cada vez más amplia?

-Empecemos por decir que aparecieron nuevos jugadores. La convergencia se apoyó en un vector tecnológico muy importante y en otro empresarial, estos fueron los dos pilares sobre los que se cimentó originalmente. Después aparecieron nuevos jugadores, que en esa desintermediación producen un juego nuevo. Desde el punto de vista del conocimiento, llevamos cinco siglos ordenando y buscando un formato enciclopédico que se ve transformado por un orden nuevo, una forma de presentar la información en mano de jugadores nuevos, con otros intereses y que no necesariamente visualizan, en esta etapa de la modernidad tardía, lo que supimos entender por entonces.

La convergencia entró en una nueva etapa donde hay tensiones relacionadas con las regulaciones acerca de cómo circula y cómo se accede a la información. Sabemos que a fines de 2001 aparecieron nuevos desafíos a nivel global que generaron nuevas tensiones, hay nuevas preguntas que llevan a repensar la convergencia desde un lugar distinto. Pero, en todos los casos, lo más importante es que ya no hay ningún contexto donde un lenguaje sea predominante. Por ejemplo, en el living el lenguaje predominante era el audiovisual con el televisor. Los contextos están perdiendo el significado que tenían y están resignificándose constantemente. Hay una intersección de esferas públicas y privadas y los contenidos se han plataformizado para atravesar todos los contextos, todos los momentos, no importa a través de qué dispositivo e incluso a pesar de las barreras que unos y otros (públicos y privados) pueden llegar a poner para que la gente no acceda. Nuevas preguntas hace que estemos en la búsqueda de nuevas respuestas.

-Cuando te escuchaba hablar de las plataformas y el rol predominante que empiezan a tener, me venía a la mente el eco de la aguja hipodérmica, la bala mágica y demás sobre estas plataformas gigantes, universales. ¿Hay una vuelta a la sospecha de que somos manipulados por una mátrix poderosa?

-Creo que ante cualquier especulación sobre esas bases, lo que hace falta es competencias para descifrar, desmontar estrategias de terceros a los efectos de que los individuos hagan uso de su libertad. El discurso audiovisual es importante, dado que captura una gran parte de los minutos de consumos culturales, más allá de la plataforma. Se ve cada vez más televisión fuera del televisor.

“Somos muchos los que creemos que, para esta nueva etapa de la convergencia, donde los contenidos fluyen todo el tiempo desde cualquier lugar y en cualquier pantalla sin limitaciones, deberíamos repensar las competencias a partir de sostener las más básicas y apuntando cada vez más a la solución de problemas prácticos”

Ahora, las personas no suelen tener competencias para entender acerca de lo que significa el mensaje cuando está en lenguaje audiovisual, ahí hay un tema de la educación para revisar cuánto saben las personas cuando salen de la escuela qué es un picado y un contrapicado para entender y hacer una apropiación adecuada. Este debería ser un objetivo como la compresión lectora. Hay un déficit que a la escuela le cuesta saldar y sobre lo que se debería saber más para evitar cualquier manipulación de terceros.

-¿Por dónde debería comenzar la escuela a rediseñar la educación para este nuevo tiempo de la convergencia?

-Hace algunos años, escribimos un libro con otros colegas profesores que se tituló No seamos ingenuos, manual para una lectura inteligente de los medios, tratando de sensibilizar a aquellos que tenían la oportunidad de repensar la educación convencidos de que había que darle importancia a otros lenguajes más allá del texto (por su puesto que el texto es fundamental).

Somos muchos los que creemos que, para participar de esta nueva etapa de la convergencia, donde los contenidos fluyen todo el tiempo desde cualquier lugar y en cualquier pantalla sin grandes limitaciones o segmentaciones de edades, deberíamos repensar las competencias a partir de sostener las más básicas y apuntando cada vez más a la solución de problemas prácticos. Por ahí va gran parte de la solución.

Lo medios de comunicación siempre han sido en alguna medida una puerta a aquellos problemas del cotidiano a los cuales la escuela le cuesta responder. La escuela está muy alejada y ahí hay un esfuerzo importante por realizar y un uso de los medios pendiente por resolver. No es cuestión de un programa tal o cual para inducir al uso de dispositivos sino que hace falta una política de Estado que supere el ámbito de un gobierno e incluso el de una plataforma.

-Estamos expuestos a muchos estímulos (notificaciones, redes en simultáneo, grupos de Whatsapp) y se habla mucho de la atención. Los estudiosos más extremistas dicen que no existe más, otros que estamos en una crisis de atención y hay quienes hablan de atenciones múltiples. ¿Cuál es tu opinión sobre esto?

– A mí me parece que mi abuela ya era multitarea y que el tema pasa por cómo fragmentamos el tiempo y lo distribuimos entre esas distintas tareas. Eso es lo que viene cambiando. Con la pluriatención hay que estar todo el tiempo muy alerta, en el campo visual y en el cognitivo, y eso nos lleva a estar en un estado de preocupación, y por qué no, de agitación, pensando que hay algo mejor que lo que estamos viendo, enfocados en lo que nos estamos perdiendo y en alerta preventivo.

Me parece que la fragmentación del tiempo, ese otorgamiento del tiempo a un objeto en particular, se está volviendo más pequeña. De hecho, se habla cada vez más de multitarea compulsivo. Hay estudios interesantísimos en la Universidad de Stanford, de dos profesores (Ophir y Nass), que trabajan mucho sobre la idea de multisharing. Esto viene de la época de la computación, de los años 60, acerca de cómo el multiprocesador distribuía el tiempo haciéndole pensar a cada una de las tareas que era prioritaria y mientras se llevaba a cabo buscaba otra y así sucesivamente en forma de carrusel, un poco como la gente hace hoy con los grupos de Whatsapp. Me parece que ahí lo importante es distinguir entre el multitasking y el multitasking compulsivo. Hay que estar atentos a la capacidad de tiempo mínima de atención.

Nuevamente hay que volver a la escuela y ver la capacidad para enfrentar esas situaciones y cómo gestionar las tensiones entre diferentes interlocutores, con distintas prioridades, elaborar una lista frente a eso que está aconteciendo. Me parece que esa es una cuestión de gestión entre diferentes atenciones que compiten entre sí y ahí la escuela de nuevo es importante.

-¿Celular sí o no para la escuela?

-Seguramente, en algunos momentos valdrá la pena sacar el celular para hacer uso y en otros guardarlo. Me parece que la dicotomía, la simplificación por sí o por no, no alcanza para explicar qué hacer porque además depende mucho de la edad de los chicos. La escuela tiene que tomar un paradigma provisorio, no puede no adoptar un planteamiento y rechazar una forma. Primero, lo peor que puede hacer es no hacer nada. Segundo, es importante determinar el espacio, el tiempo y dónde usarlo. Y tercero, lo que debería ser el punto de inicio, es con qué finalidad usarlo. Por qué lo uso y por qué no lo uso.

Pienso que hay que redescubrir en las estrategias lúdicas, por ejemplo, el uso de los dispositivos móviles. Me parece, y estoy siendo muy provocador, que si pensamos las estrategias de Pokemon para redescubrir la ciudad, podríamos, tal vez, habría que explorarlo, encontrar un montón de estrategias lúdicas para vincular el aula con la escuela, vincular la escuela con el barrio (una unidad de análisis perdida) y por qué no con la ciudad. Hay mucho por pensar, mucho por hacer. Tomar una posición no está mal aún sabiendo que es provisoria.

-¿Tenemos tiempo en las escuelas para pensar en estos usos y ámbitos más flexibles para experimentar?

-Hay una deuda del ámbito de la investigación universitaria a la hora de repensar esto. La convergencia de hoy está lejos de ser la convergencia tecnológica de los 90, y opera sobre los determinantes que llevan a un usuario a vincularse con los contenidos. Y ese usuario ya adoptó posiciones fuertes, ya se ha transmediatizado porque juega en escenas transmediales todo el tiempo entre el libro y la pantalla, entre el celular y el merchandising, etc.

“Con la pluriatención hay que estar todo el tiempo muy alerta, en el campo visual y en el cognitivo, y eso nos lleva a estar en un estado de preocupación, y por qué no, de agitación, pensando que hay algo mejor que lo que estamos viendo, enfocados en lo que nos estamos perdiendo y en alerta preventivo”

Ahí hay que tomar la decisión de investigar a fondo y de proveer desde el ámbito universitario y científico algunas pistas de hacia dónde la escuela podría ir. Hay voluntad del sistema universitario, con sus variantes y su gran diversidad, de entender acerca de esto (lamentablemente no siempre tempranamente). Cada vez hay más carreras de posgrado en enseñanza en entornos virtuales más dedicadas a estos temas. Hay un esfuerzo que se está haciendo (tal vez no al ritmo que deberíamos) y hay que profundizarlo.

-Uno de tus libros más citados es Burbujas de ocio. ¿Cuál es el panorama hoy de esos espacios de tiempo intersticiales donde irrumpen los contenidos de entretenimientos en ámbitos que antes no estaban accesibles?

-El libro cumplió 10 años y es un texto que llamaba la atención sobre circunstancias del momento. En el fondo representaban en alguna medida, algo de anticipación sobre lo que iba a ser masivo y por entonces lo era de segmento. En ese sentido, las cosas se han profundizado y han indicado que el rumbo que estábamos visualizando se sostuvo. El dispositivo móvil ha ganado el espacio que hoy le conocemos y me parece que hay que revisar las preguntas de entonces. Como siempre estoy en la búsqueda de nuevas y buenas preguntas porque me parece que eso es fundamental para alguien que se dedica a pensar y por eso estamos repensando qué significa hoy ese burbujeo, qué implicancias tiene mirándolo más desde el lado del consumidor. Es fundamental entender esas prácticas sociales, es clave el modo del que se han apropiado para hacer uso en distintos contextos para finalidades insospechadas. Me parece que lo que hay que hacer (y en eso estoy) es sacar una revisión de las preguntas de ese libro. Veremos.

-Hay una centralidad novedosa en el entretenimiento que se hace omnipresente en múltiples actividades (hablábamos de la educación, pero aparece en la política electoral, en la sociedad en general). ¿Es así?

-No estoy seguro de nuevas centralidades. Primero hubo un proceso de desapego del contenido respecto del soporte que todavía continúa (televisión fuera del televisor). A eso le siguieron múltiples rematerializaciones (la televisión fuera del televisor, pero visto en distintos soportes). Y hay un tercer proceso, que me parece que es el actual, que es la inmaterialización, es decir cuando uno compra una computadora nueva ya nadie está mirando las disposiciones en el disco duro para bajar videos, por ejemplo. Eso ya no le importa a nadie. Eso de lo que hablaban  Kelly y Rifkin en los 90 del acceso a la información, más que a la propiedad, hoy ya no tiene sentido porque a nadie le preocupa dónde está, dónde reside.

Es una fórmula distinta, donde el streaming ha jugado un rol muy importante, pero hay que decir que al inicio de la convergencia los algoritmos de compresión de video para transmitirlo por las redes eran muy pobres y entonces circulaba muy mal y las redes no estaban aptas. Hoy los algoritmos han mejorado y las redes se han potenciado mucho. Esto favorece esa inmaterialidad, es decir, la nube. Provocadoramente y parafraseando al gran McGuigan, hoy se puede decir que la nube es el mensaje. Se percibe menos el emisor y está menos condicionado por el dispositivo y el contexto. Esa inmaterialización está caracterizando esta etapa de la convergencia.