Contenidos 13/10/2019

Miguel Ángel Rodríguez Arias: “Si decimos que todos son corruptos nadie es corrupto, y como cultura eso es terrorífico”

Por José Crettaz

El psicólogo, publicista y documentalista contó en #TMTConversaciones su visión sobre el futuro de los programas de archivo y la recepción de los documentales por parte de la audiencia

Miguel Ángel Rodríguez Arias es director, productor, guionista, investigador y psicólogo. El material de archivo audiovisual atraviesa toda su vida personal y profesional. Entre sus múltiples trabajos destacados se encuentran el mítico Las patas de la mentira, conducido por Lalo Mir para la televisión, y la película El Nüremberg argentino que relata el histórico juicio a las Juntas Militares. En esta entrevista para #TMTConversaciones -realizada a principios de 2018- repasó los momentos más importantes de su carrera, sus comienzos y motivaciones.

-¿Cuántas horas tenés de archivo?

-Al día de hoy unas 60.000 horas híper clasificadas.

-Que pasaron además por distintos soportes

-Sí, pero el soporte básico es el VHS. Desde hace bastantes años que grabamos en DVD y ahora directamente en digital.

-¿Cómo se elige que se graba?

-Es un trabajo de muchísima sensibilidad. Es presentir qué es lo que se puede llegar a usar o qué es lo que tiene un valor histórico aunque uno no lo vaya a usar. También grabamos a [Marcelo] Tinelli y a Mirtha Legrand, pero empezamos grabando a [Bernardo] Neustadt cuando estaba con [Mariano] Grondona.

-Antes era más fácil porque sólo era Neustadt y alguna cosa más.

-También había un programa de [Hugo] Gambini o alguna otra cosita más. El archivo atraviesa nuestra vida y uno tiene mucha sensibilidad de qué es lo que tiene que grabar y qué es lo que va a servir. La ventaja hoy es que si se nos escapa algo tenemos a You Tube para recuperarlo.

“Primero fui publicista, después fui psicólogo y, mientras tanto, hacía el archivo. Ahí apareció el tema de los fallidos”

-¿Por qué empezaste a hacer archivo?

-Me interesaba la política y el psicoanálisis, y el archivo tiene una lectura psicoanalítica. También me interesaba la comunicación, durante 20 años trabajé en publicidad. Primero fui publicista, después fui psicólogo y, mientras tanto, hacía el archivo. Ahí apareció el tema de los fallidos.

-No fuiste de los fallidos al archivo. Viste a los políticos interactuar con los medios y aparecieron los fallidos

-Sí. En realidad el primer fallido que grabé fue el de Deolindo Felipe Bittel en el estadio de Vélez, en 1983, cuando dijo que el justicialismo, entre la liberación y la dependencia iba a optar por la dependencia. Se rascó el cuello, como si se hubiese dado cuenta, y siguió de largo. Ahí pensé si esto no se graba, no se puede recuperar porque los canales no hacen archivo y el Archivo General de la Nación no tiene programas de televisión.

-¿Aún hoy no tiene archivo audiovisual?

-No tiene archivo audiovisual a pesar de que salió una ley que obliga a los canales a entregar al archivo los programas periodísticos, para que el AGN determine cuáles son de interés. Eso no se implementa y el archivo tampoco tiene los medios para realizarlo.

-¿Qué grandes furcios de la historia política argentina reciente tenés identificados? Está el de Barrionuevo…

-Concretamente no es un fallido. Barrionuevo esa tarde habló con un político radical. A la noche fue el programa Grondona, se ve que confundió el espacio privado con el espacio público, y afirmó: “Tenemos que tratar de no robar, por lo menos, por dos años para sacar este país adelante”. Después lo amplió, fue peor, y mencionó que efectivamente el sindicato recibía comisiones de los estudios jurídicos y contables a los que les daba trabajo. Afirmó que era lícito que les dieran un porcentaje.

-Estaba justificando la coima

-Tenía tan integrada la coima que no se daba cuenta de que lo que estaba diciendo no era políticamente incorrecto, sino que era una barbaridad.

-¿Menem era una máquina de furcios?

-Menem ha cometido muchos fallidos. Hoy los fallidos ya son historia, se siguen cometiendo pero nuestro trabajo evolucionó hacia otro lado.

“La característica que a mí más me llamó la atención y que nos permitió hacer Las patas de la mentira fue esta característica, que señalamos antes, del reconocimiento de la corrupción como una manera de legitimarla”

-¿Qué características tuvo cada gobierno en la cuestión de los actos fallidos?

-Durante el gobierno menemista la característica particular era que se reconocía la corrupción, se hablaba de corrupción en primera persona como una manera de legitimarla. Me acuerdo cuando [Raúl] Granillo Ocampo dijo: “Los corruptos los tenemos sentados a nuestra mesa y son amigos de nuestros amigos y amigos de nosotros mismos”.

-Y los demás gobiernos… ¿Qué otras características tuvieron?

-La característica que a mí más me llamó la atención y que nos permitió hacer Las patas de la mentira fue esta característica, que señalamos antes, del reconocimiento de la corrupción como una manera de legitimarla. Hay que entender por qué tienen esta actitud de hablar de corrupción en primera persona o de culpar de corrupto a otro ministro del mismo gabinete en un programa de televisión, como el de Grondona, de gran audiencia.
Al final encontré una explicación.

-¿Cuál es?

-Si legitimamos la corrupción, si todos somos corruptos, nadie es corrupto. Como cultura es terrorífico.

-¿La mentira siempre es parte del discurso político?

-Sí, es funcional a la política. No se puede decir la verdad en ningún ámbito, lo dice Lacan inclusive. La política se caracteriza por el ocultamiento de cuál es la realidad. Ahora estamos con la posverdad que es la legitimación de la mentira.
La mentira está a la orden del día, se ve en cualquier programa de televisión, la cuestión es qué hace uno con eso. Nosotros lo grabamos, pero en este momento no hay un espacio para hacer un programa como Las patas de la mentira.

-¿Cómo reaccionaron los gobiernos ante las distintas versiones de Las patas de la mentira? ¿Hubo presiones para sacarte del aire o para que no se difundan esos documentales?

Las patas de la mentira comenzó en 1990 como formato video [hogareño], como un trabajo de investigación. En 1994 me di cuenta de que ese camino ya no tenía una difusión masiva, que era lo que yo buscaba. Luego, con gran candidez, comenzamos a hacer Las patas de la mentira en América TV. Había una gran libertad de prensa y con Las patas de la mentira no éramos políticamente correctos.

“La mentira está a la orden del día, se ve en cualquier programa de televisión, la cuestión es qué hace uno con eso”

-Quedaban los políticos expuestos

-En ese momento realmente decíamos cualquier cosa, de cualquiera, pero nunca desvirtuamos los discursos para hacerle decir a alguien algo que no había dicho como sucedió con programas que se emitieron después. Nunca tuvimos quejas o una carta documento, nunca nadie nos cuestionó eso.

Aunque en 1997 cuando [Eduardo] Eurnekian ganó la licitación de los aeropuertos puso como condición levantar del aire al programa Día D por las denuncias de corrupción y Las patas de la mentira por los discursos. Les molestaban más los discursos que las denuncias porque éstos eran incontrastables.

-¿Y con el kirchnerismo?

-Con el kirchnerismo no tuve oportunidad de trabajar en televisión, a pesar de la gran cantidad de intentos que hice y charlas que tuve con las autoridades de ese momento.

-En una época en la cual fue el boom del formato de programas de archivos

-A mí me llamaron dos años antes para hacer lo que después fue 678. Necesitaban archivos y nosotros teníamos mucho prestigio por los programas que habíamos hecho pero dije que no.

-¿Por qué dijiste que no?

-Porque no era el tipo de programa que yo quería hacer. Era lo contrario de Las patas de la mentira, un programa en el cual nunca me bajaron línea, ni lo hubiese aceptado. Esto era hablar en contra de ciertas personas.

-¿La idea, en ese momento, era perjudicar a adversarios circunstanciales?

-Sí. Las patas de la mentira al comienzo no se hizo con un objetivo comercial, se hizo con mística.

“A mí me llamaron dos años antes para hacer lo que después fue 678. Necesitaban archivos y nosotros teníamos mucho prestigio por los programas que habíamos hecho pero dije que no”

-¿Cuántos archivos como el tuyo existen en Argentina?

-El archivo vale por la clasificación, no vale por la cantidad de horas, y depende para qué se lo quiere usar. [Gastón] Portal debe tener muchas más horas que nosotros y [Diego] Gvirtz también, pero el objetivo es otro. Además, esos archivos se van discontinuando y no sé si quedaron en manos del Grupo Indalo. Entonces ¿quién es el alma de ese archivo? ¿quién es el responsable de hacer el seguimiento de ese archivo, mantenerlo actualizado y clasificado?

-¿Cómo es la clasificación?

-Tengo un software específico pero esto es un trabajo artesanal. Yo no tengo empleados, la que hace el archivo es mi mujer. Ella graba e ingresa en el servidor lo grabado, ahí se termina el tema del archivo. Después tengo gente con la cual hago el programa de televisión.

El archivo hay que tenerlo cuidado, resguardado y actualizado. Todo eso no es rentable económicamente. Hoy no hay espacio en la televisión para tener un programa que se alimente de archivos. El archivo de los fallidos, de los discursos contradictorios o aberrantes de los políticos está agotado.

-¿Y de otras figuras públicas que no sean de la política?

-A nosotros siempre nos interesó la clase dirigente porque pensamos que es aquella que tiene la responsabilidad de gobernar el país. Nos nos interesaba apuntar a los actores u otras figuras.

-¿Qué el lugar ocupa el concepto de memoria?

-Yo creo que es una de las motivaciones principales. Hice tres documentales sobre derechos humanos: El Nüremberg argentino. que tuvo una gran difusión; después hice Civiles y militares, que tuvo una poquísima exposición porque durante el kirchnerismo no pude estrenarlo en la TV Pública; y luego realicé Buscadores de identidades robadas sobre el Equipo Argentino de Antropología Forense que sí se estrenó la TV Pública. Este último era un documental muy fuerte pero políticamente correcto. Fue la primera vez que se mostraron las tumbas de los NN.

-¿Hay una resistencia por parte de la sociedad de ver hechos que nos interpelan?

-Sí. Imagínate lo que es mostrar, en 2013 por la TV Pública, las tumbas colectivas en las que habían restos de 50 o 60 personas. Era muy fuerte. Sin embargo, me dio un punto de rating en 2013 que son alrededor de 100.000 personas.

El Nüremberg argentino mostraba las declaraciones en el Juicio a las Juntas de las víctimas que habían estado en la ESMA. Sin embargo la gente iba al cine, después se pasó por televisión y se difundió por el mundo.

“El archivo de los fallidos, de los discursos contradictorios o aberrantes de los políticos está agotado”

-Entonces sí hay público dispuesto a ver material incómodo

-Eso depende a qué público se apunta. Si se quiere hacer un programa de 10 puntos de rating no es el camino, pero hay un público que está interesado en ver ese material. También está el periodismo que lo publica en los medios y hace que ese material tenga mayor interés. El periodismo es muy importante para difundir el trabajo que hacemos.