Contenidos 25/09/2018

Jornadas de la TV por cable 2018: la gran convergencia ya está entre nosotros

Por José Crettaz

Somos nosotros, los usuarios, los que con nuestros intereses culturales, informativos y de entretenimiento empujamos la demanda de conectividad y hacemos confluir mucho más que las telecomunicaciones y los contenidos

Jornadas de la TV por cable 2018: la gran convergencia ya está entre nosotros

Telecom promete estrenar un título audiovisual de producción propia cada mes en su plataforma Flow. Turner consolida su servicio de videojuegos a demanda Gloud y –desde la nube– pone un pie donde reinan Sony y Microsoft con sus consolas. Disney, que concretará el año su próximo divorcio de Netflix, prepara su propio OTT y su producto deportivo ESPN ya se ofrece standalone. AT&T está creciendo con su plataforma DirecTV Now y hace tiempo que ya no es satélite dependiente.

Facebook sorprendió en América del Sur al comprar los derechos de la copa Libertadores, que compartirá con Fox Sports, siguiendo los pasos de Amazon en Europa. Movistar prepara su desembarco en la TV paga argentina estrenando su acuerdo global con Netflix y amagando con sumar los títulos de Amazon Prime Video, además de sus propias producciones y canales (como eSports, nuevo segmento en el que se hizo fuerte en España).

Radio Mitre, una AM histórica, lanzó su app móvil asociada a la francesa Deezer porque piensa competir con Spotify en el segmento de streaming en el que ClaroMúsica ya tuvo algunos hitos. HBO -otra división de AT&T- desembarcó en Argentina por fuera de los grandes operadores mediante un acuerdo con la federación de cooperativas de cable, Colsecor y una tarjeta de crédito cordobesa. Y así podríamos seguir enumerando actores, tecnologías y servicios que convergen en las formas más variadas (y sumar incluso productos como Teatrix, la OTT del teatro nacional que ya cumplió tres años).

La convergencia no es sólo de telcos y cables, ni de productores y distribuidores de contenidos, ni de plataformas y servicios, ni lineal o a demanda, ni de jugadores globales contra campeones subcontinentales, o líderes nacionales contra pymes o cooperativas híperlocales. La convergencia es obra de los usuarios con sus cambiantes hábitos de consumo cultural -que es el verdadero motor de la demanda de datos- y está atravesada por la globalización y la fragmentación de las audiencias, que además están en movimiento y con una pantalla siempre al alcance.

Pero esa característica soft exige una realidad hard: que cada hogar y cada individuo estén conectados a redes fijas y móviles robustas por las que se pueda acceder a una oferta atractiva de contenidos globales y también de la propia esfera cultural, y a servicios digitales (e-learning, e-health, fintech, agtech, industria 4.0, IoT, etc) pertinentes con las necesidades de esta parte del mundo y de cada subregión del país.

Y para que todo eso ocurra hacen falta inversiones extraordinarias -porque hay mucho tiempo que recuperar- que a su vez exigen una macroeconomía estable, y eso parece difícil en la previa del último diciembre antes de la próxima elección presidencial.

Pero así es Argentina, donde se cristaliza un nuevo esquema de mercado con tres grandes operadores convergentes en competencia (uno iberoamericano, uno latinoamericano y uno del Cono Sur), con operadores medianos que aún deben desarrollar su oferta móvil (para lo cual esperan la regionalización de frecuencias), y coaliciones de proveedores pymes y cooperativos que están organizándose en torno de alguna de las grandes redes (Red Intercable con Telecom, y Catel con Movisar).

El incipiente mercado convergente nacional lleva apenas diez meses y, aún en un entorno económico hostil, muestra señales de competencia con mejores servicios a menores precios. Pero es cierto que todo está todavía en fase de laboratorio mientras se terminan de desplegar las redes 4G (todavía hay mucho territorio y corredores que cubrir) y avanza la construcción de redes de fibra, y al tiempo que continúa la discusión del marco regulatorio -que sigue siendo provisorio y aún sin proyecto de ley definitiva-.

Como sea, la gran convergencia -resistida por años en estas latitudes- ya está entre nosotros y se impone por la fuerza de los usuarios. La pregunta es ¿será culturalmente nuestra?