Contenidos 23/04/2019

Adriana Amado: “Hay que abandonar la idea de que sólo es periodista el que trabaja en un medio”

Por José Crettaz

Sin levantar el tono ni condenar a nadie, la investigadora, docente y periodista, se mete en los temas más controvertidos de la llamada crisis de los medios, el futuro del periodismo y su lugar en las redes sociales

Adriana Amado es docente, investigadora y analista política. Es licenciada en Letras, magíster en Comunicación Institucional y doctora en Ciencias Sociales. Es ampliamente consultada y reconocida como observadora de los medios, la política y las rutinas productivas de periodistas, relacionistas públicos y redacciones, temas sobre los que ha producido un gran volumen de investigación cuantitativa que ya es clave para entender el funcionamiento del sistema de medios en la Argentina (y romper con muchos de los mitos creados en las últimas décadas). Sus últimos libros dan cuenta de ese trabajo, Periodismos argentinos: modelos y tensiones del siglo XXI y Política pop: de líderes populistas a telepresidentes. Amado también es una activista cívica desde la ONG que preside desde 2011, el Centro para la Información Ciudadana (Infociudadana), que promueve la producción de información pública responsable. A principios de 2018 estuvo en #TMTconversaciones para conversar sobre las crisis del periodismo y los medios en el país y también sus oportunidades.

-¿Cuándo se termina la crisis de los medios en la Argentina?

-Creo que tenemos que salir de esa excepcionalidad de pensar que se trata de una crisis local, relacionada con circunstancias particulares de la Argentina. Estamos hablando de la redefinición de un modelo que ya tiene dos siglos y está prácticamente agotado porque cambió la sociedad y la forma en que esa sociedad se comunica. La crisis de los medios es provocada por los mismos medios y los mismos periodistas que insisten en un modelo de comunicación (ni siquiera es un modelo de negocios) que remite al megáfono, donde el medio es uno, unidireccional y con la expectativa del alcance masivo. Eso empezó a estar en crisis en los años 80 del siglo pasado. No es un fenómeno de ahora, incluso hay un texto clásico de Eliseo Verón que ya hablaba de la fragmentación de las audiencias. Lo que es cierto es que frente a este fenómeno, los argentinos asumimos una característica particular: nos abrazamos mucho más al pasado. Tanto, que en el siglo XXI se revivieron las teorías de la aguja hipodérmica y esa idea de que los medios inocularon y, peor aún, se empezó a prestar atención a la agenda setting, una teoría de fines de los años 60 que ya se reformuló de manera que no tiene nada que ver con la original. Se empezó a  hablar de agenda setting sin siquiera entender muy bien la teoría original y mucho menos su aplicación en este contexto. No sé si se trata de una crisis o si estamos en una redefinición.

“La crisis de los medios es provocada por los mismos medios y los mismos periodistas que insisten en un modelo de comunicación (ni siquiera es un modelo de negocios) que remite al megáfono, donde el medio es uno, unidireccional y con la expectativa del alcance masivo. Eso empezó a estar en crisis en los años 80 del siglo pasado”

-¿Qué lugar ocupa en esta crisis o redefinición la cuestión de la calidad en los productos que ofrecen los medios?

-Entre los medios y las audiencias lo que se ha roto es la confianza. Hay una crisis de confianza generalizada. Las sociedades desconfían de su dirigencia, de sus élites, de la academia e incluso de la ciencia por eso surgió el movimiento antivacunas. Todo está puesto en cuestión. Ahora, el punto está en que no se puede sostener ningún tipo de negocio sin un cliente más o menos estable. Y eso le pasa a los medios comerciales, pero también a los públicos. Parte del desacierto de los medios públicos en América Latina es que siempre subestimaron tener audiencias. Creyeron que la calidad era lo opuesto a la popularidad, a la masividad, cuando en realidad faltaban productos de calidad para las grandes audiencias, que ahora dejaron de serlo para transformarse en nichos. Entonces, hoy hay productos de calidad en un canal de Youtube, donde se puede definir un pequeño universo de intereses y donde la afinidad de la comunidad alcanza para sostener un servicio que debería ser el medio. Venimos de una época de mucha soberbia en la que el autor, el actor, el guionista y el periodista creía que era tan importante lo que tenía para decir que el mundo debía prestarle atención. Esta subestimación del que está del otro lado fue acentuando esta cuestión. De todos modos, el punto de inflexión en la crisis mundial de los medios es 2008 porque tiene que ver con la crisis económica. Para nosotros, para la Argentina fue la época en la que se empezó a tirar millones de dinero público a medios de comunicación que mientras tuvieron unos presupuestos únicos en la historia (porque no se van a repetir y no tenían antecedentes), no hicieron nada para generar una comunidad de interés, ni siquiera medios que se basaban en una oferta extremadamente politizada lograron que ese grupo los apoyara. Entonces, al sacar esa inyección de dinero se desmorona el medio. Por eso, todos piden pauta oficial y subsidios. Sin embargo, el problema ya era previo y basta con ver que durante ese período (tuvimos 10 años de inyección de dinero) ese presupuesto no revirtió la caída de pérdida de puestos de trabajo en el sector, según los números del Indec. Está claro que no era la plata.

-Para subrayar: la pérdida de puestos de trabajo en el ámbito de los medios arranca mucho antes de 2015

-Según datos del Indec, desde 2008 hay un promedio de entre 1000 y 2000 pérdidas de puestos de trabajo. Una curva que no se revirtió y que es similar a la que se da en otros países del mundo, con lo cual no tiene ningún sentido tener expectativas de que en la Argentina va a tener un comportamiento distinto.  

-Hubiera sido razonable que toda esa inyección de dinero atenuara la crisis. ¿O esa plata fluyó hacia otros lados?

-Es una linda reflexión. Tuvimos un enfoque tan economicista de los medios, tan estructural y tan enfocado en las condiciones macro, que nos olvidamos de que no hay medio sin público y sin la construcción de credibilidad. La calidad es un camino, pero también el servicio, la dedicación, el entretenimiento. Tiene que haber algo que interpele al público para que sienta que vale la pena dedicarle un rato de su tiempo a mirar una película, a leer un diario o a revisar un portal. Si no existe esto, por qué el público tendría que quedarse ahí, cuando la competencia ya no es local sino global. Las noticias de Argentina ya no están sólo en los medios nacionales. En este contexto, los periodistas todavía nos quejamos porque creemos que no nos están cuidando, cuando la pregunta es qué estamos haciendo para entender esta nueva cuestión que tiene que ver con un cambio sociológico y filosófico de las sociedades. Las sociedades que nosotros teníamos gregarias, comunitarias, corporativas, tan del siglo XX ya no existen. No existen unidades básicas de funcionamiento como la familia, la escuela, la ciencia. Todo está en una redefinición. Entonces, por qué deberían sustentarse los medios de manera artificial.

“Tuvimos un enfoque tan economicista de los medios, tan estructural y tan enfocado en las condiciones macro, que nos olvidamos de que no hay medio sin público y sin la construcción de credibilidad. La calidad es un camino, pero también el servicio, la dedicación, el entretenimiento”

-¿Una posible solución a esto que llamamos la crisis de los medios podría ser estudiar más la demografía y los comportamientos de esos públicos para entenderlos y ofrecerles lo que esperan o necesitan?

-¡Qué maravilla de tiempos estamos viviendo porque nunca antes fue posible entender lo que estaban haciendo las audiencias en tiempo real! Hoy hay acceso a recursos abiertos para saber si tu nota tiene o no rebote, si es comentada o no. Leía un dato muy interesante de la Asociación de Prensa de Madrid donde hicieron una encuesta y analizaron la cantidad de ofertas laborales y la cantidad de puestos que están cubriéndose. Había una subocupación de puestos relacionados con contacto con las audiencias y managers de contenidos en línea, que no es una competencia que se adquiere con un curso de periodismo digital o de community manager. Con este dato, me pregunto qué va a pasar con estos periodistas que no le contestan a los colegas en Twitter porque son como prima donnas y ellos están ahí para mostrarse y no para contestar. Cómo van a adaptarse a esa nueva demanda en la que los medios necesitan gente que sepa hablar con las audiencias. Nosotros ni siquiera tenemos esas posiciones creadas en los medios locales. Lo que hay es posturas defensivas. Esto también ha sido una gran decepción de parte de los sindicatos, que se quedaron abrazados a defender una ley de 1948, el estatuto del periodista, por ejemplo, sin entender que deberían estar dando orientación y soporte para desarrollar estas nuevas funciones. En muchos medios públicos, el editor es distinto que el periodista y es distinto que el redactor. Hoy no existe esa concepción. Esa gente tiene sindicatos distintos, o sea que ni siquiera están en la misma paritaria. Por eso, este tipo de sindicatos va camino a ser sindicatos de desocupados y hoy su presencia es muy baja. Primero porque no son muy representativos y segundo porque muchas de las formas de contrataciones ya no están dentro de los convenios sindicales. Entonces, mientras la convergencia requiere profesionales con competencias cada vez más amplias, los sindicatos siguen defendiendo derechos que ya no existen. Es la tormenta perfecta. Para ser justa y dar un toque de optimismo catastrófico, veo con mucha alegría nuevas generaciones que ya no tienen nada que ver con esos discursos, que entendieron la convergencia, que entendieron lo que es estar en las redes sociales y que están armando proyectos y propuestas muy interesantes. Hay un sub-30 que viene muy empeñoso y con el que yo creo se va a dar el recambio.

-¿Cuál es el lugar del periodismo en la convergencia?

-Hay un lugar inmenso. Nunca se abrió tanto el campo laboral para los periodistas, pero eso significa abandonar la idea de que es periodista sólo el que trabaja en un medio de comunicación. Si se recupera la base etimológica del periodista, que es aquel que está en la actualidad, hoy hay demanda de producción de contenidos en todas las organizaciones. Una de las cosas más interesantes es que los contenidos dejaron de ser un monopolio de los medios (creo que esto genera susto). Ahora, todo el mundo produce contenidos y, de hecho, en algunos casos, como los centros de investigación y las universidades, con una profundidad y un rigor que el periodista ya no tiene. En este contexto, hay una demanda de personas con capacidades de producir narrativas en muchas más organizaciones que en el siglo pasado. Los que quieren o pueden seguir trabajando en los medios necesitan desarrollar estas nuevas competencias que tienen que ver más con la conversación que con el megáfono. Queda un gran trabajo por hacer porque todavía hay muchos colegas que dicen: “Yo no tengo Twitter”, como si se tratara de una degradación. Por suerte están los millennials y los que entendimos que ahí hay una riqueza de conocimiento increíble, como el acceso directo a las fuentes. El tema es no perderse en el ruido. Hoy la información más que nunca se parece a la comida. Hoy hay una oferta gastronómica impresionante, pero lo más atractivo suele ser la más nociva. Sin embargo, hay información para entender que una vida saludable requiere de una buena dieta. Con la información pasa lo mismo e implica no solamente consumir buena información, sino entender que hay que estar en la red adecuada porque entrar a la burbuja negativa es nefasto. Me ha pasado con unos colegas que tienen un blog muy poderoso, al que les estaba yendo bien, pero empezaron a atender los comentarios de quienes los criticaban y terminaron condicionando no sólo sus respuestas, también sus noticias a la crítica. Y la pregunta es cuánto representa esa crítica en la base de lectores. Si se termina trabajando, respondiendo, actuando o sacando presunciones de la crítica nociva, se termina creyendo que todo es contenido negativo cuando, en general, los que comentan son un porcentaje mínimo y además la mayor parte de los trolls no tienen seguidores, con lo cual es absurdo contestar porque no tienen legitimidad. Hoy las redes nos han enseñado que ya no es legítimo el famoso o el poderoso, sino el que tiene capacidad de comunicación y de conversación, el que puede funcionar como un nodo. Detectar esos esos nodos positivos, nutritivos se traduce en no sólo hablo con mis colegas de Buenos Aires, mis intercambios más interesantes son con profesionales que yo leía siempre obnubilada y que hoy me contestan, me avisan por Twitter algo que por vivir en Argentina me puede interesar. Accedo por ellos a información que de otra manera no tendría. Me parece que son los mejores tiempos y que se avecina una forma de comunicación muy interesante que implica un desafío. Hay mucho trabajo por hacer.

-¿No ha sido otro pecado del periodismo centrarse demasiado en la opinión y perder de vista el dato?

-Es una característica de algunos periodismos. En en un grupo de periodistas y de investigadores mundial del que participo, 67 países producen el mismo dato y lo comparan. Este trabajo nos ha permitido entender que el periodismo argentino tiene características muy particulares. Generalmente hablamos del periodismo norteamericano o nos identificamos con los medios franceses, pero en realidad el periodismo argentino tiene características muy similares a las de los países de Europa del Este y esto tiene que ver con que somos democracias salidas de regímenes dictatoriales o autoritarios. Tuvimos una cultura periodística muy presionada, tanto que aún en estas décadas de democracia hemos aceptado las presiones del poder como naturales, se concede para mantener la fuente. Eso hizo que hayamos perdido la capacidad  de investigación. Argentina tuvo en los años 90 el liderazgo de investigaciones en América Latina. Luego fue el fin de ese periodismo investigación, independiente, con grandes descubrimientos que sirvieron para apuntalar causas judiciales. Hoy existe, pero a mínima escala. ¿Qué hizo el resto del periodismo? Comentar. Desde el video que publica el presidente en Instagram, como si fuera una noticia, hasta el comentario del comentario del comentario, que nunca se sabe si finalmente el hecho original es cierto porque nadie se dedicó a verificarlo. De nuevo, por qué pensar que alguien pagaría con su dinero o con su tiempo para escuchar una opinión, cuando no hay capacidad para aportar algo distinto, un dato. Además, esta tendencia se facilitó porque venimos de una tradición en la que la posición política del periodista es positiva. Basta con pensar en los modelos argentinos y desde Moreno hasta Rodolfo Walsh están más cerca de ser secretarios de prensa de un partido que periodistas profesionales. La pregunta es cuál es el modelo de periodismo que queremos. Si es ese, lo tenemos. Ahora, ¿subsistirá ese modelo de periodismo politizado en sociedades que ya no son politizadas? Es poco probable.

“Hoy las redes nos han enseñado que ya no es legítimo el famoso o el poderoso, sino el que tiene capacidad de comunicación y de conversación, el que puede funcionar como un nodo. Detectar esos esos nodos positivos, nutritivos se traduce en no sólo hablo con mis colegas de Buenos Aires, mis intercambios más interesantes son con profesionales que yo leía siempre obnubilada y que hoy me contestan”

-¿Qué hacemos con las carreras de periodismo, comunicación, publicidad que en gran medida siguen formando para eso que está en profunda transformación?

-Ni siquiera se puede decir que hay coherencia en la formación periodística en Argentina. Hay más de 130 carreras de distintos grados, pero la formación en las universidades públicas no tiene nada que ver con la de los institutos terciarios que, a su vez, tienen muy poco en común con la de las universidades privadas. En algunos casos los recursos son clave porque en este contexto de convergencia se necesita dar clases con soportes tecnológicos que la mayor parte de las universidades públicas no cuenta. En mi universidad no hay wifi y cuando digo (desde hace años) que no se puede dar clases son conexión a Internet, me contestan que los chicos tienen que apagar el celular… ¡pero yo quiero que trabajen con los teléfonos! Esto ya marca un desfasaje. El otro problema tiene que ver con esta tradición que ha exaltado el análisis teórico. Un dato muy poco atendido es que Argentina tiene los índices de graduación de periodistas con mayor edad del mundo. No hay graduados menores de 30 años porque la mayor parte de las carreras son interminables o no cuentan con la motivación para ponerle punto final. Hay gente que terminó de cursar hace 10 años y debe la tesis. ¡Nunca más! Esa persona no es profesional.  Más allá de la cuestión de los contenidos, que van y vienen, lo que se debe discutir es qué competencias se están trabajando porque cuando ese chico quiere aplicar a una beca o un curso en el exterior y le piden el título está en total desventaja con el resto de los colegas. Yo doy clases en España y a los 24 años los jóvenes están recibidos y pensando en su maestría o en hacer un Erasmus para irse a estudiar o trabajar en otra parte del mundo. Nosotros estamos formando personas capacitadas para hacer asambleas, discutir y cuestionar a los medios. Mientras tanto, el resto del mundo las pasan como aviones. Les estamos restando posibilidades a los chicos en un mundo en el que ya no solamente se puede trabajar acá, sino que se conectan con el mundo. Esto no significa que no haya brillantes excepciones, pero no podemos atribuirle el éxito del que dirige una startup en Los Ángeles a la educación argentina. Más bien es el fracaso de contar con excepciones en vez de con un sistema mucho más pujante.

-¿Qué pasa con la cantidad de profesionales que se vuelcan (graduados o con carreras a medias) al mercado?

-Eso es todavía un problema más genérico porque el hecho de que no tengamos una planificación de la universidad hace que haya facultades, como las de comunicación o psicología superpobladas sin ninguna razón.  Más allá de eso, creo que es necesario entender que hoy quienes estudian periodismo no sólo van a trabajar en periodismo y quienes estudian publicidad no lo harán sólo en publicidad. Ya no tenemos estos lugares estancos, que incluso las propias asociaciones profesionales siguen defendiendo como el muro de Trump. Estamos hablando de un mundo donde ser  periodista puede significar contestar mensajes en un foro de Facebook, que es un gran trabajo y hay que hacerlo muy profesionalmente. ¿Estamos preparados para entender esa definición de periodismo?

“Nosotros estamos formando personas capacitadas para hacer asambleas, discutir y cuestionar a los medios. Mientras tanto, el resto del mundo las pasan como aviones. Les estamos restando posibilidades a los chicos en un mundo en el que ya no solamente se puede trabajar acá, sino que se conectan con el mundo”